A veces creo muros en mi corazón, no para que nadie pueda entrar. Si no para ver quien se esfuerza en hacerlo
Nadie lo hace realmente.

Nadie lo hace realmente.
Dejar las redes sociales por un rato hace que te des cuenta que no le importas a nadie.
Siempre puedes aprender a volar nunca lo lograrás hasta que lo haces, en lo alto en medio de la nada, no sabes pero lo sabrás cuando llegues ahí.
Es ahí cuando regresas a los lugares donde fuiste feliz, donde aún quedan vagos y nostálgicos recuerdos y sobre todo rastros; rastros de la persona que solías ser, justo ahí es donde te das cuenta que lo que creías que nunca iba a cambiar, lo hizo, y donde comprendes que algunas veces las personas si se marchan para siempre...
Y empiezas a preguntarte como fue que término así.
El tiempo parecía interminable, una vaga extensión que me duraría toda una eternidad y sobre todo parecía interminable el cariño... Pero no lo fue. Tristemente no lo fue...
Pero vaya ironía de la pequeña vida, muchas veces las personas no son lo que enérgicamente pretenden ser. Y cuesta tanto trabajo llegarlo a entender que cuando lo haces te das cuenta atrofiantemente que las personas realmente viven de recuerdos.
Así que si alguna vez me llegas a encontrar en el lugar en el que me perdiste... Simplemente dejame marchar.
Que para falsas esperanzas con las vuestras ha sido suficiente.
Por esos alguien que me están haciendo sonreír justo ahora, no saben lo agradecida que estoy.