Quisiera conocer a alguien interesante, con puntos de vistas interesantes, con preguntas indomables, con respuestas largas y montañas rusas. Quisiera conocer a su ser relámpago, a su luna llena, a los no se cuántos lunares que reposan en su cuerpo y a los segundos que ha perdido cuando no ha sabido que decir en el momento adecuado. Quisiera conocer a alguien que llegase como llegan todos, de causalidad, que dibujase corazones en la vida y no rayos, que sonría sin márgenes, que llore y me haga cuestionar si puedo consolar su existencia. Quisiera conocer a alguien que llamase a mi puerta más veces de las que llamaría por Whatsapp, que me miré a los ojos y no haga preguntas y me bese sin descanso. Quisiera conocer a alguien que viniese con las cicatrices desnudas y me dejase acariciarle el rostro a cada una, que olvide el miedo, pero que me lo destape cuando no puede pronunciar ni una palabra. Quisiera a alguien que las cartas de amor me las escribiese en la cama, que las rosas me las tatuará en el alma y que se ahorre los bombones y me invite a un vino en el césped de algún lugar al anochecer. Quisiera conocer a alguien que tomaría los riesgos como un impulso a vivir y no como una pérdida irracional. Quisiera a alguien que antes del sexo, me susurre el amor en carcajadas veraniegas en el living de mi existencia. Quisiera a alguien que amará sus sueños por más utópicos que éstos sean, que se lance de cabeza al precipicio y salga de él con una sonrisa indiscreta de frenesí. Quisiera a alguien de “vayámonos al diablo” “no sé que mierda es la vida” “maldita sea, te amo” “vete al coño y llévame contigo”. Quisiera a alguien con la cordura irracional de los que deciden violar las leyes absurdas, de los que se proponen destruir al sistema con acciones relevantes, de los que desean una dictadura evolutiva y digna de una sociedad primaveral, los que manifiestan su rechazo a la desigualdad. Quisiera conocer a alguien que llenase los folios con misceláneas de poesías, que suba al máximo el volumen de la música y saltase entre los cojines con la grandeza idílica de alegría satisfecha. Quisiera conocer a alguien sin tener que limitarme a abrir las piernas del corazón porque ya antes me las han roto.