No debería existir distinción entre las personas. No nos debería importar las preferencias, los gustos, el género, el sexo, la raza, el color de piel, la religión, una discapacidad, o cualquier otro aspecto de alguna persona. Somos humanos, lo que somos va más allá de lo que preferimos; lo que realmente importa, es la humildad y lo que aportamos, nuestras acciones dicen más de lo que hablamos. Los sentimientos son tan valiosos, pero entre nosotros mismos nos aniquilamos por no sentir empatía, calidez humana o por prepotencia. Nadie vale más que nadie. Todos tenemos el mismo valor, todos merecemos amor y respeto, en eso no deberian existir límites, fronteras o discriminación.