Siempre quise acurrucarme en alguien, para sentir que no estaba muriendo.
Esa noche me despedí de ti,
Aunque ni siquiera sabía cómo,
Pasó que nos despedimos demasiadas veces,
Que enviarte un largo texto diciendo adiós ya no contaba como despedida;
Así que te escribí una carta,
De esas a puño, letra y lágrimas de por medio,
Te juro que lloré demasiado al escribirla,
Pero lo hice...
Y luego de eso,
La quemé,
Esperando que mis sentimientos por ti se quemaran con aquel papel,
Y aunque dudo que haya sido así,
Quiero que sepas que te dejo ir,
Que está bien.
No te voy a dejar de querer ni esta vida, ni la próxima, no te voy a dejar de pensar así me esté obligando a olvidar.
Pero así me duela el alma, a veces perder en realidad es ganar, y aunque te vaya a extrañar, te voy a dejar de hablar, porque si sigues acá jamás te podré soltar.
El enamoramiento es todo un mal que degenera la conciencia completamente, siempre trae zozobra, momentos de estupidez y vacuidad.
“Me pediste que regresara, dijiste que habías cambiado, esas son tus palabras vacías, ya que tus acciones demostraron lo contrario, y aun así querías estar conmigo, me hacías daño, esta vez fui yo la que no volvió, sabía que tú sólo me ‘amabas’ porque tenías un lugar seguro conmigo, ahora ya no, así que adiós para siempre.”
— Loquesemeocurraescribo (via ines-txbles)
—Dorian A
Yo quiero que te cuides cuando vuelvas tarde, te rías a montones como hacíamos antes y que ni la distancia nos pueda separar, y para cuando el pasado venga dile que no, que cambio tu cuerpo y que cambio tu mente, y que todo cambio que ahora brillas tanto que todo vibra a tu alrededor y que vibras tanto que entone mi canto y te hice una canción.
Y todo se terminó, así como se a acaba el día, así como se acaban las cosas sin importancia, así como se quiebra lo más preciado, así como la vida se renueva para una nueva temporada cada año
Edvard Munch – Consolation, 1894.

