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Lluvia

@valentinxiang

(des) E S P E R A N D O

El problema es que te sigo esperando, llega la noche y te sigo esperando, pasan los días y te sigo esperando. Te espero, te espero, te espero y me desespero. Me trato de convencer de no seguirte esperando, le miento a mis amigos que ya no te sigo esperando. Sabes que te espero, y sé que no vuelves. Dueles más, quemas más. Veo las ventanas, corro hacia la puerta, pensando que llegaba el que estaba esperando. No eras tú, Nunca eres tú, Menos mal.

Te sigo esperando, pero no quiero que vuelvas. 

-Lauralucía

Ponyo, Ponyo, Ponyo, fishy in the sea, Tiny little fishy, who could you really be? Ponyo, Ponyo, Ponyo, magic set you free, A very very special girl always so happy.

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La exclusión social

Se empieza a hablar de exclusión social cuando se deja de hablar de explotación laboral. El riesgo de exclusión social no es otra cosa que una amenaza, es la idea de “si te exploto aún tendrías que darme las gracias por evitarte la exclusión social.”

La exclusión social se ha vuelto un espectáculo moral, una muestra del abismo que te espera más allá de la integración laboral. 

Este espectáculo de la pobreza forma parte del sistema para convertirse en una perspectiva amenazante. Es una fábula moral.

Manuel delgado en RAC1

El origen del mundo

Hacia pocos años que había terminado la guerra de España y la cruz y la espada reinaban sobre las ruinas de la República. Uno de los vencidos, un obrero anarquista, recién salido de la cárcel, buscaba trabajo. En vano revolvía cielo y tierra. No había trabajo para un rojo. Todos le ponían mala cara, se encogían de hombros o le daban la espalda. Con nadie se entendía, nadie lo escuchaba. El vino era el único amigo que le quedaba. Por las noches, ante los platos vacíos, soportaba sin decir nada los reproches de su esposa beata, mujer de misa diaria, mientras el hijo, un niño pequeńo, le recitaba el catecismo.

Mucho tiempo después, Josep Verdura, el hijo de aquel obrero maldito, me lo contó. Me lo contó en Barcelona, cuando yo llegué al exilio. Me lo contó: él era un niño desesperado que quería salvar a su padre de la condenación eterna y el muy ateo, el muy tozudo, no entendía razones.

– Pero papá – le dijo Josep, llorando -. Si Dios no existe, quién hizo el mundo?

– Tonto — dijo el obrero, cabizbajo, casi en secreto -. Tonto. Al mundo lo hicimos nosotros, los albañiles.

El libro de los abrazos / Eduardo Galeano

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Abandonarla, dices, es fácil decirlo, abandonarla como un piloto de combate que abandona un avión sin control o en llamas. ¿Pero cómo se salta de un avión caído, hecho pedazos y oxidado o hundido en las profundidades del mar?

Amos Oz (via hachedesilencio)

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“La soledad, decía mi madre, es como un fuerte martillazo: hace añicos el cristal pero templa el acero. Templar, nos explicó mi padre, significa hacer fuerte, fortalecer, de la palabra «fuerza».”

Fragmento de Una historia de amor y oscuridad, Amos Oz. (via hachedesilencio)