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Valentina

@valentina-tabares

¡sonríe!

Y mientras tanto caigo en cuenta de el valor e importancia de la familia. 💖

Somos.

Somos mujeres en un mundo de hombres,
somos las que llevan faldas bajo las cuales no nos queda nada que ocultar,
somos con las que no hay maneras,
somos las que no pueden vivir, pero sin ellas,
somos las que se hacen escuchar, y sino, dan el golpe en la mesa, en la barra, en la pared,
somos las que se están cargando puntos de hostilidad, prostíbulos, antros, periódicos,
somos las que combaten con el miedo todos los días, con los monstruos de debajo de la cama,
somos las señoritas que rompieron el manual y dijeron: ¿Ahora qué?
somos las que ni tan calladitas, ni tan guapas,
somos las que ya no tienen voz, la que murió ayer o las que quemaron hace años,
somos grandes, inmensas, algo fuera serie.
Somos mujeres viviendo en un mundo sostenido por hombres,
que no se va a caer,
que vamos a tirar.

Besas como si fueses a comerme.

Besas besos de mar, a dentelladas.

-Blas de Otero.

“La historia más bonita que conozco son dos labios que se buscan con necesidad de encontrarse a mitad de un beso, mientras fuera no para de llover, ni de relampaguear. He encontrado la certeza del valiente cuando ya ha disparado todos sus te quiero y han dejado manchada la escena del crimen. Uno, después de amar cierto fuego, no vuelve a quemar igual. Y ahí estaba yo, mirando las montañas por encima de mis muros, viendo la pasividad de la noche mientras todos dormían, pero el cielo jamás dejó de buscar enamorados, rotos, suicidas y niños, como excusa para durar un segundo más antes de que el amanecer venciera a los inmortales. Le doy vuelta al amor, porque siempre amé al revés. Amé con perdón y olvidé sin motivo, cuando lo que tuve que hacer era amar con motivo y olvidar con perdón. Te necesité, por eso me costó tanto soltarte la mano. Dejar de acariciarla con mi tacto. Dejar que te fueras sin quemar este contrato de supervivencia. Dejar que, en medio de aquella tormenta, no me concedieras el último baile. Algo que he comprendido es que los hasta nunca se van asomando al momento que decidimos decorar los exteriores, mientras el jardín interno lo dejamos marchitar: no nos preocupamos de ponerle el sol, de llevarle la lluvia de vez en cuando, de abonarlo con sonrisas y canciones, de girarle su mundo en las cuatro estaciones. Qué otoño hacía aquella tarde en tus pestañas, podía descifrar el secreto de la eterna juventud. Lucías radiante, como ninguna otra vez. Sonabas un poco herida, mirabas un poco apagada y te sentías un poco invierno. Qué hermoso jardín eras, mientras más triste, más bello era apreciarte. Los lugares tristes siempre te hacen volver, así ya estés demasiado lejos de ellos, ya sea en tiempo o distancia, siempre vuelves. Hoy, tras años tratando de amortiguar la caída, decido caer sin piedad ni remordimientos a aquel jardín, aunque ahora sólo queden las espinas, los pétalos marchitos, los troncos de los cerezos, los cadáveres de los pájaros, la fuente sin agua, las bancas oxidadas, la mala hierva sobre los muros y el sol que no para de llover. He vuelto, tras años de evitar la caída, finalmente la piedra me enamoró. Y hay veces en las que uno tiene que saberse caída, y no siempre equilibrio.”

— “El jardín de los inmortales”, Benjamín Griss

recuerde que si usted no es parte de una población en riesgo, usted es el riesgo. cudémonos por favor. ya empezamos a sentir los primeros efectos sociales y económicos del COVID19, y si no nos cuidamos, van a ser mucho más devastadores de lo previsto. juntxs salimos de esta.