"Un día me dijiste que aspirabas a que fuera mejor que tú pero, ¿cómo podría papá?
Me llevas muchos años, experiencias, virtudes, habilidades e inteligencia.
Me quisiste desde el primer momento; arrullaste mi llanto y fuiste mi consuelo. Corregiste mis pasos, mis travesuras y mis deseos.
Compartiste todo conmigo; cama, comida, juegos, ropa, amor y conocimiento.
Has seguido mi propio sendero como un zorro astuto y discreto. No te quedas callado, te has enojado y me has hecho ver lo mal que estoy cuando debo, siempre tratando de darme el mejor ejemplo.
Forjaste un hogar desde las yemas de tus dedos, las hernias de tu espalda y tu temple de acero. Te conservaste simple y humilde allegado a tu familia, tu trabajo y tus recuerdos.
Disfrutaste todas las etapas de tu vida tanto amargas como dulces y no te ha importado cargar nuestras cruces, nuestros caprichos y necedades.
Eres pacífico como las aguas y también intrépido como las olas; inquebrantable como las rocas y valeroso como las tormentas.
Quedo chico en tus zapatos, soy joven y aún sigo batallando por ser las calzas de lo que tú has sido. Pero observando mi reflejo en el espejo también te miro por ahí escondido, y eso me inspira a querer llevarte conmigo todo lo que nos permita el camino; aprendiendo de ti, consolidando contigo lo mejor de mí, queriéndote un chingo y cargando con orgullo tu legado y apellido".