all these late nights
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Desde el primer momento en que te miré me di cuenta que algo me ocurrió. No puedo afirmar que ya te amaba, pero si puedo decir que en mi surgió una fascinación terrible, primero por tu atractivo cuerpo y después por la hermosa esencia de tu ser.
Con la primer charla ya te había dado mi atención entera, al pasar de los días con el intercambio de mensajes, ya eras dueña de mi vida y tu ni enterada.
Suelo escribir mucho sobre adicción, dependencia y es debido a que eso me sucedió. Me volví adicto a las sensaciones que me ocurrían al saber de ti, imaginarme contigo, el leer tus mensajes. Mi cerebro se obsesionó con el amor que me provocaste.
Eso fue solo el comienzo , te encontré y me encontraste, eso no significó el final de la historia, eso solo era el comienzo. ¿Te acuerdas?
Extraña historia la nuestra, una combinación muy rara de amor, lágrimas, risas y sexo. Madrugadas eternas hablando, tardes luminosas amando, fines de semana paseando y a algunos incómodos días, molestos, peleados o ignorando, pero otros más, rogando, jugando y conquistándonos.
Es una lástima que la costumbre se volvió una enfermedad. Los primeros síntomas se dieron con la familia y concluyó dañando la autoestima. Nos alejó, nos lastimó y nos hizo pelear.
No fuiste tu, no fui yo, fueron las circunstancias. Se perdió la brújula y con ella el camino a la plenitud. Por eso dejamos de empujar, ya no pudimos sonreír y le dejamos toda la solución a la actividad de follar.
Expertos en discutir, alguien debía ganar y con cada victoria individual, perdiamos los dos. Escuchamos a quienes nada tenían que ofrecer, les compramos la envidia, el miedo, rencores y basura solo porque a ellos les sobra. Hicimos propio su lema, vive humillando al otro.
Comenzamos la construcción de un hogar con cimientos fuertes, confianza, discreción, diversión, erotismo, comunicación. Eso tenía aspecto de una mansión. Supongo que es por eso que me duele verla a medias, inconclusa. La siento como una representación del miedo al compromiso, un camino sin final.
Este escrito no es para ti, tampoco es por vanidad, son letras para mi, para tener presente que no debo volver a fracasar. No quiero mas historias a la mitad, no quiero mas escapes, pena por el que dirán, miedos o necedad.
Regresaré siempre a ese primer momento, a ese primer beso para encontrar la fuerza y la motivación para no dejar de empujar.
04.08.20