“Y pase lo que pase no te quedes mucho tiempo sumido en la tristeza, no dejes que ningún fracaso te engañe de perseguir lo que anhelas. Pase lo que pase no dejes de sacarle canciones a esa guitarra, de escribir esos poemas tuyos que guardas en tu cuaderno, de dibujar esos garabatos que te llevan a otro mundo, de bailar como lo haces en esa vieja casa, no dejes de salir a la plaza a sentarte y contemplar el vuelo de los pájaros o la orquesta de los coches, de ninguna manera abandones lo que te hace estar en contacto con tu alma, de ello depende equilibrar este plano del universo. Deseo que sigas, que robes besos, que invites a salir a esa persona, que vuelvas a cantar aún y cuando te dijeron que no eras bueno, que te vayas de mochilazo, que arregles las diferencias que te alejaron de la gente que te apreciaba, que inspires a los cobardes, que te alejes de los hipócritas, y que pase lo que pase no te asustes cuando comiences a brillar, porque brillar hace que otros se sientan vulnerables porque les recuerdas su oscuridad.”
— El libro tinto para charlar con el que no vino, Quetzal Noah



