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Entonces ella se giró, y quedó a centímetros de él. Y por primera vez en la vida se preguntó como sería besarlo. Después de diez años, se preguntó qué se sentiría besar a su mejor amigo. Apoyó su frente contra la de él, sin saber realmente qué hacer, y él cerró los ojos, envolviéndola con toda su calidez. Con esa calidez que conocía desde siempre, esa que la había sostenido en momentos tan difíciles, tan complicados. Momentos de desesperación pura, de soledad, de tristeza. Porque él siempre estaba. Y ella no lo había notado de esa forma hasta ese momento. Él había estado cuando rompieron su frágil corazón, tantas veces. Cuando fechas de muertes dolorosas llegaron, cuando la habían engañado. Todas esas veces.
Él abrió los ojos y la miró, con una sonrisa bailando en las profundidades de aquella mirada gris, y la luz tenue hizo que brillaran aún más. La escrutó largamente, queriendo saber qué le sucedía, intentando leer su mente. Arrugó la nariz, haciéndola reír, pero fue una risa pasajera, algo del momento, porque ella no sabía qué hacer, qué pensar. Cerró los ojos, acobardada, y sintió una caricia muy suave en el rostro. Automáticamente, se estiró para sentir ese roce tan dulce, pero cuando hizo eso, su nariz rozó los adorables pómulos de su amigo, y se quedó paralizada. Abrió los ojos, y lo vio mirándola con confusión, con duda, sin saber qué hacer.
Y cuando pensó que había arruinado todo, él agarró su rostro entre las manos, y con mucha suavidad, rozó los labios con los suyos.
Algo se disparó en el cuerpo de ambos. Una punzada. Un escalofrío. Unas cosquillas inexplicables.
Se separaron, sin poder mirarse a los ojos, aturdidos. Él comenzó a sacar la mano de su rostro, pero ella lo detuvo. Y lo besó nuevamente.
Besó sus mejillas, y con cada beso se fue acercando más a la comisura de los labios de su amigo, dándole tiempo a rechazarla. Pero él no lo hizo. Bajó sus manos hasta las pequeñas caderas de ella, acercándola, y esperó hasta que aquella boca dulce llegara hasta la suya, para sumergirse en ella, y lo hizo. La besó con una dulzura que no pensó que pudiera existir. La besó con todo el amor que sentía por ella, la besó sin apuro, sin presión. No le pidió nada.
Ella se sintió desbordada, y lágrimas comenzaron a derramarse de sus ojos, y enredó las manos en el cabello de él, aproximando su cuerpo al suyo, sintiéndolo vivo y cálido junto al propio.
Amor a la vuelta de la esquina -chica de pelo azulado. (via chicadepeloazulado)

