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Otaku98

@sotaku98

Un beso pequeño y fugaz, que es seguido inmediatamente por un beso apasionado y hambriento.

Charlotte estaba entrenando en solitario en un campo vació era uno de sus sitios favoritos para hacerlo, su magia se extendía a su alrededor mientras mantenía los ojos cerrados para concentrarse en su maná, solo que sus pensamientos no lograban mantenerse en el entrenamiento, su mente seguía regresando una y otra vez a lo sucedido unas horas antes, escucho a sus chicas discutir y murmurar acaloradamente, en el centro Sol parecía intentar defenderse de algo que había hecho. - ¿Qué sucede? – Pregunto con suavidad a pesar de esto todas saltaron en sus sitios. - ¡Hermana! – Grito Sol con una mirada culpable – Lo siento mucho. - ¿De que hablas, Sol? Y dime Capitana. - No pasa nada, Capitana. – Intervino una muchacha de cabello castaño. - Sol. – Insistió la rubia preocupada. - Cometí un error, Hermana. – Dijo Sol bajando la mirada – Estaba hablando con Millie y el Capitán Yami… - ¿Qué estaban hablando? – Inquirió sintiendo una presión dentro de su pecho. - Sol estaba quejándose de que el Capitán Yami fuera tan tonto como para no darse cuente de sus sentimientos por él, Capitana. – Contesto Millie. - ¿Yami escucho? - Creo que sí, lo siento. Había dejado la base después de esa conversación, estaba en pánico al saber que Yami se entero de sus sentimientos de forma casual y aun mas al esperar que no fuera tan denso como para entenderlo de esa forma no tendría que decírselo por si misma, era una cobarde. - Charlotte. Se erizo como un gato al escuchar su voz a sus espaldas, sintió su presencia gracias a sus zarzas, pero no pudo evitar el leve temblor de sus manos a sus costados, su corazón latía tan fuerte que pensó que explotaría. - Yami. – Saludo girándose sobre sus talones para mirarlo. - ¿Quieres una pelea de entrenamiento? Charlotte ladeo su rostro confundida, lo menos que esperaba que dijera esas palabras a pesar de que realmente no se sentía preparada para enfrentarlo con la verdad, asintió sin confiar en su voz, empezaron a luchar durante unos minutos, sin embargo, no podía mantener el combate, estaba demasiado distraída y terminaba con aperturas fáciles, que él aprovechaba para derribarla. - ¿Qué sucede, Reina Espinosa? - Tengo algo en mi mente. - ¿Sí? ¿En qué piensas? – Pregunto acercándose tomando su cigarrillo con la mano mientras expulsaba el humo. - En… - ¿En qué? Charlotte se sorprendió al ver que él estaba justo enfrente suyo, con su mirada llena de diversión, la expresión altanera en su rostro la hizo sentir enojada ¿se estaba burlando de ella? - Dime en que piensas, Charlotte. – Ordeno inclinándose sobre ella. En un impulso tonto e infantil se levanto sobre las puntas de sus pies para unir sus labios a los suyos en un pequeño contacto fugaz, cuando se alejaba con su rostro ruborizado y su cuerpo entrando en un estado de conmoción por sus acciones, Yami sonrió extensamente antes de que sus manos viajaran a la parte posterior de su cabeza para sujetarla, su boca cubrió la de ella con un beso apasionado, que tardo en corresponder mientras su mente se ponía al día con lo que sucedía, su manos buscaron entrelazarse detrás de su cuello al acercarse más a él. - ¿Lo sabes? – Jadeo cuando se separaron para respirar. - No se de que hablas. – Contesto con malicia mientras volvían a besarse de forma desesperada y hambrienta – Ilumíname. - Te amo. – Susurro.

Susurrar "te amo" antes de un beso casto y delicado.

El sonido del ajetreo de la base llego hasta su habitación, los miembros del escuadrón solían ser animados en cualquier momento del día, pero eran especialmente ruidosos en la mañana, antes de que la mayoría se separaran en diversas actividades, los gritos fueron lo bastante alto como para hacerlo incorporarse en la cama y salir a gritarles, pensaba golpear a cada uno en la cabeza, pero una mano lo detuvo, apoyada sobre su antebrazo siguió la piel pálida hasta que sus ojos se reunieron con los de su dueña.

- Déjalos. – Murmuro todavia adormilada – Vuelve acá, hace fresco en la mañana.

- Pensé que eras alguien madrugador. – Respondió volviéndose a meter en la cama con ella, quien al instante se acurruco contra su cuerpo, la forma en que se sentía completo al tenerla contra él le causaba una emoción intensa que no se desvanecía sin importar cuantas veces sucediera.

- Lo soy cuando tengo que trabajar, pero hoy estoy de descanso y me gustaría poder quedarme un rato contigo. – Sin abrir sus ojos bostezo, restregando su rostro contra su fuerte pecho.

- Es algo en lo que me encantaría complacerte. – Contesto con tranquilidad, la contemplo durante algunos instantes para poder grabar este momento en su mente, la luz de la mañana cayendo sobre su piel blanca, el dorado de su cabello sobre sus almohadas blancas, la dibujaría más tarde, poniendo énfasis en sus labios llenos, su mano se movió por si misma para repasar sus rasgos con delicadeza sin querer perturbarla, maravillado de que esta hermosa, fuerte y valiente mujer le permitiera disfrutar de su compañía, todavía parecía un sueño tenerla con él, pertenecerse mutuamente y solo había faltado su casi muerte para poder llegar a este presente.

- ¿Qué sucede? – Cuestiono al perder el calor de su toque, Yami era increíblemente amable y afectuoso cuando estaban solos, en publico se limitaba a tomar su mano o darle besos en la mejilla, lo que agradecía por su timidez en asuntos del corazón.

- Te amo. – Susurro antes de inclinarse para darle un beso casto y delicado.

- También te amo.

Abrió sus ojos azules para mirarlo a escasos centímetros de su rostro, sonrisas intimas se extendieron en sus labios mientras se convertía en la victima de un mar de besos que se repartieron por todo su rostro mientras rodaban en la cama para que el quedara sobre ella, la fascinación en sus ojos era tal que se sentía avergonzada, la mirada con adoración, hasta que un ataque de cosquillas la hizo comenzar a reírse a carcajadas y a suplicar piedad.

- Te amo. – Volvió a susurrar a su oído dejando un beso en su mejilla al momento que la sostenía por su espalda – Estoy agradecido que me dejes abrazarte, Reina Espinoza.

- ¿Podemos dejar ese apodo?

- No, te queda perfecto. – Respondió con una sonrisa muy amplia – Puedes darme el apodo que quieras, o simplemente seguir llamándome por mi nombre.

- Me gusta tu nombre. – Confeso sintiéndose nerviosa después de hablar – No es que no pueda pensar en un apodo, podría…

- Esta bien, Charlotte. – Le dio una palmadita en la cabeza con gesto tranquilizador.

- Me gusta como suena tu nombre en mi voz.

- A mi también me gusta como suena, sobre todo cuando estas nerviosa.  – Ella se ruborizo murmurando cosas inentendibles – Charlotte. – Dijo muy despacio cerca de su oído logrando que le golpeara con una almohada en el rostro, soltó una carcajada entretenido de sus reacciones.

Besos salvajes y sin aliento provocados por un regalo sincero

Si le hubieran dicho hace unas semanas que en esos momentos se encontraría recibiendo besos salvajes del hombre del que estaba enamorada desde hace una década, habría pensado que se volvieron locos, sin embargo, ahora mismo podía decir que ella misma perdió la cabeza, sus besos se volvían cada vez mas exigentes robando por completo su aliento, sus pulmones luchaban por mantener el oxigeno en sus pulmones, su espalda choco contra el árbol que estaba a su espalda. - Yami. – Llamo su nombre mientras colocaba sus manos sobre su pecho para poder tomar aire y pensar en todo lo que sucedía, su rostro ardía de vergüenza de lo que acaba de pasar. - ¿Necesitas un momento para respirar, Charlotte? – Pregunto besando sus mejilla con suavidad – Por que yo quiero seguir robándote el aliento. - No… no digas cosas así. – Chillo intentando recuperar la compostura. - ¿Te lo demuestro entonces? – Pudo sentir su pulso acelerarse y sus uñas enterrarse en su pecho, presentía que la mujer en sus brazos probablemente se desmayaría si la empujaba un poco más. – De acuerdo, respira. – Cambio su postura para abrazarla por la cintura, su mano derecha se poso en la parte posterior de su cabeza para apretarla contra su pecho. Charlotte estaba teniendo una pequeña crisis mental mientras trataba de procesar todo lo que transcurría, finalmente reunió el valor para confesarse por lo que preparando unos bombones tradicionales invito a Yami a un entrenamiento conjunto, su aceptación estaba acompañada de un entusiasmo inesperado. El entrenamiento fue bastante intenso, la forma en que luchaba Yami con su espada era muy física y siempre intentaba acercarse a ella para atacarla, cuando consiguieron un ritmo estable para ambos pudo concentrarse mejor, incluso cuando logro inmovilizarlo decidió que era el momento de que le dijera la verdad sobre sus sentimientos. - ¿Qué pasa, Reina Espinoza? – Pregunto con una sonrisa suave, todavía con la adrenalina corriendo por sus venas no presto demasiado atención a la inestabilidad de su ki. - Esto es para ti. – Balbuceó con su rostro ruborizado, sus manos temblaban ligeramente mientras le ofrecía la pequeña caja preciosamente decorada, Yami la observó con muchas dudas, no era un ignorante, sabía que recibir un regalo de manos de una mujer podía ser una señal, pero era de la Capitana de las Rosas Azules de quien venían. - ¿Qué es? – Cuestiono con un gesto de su mano hacia el objeto, todavía retenido por las zarzas de la magia de la mujer, notando esto ella deshizo el hechizo para liberarlo. - Solo recíbelo. Yami pondero los acontecimientos, tomo de las manos femeninas la pequeña caja que abrió en ese mismo instante a pesar de que por la expresión de Charlotte no esperaba que lo hiciera, unos bombones que se veían muy caros estaban debajo del envoltorio, su mirada se traslado desde el chocolate a sus ojos azules cielo. - ¿Charlotte? - ¿Sí? Una sonrisa se extendió en sus labios mientras pensaba en lo tierno e infantil que le parecía el gesto de regalarle bombones, con un rubor acentuado en su rostro, sus ojos llenos de una expectación silenciosa, podía escuchar el latido acelerado de su corazón y el nerviosismo que gritaban todos sus gestos. - Gracias. – Dijo finalmente retrocediendo un paso para darle un poco de espacio solo en ese momento ella pareció salir de su estupor. - Espera… Entiendes lo que esto significa ¿no? - ¿Qué por algún motivo me has regalado bombones? – La rubia casi quiso gritar, este hombre no podía ser tan denso ¿cierto? Él entendería el hecho de que ella, de todas las mujeres, ella le estuviera regalando chocolates ¿cierto? - No, es decir, no es solo eso. - ¿Qué es? - Pues… – De repente pudo ver un brillo malicioso en sus ojos oscuros, él lo sabía, su corazón se salto un latido dolorosamente, estaba jugando con ella. - Dime, Charlotte. – Ordenó inclinándose hacia ella, su rostro a muy pocos centímetros del suyo. - Me gustas. – Susurro tan bajo que de no haber estado cerca no habría podido escucharla, los ojos celestes se clavaron en la tierra con insistencia, por lo que no fue capaz de ver la sonrisa suave en el rostro masculino, orgulloso por la declaración se sintió halagado, ella era hermosa, nadie dudaría de esa declaración, pero además era inteligente, fuerte, decidida, valiente y leal, comparado a si mismo ella era un sol resplandeciente y él solo una sombra. - También me gustas, Charlotte. Pensó que escucho mal o que estaría delirando, eso hasta que sus dedos se apoyaron en su mejilla para hacer que su mirada se encontrara con la suya, su expresión se suavizo al inclinarse para tocar sus labios con los suyos, fue un beso casto, apenas un roce lento que acelero sus corazones, Yami consideraba el verdadero regalo las palabras expresadas por la mujer con toda la timidez del mundo, guardaría todo el momento en su memoria grabada con fuego, no quería olvidar nada del evento. El cielo dentro de sus ojos. Su piel pálida pintada de rojo. El cabello de oro desaliñado por el entrenamiento. Las palabras preciosas saliendo en un susurro suave de sus labios rosados. Sus próximos besos fueron cada vez mas apasionados, emocionados por ser correspondido por el otro, pronto faltaba el aire y espacio entre ellos, Yami quería hacerla feliz y disfrutar con ella, pero al mismo tiempo prefería ir lentamente, por lo que abrazándola contra su cuerpo sonrió satisfecho, las manos de ella estaban firmemente apretadas a su espalda, su rostro todavía escondido en su pecho, la pequeña caja de bombones se hallaba en el suelo cuando fue mas importante darle un mejor uso a su mano en la cintura de la rubia, esperaba que no se diera cuenta del fin de los dulces. Aunque la idea de acompañar sus besos con el chocolate parecía ser una idea tentadora ahora que lo pensaba…

Beso Feroz

Un beso feroz que termina con un mordisco en el labio, tranquilizándolo con una lamida.

Charlotte estaba muy avergonzada, a pesar de su motivación durante la pelea en el Reino Espada para confesarse a Yami posterior a su salvación, estar frente a la puerta del hospital donde se encontraba la persona que amaba la ponía muy nerviosa, jugo con sus dedos mientras intentaba darse valor a sí misma.

- Capitana Charlotte. – La voz femenina de Noelle la distrajo de sus pensamientos, la adolescente tenía varios vendajes cubriendo su cuerpo, debido a todo el daño que sufrió durante la pelea.

- Noelle. – Se giro para saludarla con una sonrisa – ¿Te han dado el alta médica?

- Sí, por fin puedo irme. – Su sonrisa amplia mostraba abiertamente su entusiasmo – ¿Usted también está de alta?

- Si.

- ¿Va a visitar al Capitán?

- No… Yo. – Balbuceo.

- Estoy segura de que le alegrara mucho verla. – Comento ignorando su nerviosismo – Es una de sus amigas preciadas.

- ¿Qué?

- El Capitán habla bien de usted. También quería agradecerle por haberme apoyado durante la pelea con el demonio. – Hizo una breve reverencia que conmovió a la rubia, a pesar de la diferencia de edad y de rango dentro de los Caballeros Mágicos, Noelle tenía una posición más alta dentro de la nobleza, si lo deseaba no tendría que agradecerle.

- Eres una buena chica. – Sus mejillas se sonrojaron avergonzada, sin embargo, solo se despidió con una mano al irse.

Quedando nuevamente sola con sus pensamientos respiro profundamente antes de abrir la puerta y entrar en la habitación, Yami estaba despierto observando por la ventana, tenía una mirada ausente, se giró para verla con una expresión expectante.

- Reina Espinosa. – La llamo con su apodo acostumbrado, escucharlo fue como una llave que abrió una puerta en su corazón, sus ojos se pusieron vidriosos – ¿Qué sucede?

- Me alegra que estés a salvo. – Su voz se quebró mientras pronunciaba las palabras, se sintió avergonzada por su debilidad quería sonreírle por su regreso.

- Por supuesto, si no regresaba como nos cuidaremos cuando seamos viejos. – Dijo de forma amable intentando bromear con ella, sus chicos habían sollozado y llorado abiertamente mientras lo abrazaban cuando lo rescataron, incluso los más orgullosos se acercaron para darle afecto a su propio estilo, sin embargo, la reacción de Charlotte al dejar lagrimas correr por sus mejillas lo sorprendió. – Oye, ven. – Extendió su mano hacia ella.

La rubia vaciló en hacerlo, dudaba en lo que podría hacer si aceptaba su mano, sus ojos azules subieron hasta encontrar su rostro, estaba serio, sin rastros de burla en su mirada oscura, sus pasos la llevaron a su encuentro antes de que pudiera pensarlo mejor, alargo su propio brazo hasta que sus manos se tocaron, fue bruscamente atraída hacia su cuerpo para ser rodeada en un abrazo cálido, aquello la hizo llorar.

- Lo siento. – Musito aferrándose a la ropa que cubría su pecho.

- ¿Por qué te disculpas? – Habló en voz baja el brazo que rodeaba su cintura se apretó con más fuerza – No creo que merezca tus lágrimas.

- ¿Por qué dices eso? – Se separo restregando sus manos contra sus ojos para secarlos.

- Soy un hombre débil que se dejó secuestrar por el enemigo, y tuvieron que ir a salvarme.

- No lo eres. – Sus ojos azul cielo buscaron rápidamente los suyos, superando incluso su vergüenza no podía evitar sentir un dolor en el corazón al escuchar su voz tan derrotada – No eres un hombre débil, luchaste para proteger a tu equipo hasta más allá de tu limite, diste todo. – Una sonrisa leve se formó en sus labios – ¿No fuiste tu él que me enseñó a confiar en los demás?

- ¿Estabas escuchando mis palabras ese día? – Cuestiono en un tono bajo sintiendo como el ambiente se volvía repentinamente íntimo.

- Sí. – Contesto notando lo cerca que estaban – Por eso no iba a abandonarte, me salvaste ese día, además… Eres una persona importante para todos nosotros.

- ¿Para todos? ¿Incluyéndote?

- Sí.

Un silencio se instauro entre ellos mientras mantenían sus miradas unidas, con el corazón latiendo dolorosamente en su pecho Charlotte fue la primera en desviar sus ojos, Yami la observo con curiosidad, todo su lectura corporal le indicaba que ella estaba aliviada, pero al mismo tiempo agobiada, considerando que acababa de ser rescatado de una situación cercana a la muerte decidió que le quedaba un límite que superar.

- Charlotte. – Atrajo su atención para mirarla a los ojos – Hay algo que quiero decirte, pensaba buscarte cuando me dieran el alta. – La rubia se puso en alerta al ver que se acomodaba en la cama, su mano busco la suya primero tocándola muy ligeramente antes de cubrirla al ver que no existía un rechazo – Espero que puedas escuchar todo lo que tengo que decir antes de que me des una respuesta.

- ¿De acuerdo? – El sonido de su voz chillona la apeno.

- Debido a lo mucho que parezco disgustarte pensaba llevarme esto a la tumba, pero cuando estuve a punto de morir me arrepentí de no haberte por lo menos dicho. No quiero llevarme de nuevo este arrepentimiento.

- No me disgustas. – Se sintió presionada a realizar aquella aclaración, su mente estaba confundida de lo que sucedía, no quería ilusionarse.  

- Es bueno saberlo. – Una sonrisa burlona se extendió en sus labios – Eres hermosa, Charlotte. Tan fuerte, independiente, amable y correcta, eres una persona leal que protege y lucha firmemente por sus ideales. – Su pulgar comenzó acariciar el dorso de la mano femenina – Te veía a la distancia, tan solitaria. Pero siendo una noble lo menos que podría hacer era acercarme a ti, intente evitarte con todo lo que pude, pensaba que era un adolescente deslumbrado por la muchacha más hermosa de nuestra generación. Cuando te rescate durante aquel incidente estaba feliz de haberte dado al menos una mano.

- ¿Sabes cómo me salvaste ese día de mi maldición?  

- No. Antes de que me digas quiero que sepas que me gustas mucho, Charlotte, solo que siempre que estoy alrededor tuyo estas nerviosa, sales corriendo, y peleas mucho conmigo.

- ¡Eso es porque me provocas! – Replico para al momento siguiente percatarse de lo que acababa de decir – ¿Tú qué…?

- Me gustas. – Repitió atendiendo a la forma en que su ki parecía enloquecer – Si pudiera pedirte un favor que puede que sea demasiado…

- Me gustas.

- ¿Puedo besarte? – Yami abrió sus ojos con sorpresa, Charlotte en cambio bajo la mirada mientras su cerebro entraba en un absoluto colapso, las palabras escaparon de sus labios antes de que pudiera detenerlas y a cambio escucho la petición del hombre. – ¿Reina Espinosa? – No estaba seguro de que debía hacer a continuación casi podía ver el humo salir de su cabeza, aquello le pareció ridículamente tierno pensó en dejarla un rato sufriendo sin embargo no pudo – Charlotte ¿Puedo besarte?

- Sí.

Levanto tan rápido el rostro que si no fuera por los reflejos del moreno podrían haberse dado un golpe, los iris celeste estaban llenos de una emoción tan franca que Yami se sintió conmovido y estúpido de no percatarse en el pasado de lo que significaba las emociones de la mujer,  ella estaba tan expectante que se veía doloroso, demasiado tensa por lo que con una sonrisa se inclinó para besar su mejilla derecha, vio su sobresalto y el respiro brusco que tomo.

- Tranquila. – Susurro dejando otro en mejilla, luego dejo uno en la comisura de sus labios – Tenemos todo el tiempo del mundo.

Tiempo era lo que sentía que ya no podía recuperar así que armándose de valor paso sus brazos por encima de sus hombros mientras unía sus labios en un beso tentativo, emocionada por el gesto y la forma en que sus manos rodearon su cintura, lo intensificaron, volviéndose feroz con el pasar de los segundos, Yami pensaba que si no detenía el gesto pronto terminarían apresurando las cosas por lo que juguetonamente la mordió con suavidad, ella saltó sorprendida a lo que él lamió sus labios para tranquilizarla dándole una sonrisa genuina, su piel pálida ruborizada, los ojos brillantes, su cabello rubio libre de su trenza cotidiana.

- Despacio. Quiero poder disfrutar todo con su debido tiempo. – La beso con ternura en la frente, permitiendo que se abrazara a su cuerpo para esconder su rostro – ¿No me has dicho como libere tu maldición?

- La condición era que un hombre me robara el corazón.

- ¿Desde entonces?

- Desde entonces.

- Yo ganó, me enamoré de ti al verte en la ceremonia de Grimorios.

Charlotte no pudo evitar sonreír al escucharle hablar, parecía que estaba compitiendo por saber a quién le gustaba el otro durante más tiempo, no le importaba eso, lo único que le interesaba era el momento actual, siendo correspondida.

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“About time you dropped that goody-good act. 
You’re a sneaky one, You, you know.”