Yo no sé si ciertos amores contienen castigo o el castigo contiene un poco de amor. Yo no entiendo si venimos de un lugar en donde no conocíamos el suceso de las cosas, no entiendo… no entiendo lo que sucede cuando alguien se va. Yo no entiendo por qué se sigue en un camino que no lleva a ningún lugar. Yo no entiendo por qué tantas veces seguí un camino casi a ciegas, en el cual sabía que el fondo era una calle que tenía tope, un final. Yo no entiendo por qué la gente no se cansa de ir y volver, de volver y regresar a donde nada fue. Y siguen. Y sigo. Porque no me canso de llegar y volver, de volver y llegar a donde no había nada y florece un mundo nuevo cuando llego y su sonrisa me dice “aquí es”. Yo no entiendo que es eso que pasa cuando sus ojos parecen sacarme las palabras, yo no entiendo lo que pasa cuando sonríe y puedo ver que quiero conocer hasta lo que dice su sonrisa que no dice nada. Yo entiendo que nada tiene sentido. Yo entiendo que el castigo puede ser visto con ojos de enamorado, y que el amor puede ser visto con ojos de castigo. Yo entiendo que en vos no espero ver nada de lo que el mundo ve, y sin embargo, veo todo y más de lo que ellos ven. No sé si sea castigo o amor, o pecado o pasión, o las dos cosas, cuatro cosas, una cosa que no tiene sentido y no se explica a la razón. No lo sé. Pero si somos castigo, seamos castigo perdurable en la lengua, y si somos amor, seamos amor sin palabras, y no juremos nada, para no engañar al tiempo. Para no engañar al hombre, para no engañar a la mente y al inocente que siempre será el corazón. No queremos mentiras que hayan sido dichas. No queremos historias que nos ofrezcan lo que conocemos. Siempre queremos caminar ese camino oscuro y a ciegas. Siempre queremos ir y volver y sentir y sentir más, hasta lo que no queremos sentir. Resulta difícil de tragar, resulta siendo el sabor curioso que queda cuando agarramos la botella de tequila, tomamos un limón cortado, lo chupamos y ahí va. Un trago de amor para aquellos que siempre buscan más. Un sabor inexplicable cuando ya no está, y una mente poco lúcida cuando hemos bebido demás.