yulehain

Que te queda

Te importa la calificación, te esfuerzas en resultados, memorizas fechas, aprendes fórmulas, tomas apuntes -atento al profesor- y mientras haces todo eso, desde la calle escuchas un ligero bullicio. Algo sucede, pero las diapositivas corren más rápido de lo que escribes, no sacas la vista del frente. “Parece que están protestando” susurra alguien sentado atrás, y piensas que es posible; ayer viste un par de panfletos tirados en el suelo camino a la biblioteca, algo sobre una marcha.

 Las consignas se escuchan más cerca, una batucada y lo que parece un megáfono descompuesto, como un rugido; desde la ventana comienza a divisarse un lienzo colorido llevado por muchas manos, que se transforman en brazos, y luego en personas, una veintena, cien, miles, y de pronto la calle desaparece bajo una columna de gente sudorosa, saltando y bailando, gritando groserías ingeniosas, riendo y agitando el puño en alto. Te quedas mirando por treinta segundos que se estiran como goma, y sientes un cosquilleo en los pies, un nudo en el pecho, aprietas el lápiz tinta. Cuando vuelves la vista hacia el frente la diapositiva ha cambiado, el tema es otro y no sabes qué sucedió. “¿En qué estamos?” le preguntas al compañero a tu derecha; él te observa por un instante alzando las cejas, y sin decir nada vuelve la vista al frente.-

La Eterna Pregunta

La eterna pregunta de la identidad:

ser o no ser.

Dejarse ir,

o quedarse en esta orilla,

en la seguridad,

o ir allá donde el paisaje se adivina frondoso,

se percibe

y casi nos parece oler las flores del otro lado

y nos vamos embriagando del olor presentido

que nos va penetrando,

y son las flores, las enredaderas,

el agua del otro lado que nos esta sonando en la memoria

con su olor a mango,

y es ese sentir que el corazón esta próximo a estallar

(el olor del malinche, las explosiones del malinche),

los faunos,

un día que se va,

un día que pudimos haber estado al otro lado

y no estuvimos.

-

Gioconda Belli

Llenan una maleta y roban un auto. El asfalto se mezcla con los árboles.

-Deberíamos pasar a la gasolinera- le dice mientras apoya su cabeza contra la ventana.

-Queda suficiente. Paramos a la próxima- responde presionando el acelerador al entrar a la carretera. 

No hay más gasolineras en el camino, ambos lo saben. Sonríen.

Ellos nunca las han necesitado.