yo auto

Y si, realmente lo que esta pasando se siente como la mierda. Todo es un constante dolor de cabeza, un peso constante en el pecho y ardor en las muñecas. Es mirarse al espejo y no gustarse, querer cambiar cada pequeña parte de uno mismo. Pero también es esa esperanza perdida, la que tenemos, que nos hace esperar una solución que nunca llega. La esperanza que nos dice “Tal vez hoy todo mejore” cuando sobra decir que todo sigue igual. Nada cambia. Los días pasan y duele ver como todos sonríen y salen adelante cuando uno sigue estancado en el mismo pozo sin fondo, del que no podemos salir. Intentamos nadar pero nos hundimos más, así que no nos queda más opción que quedarnos quietos, esperando que alguien estire la mano y nos agarre para sacarnos de ahí.

He intentado olvidarte por todos los medios posibles y no he podido, lo lamento. Mis días desde que te fuiste han sido terribles. Te cuento que comencé a fumar más y a beber como un alcohólico. No he podido dormir y me estuve auto-medicando yo mismo. Aún no consigo trabajo y llevo tres días sin comer, al igual que alguien también hace poco se fue de está vida para siempre. Me ha ido mal desde entonces. A veces, por las noches reviso tu última conexión esperando a que me hables. Quizás, un “hola” bastaría pero no,  soy tan estúpido al pensar que eso pueda pasar. De verdad, hice todo lo posible para odiarte y lamentablemente terminé amándote más. Te mentiría si dijera que la vida sin ti ha sido igual porque ya no es solo un infierno, ahora parece un purgatorio. Algunos recuerdan por placer, pero yo para morirme.
—  Jorge Muñoz
Ya sabes, las cosas simples
son las que más disfruto
y traigo fundidas en mi centro
ya se encuentran grabadas
como los garabatos en las cuevas
de los primeros hombres
el día que te mudaste de casa
te sorprendí con un beso
en el pasillo donde estaba tu guitarra
la luz era una foto del océano
el iris radiante de tus labios
fue una manifestación de sabiduría
el día que te mudaste de casa
salimos a comer
yo no tenía auto ni trabajo
pero estabas tú
entonces nada me faltaba
—  La composición sentimental del universo, Quetzal Noah