yay mucho mucho

En ocasiones como esas, el aire fresco era lo que más le gustaba. Relajarse en un rincón del jardín principal, con la leve brisa dándole de lleno en la cara y alborotándole levemente el pelo, después de un agotador día de clases. Estaba contenta, porque al fin y al cabo había obtenido buena nota en una prueba sorpresa de una de las últimas clases. Se encontraba apoyada sobre su mano y sentada en un banco. Se giró en cuanto sintió a alguien sentándose a su lado y, por suerte, era alguien que conocía. –Lo que más odio de Harvard son los días como estos –comentó con tranquilidad, frotándose levemente la cara.