vuelco

No es que quiera escribir triste,
es que algunos recuerdos aún
me sonríen cuando vuelvo la vista atrás.
 
Y ahí, dentro de ellos,
se encuentra ella.
Con su pelo mojado
tras una tormenta
que derribó la muralla que habíamos construido
para cuando estuviéramos tristes,
echándonos de menos,
porque sabíamos que algún día
estaríamos lejos,
ya sea de tiempo
o de kilómetros.
 
Entonces me toma de la mano
y ese pequeño detalle edifica un mundo.
La llevo a ver películas
a donde las estrellas van a parar
cuando se dan por rendidas
y su inmortal luz
se convierte en una instantánea.
Un luz que se la traga el pestañeo.
 
La música se enciende
y sus pupilas se asemejan a dos planetas
que han estado perdidos en la negrura
y frialdad del inmenso universo.
 
No puedo con esto,
siento que el corazón me va a estallar.
 
Y estalló antes de decirlo.
Algunas cosas se rompen antes de darnos cuenta
y eso, ella no lo sabía.
 
Pero entonces, también se escuchó otro estruendo,
uno más fuerte del que ella causó cuando se rompió,
y fue mi alma fragmentada en mil pedazos
esparcidos por lo que llamaba vida.
 
Y desde entonces
vuelco mi mundo
y la vista atrás,
cuando siento que los miedos,
los monstruos
y los fantasmas
tocan la puerta.
Una puerta que siempre ha estado abierta,
hacia el mismo camino donde ella
sonríe al alba.
—  “El ayer es un lugar, o una persona”, Benjamín Griss
Podríamos incluso enumerar las razones que habrían podido incitarle a partir y las que, por el contrario, deberían haberlo retenido… pero, ¿de qué serviría eso? No es así como se toma la decisión de partir. No se valoran, no se alinean los inconvenientes y las ventajas. De un instante al otro, se produce el vuelco. Hacia otra vida, hacia otra muerte. Hacia la gloria o el olvido.
—  Amin Maalouf, La Roca de Tanios
Era una “pendeja” como se dice por aquí.

Tenía trece años, era una “pendeja” como se dice por aquí. Quería ser más guapa, más simpática, llamar más la atención y en un afán enfermizo me volví una persona despreciable.

Jamás entendí por qué él no me odió de la forma en que el resto lo hizo -nunca me trataron mal ni nada, pero sé que me odiaron, yo también lo hubiera hecho-. Se preocupaba por mí cuando estaba triste, me hacía reír, me tocaba la guitarra y me reiteraba lo mucho que le gustaba como cantaba cada vez que lo hacía.

Me gustaba mucho, mucho más que el resto, pero admitir que me gustaba destrozaba mi orgullo de una forma que no podía soportar, así que lo callé.

Una vez, más que nada por un juego, unas amigas y yo comenzamos a fingir que yo estaba embarazada. Él se cruzó mientras bromeábamos al respecto y se les ocurrió unirlo a la broma a ver como reaccionaba. Para mi sorpresa, se lo creyó, y ese día se la pasó al pendiente de mí preguntándome si necesitaba ayuda o si me sentía bien. Terminé por contarle que era una mentira, claro está, pero entre todas las cosas que podría haber hecho jamás creí que actuaría así.

Lo que viene ahora ya no es un juego. Con una amiga nos enteramos de que las medidas de las modelos eran 90-60-90, nos comparamos a estar medidas y, al estar yo cerca de los 60, me propuse hacer regimen hasta alcanzarlos. Comenzo despacio, pero luego hacer regimen se volvio algo enfermizo. Mi amiga y yo haciamos competencias para ver quien comia menos, y en este afán era capaz de pasar hasta tres días sin probar bocado. Cuando por fin lo hacía, por lo general terminaba devolviéndolo en los baños del colegio. Él se dio cuenta y después de unos meses se sentaba conmigo a comer para asegurarse de que lo hiciera.

Un año después dado a estas experiencias traumáticas me cambie de colegio. Y durante el primer mes me habló todos los días. Confieso que quería hablarle a él más que a nadie en el mundo, pero me hice la difícil por mi estúpido orgullo y lo traté bastante mal. Después de un tiempo no volvimos a hablar.

He madurado muchísimo y pienso en él de vez en cuando. Cuando lo veo es como si todo volviera, más no suelo verlo seguido. Él siempre es como era antes, me abraza, me pregunta como estoy y se comporta como si yo nunca hubiera hecho nada malo. La última vez que lo vi me contó que se había cambiado de clase, tras hablar un rato comentó “me hubiera quedado si es que tú lo hubieras hecho también”.

Confieso que todas estas cosas todavía provocan un vuelco en mi mundo de vez en cuando.

Agradezco muchísimo este espacio. Si esto va a ser publicado, ruego por favor que sea anónimo. Muchas gracias

#CuentameTusHistorias.

—¿Por qué estas solo?
—¿Quién dice que estoy solo?
—Lo digo porque la mayoría del tiempo te veo sólo a ti y sin nadie a tu lado.
—¿De qué hablas? Tengo amigos.
—Me refiero a que nunca te he visto con una pareja.
—¿Y cuál es el problema? ¿En qué te afecta?
—No, a mí en nada. Pero me preocupa que nunca te he visto una sola chica junto a ti y demostrándote su amor.
—¿Y qué quieres? ¿Que me lance a la primera que pase por la calle? Tu sentido de una relación es muy raro y mucho más el de la soledad.
—¿Por qué?
—Porque soy feliz con mi libertad, conmigo mismo, con mi persona, con mi tiempo, con hacer lo que me venga en gana. Si tiene que llegar alguien a cambiar mis planes y ser parte de ellos, a dar un vuelco a mi corazón y mostrarme su vida. Eso está bien. Pero el amor no es algo que se fuerce o que uno pueda fingir que siente. Eso pareces ser tú.
—Oye, no me ofendas. No me conoces.
—¿Y tu a mi sí? ¿Sólo porque según tu estoy solo y soy desgraciado?
—No dije eso.
—No, pero lo pensaste.
—¿Y para ti qué es el sentido de la felicidad? ¿Hartarte con tu propia compañía?
—Soy feliz sin la necesidad de depender una pareja o ponerme por simple compañía. Como hacen muchos. ¿Tu crees que el amor es tener cosas en común? ¿Crees que porque les gusta lo mismo en la primera charla ya deben estar juntos para siempre? ¿Crees que es un hilo que los une de un lado a otro de los dedos? ¿Crees que es algo tan sencillo y absurdo como eso? Tengo conocidos que se ponen con una chica sólo porque es bonita o porque les agrada su compañía, pero hasta ahí, no quiere decir que las amen. Y no todas las parejas son felices y no todos los que lo son lo andan pregonando a medio mundo. Y la infelicidad es más complicada de percibir, está se oculta, nadie se da cuenta. El amor es algo mucho más profundo. ¿Quieres saber por qué demonios soy tan feliz? ¿Te lo estás preguntando, verdad? Claro, como te pusiste con Armando sólo porque es atractivo. No me mires con esos ojos de odio para darme la razón. Soy feliz conmigo mismo, con mi persona, me gozo. Aprovecho mi tiempo para crear, para viajar, para conocer, para perderme y reconocerme. Creo que la mayoría de las personas que se ponen en una relación por simple amor a la apariencia son demasiado artificiales y también aquellas que se ponen por una simple necesidad para matar a su soledad personal que por realmente sentir algo están vacías por dentro. Puedes reírte si quieres pero apuesto que crees que por saber su apellido o su programa favorito ya lo conoces, pero sabes tan poco de su pasado y sobre las cosas realmente importantes. No lo amas, no amas absolutamente nada, estás jugando a sentir algo.
—Quizás tengas razón. Debería darme un tiempo conmigo misma y dejarme encontrar a buscar una chispa mágica con alguien.
—Ya me estás entendiendo….
—  Diálogo con la mujer artificial y el hombre acompañado, Joseph Kapone

(Micro-relatos)
¿Recuerdas la primera vez que salimos juntos? Después de mucho tiempo de siempre estar dándote pretextos para no salir contigo. ¡Qué mal estaba! Literal, no sabía lo que me estaba perdiendo… Me perdía de todas esas cosas lindas a tu lado, porque me decía a mi misma, ¿cómo para qué salir con él sino estoy interesada? Pero al final terminé aceptando tus invitaciones gracias a tu insistencia, he de recalcar que en verdad lo agradezco mucho. Solo así pude conocer realmente a ese muchacho que me fue ganando de a poquito. Podría decirse comenzó a suceder desde nuestra primera salida, en la que me divertí horrores, ya no recordaba la ultima vez que me habían hecho reír así con anterioridad, tuvimos una excelente química al momento de tratarnos. Al fin había encontrado a alguien que me comprendía, que cada vez se me hacía más interesante. Conforme se iban dando las salidas yo me iba enganchando más, porque contigo el mundo se tornaba diferente, todo era de otro modo, puras risas y diversión. El compartir momentos, las carcajadas juntos por cualquier tonteria sin sentido brindándome la vitalidad que me hacia falta, la que me llenaba de alegría. No existe poder humano que me quite la sonrisa tierna, esa que tú me pones. Y es que a pesar de mis mil y un intentos en alejarme al pensar que entre tú y yo no podría haber futuro alguno, siempre hay algo que me hace volver a ti. Algo que me dice que eres tú, quien siempre termina buscándome, y por desgracia siempre me encuentra…. No hay manera que te aleje de mi, y no es que no pueda, porque de poder, claro que puedo, solo es cuestión de tener el suficiente valor y proponermelo, pero es que no quiero, no quiero alejarte de mi, ¿cómo podría? si ya te has vuelvo parte importante de mi vida. Convivir contigo día con día, escucharte, ser tus buenos días y tus buenas noches; hacen que mi existencia se vuelva más bonita. Solo tú tienes el poder para que mi corazón pegue un vuelco de emoción, cada que lee ese “Te estoy esperando" cuando vas por mi al trabajo… Me tienes vuelta loca de amor, como una adolescente. Si supieras exactamente todo lo que causas. Y es que siendo realistas ¿quién querría alejar a la persona que vuelve su vida más bonita? Nadie, obvio. Y yo no seré la excepción en ese aspecto, yo lo que quiero es estar contigo, porque estando a tu lado, no me hace falta nada, ni nadie más.
28.Febrero.2017 Vete, vive tu vida y no te preocupes por mi, no des la media vuelta, ni mires hacía atrás, yo ya sé fracasar sola y aprender de cada tropiezo.
Vete, lo digo en serio, no pasa nada, aún te quedan muchos sueños por cumplir, proyectos por hacer y vidas por vivir, tienes que poner prioridades y entiendo que yo ya no esté en la lista.
No, no te guardo rencor llegaste a mi vida cuando más te necesitaba y me tatuaste en la piel las lecciones que me hacían falta.
Te agradezco por todo lo que paso y por lo que no paso también, por ser amante y compañero de vida.
Porque aunque coincidimos poco y ahora caminamos a destiempo, me dejaste el alma llena.
Si, si te voy a extrañar, uno siempre termina por echar de menos aquello que hizo darle un vuelco al corazón,
a uno siempre le da nostalgia
recordar aquello que lo impulsó a ser mejor persona.
Pero no te preocupes, vete, que si volvemos a coincidir
las puertas estarán abiertas para ti.
Las perturbaciones, las ansiedades, las depravaciones, la muerte, las excepciones de orden físico moral, el espíritu de negación, los embrutecimiento, las alucinaciones servidas por la voluntad, los tormentos, la destrucción, los vuelcos, las lágrimas, las insaciabilidades, las esclavitudes, las imaginaciones que profundizan, las novelas, lo inesperado, lo que no se debe hacer, las singularidades químicas de buitre misterioso que acéchala carroña de alguna ilusión muerta, las experiencias precoces y abortadas, las oscuridades de caparazón de chinche, la monomanía terrible del orgullo, la inoculación de estupores profundos, las oraciones fúnebres, las envidias, las traiciones, las tiranías, las impiedades, las irritaciones, las acrimonias, los despropósitos agresivos, la demencia, el esplín, los espantos razonados, las inquietudes extrañas que el lector preferiría no sentir, las muecas, las neurosis, las matrices sangrientas por las que se hace pasar a la lógica de rodillas, las exageraciones, la ausencia de sinceridad, lo latoso, lo chato, lo sombrío, lo lúgubre, los partos peores que asesinatos, las pasiones, el clan de novelistas de sala en lo criminal, las tragedias, las odas, los melodramas, los extremos presentados a perpetuidad, la razón silbada impunemente, los olores de gallina mojada, las insipideces, las ranas, los pulpos, los tiburones, el simún de los desiertos, lo sonámbulo, turbio, nocturno, somnífero, noctámbulo, viscoso, foca parlante, equívoco, tuberculoso, espasmódico, afrodisíaco, anémico, tuerto, hermafrodita, bastardo, albino, pederasta, fenómeno de acuario y mujer barbuda, las horas ebrias del desaliento taciturno, las fantasías, las actitudes, los monstruos, los silogismos desmoralizadores, las basuras, lo que no reflexiona como el niño, la desolación, ese manzanillo intelectual, los chancros perfumados, los muslos de camelias, la culpabilidad de un escritor que rueda por la pendiente de la nada y se desprecia a sí mismo con alegres gritos, los remordimientos, las hipocresías, las perspectivas vagas que os trituran con sus imperceptibles engranajes, los escupitajos serios sobre los axiomas sagrados, la gusanera y sus insinuantes cosquilleos, los prefacios insensatos, como los de Cromwell, de la señorita de Maupin y de Dumas hijo, las caducidades, las impotencias, las blasfemias, las asfixias, las sofocaciones, las rabias: frente a esos osarios inmundos, que me ruboriza nombrar, es por fin tiempo de reaccionar contra lo que nos choca y nos somete tan soberanamente.
—  Conde de Lautréamont
Me cuesta mucho controlarme para no hablarle todo el rato. No me quedan uñas que morder para sobrellevar la espera de sus palabras nuevas. Y es que me pone triste pensar que le puede haber pasado algo sin que yo me halla enterado. Sin que pueda ayudarlo.
Querría mandarle un mensaje a todas horas preguntando si sigue tan guapo como siempre o si acaso lo está más. Escribirle una parrafada de buenas noches diciéndole que si ya se va a dormir es obligatorio soñarme o venir hasta mi casa a desnudarme y hacerme feliz.
A veces me preocupo, y divago en si me pensara tanto como yo pienso en lo bonito que sería pasar todo un verano a su lado. Porque me da miedo darme de bruces contra algo que puede ser que no exista, que solo sea una fugaz y preciosa utopía. Pero es fácil dejar los fantasmas a un lado cuando veo una foto en la que sale con esa sonrisa de chico malo, y entonces recuerdo que cruzaría mar y tierra por acercar mis labios y ponerlos sobre ella. Y ya no hay dudas ni temores. Sólo la certeza de que lo oiré gemir cuando muerda su oreja en un desliz.
Querría preguntarle si ahora cada vez que su móvil suena el corazón le da un vuelco y desea con todas sus fuerzas “que sea ella”. O sea, yo. Yo que no paro de imaginárme haciendo todas esas cosas que le he dicho que necesito hacer, como morderle el cuello cuando se porte mal, o arrancarle el pantalón cuando me trate demasiado bien.
Y todo esto no se lo escribo, porque sé que a veces le gusta que lo deje tranquilo, y sé también que lo va a leer y a preguntarse si lo escribí pensando en él.
[AU] Un conejo para MÍ jaula

-Sí, acepto.

Toda su vida había cambiado para siempre cuando sin pensarlo, repitió esa frase después de la que era su esposa. Y ahora estaba ligada a ella. Lamentable para ambos, pues no se amaban, pues era un enlace arreglado, como la mayoría de los que se daban entre la gente de dinero. Los dos se miraron de reojo, resignados. Al menos se apreciaban como para fingir amor.

Era irónico que una frase tan corta, pudiera guardar en ella un vuelco total a la vida de tantas personas, pues con su enlace no solo se veían afectadas su vida, la de su esposa, sino la de las familias de ambos, las de los hijos venideros -si es que venían, y por supuesto eso le aterraba-, la de sus amigos, conocidos, empleados. Todos estaban inmiscuidos en el arreglo matrimonial. ¿Y por qué era eso? Porque pertenecía a una de las familias más prestigiosas y adineradas de todo Japón.  Presidente de una compañía  valuada en millones; con numerosos empleados y que ahora con su matrimonio crecería mucho más.

Estaba hastiado de los convencionalismos de su sociedad, tan frívolos y sin sentido. Ojalá pudiera huir de todo.

No nos engañemos: la pasión no es el trayecto que nos guía hacia el otro, sino el vuelco sobre uno mismo, el vuelco hacia sí mismo. El deseo de engendrar fecunda la propia agonía.


Por eso la sabiduría es indiferencia: la indiferencia, ecuanimidad y la ecuanimidad, calma.


Por eso, y porque quiero vivir, decido observar en calma la pasión que sacude mi cuerpo y lo consume. En lograr cumplir con esta paradoja he empeñado mi existencia.


(A veces, la calma es aún tan sólo ironía. No basta. Es un inicio).

— 

Chantal Maillard

Filosofía en los días críticos

Soy una romántica empedernida. He visto montones de películas de amor, y llorado al final de todas. He leído muchas historias de romance, y sentir el corazón darme un vuelco. Es que no importa lo jodido que esté el mundo allá fuera, sigo creyendo en el amor verdadero. Es un cliché, ya sé. Pero aún creo. Aún confío en el destino, en las almas gemelas, en la poesía, en las películas. Podrán pensar que fundamento mi sentimentalismo cursi en un estereotipo de Hollywood. Pero no. Creo en el amor verdadero. En ese que se jura eterno. Cuando mi papá y mamá se ríen en la cocina de la nada. Cuando mi abuela le desea buen día a mi abuelo. Cuando Nancy juega con su pequeño hijo, Pablo. Cuando mis amigos llaman para preguntar como estoy. Es cuando creo en el amor verdadero. Creo en las personas cursis, en las acciones cursis. Y fantaseo con vivir cosas cursis. En realidad, creo que por eso escribo. Por qué en las historias de amor, se empieza mal, luego se pone peor el asunto, pero al final, al final hay un felices para siempre y un beso. Y quizás la vida de cualquiera de nosotros no sea una novela de Jane Austen, pero pueden sucedernos cosas pequeñas que nos harán felices. Tal vez mañana te subas al tren y leas tu libro favorito, levantarás la mirada y encontrarás a alguien leyendo lo mismo que tú. Y sueñas que en algún universo paralelo tienen un final feliz. Lo mismo puede pasarte mientras escuchas música a todo volumen, o admiras la pintura de un museo, o te bebes un café vespertino, o caminas soñando despierto. Y de casualidad chocas con alguien que cambiará tu vida. Y si no pasa nada, igual sueñas con lo que podría haber sucedido. Y soñar te hace creer. Y creer te ayuda a hacer cosas buenas. Cosas nuevas. Soy una romántica empedernida. Que aún cree en los caballeros que pueden quitarse el sombrero al saludar o descolgarse los audífonos para dedicarte una sonrisa. Aún creo en la inocencia de las chicas, que se ruborizan cuando les hacen un cumplido. Soy una romántica empedernida. Y entiendo que el amor verdadero puede venir de muchas formas, no necesariamente de un príncipe. Pero yo, personalmente, me alegro el corazón pensando en que afuera alguien fantasea con encontrarme, de la misma forma que yo fantaseo encontrarle. En este mundo donde cuesta creer en las cursilerías, vale cerrar los ojos y soñar.

Lo sé porque nunca me había quedado despierto hasta la seis de la mañana, sin poder dormir, porque estaba pensando en una chica. Nunca me había sentido así. Nunca había interés en ninguna chica, pero cuando te conocí todo cambió: de repente, las noches eran más largas, y si estaba contigo el tiempo volaba. Recuerdo la primer vez que sentí celos, el mundo se hizo pedazos y lo escondí con una sonrisa de cabrón egoísta, cuando moría por dentro. Deseaba tanto besarte, te deseaba de todas las maneras existentes que hay para desear a alguien. Cuando he leído tu mensaje, me ha dado un vuelco al corazón. Me sentía… menos solo que de costumbre. Creo que no lo entiendes, Sarah. No es normal lo que yo siento por ti. Supera límites y, solo yo sé cuanto te necesito en mi jodida vida.
—  Cap XXI. de “El norte, el sur, y la brújula” de Wattpad.
De alguna manera, quién sabe por qué, tus decisiones un día dan un vuelco y pierdes tu dominio de las cosas. Y un día te despiertas y te encuentras en la situación en la que juraste que jamás te encontrarías, y ya no sabes qué es para ti lo más importante en este mundo. Y después de eso, todo ha acabado.
—  Richard Ford, Rock Springs