vm samael aun weor

El hombre narró simple y llanamente todo lo que le sucedió, todo lo que vio. Empero, como siempre, los seudo-sapientes se rieron de él por el delito de no coincidir los relatos, con los supuestos mentales y complicadas teorías, que éstos tienen en su memoria. No fueron los eruditos capaces de escuchar con mente espontánea, libre de supuestos mentales, teorías, preconceptos, etc. No fueron capaces de abrirse a lo nuevo con mente íntegra, con mente no dividida por el batallar de las antítesis. Los eruditos sólo escucharon para comparar lo que escuchaban con sus supuestos almacenados en la memoria. Los eruditos escucharon para traducir de acuerdo con su lenguaje de prejuicios y preconceptos y llegar a la conclusión de que lo que el hombre narraba era fantasía. Así son siempre los eruditos, sus mentes están ya tan degeneradas que nos son capaces de descubrir lo nuevo.

Realmente este hombre estuvo en Venus, nosotros lo visitamos en su casa y platicamos durante tres horas con él. Lo que narra es maravilloso. Viajando rumbo al norte de México conduciendo un automóvil con pasajeros norteamericanos tuvo que vivir las peripecias más extraordinarias que hombre alguno ha vivido en esta raza aria. Se dañó la máquina en el camino y los pasajeros se fueron en busca de una grúa para transportarla. En la soledad sucedió lo maravilloso, fue el hombre visitado por dos venusinos de mediana estatura que después de prepararlo con una plática deliciosa lo condujeron por entre la montaña al lugar secreto donde estaba su nave cósmica. El hombre de nuestro relato entró en la nave y fue llevado al planeta Venus donde estuvo viviendo varios días. Este hombre ha relatado simple y llanamente lo que le sucedió, no es científico y por eso no habla como científico; algunos sabios tomaron muestras de tierra y de plantas en el lugar donde él dice haber encontrado la nave, y con asombro descubrieron un extraño desorden molecular fuera de lo normal en dichas plantas y tierra, los exámenes de laboratorio comprobaron hasta la saciedad la realidad de una máquina fuera de lo normal que estuvo en dicho paraje, empero los necios a pesar de todo se ríen porque el relato no coincide con los prejuicios y teorías de su querido ego.

El yo en su soberbia quiere que todo coincida con sus teorías y supuestos mentales, el yo quiere que todos sus caprichos se cumplan y que el cosmos en su totalidad se someta a sus experimentos de laboratorio. El ego aborrece mortalmente a todo aquél que le hiera el amor propio. El ego adora sus teorías y preconceptos. Muchas veces aborrecemos a alguien sin motivo alguno; ¿Porqué?, Sencillamente os lo diré querido lector, porque ese alguien personifica algunos errores que nosotros cargamos bien escondidos, y no nos puede gustar que otro los exhiba, realmente los errores que a otros endilgamos los llevamos nosotros muy adentro. Nadie es perfecto en este mundo, todos nosotros estamos cortados con la misma tijera, cada uno de nosotros es un mal caracol entre el seno de la Gran Realidad.

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La muerte no resuelve el problema fatal del ego, éste continúa en nuestros descendientes. “Todo va, todo vuelve; la rueda de la existencia gira eternalmente, todo muere, todo vuelve a florecer; eternamente corren los años de la existencia”. “Todo se destruye, todo se reconstruye de nuevo, eternalmente construye la misma casa de la existencia”. “Todo se separa, todo se encuentra de nuevo; el anillo de la existencia permanece fiel a sí mismo”. “La existencia principia a cada hora”; alrededor de cada “Aquí” gira la esfera del “Allá” el centro está en todas partes, tortuoso es el camino de la eternidad”. (Nietzche)

Sólo la muerte del yo puede resolver el problema del dolor humano pero el yo se ama a sí mismo y no quiere morir de ninguna manera, mientras el yo exista girará la rueda de Samsara, la rueda fatal de la tragedia humana. Cuando realmente estamos enamorados renunciamos al yo, pero es muy raro hallar en la vida a alguien verdaderamente enamorado, todos están apasionados y eso no es amor. Las gentes se apasionan cuando se encuentran con alguien que les guste, cuando descubren en otra persona sus mismos errores, cualidades y defectos; entonces el ser amado les sirve de espejo donde pueden contemplarse totalmente, realmente no están enamorados del ser amado, sólo están enamorados de sí mismos y gozan viéndose en el espejo del ser amado, ahí se han encontrado y suponen entonces que están enamorados.

El yo goza ante el espejo de cristal o se siente feliz mirándose a sí mismo en la persona que tiene sus mismas cualidades, virtudes y defectos. Mucho es lo que hablan los predicadores sobre la verdad, pero ¿es acaso posible conocer la verdad cuando existe en nosotros amor propio?. Sólo acabando con el amor propio, sólo con la mente libre de supuestos podemos experimentar en ausencia del yo, eso, eso que es la verdad. Conocimos a un hombre que estuvo en carne y hueso en el planeta Venus por varios días, ese hombre no es un erudito, es tan sólo un humilde mecánico. Nosotros leímos su maravilloso libro titulado: “Yo estuve en el planeta Venus”. Todo lo que este hombre privilegiado cuenta, es formidable, extraordinario. La civilización venusta es puro Socialismo Cristiano llevado a la práctica. La técnica venusina, la ciencia, las artes, la religiosidad realmente nos llevan millones de años adelante. ¡Cuán lejos estamos nosotros de llegar a semejantes alturas!.

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