viva dolor

PERDERSI per RITROVARSI

“C'è stato un momento
in cui mi sono persa.
Ho perso tutto quello che avevo
attaccato alla schiena,
i vecchi paradigmi,
forme,
maschere,
vergogna,
senso di colpa,
costumi
e le regole.
Ho perso ore e orologio,
calendario e aspettative,
le speranze e le certezze.
Ho perso tutto ciò che era,
tutte le inutili attese,
tutto quello che avevo cercato e tutto quello per cui avevo camminato
e tutto ciò che è avevo lasciato sul ciglio della strada.
E così, nel perdere tutto,
ho anche perso la paura,
la paura di infrangere le regole
e le autocritiche feroci,
la paura della morte
e la paura della vita,
la paura di perdersi,
e la paura di perdere
E completamente nuda,
priva della vecchia pelle,
ho trovato un cuore
che vibra dentro ogni poro del mio essere,
un profondo tamburo
fatto di argilla, stelle e radici
il suo eco dentro di me
è la voce della Vecchia Donna,
fu allora che ricordai
battito dopo battito,
che ero viva,
eternamente viva,
che ero libera,
coraggiosamente libera”.

—  ~ Hermana Águila ~

¡LUCIA VIVA!

A los 16 años hay adolescentes que aún no han debutado, y otras que ya están embarazadas de su tercer hijo, las hay delgadas y gordas, morochas y pelirrojas, estudiosas y analfabetas, soñadoras y concretas, con un techo y un lindo colchón o durmiendo en taperas, cartoneando o comprando en el shopping, militando o bailando reggaetón.

A los 16 años las chicas suelen tener sueños: casarse con algún/a ídolo/a o con alguien del colegio, no casarse jamás, viajar a Japón a dibujar comics, ir a Disney, tener la panza chata para usar bikini, comprarse una moto, tener una beca de algo, tener hijxs, no tener nunca hijxs, vivir solas, irse de vacaciones sin sus madres/padres.

A los 16 años las chicas suelen ser confiadas, sentir que el mundo es un lugar seguro, les gusta conocer personas, suelen desear ser más libres –siempre un poco más-, no quieren ser controladas, son superpoderosas, y pueden llorar toda la noche por un comentario de Facebook.

A los 16 años la vida es intensa: bailar, comer, no comer, tatuarse, perforarse, la música, el arte, la ropa, los cambios en el pelo, reir, llorar, cortarse, pasear, dormir, no dormir nunca, publicar fotos en Instagram, los cien grupos de wassap, el celular como parte del cuerpo, las paredes pintadas de la pieza, beber más de la cuenta, probar algunas sustancias, netflix, el maldito colegio, los adultos insoportables, pensar en la vejez como algo que sucede luego de los 25 años, odiar la “vejez”.

Lucía Perez tenía justo eso: 16 años. No sé de ella, no la conocí. Veo una foto donde sonríe, tiene un piercing, el pelo enmarañado, rastas, chaleco, buzo. Es muy linda y sonríe con ganas. No hay miedo en la foto. Es una adolescente que cursa el último año del secundario, hija de una familia trabajadora, que vive en Mar del Plata. Las rastas ¿serán porque escucha reggae? El piercing del labio,¿se lo habrá hecho algún amigo? ¿Le gustará lengua, historia o físico-química?

Releo: hablo de Lucía en presente. Y no lo está: el domingo 9 de octubre –el día que fusilaron al Che Guevara, el día que nacieron John Lennon y PJ Harvey- fue drogada, violada y asesinada por empalamiento. Ese mismo día en Rosario 100.000 mujeres –donde seguramente habría muchas chicas de su misma edad- debatían todo el día en talleres, eventos artísticos, marchaban, vivían.

Creo que no conocería el término “empalamiento” si no fuera por mi temprana lectura de Drácula, quien fuera apodado “el empalador” por cierta afición a empalar enemigos y dejarlos como trofeo en un bosque.

No es un término de la vida moderna, hasta que dos ¿hombres? matan a Lucía –con un dolor inimaginable, esto es seguro-, lavan el cadáver, la llevan a un centro médico y se “disculpan” con la excusa de la sobredosis. Parece que estos femicidas venden drogas, y sospecho que intentarán “atenuar” lo bestial de su acto bajo el mote de “adictos”.

Yo tengo una larga y extensa formación y experiencia en trabajo clínico con adolescentes y con adictos: lxs adolescentes suelen confiar a veces un poco más de lo debido, y ningún consumo justifica o “disculpa” delitos de crueldad tan extrema. Así como no cualquiera puede linchar a una persona hasta matarla, tampoco por el consumo de drogas una adolescente de 16 años es violada, sodomizada y empalada hasta la muerte. Una conducta tan regresiva, con tanta perversidad, habla de una sociedad donde el vale todo cada vez más tiene nada de freno: acá no hay ley, no hay salud, no hay lazo social. Tampoco aplicaría el término “animal”, ya que los animales matan para alimentarse, sobrevivir, escapar de amenazas: no aplica.

El mismo domingo que Lucía Perez pasó de la vida a la muerte, en Rosario reprimían a mujeres, adolescentes y jóvenes con balas y fuerza bruta. Los muros y los foros se llenaban de voces a favor y en contra: que las tetas al aire, que los graffitis, que cuan sucias son las mujeres cuando se juntan por miles, que si la iglesia, que la policía, en fin…puros “que”.

En la morgue de un hospital un cuerpo muerto ya no se llamaba Lucía, ni tenía presente: no terminaría el secundario, no tendría hijxs, no recorrería el mundo, no sonreiría más.

Hay algo que no estamos viendo, me parece.

Yo estoy muda: solo escribo.

A los 16 años me gustan las adolescentes despeinadas, sonrientes, con planes, con proyectos.

Vivas, ¿entienden?

Vivas.

Porque, ¡VIVAS NOS QUEREMOS!

Ho realizzato di essere stata brava nel momento esatto in cui mi hai lasciata. Ho capito di valere quando mi hai detto che avresti preferito non intraprendere una storia con me per non farmi soffrire, perché io “non lo meritavo”. Ho capito di essere forte quando ho pianto fino a far sanguinare gli occhi, per poi guardarmi allo specchio e dirmi “Sono fiera di te”.
Sì, sono fiera di me.
Perché respiro ancora, perché le macerie che ho dentro me le porto appresso tutto il giorno, ma riesco ancora a sorridere.
—  moonwolf358

Llore tanto que mis ojos se encuentran secos y apagados. El hueco en mi pecho y esta soledad silenciosa me hacen sentir que estoy muerta, pero se que estoy viva, porque duele. Últimamente estar viva duele demasiado.

Quando le persone stanno male, di solito piangono, gettano a terra oggetti, urlano, si sfogano eppure, quando sto male io, mi chiudo in bagno, con la luce spenta e mi distendo sul pavimento prima di lasciare che il dolore invada ogni parte di me, mi consumi mentre sto in silenzio a fissare il soffitto ma nonostante questo, mi sento viva, sentire dolore mi permette di uscire dal mio appiattimento emotivo.