vida guerrera

He pasado toda una vida encerrada en mí, viviendo a través de cortinas que yo misma me creé, para olvidarme de la realidad en la que vivía, así todo era más fácil o al menos eso sentía, porque me ayudaba a sobrevivir, a que las cosas, lo hechos, no dolieran tanto, incluso que las personas no pudieran lastimarme; fui víctima de mi misma, aún sigo siéndolo. La diferencia es que ahora soy consciente de ello y duele tanto; siento que el dolor quema cada parte mí. Me estoy hundiendo y no sé cómo salir, te juro que lo intento, pero cada día que pasa mi mente se apodera más de mí, me hace preguntas que no quiero responder, ya no quiero conocerme, ya no más. Siento tanto miedo, creo que tengo más miedos que metas en esta vida; me tengo miedo a mí, a lo que pienso, ¿por qué simplemente mi mente no se calla?, ¿Por qué tiene que seguir atormentándome?, no sé, no sé, no sé.
Tal vez quiera decirme algo, algo que yo no veo, tal vez quiera ayudarme, no sé que pasa conmigo.
Hay un caos, un caos en mi cabeza que mi boca no puede expresar, es por eso que lo escribo, te lo escribo a ti, porque sé que lo entiendes y si no lo haces no buscas mentirme, tampoco pretendes salvarme. Eres la primera persona que no lo intenta y no quiere hacerlo, eres la primera persona que me deja hacer las cosas que yo quiero y no me limita, me dejas ser libre por más que pueda llegar a enfadarte.
Amor, tengo que aprender a vivir, pero, dejar ir, aceptar, me está costando tanto; conocerme me está doliendo jodidamente mucho. A veces, sólo quisiera dormir durante mucho tiempo, pero, después me doy cuenta de que eso no lo es lo que quiero; yo quiero ser libre, amar, soñar, viajar, sentir y sé que para lograr eso tengo que pasar primero por el infierno.
Te prometo y es la única promesa que te voy hacerte; no voy a rendirme, mi cielo. Porque dentro de esos 5 años, no sólo te veo a ti en mi futuro, también me veo a mí siendo libre, bueno, al menos un poco de lo que esa palabra expresa.
—  Fragmentos de la vida de una chica solitaria; Carta a ella/mí.
En ese instante se veían como si no existiera nada más en el mundo, como si el tiempo se hubiese detenido para observarlos a ellos, como si el destino se pudiera impedir a si mismo.
—¿Me amas?
—Con todo mi ser. —Respondió al ser capturado por el brillo de sus ojos—. ¿Y tú, me amas?
—Te amare hasta el final de mi vida. —Dijo la valiente guerrera antes de partir hacia aquella terrible batalla de destino incierto.
Mientras él la esperaba impacientemente en la eternidad de cada hora; un ángel salvador vestido con bata blanca se convirtió en emisario de la muerte para anunciarle:
—Lo sentimos mucho, su esposa no pudo resistir la quimioterapia.
—  La Última Batalla, Víctor Valladares