vicioso

Vals

Yo toco el odio como pecho diurno,
yo sin cesar, de ropa en ropa vengo
durmiendo lejos.

No soy, no sirvo, no conozco a nadie,
no tengo armas de mar ni de madera,
no vivo en esta casa.

De noche y agua está mi boca llena.
La duradera luna determina
lo que no tengo.

Lo que tengo está en medio de las olas.
Un rayo de agua, un día para mí:
un fondo férreo.

No hay contramar, no hay escudo, no hay traje,
no hay especial solución insondable,
ni párpado vicioso.

Vivo de pronto y otras veces sigo.
Toco de pronto un rostro y me asesina.
No tengo tiempo.

No me busquéis entonces descorriendo
el habitual hilo salvaje o la
sangrienta enredadera.

No me llaméis: mi ocupación es ésa.
No preguntéis mi nombre ni mi estado.
Dejadme en medio de mi propia luna,
en mi terreno herido.

Si ya te cortaste una vez es casi imposible no volver a hacerlo. te decís que no lo vas a volver a hacer pero lo haces devuelta y cada vez duele menos, entonces te cortas cada vez mas... y lo peor de todo es que no te alivia tanto el dolor porque cada vez que vez las cicatrices te acordas el motivo por el cual te cortaste y revivis el dolor de ese momento... es como un circulo vicioso que parece no acabar
A veces es difícil salir de ese círculo vicioso que no te lleva a ningún lado, salvo a hacerte daño a ti misma. Y cuando consigues salir de él, tratas de evitar por todos los medios todas aquellas cosas que pueden hacer que recaigas. Pero a veces se cruzan en tu camino pequeñas pruebas que tienes que aprender a superar sin volver a caer en aquello que te hacía daño.
Quiero pasar un día contigo perfecto, despertarnos juntos mirandonos a los ojos, luego de allí desayunemos juntos los aperitivos que más nos gusten, jugar con la comida de una manera romántica y tonta, hacer tareas domésticas juntos, salir a pasear por todo el centro, comprar algo material para ti que te guste, estar allí y mirarte a los ojos, besarnos, abrazarnos, jugar cómo pequeños niños, volver, cenar... y dormirnos abrazados.

CIRCULO VICIOSO*

Círculos viciosos

Cuando del corazón se trata, carezco de determinación. La debilidad y la desesperación me dominan cuando surge la amenaza de perder a esa persona, y es tan fácil sentirme culpable por las cosas que no he hecho mal. No importa qué tanto esa persona merezca ser perdida.

Se vuelve un círculo vicioso. A mí no me gusta el juego del tira y encoge.