viaje a las vegas

No se dejen llevar por el tema en cuestion. Vegetta es de Willy, Willy es de Vegetta. Recuerden el guimuel, los momentos Wigetta en apm, las indirectas, los tweets, las miradas, el beso en la ingame, cuando se fueron a vivir JUNTOS a LA, sus viajes JUNTOS a San Francisco, Atlanta y Las Vegas, el primer cenando con, el segundo cenando con, las pulseras, sus directos juntos, el ¨tienes una temporada entera para enamorarme¨ o el ¨Willy, quieras casarte conmigo¨ , cuando sacaron el primer libro Wigetta, las cosas cursis que se dicen, su regreso a España para luego volver a vivir JUNTOS, el lanzamiento de su segundo y tercer libro, los especiales San valentin, la cancion de Willy, los mil videos que han grabado juntos y muchas cosas mas que te hacen creer en el Wigetta, ¿Que mas pruebas queremos para decir que es real?. El Wigetta sera real si nosotros creemos en el.
Había ocasiones en las que los chicos olvidaban que Willy y Vegetta estaban realmente juntos. Drabble

Pero cuando lo recordaban no evitaban sonreír.

Habían llegado finalmente a las Vegas, luego de 14 horas de un viaje matador por fin estaban ahí para tener unas mini vacaciones. Luzu y Willy llegaron una hora antes y los estaban esperando en la habitación del hotel que iban a compartir la mayoría. Vegetta, Frank, Alex y Abel recién habían llegado e iban camino a dicho hotel.

-Pareces un oso- le decía Frank a Vegetta mientras reía fuertemente, le tocaba la barba y provocaba la risa de los demás acompañantes del taxi.

-Déjame chaval, así me veo más macho- contesto sacándole la lengua infantilmente

Los cuatro soltaron una risa y continuaron su camino en silencio. Ya en el hotel se registraron y se encaminaron a la habitación.

Al llegar Luzu les recibió avisándoles que Willy estaba en el baño para luego darles un abrazo a todos sus amigos.

Vegetta le abrazo fuertemente  y espero a que su novio decidiera hacer su aparición.

-¡Hombre Willy!- grito Frank tirándosele encima al menor y dándole un beso en la cabeza. Alex corrió hacia ellos haciéndoles caer al piso y provocando con ello risas de todos. Abel se acercó a ayudarle a levantarse del piso donde seguía riendo ahogadamente junto a sus mejores amigos. Le abrazo también y le dio un beso en la cabeza repitiendo así la acción de Frank.

-¿Y que para mí no hay amor? – pregunto Vegetta con una risa mientras Willy volteaba a verle con una sonrisa aún más grande que desapareció en cuestión de segundos.

-Joder, ¿era en serio lo de dejarte la barba no?- Dijo mientras lo miraba con una mueca- Pensé que se veía exagerada en la foto-

-Parece un leñador, ¿a qué si?- grito Alex desde el sillón donde ahora estaba sentado junto a Frank tomándose fotografías.

-Tienes que admitir que me veo guapo- dijo haciendo una pose “sexy”. A lo que Willy solo le hizo una mueca aún más grande.

-No me gustas con tanta barba- le dijo riendo

-Pero te gusto- levanto una ceja

-A ratos-

-Cuanto bobeito andas ¿no?- dijo sacándole la lengua- Ven aquí- lo jalo de un brazo y con la mano restante le tomo la cara y le beso. No se habían visto en semanas. Era demasiado tiempo. Willy solo río antes de besarle de vuelta y pasar sus manos por la cintura del mayor, olvidando a sus amigos que los observaban en la habitación con algo de sorpresa.

Los cuatro hombres que observaban la escena, siempre les sucedía que había ocasiones en las que olvidaban que sus dos amigos eran pareja.

Olvidaban lo mimoso que era Willy y que siempre quería estar abrazado a Vegetta.

Olvidaban las miradas y sonrisas profundas que se dirigían a través de la habitación.

Olvidaban que en las fiestas se “perdían” durante un rato a besuquearse en la  oscuridad.

Olvidaban las palabras cursis que se decían.

Olvidaban el amor que desprendían.

Olvidaban los abrazos fuertes que se daban luego de días sin verse.

Pero cuando ellos se encargaban de recordarles todo eso, las sonrisas en sus rostros no tardaban en aparecer. Por el simple hecho de que no cualquiera tiene a su mejor amigo y a su pareja en una sola persona. Y ellos estaban tan felices y tan enamorados que era imposible molestarse o si quiera incomodarse.

-Ya muchos besos por ahora, tendrán toda la noche- dijo Luzu separándoles. El si estaba más acostumbrado a eso, pero de igual manera seguía siendo sorprendido cada vez más- Les alquilaré una habitación solo para ustedes, pero paren ya- río

La pareja río también y Willy le abrazo fuertemente mientras le susurraba un “Te extrañe” en el oído.

-Ya chavales paren- dijo Alex- Que son demasiado melosos y me hacen extrañar a Eva-

-Hay abrazos para ti también Alesby- dijo Vegetta abriendo sus brazos

-No, gracias. Soy fiel a mi fangirl interno que me grita “Wigetta” en este momento-

-¡Wigetta for the Win!- grito Frank desde el sillón.

Y siempre era lo mismo…
—-
Esto a quedado del asco, pero bueno.

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Regalos para Leo.

Para mujer Leo.

-Joyas: cualquier joya llamativa, pero sobre todo los collares, los pendientes y los anillos.
-Bisutería - también les gusta a las mujeres Leo la bisutería, sobre todo si es elegante y llamativa.
-Lencería fina, si es posible de marca.
-Un coche descapotable.(este es el mejor regalo que le puedes da a un Leo).
-Un gran jarrón de cristal con un arreglo de flores exóticas.
-Entradas para la ópera.
-Artículos de ropa en colores muy fuertes - rojo, lila, dorado….
-Un viaje a Las Vegas, Paris, New York…
-Una caja de pinturas al óleo y un libro para aprender a pintar.
-Un juego de té de porcelana fina.
-Unos bombones gourmet.
-Unos portavelas muy altos con unas velas altas a juego
-Un pañuelo de seda.
-Diamantes, perlas.
-Un fin de semana en un hotel Spa con tratamientos incluídos.

One-shot (Lemmon) - Wigetta.

¡Hola, hola! Aquí os traigo lo que os había dicho que estaba escribiendo. Un lemon Wigetta inspirado en el viaje de los chicos a Las Vegas. Vuelve a ser largo, aviso, pero es que tengo un poco complejo de Tolkien (los que hayan leído “El Señor de los Anillos” me entenderán), para los que no lo haya hecho, es que me gusta dar muchos detalles de las cosas para que podáis verlo igual que yo en mi cabeza. Así es bastante más difícil escribir, intentando que no se os haga pesado, pero es mi forma de hacerlo y me gusta, y espero que a vosotros también os guste :)

Agradecería mucho opiniones para seguir mejorando ^^ Gracias por vuestro tiempo, de verdad. Sois amor del bueno.

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“LO QUE PASAEN LAS VEGAS, QUIZÁ NO SE QUEDE SIEMPRE EN LAS VEGAS” - (LEMMON)

- ¡¡Las Vegas, compañeros!! - gritó Willy cuando divisó elcartel de la ciudad, después de kilómetros y kilómetros de desierto.

- ¡¡Vamoh, vamoh!! - gritaron todos los demás, levantandolas manos al aire.

- ¡Para, Willy, para! - le gritó Frank desde la parte deatrás, dándole golpecitos en el brazo -. ¡Hay que hacerse una foto con elcartel, que es mítico, por Dios!

Willy resopló haciéndole caso y apartándose de la carreteraal lado del pequeño cartel de entrada a la ciudad que rezaba “Welcome toFabulous "Las Vegas”. Nevada". Bajaron todos del coche y pidieron a una pareja de ancianitos que pasaba por allí si les podía hacer una foto, ellos aceptaron y cuando se la hubieron hecho volvieron a su Jeep granate alquilado.

- Bueno, bellas damas - empezó a hablar Willy al arrancar el coche de nuevo -. Poned el GPS que no sé llegar al hotel.

- Pero yo sí, príncipe mío - le dijo Vegetta poniéndose el cinturón en el asiento del copiloto -. Lo he mirado antes de salir. Las Vegas son dos calles, colega, no es muy difícil. Cuando puedas gira a la derecha que es la calle paralela a esta.

- Uuuuuh.. ¡Vegetta presidente! ¡Vegetta presidente! - cantaron los demás a coro, todos excepto Willy, que le miraba de reojo con cara de “este es tonto”.

Pusieron rumbo al hotel y llegaron enseguida gracias a las indicaciones de Vegetta. Les dieron las llaves del coche al chico que trabajaba de aparcacoches en la puerta y sus maletas las cogieron unos empleados del hotel para subirlas a su habitación. Fueron a recepción a por la tarjeta que abría la puerta de la suite compartida que habían conseguido a un precio que ni se lo creían. Subieron y fue Abel el encargado de dar paso hacia la gran habitación.

Los cuatro se quedaron en la puerta con los ojos como platos y la boca en forma de “O”, hasta que Frank entró corriendo y gritando al gran salón que se habría delante de ellos.

- ¡Pero tííííííío! ¡Si aquí cabe mi casa! - dijo abriendo los brazos para abarcar ficticiamente la amplitud del salón.

- Estoy flipando, chavales… - comentó Abel un poco más calmado por la impresión.

- ¡Eh! Pero, ¿habéis visto las habitaciones? - dijo Willy desde el otro punto del cuarto, dentro de una de las dos alcobas que había en la suite.

- ¿Y los baños? - preguntó Vegetta desde el baño de la suite contraria a la que estaba Willy -. ¡Que tenemos jacuzzi!

- ¿¡¿¡WHAT!?!? - gritaron los otros tres corriendo a los baños -. ¡¡LOL!!

Estaban emocionadísimos viendo su nueva habitación para las dos siguientes noches. Tenían hasta un piano eléctrico donde hicieron el parguela un buen rato. Se hicieron muchas fotos subieron algunas a Instagram y a Twitter. Metieron sus maletas y mochilas en las habitaciones, Willy con Frank y Abel con Vegetta, y bajaron a ver el resto del hotel. El “Venetian” era precioso, quizá el más bonito de la ciudad. Estaba recreado el atardecer de Venecia constantemente dentro del hall, con canales de agua y un cielo artificial que hacía que el momento más bonito de la ciudad italiana pareciese real en aquel edificio hora tras hora.

Pasearon sobre los canales por los bonitos puentes de mármol y recorrieron las tiendas, comprando regalos para familiares y amigos. Después salieron del hotel y fueron a un restaurante que habían visto al llegar que tenía muy buena pinta. Era enorme, con grandes columnas y varias plantas. Dependiendo de la planta a la que pasaras, la comida era de diferente tipo. Ellos pasaron a la de comida española, ya que les llamaba la atención ver cómo hacían la comida de su tierra en América. Pidieron cada uno un plato y así los podían compartir después. Se sorprendieron gratamente de lo bueno que estaba todo; no podía compararse a cómo lo hacían en España pero se le parecía.

Después de hincharse a comer y sobre todo a postres, se pusieron a pensar cuál sería su siguiente paso.

- ¿Queréis que vayamos al casino del hotel? - propuso Abel -. No somos millonarios para gastarnos miles de dólares en la ruleta, pero ya que estamos en Las Vegas aprovechamos y aunque sea invertimos un dinerillo y a ver si recuperamos.

- Por mí bien - respondió Vegetta -. Creo que ninguno sufrimos de ludopatía y podremos jugar con precaución. Es más, a Willy le fue bien la última vez.

Todos miraron a Willy con cara de pillos y él se puso un poco rojo, ya sabía qué le iban a decir.

- Ah, sí, la noche de la famosa foto por la que todas las tías (y varios tíos también) querían follarte, ¿no? - le dijo Frank con su típica voz de acusación sexual.

- ¡¿Qué dices?! - replicó él, avergonzado -. Esa fue la película que os montasteis vosotros, chaval, que sois idiotas.

- Anda, anda, si te petaron Twitter e Instagram de frases tipo “quién fuera esa ficha”, “muérdeme a mí en lugar de a la ficha”, “qué follable estás mordiendo esa ficha”, y la ficha, la ficha, la ficha - dijo Abel, recalcando mucho la palabra “ficha”.

- Espero que hayas invertido bien los mil dólares que iban en esa ficha, porque son muy adorados - añadió Vegetta.

- Madre mía, ¡¿queréis dejar de decir “ficha”? Si es que sois tontos, colega… - resopló Willy cada vez más rojo.

- ¡Willy follable! ¡Willy follable! ¡Willy follable! - canturrearon a coro sus amigos mientras salían a la calle.

El moreno esperaba que nadie de su alrededor fuera de habla hispana y ninguno supiera lo que estaban cantando los locos de sus compañeros de viaje.

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Llegaron al casino del hotel y fliparon con lo que estaban viendo. Según se acercaron a las puertas principales, estas se abrieron automáticamente, dejándoles ver un hall con una enorme cúpula de cuyo centro colgaba una lámpara de araña de estilo retro con lágrimas de cristal. El hall se abría en tres estancias: salas de póker, salas de juegos de azar y salas de máquinas. Se pusieron de acuerdo para ver dónde iban primero y empezó la noche de juegos y apuestas. A las 7:00 de la mañana se miraron el reloj y decidieron que si al día siguiente querían estar frescos para hacer lo que tenían pensado por la tarde, necesitarían dormir algo esa mañana, así que, habiendo ganado todos esa noche, cambiaron sus fichas por el dinero correspondiente cada uno y se fueron felices y contentos a dormir, no sin antes hacer el idiota con el piano de la habitación un rato.

Se hizo de día y se fueron despertando progresivamente. Los primeros fueron Vegetta y Willy. Llevaban tanto tiempo viviendo juntos que sus horarios se habían sincronizado; daba igual a la hora que se acostasen, siempre se despertaban como mucho con diez minutos de diferencia. Ambos salieron de sus respectivas camas intentando no despertar a sus compañeros y se metieron a ducharse. Salieron y cogieron ropa interior limpia, un vaquero Willy y un pantalón negro Vegetta y ambos se quedaron sin camiseta, ya que tenían el pelo mojado y si se las ponían se las iban a mojar. Salieron ambos de la habitación secándose el pelo con la toalla.

Se encontraron en el salón, los dos con la misma expresión de sorpresa y vergüenza a la vez, con el pelo alborotado, descalzos y con el torso desnudo. No pudieron evitar quedarse paralizados y mirarse de arriba a abajo. Llevaban casi un año viviendo juntos, se habían visto de esa guisa muchas veces, aunque menos de las que les hubiese gustado, pero seguían provocándose ese micro-infarto cuando se veían así.

- Eh… Buenos días, Willy - dijo Vegetta, nervioso.

- Bu-Buenos días, Vegetta - respondió Willy poniéndose rojo.

Se miraron y se sonrieron, de esa manera en la que sólo ellos lo hacían, dulce pero intensa a la vez, con tantas cosas guardadas de las que habían hablado a trozos, pero de las que nunca habían sacado nada definitivo. Ambos sabían que pasaba algo, que no era normal los nervios que se provocaban ni lo que se ponían el uno al otro. Hacía tiempo que aceptaron lo que sentían, pero les daba pánico decirlo en voz alta por si esa magia que había entre ellos se rompía al empezar una relación.

Se movieron lentamente sin dejar de sonreírse avergonzados, sin ganas realmente de dejar de tenerse delante. Vegetta fue hacia la ventana enorme que había detrás del piano para mirar las vistas que eran espectaculares, y Willy se dirigió hacia el recibidor donde había una mesita con un dispensador de agua mineral fresquita. En ese momento salió Frank de la habitación, frotándose los ojos aún hinchados por el sueño.

- ¡Qué pasa, parguelitas! ¿No sabéis lo que es una camiseta? - les dijo, mirándoles con cara extraña.

- Tío, que nos gusta exhibirnos ante los mortales que no tenéis estos cuerpazos - bromea Vegetta, giñándole un ojo a Willy cuando Frank se da la vuelta resoplando y negando con la cabeza, lo que provoca que a este casi se le salga el corazón por la boca.

En ese momento salió de su habitación Abel, desperezándose y rascándose la nariz.

- ¡A los buenos días, chavales! - dijo alegremente aún con sueño -. Soy el último, parece.

- La edad, Abel, que no perdona - dijo Willy, riéndose.

Abel le miró con cara de mala leche fingida y los cuatro rieron después.

- Oye, ¿qué pasa, que es el día de exhibirse o qué? - cae de repente Abel mirando a Vegetta y Willy.

- Pero, ¿qué problema tenéis vosotros dos con el exhibicionismo? - resopla Vegetta, bromeando -. Si estáis disfrutando de nuestros cuerpos serranos, golosones.

Y así, entre risas, bromas y golpecitos amistosos entre los cuatro, decidieron ir a comer a uno de los restaurantes de la calle contraria, donde el hotel “New York, New York”, ya que querían montarse en su montaña rusa privada. Se volvieron a hinchar a comer y después, sabiendo que era una mala idea, compraron los tickets para la montaña rusa. Subieron Abel con Frank y Willy con Vegetta. Les ajustaron las seguridades y los cinturones. Tenían muy poco espacio entre ambos, y al agarrarse a los hierros que hacían de sujeciones de los asientos, sus manos rozaron. Se miraron algo avergonzados, como siempre que se tocaban sin querer, pero ambos tuvieron la misma idea; ya no les hacía falta hablarse para pensar igual. Se sonrieron y se sujetaron al asiento del contrario, haciendo que sus brazos se cruzasen.

Empezó la atracción, rieron, gritaron y se despeinaron mucho. Cuando bajaron estaban algo mareados y pensaban que vomitarían, pero consiguieron controlarlo. Pasearon por la ciudad hasta que llegó la hora de una de las actividades que tenían programadas, tiro al blanco con armas de fuego. Cuando llegaron al recinto donde se desarrollaría la actividad, les vistieron con cubrepechos para el que quiso, y gafas y cascos obligatorios. Primero disparaba Frank, luego Abel, después Vegetta y por último Willy. Se miraban y se reían de los movimientos que hacían los otros con el retroceso de las diferentes armas. Cada vez que Willy tiraba, Vegetta no podía parar de mirarle. Le encantaba su perfil, cómo se le tensaba la espalda cuando hacía fuerza para que el retroceso no lo lanzase hacia atrás, lo bien que le quedaban esos vaqueros, marcándole las caderas, y lo que no era las caderas… Aunque Willy no se quedaba atrás en mirarle cuando apretaba la mandíbula concentrándose en el disparo, cómo ese jersey marcaba sus brazos al forzarlos para sujetar el arma, su culo apretado en esos pantalones negros… En la mente de los dos sólo cabía el pensamiento de lo sexy que estaba el otro en plan Call of Duty, y lo peor de todo es que se lo veían el uno al otro en la mirada cuando estas se cruzaban.

Willy se estaba empezando a sentir demasiado alterado por la situación, sentimiento que Vegetta compartía. La tensión crecía a cada disparo que hacían. Ya no solo había miradas cruzadas, sino también repasos de arriba a abajo con ojos deseosos, sonrisas maliciosas de medio lado y labios mordidos imaginando que era el contrario quien lo hacía. Demasiada tensión en el sitio tan pequeño en el que estaban, con Abel y Fran allí y con la chica que les guiaba en los tiros pendiente de todos sus movimientos para que no hicieran nada que pudiera ponerlos en peligro con las armas.

Por suerte para ellos dos y por desgracia para Frank y Abel que querían seguir tirando, la chica les dijo que ya no podían tirar más, que por favor salieran de la cabina, cosa que ellos agradecieron enormemente, porque no se hacían dueños de lo que pudiese pasar con quince minutos más en aquel sitio tan minúsculo. Devolvieron el material y salieron del recinto, más tranquilos y comentando con sus compañeros lo genial que había sido el sentirse “shooter” por un día.

Volvieron al “Venetian”, hicieron unas cuantas compras más y unas fotos de rigor por los canales y subieron a la habitación a cambiarse de ropa para bajar a cenar. Se vistieron todos con camisa, parecía que se habían puesto de acuerdo. Si los veías venir de frente eran similares a un grupo de amigos guays de las películas americanas, todos iguales y diferentes a la vez. Decidieron cenar en uno de los restaurantes que había dentro del hotel con vistas a los canales artificiales. Era su última noche allí y pensaban aprovecharla probando suerte de nuevo en el casino primero y después tomándose algún que otro cóctel en uno de los pubs.

Así lo hicieron, se fueron a invertir un poco más de dinero en el casino, el cual solo consiguieron recuperar sin incrementarlo demasiado, así que pararon sabiamente y decidieron volver a invertirlo en cócteles chachis y chupitos raros del pub de enfrente. Ninguno bebía demasiado, así que buscarían los que mejor supiesen y los que menos alcohol llevasen; eran de esos grupos de amigos a los que no les hace falta beber para pasárselo mejor que en toda su vida. Consiguieron pillar una mesa con sillones azul cielo al rededor, se acomodaron allí y pasaron la noche contándose anécdotas, recordando cosas que les habían pasado y tonterías de los gameplays. Todo esto pasaba entre los cuatro, porque si nos ponemos a mirar desde el punto de vista de Willy y Vegetta solamente, lo que les pasaba es que volvían a las andadas como esta tarde. Willy miraba a Vegetta sonriendo de medio lado, cosa que le derretía sobremanera, y este, sabiendo perfectamente a lo que jugaba su compañero de piso, decidió contraatacar.

- Oye, qué calor hace aquí ¿no?

- La verdad es que sí, tío - contestó Frank inocentemente.

Vegetta, con la excusa, se desabrochó un botón más de la camisa, abriéndosela un poco. El corazón de Willy quería volver a salirse por su boca. Se dio cuenta de que eso empezaba a ser una guerra, así que se desabrochó lentamente los botones de los puños de su camisa y se entretuvo en remangarse, sin prisa, sabiendo que Vegetta le miraba. Esa fue la dinámica de la noche, entre cóctel y chupito, una provocación más del estos dos. Al final se les hizo tarde, mirando sus relojes a las 6:45, y sabían que al día siguiente tendrían otra vez la ristra de kilómetros de vuelta y trabajo cuando llegasen a sus casas, así que decidieron irse a dormir y ser responsables por una vez; ya habían dado de sí mucho aquella noche.

Al salir del pub, Willy se quedó un poco atrás dándole vueltas a todo lo que acababa de pasar. Se iba a acabar toda esa tensión esa misma noche, se le ocurrió una idea, se armó de valor y cogió a Abel por el hombro para que frenase con él.

- Oye, Abel, puedo confiar en ti plenamente, ¿verdad? -empezó a decirle aún sin creer lo que estaba haciendo . Este asintió con la cabeza efusivamente, intrigado-. No te asustes con lo que te voy a decir, pero ¿me dejarías tu sitio en el cuarto de Vegetta hoy?

Abel abrió los ojos mucho y después frunció el ceño.

- Eh.. Claro, chaval - le dijo, extrañado -. ¿Pasa algo?

- Nada, tío - le dijo Willy intentando quitarle hierro al asunto -. Es que tengo unos asuntos que tratar con él y me gustaría tener un poco de tiempo para hablarlos antes de volver a Los Ángeles.

Abel le miró con cara muy extraña, pero accedió a montar una excusa con Frank disimuladamente para que pudieran estar Vegetta y Willy esa noche (mañana ya) en el mismo cuarto.

Subieron a la suite y se fueron todos a sus habitaciones de manera normal. Vegetta pasó al baño y en ese momento Abel y Willy cambiaron sus cosas de habitaciones. Cuando Vegetta salió del baño y se encontró a Willy mirando por la ventana se extrañó bastante.

- ¿Willy? ¿Qué haces aquí? - le preguntó desde el lado contrario de la habitación.

- Es que Abel y Frank querían dormir juntos para hablar unas cosas o no sé qué - mintió piadosamente el moreno, encogiéndose de hombros -. ¿Te importa?

- No, no… Para nada - respondió Vegetta, nervioso.

Claro que no le importaba. ¿A quién le iba a importar que aquel hombre durmiese en su cama? Los nervios empezaron a reinar en el ambiente. Sacaron de sus maletas sus pantalones y camisetas de pijama improvisados y los dejaron en la cama. Hacían todas las acciones a la vez. Se quitaron los zapatos a la vez e hicieron el movimiento que detonó todo lo siguiente a la vez también. Ambos estaban histéricos pensando que iban a compartir aquella cama, en aquella habitación y con aquella preciosa chimenea encendida toda la noche. Se colocaron los dos delante de la chimenea, pues tenían sus maletas en un diván a los pies de la cama, y sincronizados sin querer, se desabrocharon ambos el siguiente botón de la camisa.

Se miraron, como no habían llegado a mirarse nunca, al menos directamente. Combustión espontánea, eso fue lo que sintieron. Se quedaron paralizados al menos cinco segundos, con los nervios comiéndoles por dentro, sin pestañear siquiera, pensado cómo podían ponerse tanto sin haberse rozado.

- Vegetta…

- Willy…

Se acabó. La cordura se piró de esa habitación en medio segundo. Se acercaron el uno al otro, quedándose a milímetros de distancia. Sus alientos rozaban, sus respiraciones se agitaban. Todavía podían pensar al menos levemente. ¿Qué pasaría después de eso? ¿Seguirían igual? ¿Empeorarían o mejorarían? Sabían que estaban pensado lo mismo. Dejaron de mirarse un segundo las bocas para mirarse a los ojos, y pudieron ver en ellos la misma respuesta: necesidad. En el fondo sabían que aquello no podía ser más que bueno para ellos. ¿Por qué si se necesitaban tanto no iban a poder cortar de raíz esa tensión ahora que tenían oportunidad? Y si no, lo que pasara en Las Vegas, se quedaría en Las Vegas; después de todo ese era el lema de la ciudad.

Ya sin miedo, pero con mucha vergüenza, se acercaron un poco más, sus labios rozaron y todos aquellos meses de necesidad contenida se desataron en un segundo. Con un gruñido  contenido en el fondo de sus gargantas acabaron de romper el milímetro que los separaba. Meses y meses esperando sentir el calor de ese beso y por fin lo tenían. Sus labios se buscaban dulcemente, saboreando cada paso que daban, como si solo tuvieran esa oportunidad de vivir aquel momento. Poco a poco ese beso se fue haciendo más intenso, Willy atrajo a Vegetta hacia su cuerpo y este dio un paso más hacia delante, cogiéndole de debajo de las mandíbulas con ambas manos. Empezaron a caminar hacia un lado de la cama, apagando las lámparas antes de caer sobre esta, dejando solo la luz que desprendía el fuego de la chimenea encendida tras la mampara. Vegetta calló primero a la cama, escurriéndose hacia atrás y sentándose con la espalda apoyada en el cabecero acolchado, haciendo a Willy quedar sentado sobre él con las piernas dobladas hacia atrás.

Vegetta hizo que su lengua rozara la de Willy, haciendo que este soltara un gemido ahogado. Aquello era mil veces mejor de lo que lo habían imaginado. Abrieron los ojos, se miraron y sonrieron cómplices, sin temer ya a nada. El beso continuó, cada vez más intenso, con cada uno mordiendo el labio inferior del otro a placer. Willy puso las manos en el siguiente botón abrochado de la camisa de Vegetta, necesitaba verle como esa mañana. Se dispuso a desabrocharle dicho botón, pero Vegetta sujetó sus manos.

- Tira fuerte - susurró pegado a sus labios.

Willy sonrió e hizo caso. Tiró de ambos lados del centro de la camisa, haciendo saltar todos los botones por la habitación, lo que provocó que Vegetta soltase un nuevo gruñido ahogado. Ya se encargarían de recogerlos mañana, o no. El moreno no pude resistirse y se quedó mirando el cuerpo de Vegetta, pasando las yemas de sus dedos por su pecho, llegando a esos abdominales trabajados en el gimnasio día a día. Tantas y tantas veces que había soñado con tocarle… Vegetta quería disfrutar del mismo privilegio, pero antes se acercó al cuello de Willy y empezó a pasar sus labios por él, sin llegar a besarle, solo haciendo que notase su aliento. Willy se derretía a cada centímetro que Vegetta bajaba y no podía contener algún que otro suspiro. Vegetta puso las manos sobre los botones de su camisa, tirando suavemente hacia los lados a modo de pregunta.

- Hazlo - le susurró Willy al oído, mordiéndole suavemente después.

Ahora era Vegetta el que sonreía y tiraba fuerte de la camisa de Willy, haciendo que sus botones grises volaran junto a los de antes por la moqueta. El castaño comenzó a besar el pecho de su compañero, mordiendo en algunas zonas y acariciando su espalda debajo de la camisa abierta. Willy besaba el cuello de Vegetta, mordiendo a veces haciendo que él gimiera bajito. Abel y Frank podrían escucharles si gritaban, así que se contenían bastante. Después de unos minutos de intensos besos y caricias correspondidas, Vegetta hizo que Willy callera sobre la cama, poniéndose él ahora encima. Volvió a besarle el cuello, pero esa vez fue bajando por su pecho y su abdomen, ese abdomen fibrado que tanto le gustaba. No se detuvo ahí, sino que bajó sus manos a su cinturón, desabrochándolo junto con el botón y la cremallera del vaquero. Fue hacia sus caderas y tiró suavemente del pantalón hacia abajo, a lo que Willy le ayudó elevándose. Cuando Vegetta se lo hubo quitado por completo, aprovechó para hacer que fuese ahora él el que cayera de espaldas a la cama, poniéndose encima y bajando directamente para llenarle de besos la parte baja del abdomen, lo que provocó que Vegetta aspirase fuertemente entre los dientes, intentando no gemir. Desabrochó su cinturón y su pantalón y se lo quitó de un movimiento rápido. Ahora estaban en igualdad de condiciones. La poca ropa que les quedaba ya les estaba sobrando también, querían sentirse de todas las maneras posibles. La cosa empezaba a ir más rápido y la ropa interior de ambos voló sin saber ni como. Sus erecciones rozaban, lo que hacía que ambos quisieran más y más y no pudieran evitar gemir uno en el cuello del otro para que no les escuchasen en la habitación de al lado. Willy se acercó al oído de Vegetta, mordiéndolo y lamiéndolo suavemente.

- Dime cómo lo quieres - le susurró entre mordiscos, bajando la mano hasta su miembro, volviendo a provocar la sorpresa de Vegetta ante esa frase.

- Despacio… - dijo como pudo entre gemidos.

Willy obedeció y empezó a subir y a bajar lentamente. En ese punto, Vegetta  ya no podía pensar demasiado.

- Un poco más - volvió a guiarle, aspirando entrecortadamente, a lo que Willy incrementó el ritmo, haciendo que el castaño no pudiese casi controlar los gemidos.

- Sabes que esto no acaba aquí, ¿verdad? - dijo Willy con una media sonrisa que Vegetta no pudo ver.

Este último sabía muy bien lo que quería decir el moreno, así que se giró, sufriendo por dentro por tener que detener a Willy, y se puso encima, siendo él ahora quien llevaba el ritmo de la situación.

- Creo que te toca hablarme tú a mí, compañero - le dijo, sonriendo maliciosamente.

- Sorpréndeme - respondió Willy levantando una ceja.

Vegetta no se iba a quedar atrás con respecto a esa palabra, así que pasó al siguiente nivel, bajando directamente a pasar su lengua por el hueso de la cadera de Willy, cosa que este no esperaba, lo que provocó que gimiese más alto de la cuenta.

- Ssssshhh, calla pringao’, que te van a escuchar - susurró Vegetta mirándole desde abajo -. Me parece que hoy vas a ser mi ficha.

Willy pensó que explotaría cuando este pasó sus labios despacio desde la base de su miembro hasta la punta, metiéndoselo luego directamente en la boca. Subía y bajaba lentamente, para después aumentar el ritmo y volver a ralentizarlo, haciendo sufrir al moreno.

- Vegetta… Para… Para o no voy a poder aguantar… - le avisó entrecortadamente, a lo que este respondió haciendo que se girase y quedase boca abajo.

- Willy… - dijo, dándose cuenta de que quizás él no quería - no quiero obligarte a nada tampoco…

- Calla, pringao’ - le dijo él, tranquilo -. Solo te digo que esperes revancha, porque la tendrás.

A Vegetta no le iba a importar en absoluto esa revancha. Así que acercó su mano al trasero de Willy, delicadamente, sabiendo que aquello no era algo fácil. Empezó con uno de sus dedos, despacio. Después otro, y un tercero cuando notó que Willy se relajaba un poco. Estimuló toda la zona para al menos acostumbrarle un poco a la sensación y después, cuando él le avisó, puso la punta de su miembro donde habían estado sus dedos y empujó lentamente, entrando un poquito más cada vez que Willy se lo permitía; lo último que quería era hacerle daño. Llegó un momento en el que entró completamente, parándose y esperando la reacción de su compañero. Este empezó a mover un poco sus caderas en señal de que podía empezar a moverse él también, cosa que hizo, despacio de nuevo, disfrutando ahora él también de la sensación de estrechez completamente nueva. Después de unos segundo, Willy comenzó a moverse más rápido y a reprimir muchos más gemidos en la almohada, haciendo que Vegetta no pudiese aguantar mucho más.

- Willy, me corro… - dijo con los dientes apretados.

- Sigue - fue lo único que salió de la boca de su compañero, para después gritar fuertemente en la almohada a la vez que él lo hacía apretando la cara en su espalda para no gritar.

- Joder… - dijo cayéndose al lado de Willy, exhausto.

El moreno empezó a respirar poco a poco más despacio, y cuando se encontró con fuerzas de nuevo, hizo girar a Vegetta y se sentó sobre su trasero, acariciándolo y subiendo hacia su espalda con la otra mano.

- Ahora te toca a ti pagármelas, pringao’ - le susurró con los labios pegados a su nuca.

- Supérame - le retó el castaño, lo que le bastó para sonreír y empezar a seguir el mismo procedimiento que había funcionado con él: primero un dedo, delicadamente, después otro, esperando una respuesta, y después un tercero para dilatar un poco más la zona y no provocar daño que no correspondía. Cuando Vegetta solo gemía de placer, Willy colocó su miembro en la entrada y empujó un poco. Vegetta se contrajo y él paró. Siguió el mismo movimiento una y otra vez hasta entrar por completo. Veía la expresión de dolor en la cara de su compañero, así que se agachó y le besó el cuello desde atrás, relajándole. Vegetta le indicó que podía moverse y así lo hizo, haciendo que fuese ahora el castaño el que pidiera más y más con la cara enterrada en la almohada. Willy hizo que se levantara un poco, hincando las rodillas, y con una mano empezó a masturbarle al ritmo que él entraba y salía, como si estuviese volviendo a hacerlo él también. Vegetta creía que moría, jamás había sentido eso que sentía ahora con una mujer. Sabía que esto solo quería sentirlo con Willy, pensamiento que este compartía totalmente. Después de varios minutos, Willy empezó a incrementar tanto el ritmo de las embestidas como el de su mano, haciendo que ambos pudiesen llegar a la vez, gritando nuevamente más de lo normal aún intentando taparlo entre las sábanas y sus cuerpos.

Cayeron rendidos el uno al lado del otro, Vegetta boca abajo, Willy boca arriba. Acompasaron sus respiraciones e intentaron calmarse. Una vez lo consiguieron se miraron, sin tener que decir nada. Los ojos les brillaban. Ninguno quería que aquello se quedase en Las Vegas, quería poder volver a repetirlo una y mil veces en su casa de Los Ángeles, poder dormir juntos, poder pasear de la mano, contar meses, celebrar aniversarios con cenas en lugares románticos como la gente se pensaba que hacían ya. Se sentían vivos el uno con el otro, y aunque sabían que tendrían que esconderlo a sus seguidores y quizá a su familia y amigos por ahora, para ellos nunca más sería un secreto. Se deseaban, querían estar juntos y pensaban hacerlo cada día a partir de ese, sin tapujos estando solos, con cautela cuando tuviesen compañía, pero juntos, siempre juntos.

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Lo dicho, muchas gracias y de verdad que sois amorzaco del bueno, bueno :)

Nos vemos pronto con capítulos del fic. Y como siempre: Wigetta z4.

Vegetta ,Willy si andan por aca cuando se despierten porque ahora se fueron a dormir (o nos mintieron y están garchando ahre) A lo que iba, el fandom de tumblr les pide por favor que suban UNA fotos juntos " Selfie Wigetta :) " una asi sonriendo como la del viaje a las Vegas, no les pido una besandose,en la cama o a Vegetta sin camiseta solo una selfie juntos como los buenos amigos que son

:) :) :) :) :) :) y muchas de estas caritas para ustedes que cada vez que las twittean nos agarra un infarto