¿Cómo que te vas a ir? Allá afuera la competencia es dura, aquí tienes un futuro asegurado, yo llevo treinta años aquí y sigo creciendo…


Exacto. Eso es lo que no quiero, un futuro asegurado, quiero batalla, sorpresa, desafío, también meditación, luchar contra mis monstruos, hacerle frente a la niebla, y ¿por qué no? escribir un libro, de poesía, herbolaria, botánica, historias de tres pesos, de mi infancia o de cualquier cosa y decir que yo Manuel Sánchez estuve aquí, respiré, sentí, amé, sané a otros y viajo en el viento de lo que fueron mis ideas o palabras. También quiero subir a una montaña y rezar, gritar cuando me tire de un paracaídas y visitar los templos budistas de Tailandia o bien llegar al Tibet. Ojalá que la salud y los años me alcancen para subirme a un camello y recorrer el oriente y acampar en las tiendas de los países árabes, orar en todas las religiones y volverme amor. Subirme a un escenario y cantar junto con una vieja estrella de rock ¿por qué no? ¿por qué tiene que ser tan difícil? ¿quién lo dice? O tal vez me voy a retirar a vivir a la playa y pondré un hostal para viajeros y escucharé las voces de todo el mundo que vienen a las cosas de México en búsqueda de renovación. También se me antoja lo que hizo el Che de salir de Argentina y en motocicleta y recorrer Sudamérica, sólo que tal vez yo lo haga con una combi que transformaré en biblioteca rodante. Hay demasiado que se antoja por hacer y aprender. Yo lo que no necesito ahora es estabilidad.

—  Aprendiendo a valer verga como se debe y no como se puede, Quetzal Noah