vestidos de verano

Los signos como veranos.

ARIES el húmedo verano: calor deslizando las manos pegajosas por la pendiente de tus muslos / / sudor que recoge en su clavícula / / colas de caballo y camisas de tirón sobre quemaduras de sol.

TAURO ∞ el tibio verano: nubes llegando a reunir en la orilla del lago / / cabañas y las fogatas / hierba deslizándose lentamente por los dedos inactivos.

GÉMINISel tormentoso verano: el trueno amenazando con romper el mundo en dos / / lluvia mísera que golpea el pavimento, las gotas persistentes, dulces, sobre el saliente de tu labio inferior / / trajes de baño empapados a través de juegos y el pesado aire con petrifico. 

CÁNCERel sueño de verano: mariquitas dormitando en su pelo / / fortalezas de la manta y cuentos para dormir / / el crepitar de la hoguera goteando perezosamente a través de los árboles.

LEOel verano nostálgico: contar la constelación de rasguños que la temporada dejó / polaroids colgadas como luces de hadas en cada rincón de su habitación / / mejillas besadas por el son que brillan hasta diciembre.

VIRGO ∞ verano estable: trabajos de medio tiempo y fiestas que duran hasta que el sol asoma hacia arriba sobre los árboles / / dedos atados a través de los suyos; manos alisando protector solar sobre los omóplatos / / playa toallas y discos voladores como estrellas fugaces sobre tu cabeza.

LIBRAel verano estético: Ropa de cama blanca y encaje / / Vestidos verano de barrido de la curvatura de los tobillos / / un cielo pecoso con estrellas.

ESCORPIO ∞ el verano de bronce: escotes y noches que se extienden hasta la mañana / / pateando petardos a través de las esquinas vacías / festivales que vibran a través de su cuerpo como un segundo latido.

SAGITARIO el verano primaveral: las coronas de margaritas se colocan sobre la cresta de su frente / / el pesado aire con el olor de los jacintos / / el sol sí mismo drapeado sobre ti como un tejido.

CAPRICORNIO el verano renovador: adornos de cabello y coger los trenes / / la marea chupando el arena hacia fuera por debajo de los dedos / / convertibles paseos y risa que obtiene llevado por el viento.

ACUARIO ∞ el aventurero verano: reglas rotas y cercas saltadas // contando pasaportes como dinero // adrenalina golpeando dentro de ti como un tercer pulmón.

PISCESel verano espiritual: habitaciones de humo y festivales de música // dedos entrelazados perezosamente // conectando las estrellas con Sharpie // pinky juramentos ​​y anillos de promesa.

Originally posted by futuretage

Post original en ingles de: thecantarellaofodile

Top ten song

 I’ve been tagged by @mangryel Muchas gracias por etiquetarme :D

Rule: List the top ten songs you are listening to nowadays and tag (ten) mutuals.

  1. Little Acorns - The White Stripes
  2. Nobody really cares if you dont go to the party - Courtney Barnett
  3. Its not you - The Cure
  4. Goin´ against your mind - Built to spill
  5. Farewell - Bob Dylan
  6. Vuelve conmigo a Italia - Triangulo de amor bizarro
  7. Holiday in Cambodia - The Dead Kennedys
  8. Vestido de verano - Prietto viaja al cosmos con Mariano
  9. She - Misfits
  10. Dont think twice its alright - Bob Dylan


Tampoco es un top ten exacto, no tengo orden de preferencia. Y no etiqueto a nadie porque soy muy soso :) :)

Nos hemos vuelto extraños. Las pocas veces que tenemos conversaciones son sobre cosas tan triviales que realmente cuesta creer que estuvimos a dos meses y medio de casarnos. No sé qué nos pasó. Quizás es como siempre debió de ser: cada uno entró en la vida del otro para dejarle grandes lecciones. Aprendí mucho, pero el precio que pagué por ello fue muy caro. Perdí a quien alguna vez consideré el amor de mi vida. Ya ni siquiera puedo considerarte mi amiga. Te pasa igual, lo sé.

A veces extraño la cama donde solíamos dormir, los sueños que solíamos tener. La forma en la que tu aroma inundaba mis pulmones. Cielos, extraño tu cabello castaño oscuro al despertar. Jugar contigo los domingos por la mañana. Hacerte enojar al despertarte para después pelearnos y reconciliarnos. Hacer el amor de la misma delicada forma en la que las flores nacen. De verdad extraño besar tu cuello.

Creo que si nos topáramos en la calle ya no nos reconoceríamos. He estado tan triste últimamente que me dejé crecer la barba. Todavía uso la misma ropa, pantalón de mezclilla negro y playera blanca. Es en caso de que nos veamos puedas saber que soy yo. Pero creo que no podría saber si eres tú. Probablemente en este momento llevas el cabello teñido de un color que no es tu color natural pero que seguramente te sienta bien. A estas alturas del partido ya debes de ser una exitosa empresaria, como siempre quisiste. Seguro dejaste atrás los vestidos de verano y vas siempre muy formal al trabajo.

Fumo un cigarrillo por hora. Espero verte algún día de estos. Todavía me falta terminar la historia…

2

1880-1899. Trajes de invierno. Figurines del El salón de la moda y otros.

Me pregunta un anónimo que cómo se usa la forma del vestido para datar fotografías del siglo XIX, como mencioné el otro día. Se puede hacer de forma aproximada porque la moda cambia de una forma muy característica y en muy poco tiempo, como se puede ver aquí.

Para hacer la comparación he usado trajes de invierno, sacados de una misma revista y hechos por del mismo dibujante (excepto los tres primeros). Los escaneos que tengo de El salón empiezan en 1883, así que para completar he usado dos de La moda elegante (1880 y 1881) y otro de Der Bazar (el de 1882). Todos corresponden a números de invierno (octubre, noviembre o diciembre, para ser exactos) porque me gustan los manguitos. La misma serie podría hacerse igual con vestidos de verano o de baile.

Es la primera vez que hago gifs; aunque la calidad podría mejorarse un poco, me parece que no han quedado mal. Luego publicaré un par de posts con las imágenes grandes.

In Your Eyes.

Solamente la muerte acaba con una verdadera historia de amor.

Epílogo.

Camila frotó nerviosa sus manos sudorosas. Aunque el ambiente era fresco por el aire acondicionado, ella podía sentir el calor que emanaba. Se confundía al pensar si venía desde fuera o dentro de ella. Unas manos suaves acariciaron su cabello, acomodando mecha por mecha en su espalda desnuda, sobre el escote de su vestido de verano. Olía a nuevo, tan cómodo como cualquier cosa que ella pudiera usar en esa ocasión. 

La chica sintió cuando la caricia se detuvo y luego algo hizo un leve peso sobre su cabeza. Ella sintió el olor de las flores rodearla. Sabía que su corona de flores era hermosa, aunque no pudiera verla.

-Te ves hermosa, cariño.

La voz de Mel acarició sus oídos.

Camila sonrió nerviosa.

Una mano se posó sobre su hombro, ella se volvió hacia la caricia.

-No puedo creer que hayas capturado a una mujer antes que yo. Me siento menos varonil. -Reclamó Álvaro en un tono de broma, llevándose un poco del nerviosismo de Camila con su humor.

-¿Mi mamá vino? -Preguntó Camila.

El nerviosismo dándole paso a la preocupación.

Mel acarició su rostro y llevó una mecha del cabello perfectamente acomodado detrás de su oreja.

-Lo siento mucho, Camila. -Se lamentó la anciana como si eso respondiera a su pregunta.

Camila asintió triste.

Seis años. Seis largos años de reproches y dudas. Su familia estaba tan distante aun compartiendo la misma casa. Seis años de grandes sonrisas y alegrías. Habían pasado seis años y Camila no podía entender cómo su mamá creía fríamente que su amor por Lauren era una fase pasajera. Pero hoy Camila firmaría eso y caminaría junto a Lauren hacia algo que construirían solas.

-No debes entristecerte con eso. Hoy es tu día, no permitas que nada lo arruine. -Dijo Mel acariciando su hombro.

Camila sintió una leve brisa acariciar su rostro, trayendo consigo el olor del mar. Entonces ella supo que Álvaro estaba espiando.

El hombre miró hacia el espacio amplio, hasta el sol parecía haber dado tregua para que la ceremonia fuera perfecta. Lauren estaba en el altar conversando con su papá, una gran sonrisa en su rostro, su cabello negro volaba con el viento. Parecía deslumbrante, aun vistiendo algo tan simple. Una enagua larga, pies descalzos, la mitad de su abdomen descubierto. Los años le habían hecho muy bien. Algunos niños - a los que Camila les daba clases - jugaban, corriendo entre las sillas. Otros acariciaban las flores que rodeaban el altar.

-¿Cómo está ella? -Preguntó Camila curiosa. El momento trajo de regreso a Álvaro la primera vez que él le describió a Lauren.

-También está toda de blanco. -Dijo el chico sonriendo.- Y también lleva una corona de flores, lleva una blusa corta y una enagua que va hasta sus tobillos.

-Háblame de sus ojos. -Pidió Camila.

-Nunca los vi brillar tanto. -Le dijo el joven antes de cerrar la puerta.- Si yo fuera tú me preocuparía por la noche de bodas, pues la mujer que está allá afuera parece demasiada arena para cualquier camino que conozca. -Dijo él de chiste.

Camila tembló con el comentario.

-Gracias, me siento menos nerviosa ahora. -Dijo ella sarcásticamente.

Mel rió al ver la desesperación de Camila.

La chica hizo una careta sin entender la gracia.

-¿Y si ella se da cuenta que es demasiado hermosa para mí? ¿Y si ella solamente me ve como una carga? No sé si voy a sobrevivir si ella dice ‘no’. -Camila soltó el aire que ni ella sabía que estaba sosteniendo.- ¿Y si me equivoco de camino al altar? Entonces ella se va a dar cuenta que soy una ciega idiota y va a dejarme. -Se lamentó Camila.

Su lamento muriendo en cuanto las risas de Álvaro y Mel comenzaron.

Camila bufó por la falta de apoyo que recibía.

-Creo que ella ya se dio cuenta que eres ciega. No eres muy buena escondiendo eso. -Comentó Álvaro. El tono de burla sin abandonar su voz.

Camila acarició su sien demasiado nerviosa como para reírse de cualquier cosa que saliera de los labios de Álvaro. Ella escuchó al chico bufar y caminar hasta ella. Tal vez así como ella, él también estaría harto de su inseguridad repentina.

Ella sintió su presencia a su alrededor cuando él se alojó frente a ella y acarició su cabello.

-Eres hermosa, Camila. -Dijo Álvaro posando un beso en la mejilla de la chica.- Lauren ya rompió su cuota de suerte tan solo con tenerte.

Camila se ruborizó ante el elogio. Álvaro y Mel rieron nuevamente. Siempre encontraron chistoso que una mujer a sus 24 años todavía se ruborizara como una niña.

-Vamos, cariño. Es hora. -Anunció Mel suavemente.

Camila tomó un gran suspiro antes de levantarse. Álvaro la guió hacia la puerta, soltándola cuando el brazo de Alejandro, que esperaba afuera, entrelazó el suyo.

-Nunca vi a una mujer tan radiante como tú, Kaki. -Elogió su papá.- Siento mucho que tu felicidad no sea el motivo suficiente para que tu mamá esté aquí. -La última parte salió con pesar.

Camila asintió. Oía el orgullo en la voz de su papá. Las conversaciones divertidas entre él y Michael en cenas a lo largo de los años resonaron en su cabeza. La forma como ella sintió tener dos padres a partir del momento en el que los dos se conocieron. Sus hijas irradiaban tanto amor y felicidad que parecía contagiarlos. Su mamá era tan solo un bote de tristeza en medio del mar de felicidad que Lauren le proporcionaba.

-Sólo cosas buenas hoy. -Susurró más para sí misma que para su papá.

Lauren vio a Camila posicionarse para entrar a su encuentro.

El aire de sus pulmones huyó con la imagen.

Ella parecía tan pura y linda. Tan joven y perfecta.

Su cabello castaño bailaba con la brisa fuerte de la playa, su sonrisa era tan radiante como el sol. Ella miró hacia arriba. El cielo azul límpido era cubierto por nubes blancas castas. Aun cuando corría un viento cortante, en medio de la leve brisa, las nubes permanecían inmóviles.

Ella suspiró deseando que el aire la intoxicara de la belleza de Camila.

Camila caminó hacia ella, los pies descalzos moviendo la arena debajo de ellos, sus pasos tan suaves como el sonido del piano al fondo.

Casarse en la playa parecía un cliché apropiado cuando Camila amaba ese lugar.

-Escucha.

Ella recordaba oír a Camila decirle. Entonces Lauren cerró los ojos y escuchó. Camila suspiró.

-Ahora escucha y siente.

Y Lauren sintió.

La leve brisa golpeando contra su rostro, tan densa que ella podía sentir el sabor del mar. La arena debajo de ella, fina y suave bajo su toque. El ruido de las olas rompiéndose. El sonido de los pájaros le daban tranquilidad. Camila parecía haber esperado el tiempo suficiente para dejarla apreciar todo a su alrededor.

-Mis sentidos se llenan aquí. -Explicó ella.- Así como mi corazón se llena cuando estoy contigo.

Entonces Lauren supo que era el lugar perfecto para hacer a Camila suya para siempre. Aunque Lauren creía que ya estaban destinadas a eso, el papel sería una formalidad y los encantamientos alrededor serían tan solo una tradición.

Alejandro le entregó a Camila con una sonrisa orgullosa. Lauren entrelazó sus manos y la llevó a su lado.

La ceremonia fue rápida y suave. Como ninguna de las dos eran religiosas, Lauren optó por un juez de paz que hizo todo formal, evidenciando la importancia del casamiento para la sociedad, de la familia, sus deberes y compromisos, sin quitar la riqueza del momento. La aprobación era clara en el rostro de Camila, y sus ojos solamente reflejaban los sentimientos que habían dentro de ella. La reciprocidad era palpable y admirable para los pocos que estaban presentes.

-Pueden intercambiar sus votos. -Dijo la mujer con el ceño fruncido frente a ellas, aunque su apariencia era rústica, sus ojos eran suaves y una pequeña sonrisa resaltaba en sus labios.

Lauren sonrió de regreso y tomó las manos de Camila.

-Yo no hice mis votos. -Murmuró ella, sorprendiéndose al escuchar la risa de Camila en medio de la de los demás, no sabía que había hablado lo bastante fuerte como para que todos la escucharan.

Lauren podía ver a la vieja Mel presionando la mano de Álvaro mientras se deshacía en lágrimas. El chico tenía un gesto que la hacía reír. Su papá y Alejandro estaban uno a cada lado de ellas en el improvisado altar. Su papá llevaba pantalones de vestir blancos y una camisa informal del mismo color. Los pies descalzos como los de ella y los de Camila, mientras Alejandro llevaba un lazo negro. La ropa que él había dicho que hace mucho tiempo había comprado para llevar a su hija al altar.

-Si hubiera sabido que Camila se casaría en una playa hubiera ahorrado y me hubiera comprado unos calzoncillos y una corbata. -Dijo él cuando Lauren se burló de la ropa que usaría.

-Bueno… -Comenzó ella en medio de un suspiro, sus ojos pasando por el rostro de Camila.- Dios, eres tan hermosa que las nubes se detuvieron para admirarte. -Confesó.

Un coro de “Ooh” pudo ser escuchado en la pequeña platea. Camila sonrió ampliamente.

-Sabes que cuando me faltan palabras tan solo demuestro lo que siento. Ahora quiero abrazarte y besarte, decirte que eres la cosa más hermosa que ya vi en la vida. Tocarte es como tener el privilegio de tocar una estrella. Tan radiante, brillante y suave que me hechizas, me encanta con claridad y confusión al mismo tiempo. -Dijo ella acariciando las manos de Camila.- Hay una euforia enorme dentro de mí, como cuando descubrí que te amaba. Pero, en vez de llorar, tengo ganas de gritarle al mundo que eres mía. Nuestro mundo gira entorno de las personas que están aquí, así que…-Lauren se volvió hacia la pequeña platea compuesta por Álvaro, Mel, Chris, su novia, y algunos de los alumnos de la clase de piano de Camila. El corazón de Lauren se hundió al ver un rostro que ella no imaginaría que vería en esa ocasión. Sinu estaba sentada en una silla distante. Las manos en su regazo, su rostro impasible. Nada pasaba allá. No había aprobación ni reprobación, parecía tan solo una espectadora sin opinión. Tan solo asistiendo el espectáculo. Lauren la miró con ojos suplicantes. 

-Yo a ella la amo. -Dijo a las personas a su alrededor, pero su mirada continuaba en Sinu.- Eso que llamamos vida es muy difícil como para pasarla solos. Quiero pasar todos mis días con ella.

El sollozo estalló de los labios de Mel, llamando la atención de Lauren. Luego volvió a ver a la mujer al fondo.

-Ella ha llevado mi alma y mi corazón por tanto tiempo, hoy ella va a salir de aquí llevando mi nombre. -Terminó ella.

Su mirada fue hacia Camila.

Lágrimas sinceras de alegría invadían su rostro. Lauren lo acarició y la tomó besando una lágrima y luego la limpió.

-Tus votos, Camila. -Pidió la juez.

Camila asintió.

-Hice mis votos la noche en la que me pediste que me casara contigo. -Dijo ella sonriendo.- Siento que no serán tan lindos y puros como los tuyos, pero tengo que decirlos.

Lauren sonrió.

-Yo me creía vacía antes de encontrarte. -Comenzó Camila acariciando los nudillos de los dedos de Lauren.- Vivir en medio de la oscuridad no es tan cómodo cuando te sientes solo. Aún recuerdo aquella mañana. Recuerdo tu olor a vainilla y la primera vez que el timbre de tu voz acarició mis oídos. Aunque todavía tengas el mismo dulce olor y la misma voz ronca y suave, nunca será la misma flagrancia que sentí aquella mañana, nunca será el tono que buscaba mi cabeza por semanas. Eso no quiere decir que te ame menos, pues las primeras veces que tuvimos juntas siempre tienen un sabor diferente. El primer baile, la primera fuga, el primer beso… Y en ese rastro de primeras veces, deseo encontrar el amor, por última primera vez… Contigo. -Camila suspiró.- Dije que te amaría por toda mi vida, pero si hay algo después de eso, te amaré allá también.

Lauren sonrió. Sus ojos lagrimeaban, aun enfocados en la mujer frente a ella, miraban tiempos atrás, viniendo en dirección al ahora.

-Usted, Lauren Michelle Jauregui, ¿acepta a Karla Camila Cabello como su legítima esposa?

-Acepto. -Respondió Lauren presionando la mano de Camila. Sonrió al ver un soplo de aire que soltó la mujer, parecía tener dudas antes de la respuesta de Lauren sonar con firmeza.

-Y usted, Karla Camila Cabello, ¿acepta a Lauren Michelle Jauregui como su legítima esposa?

-Es todo lo que más quiero. -Susurró Camila.

-Pueden intercambiar los anillos. -Indicó la juez suavemente.

Michael extendió la mano hacia Lauren entregándole el anillo que era para Camila, y Alejandro colocó en la mano de Camila la alianza que era para Lauren.

Lauren puso el anillo en el anular de Camila y luego lo besó. Camila hizo lo mismo.

-Por el poder que me confiere la Ley, las declaro casadas. -Dijo la juez con una sonrisa genuina.- Pueden besarse.

Camila le sonrió a Lauren. La felicidad fue malgastada en palmas cuando ellas se besaron sellando el compromiso por toda la vida. 

Las palmas cesaron lentamente. Luego todos se acercaron a darles sus buenos deseos con grandes sonrisas en el rostro y fuertes abrazos.

La ronda de felicitaciones se detuvo cuando Sinu caminó por entre las personas en dirección a la pareja. La sonrisa de Lauren se deshizo mientras Camila aún mantenía la suya sin tener una idea de lo que se aproximaba. 

-Felicitaciones. -La voz de Sinu era baja, casi un lamento, pero nadie podría decir por qué se lamentaba. La sonrisa de Camila se deshizo. Ella dirigió una mirada lastimada hacia donde vino la voz de su madre.- Estás hermosa. -Continuó, su tono parecía sincero y sin burla como acostumbraba.

Ellas se quedaron así. De pie, el mar y el viento eran los únicos que no hacían silencio pues eran muy majestuosos como rendirse ante la tensión que el encuentro emanaba.

La quietud fue interrumpida cuando un sollozo de dolor se escapó de Sinu. Su llanto repentino parecía contener tantas cosas. El rostro de Camila fue tomado por la tristeza como si ella comprendiera todo el dolor de su madre. Ella abrió los brazos esperando que su mamá aceptara su pequeño pedazo de misericordia. 

-Te perdono. -Susurró Camila antes de que Sinu se acogiera en sus brazos.

Alejandro, emocionado al lado de la escena, se unió al acogedor abrazo entre la esposa y la hija. Camila se unió más a ellos.

-Y aunque hoy los esté dejando, es bueno sentirme en casa. -Dijo Camila besando rápidamente el rostro de ambos.

[…] El Final.

Lauren abrió los ojos lentamente. Su respiración era lenta y suave, venía fácilmente con la ayuda de la cánula que le mandaba oxígeno constantemente. Lo primero que enfocó fue el perfil de Camila a su lado. Después se concentró en la caricia suave de su mano en la suya. Los años pesaban sobre su espalda, pero ella aún se parecía a un hermoso ángel de ojos castaños. Ella la vio con la mirada perdida, observando la nada frente a ella. Sus ojos eran tristes y cansados, y esa tensión que Camila cargaba pasó hacia ella. Lauren acarició la mano arrugada de Camila y ella volvió la mirada rápidamente hacia Lauren.

-Hola. -Dijo Camila suavemente con una mirada aún triste.

-Hola. -Respondió Lauren en un hilo de voz.

Camila se curvó sobre Lauren y acarició su rostro lentamente, teniendo cuidado para no retirar la cánula accidentalmente. Ella pasó la mano por la piel cansada y desgastada por la edad, cada pequeña y gran arruga trazada y fijada en su cabeza.

-¿Por cuánto tiempo dormí? -Preguntó Lauren. Su voz cansada y con dificultad para salir.

-Dos días. -Respondió Camila. Lauren vio una lágrima deslizar de su rostro y reposar a un lado suyo en la cama.

-¿Y cómo estoy? -Preguntó Lauren levantando su mano izquierda para llevarla sobre la de Camila que estaba en su rostro.

Más lágrimas huyeron de los ojos de Camila. Lauren odiaba verla sufrir, pero ahora era solo una anciana cansada y no podía hacer nada cuando Camila lloraba por su débil salud.

-Nada bien. -Respondió Camila quitando la mano del rostro de Lauren y limpiando el de ella.- Tu pulmón está más débil, y…oh, Lauren. -Lamentó la anciana ciega.

-Camila. Por favor, deja de llorar. -Imploró Lauren intentando sentarse en la cama.

Camila limpió el rostro cansado con las dos manos. Y soltó y gran suspiro, intentando tragar la tristeza que la consumía.

-El viernes habrá un eclipse. -Dijo ella después de tranquilizarse, intentando cambiar de asunto.

Lauren sonrió triste.

-Creo que no podré verlo. -Comentó.

Camila sujetó su mano nuevamente y asintió. Sabía que Lauren no podía salir del hospital. Su mala salud, el pulmón débil que ya no trabajaba solo.

-No. Le pregunté a Clara si podíamos llevarte a la antigua plaza para que lo vieras conmigo. -Dijo con Camila con esperanza.

Lauren sujetó las lágrimas que amenazaban en salir. Quería que Camila fuera fuerte, así que ella tenía que serlo también.

-¿Puedo levantarme? -Preguntó Lauren apoyándose más en la cama.

Camila apalpó a un lado de la cama en busca del botón para llamar la enfermera.

Lauren fue más rápida, lo encontró y presionó.

-Ya lo tomé, amor. -Avisó.

Luego una mujer alta de largo cabello castaño entró a la habitación. Estaba entre los cuarenta, cincuenta años, pero su belleza la hacía parecer más joven. La señora a quien Lauren le dio el nombre de su mamá. Ella miró hacia Lauren con una facción seria, su ceño fruncido, pero Lauren le regresó una sonrisa.

-¿Está todo bien, mamá? -Le preguntó Clara a Lauren. Después se fue al lado de Camila y la abrazó por los hombros.

-Sí, cariño. -Respondió Camila.

-Esta anciana cansada solamente quiere saber si puede levantarse un poco. -Comentó Lauren con melancolía exagerada.

Clara le sonrió triste.

-Creo que mejor no, mamá. No puedes darte el lujo de cansarte. -Dijo Clara.

-Para con esas tonterías y ayúdame a levantarme. -Se quejó Lauren.- No me obligues a hacerlo sola y darte una nalgada.

Clara y Camila rieron. La risa más sincera que habían dado en días.

-Escucha a nuestra hija, amor. No creo que sea una buena idea que te canses. -Argumentó Camila.

Lauren bufaría si sus pulmones se lo permitieran

-Necesito levantarme. -Dijo Lauren simplemente, en una súplica.

Clara bajó la mirada hacia Camila, luego miró a Lauren. No había en el mundo dos mujeres a quienes ella amara más que a esas dos. Y sabía que Lauren solamente usaba su tono serio en los últimos tiempos cuando en realidad necesitaba de algo.

Clara asintió y tomó a Camila para alejarla de la cama. La mujer fue hasta la anciana en la cama y la ayudó a llevar las piernas a un lado, la ayudó a apoyarse en su columna, probando si su tiempo acostada no la había debilitado más. En segundos ella estaba de pie con Clara apoyándola por el codo.

-Camila. -Llamó Lauren.

Camila dirigió la mirada hacia ella.

-Déjame con ella. -Le pidió Lauren a Clara.

La mujer asintió mientras veía a su mamá Camila caminar lentamente hacia ellas. Ella la tomó del brazo y colocó la mano de la anciana en el brazo de Lauren para sujetarla. Después dejó un beso en la frente de cada una y se retiró de la habitación.

-Listo, estás de pie. -Dijo Camila.

Lauren hizo un gesto cuando su pulmón le dio una puntada por el esfuerzo.

-No puedo ir a ver el eclipse contigo, pero aún me sostengo en mis piernas. Puedo ofrecerte un baile. -Dijo Lauren tranquilamente.

Los ojos de Camila lagrimaron.

-¿Recuerdas cuando te llevé a la plaza conmigo y bailamos? -Preguntó Lauren.

-Nunca me olvidaré de ese día. -Respondió Camila suspirando, intentando sujetar el río de lágrimas que amenazaba en salir.

-No creo poder recordar toda la letra de la canción. -Comentó Lauren pensativa.

-No puedes esforzarte, amor. Deja y yo canto. -Se ofreció Camila tomando el cuerpo cansado de Lauren hacia ella.

-Amor, espera. No puedo alejarme mucho de la cama por la cánula.

Camila asintió y acercó un poco más a Lauren a la cama. Un brazo extendido para evitar chocar con algo.

Lauren soltó una pequeña risa baja.

-¿Qué pasó? -Preguntó Camila dirigiéndole la mirada.

-Al final quien me guía eres tú.

Camila sonrió triste y unió su cuerpo al de Lauren. Dejó sus manos para que Lauren las posicionara en donde no le dolía o en donde no la incomodaría, y la vieja lo hizo. Cuando estaban acomodadas una en los brazos de la otra, Camila le dio un rápido beso, tan solo un rozar de labios para no robar la concentración que Lauren hacía para mantenerse respirando.

-¿Lista? -Preguntó Camila escondiendo su cabeza en el cuello de Lauren, igual como lo hizo tantos años atrás.

Lauren asintió. Entonces Camila comenzó a murmurar en voz baja la letra de la canción mientras ellas se balanceaban suavemente de un lado a otro.

Settle down with me

(Asiéntate conmigo)

 Cover me up

(Cúbreme)

Cuddle me in

(Abrázame) …

___________________

Clara estaba de pie en la puerta de la habitación de su mamá en el hospital. Veía dos señoras abrazadas y balanceándose lentamente por la pequeña ventana de vidrio que había en la puerta. No podía contener las lágrimas silenciosas que recorrían su rostro. Generalmente era una mujer tan fuerte y concisa. Pero había sido así los últimos meses. Con su mamá Lauren enferma, ella había abandonado todo en la otra ciudad para poder venir solamente a cuidar a su mamá.

-¿Mamá? -Escuchó una suave voz llamarla y se volvió para ver a su hija que la miraba frunciendo el ceño.- ¿Está todo bien? ¿La abuela está bien? -Preguntó la chica preocupada.

Clara asintió con una sonrisa triste y apuntó hacia la pequeña ventana.

La chica caminó hacia el frente de la puerta y sonrió con la imagen.

-¿Ellas están bailando? -Preguntó la menor viendo a su mamá con una sonrisa.

Clara sonrió y limpió los ojos llorosos.

-Tal parece que sí.

La chica fue hasta la mamá y la abrazó ofreciéndole fuerza.

-¿Ella va estar bien, mami? -Preguntó la joven con el rostro hundido en el pecho de la mujer mayor.

-No lo sé, hija. -Comenzó Clara melancólica.- Todos nosotros formamos parte de un ciclo, Lana. Ese ciclo llega a un final en algún momento.

Lana se sujetó más a su madre y sollozó bajo.

-¿Y la abuela Camila?

-Mamá está llorando desde que llegó al hospital. -Respondió Clara acariciando el cabello de la hija.

-Vine a verlas. ¿Puedo entrar? -Preguntó soltándose de su madre.

Clara miró hacia la habitación en donde Camila y Lauren aún estaban unidas en un abrazo y balanceándose lentamente de un lado a otro. Lana vio en la misma dirección.

-Creo que es mejor darles un poco de privacidad. -Dijo Clara grabando la imagen de sus madres en su cabeza.

  ___________________

Camila ya había dejado de cantar, pero ninguna de las dos se ofrecía a deshacer el cómodo abrazo. La canción aún sonaba en sus mentes, se transportaron a la década en la que las dos adolescentes habían acabado de descubrir el amor en la otra. Camila fue retirada de los buenos recuerdos cuando escuchó el pecho de Lauren chiar. Se sintió culpable pues sabía que ella no podía hacer mucho esfuerzo, estar de pie por mucho tiempo.

-Necesitas acostarte, amor. -Sugirió Camila tranquilamente, alejándose del pecho de Lauren para no pesar sobre ella.

-Todo está bien, amor. -Respondió Lauren en un susurro. El cansancio haciéndole parecer que había corrido una maratón.

Camila se alejó y llevó a Lauren lentamente hacia la cama, un brazo extendido en busca del mueble. Cuando lo encontró instruyó a Lauren a sentarse en la orilla. Lauren lo hizo y acarició el rostro cansado de la mujer ciega que amó por toda una vida. Una mirada triste invadió a Camila, y fue reflejada en los ojos verdes de Lauren.

-¿Este es uno de esos romances perfectos en donde un personaje muere al final? -Preguntó Camila, sonando casi como un susurro. 

Lauren sonrió, el esfuerzo de una pequeña sonrisa haciéndola toser.

-¿Cómo pude haberte dado un romance perfecto? Nunca llevé un tiro por ti o te salvé de un camión a gran velocidad, ni siquiera nombré una estrella con tu nombre. -Dijo Lauren con pesar.

-Viste el mundo por mí, Lauren. Me describiste lo hermoso que era cuando yo no podía verlo. Y creo que viviría mil vidas más siendo ciega, si tuviese el privilegio de ver el mundo a través de tus ojos.

Camila sonrió tristemente. Lauren volvió a acariciarla, tardándose en el afecto.

-Todos morimos al final, amor. -Dijo Lauren bajo, respondiendo a la pregunta anterior.

Camila envolvió los brazos al rededor del cuello de ella y se permitió deshacerse en lágrimas y sollozos en su regazo. Lauren tan solo la envolvió en los brazos y le ofreció apoyo, mientras sus hombros saltaban con la intensidad del llanto.

Camila se alejó lentamente, intentando contener las lágrimas sufridas que se desvanecían.

-Pasaste toda tu vida siendo mis ojos. No creo poder estar lista para volver a ser ciega. -Declaró Camila con su voz rasposa.

Lauren se unió a ella en un llanto colectivo. El dolor pesaba entre ellas pues aquello parecía una pesadilla. Un golpe en la puerta las hizo recomponerse.

-¿Mamá? -Llamó Clara tímida desde la puerta.

-Dinos, cariño. -Respondió Camila sin volverse.

-Lana está aquí, quiera verlas. -Anunció la mujer.

Lauren sonrió.

-Déjala entrar. -Pidió Lauren.- Clara, hija, ¿podrías ayudarle a esta vieja a acostarse? Mi columna no me permitirá hacerlo sola.

Clara asintió. Sus ojos castaños bañados de compasión y dolor. Todo en los últimos meses se resumían en eso.

Clara abrió la puerta para que su hija entrara. La chica caminó graciosamente hasta su abuela Camila sujetándose de ella mientras su mamá ayudaba a Lauren.

-¿Estás bien, abuela? -Preguntó la chica aún en los brazos de Camila.

Lauren asintió y apoyó la cabeza en la almohada. Los latidos de su pecho disminuyendo. Ella miró a la chica, después miró a Camila que tenía la mirada perdida. Había sido así. Desde que Lauren enfermó, Camila no fingía interés en los ruidos que la rodeaban, cada vez que Lauren la veía tenía la mirada distante y perdida, la mayor parte del tiempo cubierta de dolor y tristeza. Ella bajó la mirada nuevamente hacia Lana, su nieta. Después miró a Clara que estaba sentada a los pies de la cama observando.

-Tú tienes los ojos de tu mamá. -Le dijo Lauren a Clara.

La mujer sonrió. 

-Siempre dices eso, mamá. -Comentó ella.- Pero Lana tiene los tuyos.

Ella miró hacia los verdes de su nieta. La imagen de la chica le recordaba una Lauren más joven y llena de vitalidad. Una chica confundida y completamente enamorada.

-Sabes, cuando Camila y yo decidimos que queríamos un hijo, las personas creían que estábamos locas. -Comenzó ella.- Incluso más locas que cuando anunciamos que nos íbamos a casar.

Camila sonrió con el recuerdo de su mamá descabellándose cuando ella anunció que gastaría los ahorros que ellas habían hecho, para intentar embarazarse.

-Era más fácil y más barato entonces hacer inseminación artificial. -Continuó Lauren.- Estábamos en los treinta años y queríamos tener un pequeño bebé. Pero queríamos que tuviera algo de las dos.

Camila soltó un brazo de Lana y lo colocó en la cama para que Lauren lo envolviera con su mano.

-Ustedes nunca me contaron esa historia. -Dijo Clara frunciendo el ceño.

-Teníamos miedo de que te sintieras culpable por algo. -Dijo Camila en su tono más blando.

-¿Por qué me sentiría culpada? -Preguntó Clara,

-Nosotras teníamos un buen dinero. Y lo gastamos en un tratamiento para embarazarnos. Intentamos por meses fertilizar un óvulo de Camila con esperma de un donador anónimo, pero quien cargaría el óvulo sería yo. -Dijo Lauren presionando la mano de Camila.- Ese tipo de tratamiento era muy caro y sin garantía de éxito. Al final terminamos sin un centavo en los ahorros.

Camila hizo una careta. El recuerdo doloroso de todas las veces que el médico les decía que el tratamiento no había funcionado.

-Yo estoy aquí y, hasta donde sé, llevo el ADN de las dos. ¿Cómo lo lograron si quedaron en quiebra por eso? -Preguntó Clara.

Lana dirigió una mirada interesada hacia las abuelas.

-Después de un año frustrante un doctor nos buscó. -Comenzó Camila.- Había escuchado nuestra historia y nos ofreció el mismo tratamiento ROPA (Tratamiento de recepción de óvulos de la pareja) solamente que con técnicas diferentes, nuevas. Y no nos cobraría por eso.

-Aceptamos rápidamente. -Dijo Lauren.

-Cuando el tratamiento comenzó a fallar él preguntó si no queríamos cambiar. -Continuó Camila.- Fecundar un óvulo de Lauren y colocarlo en mi cuerpo. Pero yo tenía tanto miedo de que nacieras como yo que casi eché todo a perder.

-Cuando el doctor estaba casi desistiendo del tratamiento, me embaracé. -Dijo Lauren sonriente.

Camila sonrió también.

-Fue el mejor día de nuestras vidas. -Comentó ella.

Clara se levantó y caminó hasta sus madres y les dio un abrazo, llevando a Lana en el proceso.

-¿Por qué me están contando esto ahora? -Preguntó Clara después de separarse.

Lauren miró a Camila, que parecía más sosegada y tranquila ahora.

-Cuando estaba embarazada concordamos que te contaríamos juntas esta historia, cuando fuéramos unas viejas ancianas. -Comentó Lauren con un tono de juego. Siempre en su tono bajo que no exigía esfuerzo.

-Ustedes no son ancianas. -Comentó Lana.

-Pero estamos viejas. -Dijo Camila tristemente, como si la realidad golpeara a la puerta.

Ellas pasaron un buen tiempo ahí, conversando. La mayor parte Lana y Camila hablaban y Lauren respondía con monosílabos. Clara la había advertido antes de salir de la habitación para ir a ver otros pacientes. Lauren comentó lo mucho que Lana se estaba pareciendo a ella en su juventud. Quitando los rústicos trazos que ella cargaba de su padre, el resto era una copia idéntica de una Lauren joven.

___________________

Camila estaba acostada precariamente al lado de Lauren. Su posición no era cómoda, pero se había rehusado a irse, así que Clara le permitió quedarse y acostarse con Lauren en la cama. Lauren dormía profundamente, Camila sentía el subir y bajar de su pecho en el brazo que estaba alrededor de ella. Su cabeza estaba apoyada en el hombro de Lauren y podía escuchar su respiración suave, el ruido casi imperceptible del aire saliendo de la cánula, el rugir de sus pulmones débiles. Camila intentó acomodarse mejor y la mano de Lauren pasó por su cuerpo y se detuvo en su rostro.

-Duerme, amor. -Pidió Lauren en voz baja.

-Pensé que estabas dormida. -Dijo Camila en el mismo tono, acogiéndose más al cuerpo de Lauren.

-Lo estaba. -Respondió Lauren.

Camila llevó el rostro cerca del cuello de Lauren e inhaló su dulce olor mezclado con el olor limpio y desinfectado del hospital.

-Te amo. -Susurró Camila.

Lauren se volvió y le dio un suave beso en los labios.

-Yo también te amo. -Respondió antes de volver a dormirse.

Los ojos de Camila pesaron y se dejó relajar, capturada por la comodidad que el cuerpo y el olor de Lauren traían.

Ella hubiera escuchado el corazón de Lauren dejar de latir si hubiera permanecido despierta unos minutos más. Hubiera escuchado su pecho dejar de chiar como lo había hecho los últimos meses. Pero Lauren se fue mientras dormía con la persona que más amaba en el mundo. Y si ella pudiese comentar sobre ese momento, ella diría que nunca estuvo tan en paz como lo estaba en los brazos de Camila. Y si hubiese un momento apropiado en el mundo para morir, el de ella sería ese.

Camila despertó con un ruido alto estridente. Hacía algunos segundos desde que el monitor cardiaco había comenzado a sonar, hacía apenas algunos minutos que Lauren había dicho “te amo” por última vez, ella durmió por tan solo algunos minutos, por última vez, en los brazos de la persona que más amó en su vida.

Cuando la niebla de sueño se desvaneció y la compresión la golpeó, los brazos de Camila se enredaron en el cuerpo inmóvil de Lauren. La presionó contra ella misma como si pudiesen fundirse, los sollozos escapaban de su pecho sin ningún permiso.

-Por favor, Lauren. -Imploró bajo.- Por favor, amor. Despierta. -Pidió, aún sabiendo que era inútil.

El ruido del monitor incomodaba sus oídos sensibles, pero ella sentía falta del ruido, del chiar que salía del pecho de Lauren. Ella sabía que era injusto desear algo tan malo nuevamente, pero ella no deseaba la enfermedad, ella deseaba a Lauren. Deseaba tener su respiración nuevamente, deseaba tener los ojos verdes mirándola, haciendo su cuerpo quemar en respuesta. Su mente zumbaba junto al ruido estresante. Sus hombros temblaban incesantemente con el llanto. Ella mal sintió cuando uno de los varios enfermeros que entraron a la habitación cargó su cuerpo lejos de Lauren. Ella extrañaba su olor. Extrañaba moldar su cuerpo en el de ella, pero el resto era solamente un detalle que pasaba desapercibido a los ojos que nunca funcionaron, y a un cuerpo que solamente existía y sentía cuando estaba con Lauren.

***

Camila estaba sentada sobre el suave pasto. La tumba había sido cerrada hace algunas horas, pero ella se rehusó a dejarla. No había ningún ruido a su alrededor. Era como si el luto consumiese cualquier ruido a kilómetros. Ella no lloraba, no tenía más lágrimas para eso. Estaba cansada, le dolía la cabeza, pero no le importaba. Su corazón dolía más. El vacío dentro de ella era más grande que cualquier otra sensación. Ella levantó el brazo para acariciar el concreto helado de la lápida. Deseaba que fuese el calor de Lauren bajo sus dedos, deseó que fuera el rostro que ella pasó toda una vida imaginándolo en su mente. Deslizó sus dedos por la inscripción. El nombre de Lauren, su fecha de nacimiento, la fecha de su muerte y después la frase que Camila escogió para que escribieran. Un trozo de la antigua canción que ella le había cantado en lo que parecía haber sido una vida atrás. Camila murmuró el pequeño trecho mientras su mano paseaba por el pedazo de concreto.

“Porque cariño, tu alma nunca podrá envejecer. Estará viva.”

-Una vez me dijeron que cuando se ama, no debemos dejar escapar ese alguien, no importa lo difícil que sea la situación. -Una última lágrima recorrió e hizo morada en sus labios temblorosos.- Pero no pude impedir que te fueras. No pude mantenerte conmigo.

Camila sintió una mirada pesar sobre ella, debía estar lo bastante distraída con su dolor, pues no escuchó los pasos acercarse.

-Tenemos que irnos, mamá. -Dijo Clara sutilmente. Su voz aún arrastrada, pero haciendo el intento para pasar confianza.

-No quiero dejarla. -Dijo Camila bajo.

-No hay más ella, mamá. Su esencia se fue, solamente hay un cuerpo vacío ahora. -Dijo Clara.

Camila no podía ver, pero estaba segura de que la hija había vuelto a llorar.

Camila asintió tristemente. Su mano derecha subió nuevamente por la lápida y la posó en su tope, luego la mano izquierda se unió dejando una bella rosa en su lugar.

-Te amé por toda tu vida, y te amaré por el tiempo que yo tenga. -Susurró antes de levantarse y unirse a la hija.

-Mamá, iremos a mi departamento. -Anunció clara después que Camila se acomodó en el auto.

La anciana negó con la cabeza.

-Quiero ir a mi casa. -Pidió en voz baja.

-No podré quedarme allá contigo, mamá. Irás a vivir conmigo. -Protestó Clara.

Camila asintió rendida.

-Ya hice mi transferencia a mi antiguo hospital. Mañana nos vamos. -Anunció Clara.

Camila no argumentó. Sabía que estaba muy anciana como para vivir sola. Sabía que ya había vivido una vida de limitaciones las cuales Lauren la ayudó a superar. Pero ahora no había más Lauren, y su pecho se hundía con ese hecho.

-¿Cómo te sientes? -Preguntó Camila después de lo que pareció un siglo.

Ella no podía ver la triste mirada de la hija. Parecía que había acabado de huir de una sensación de tortura, pero Clara diría que las secuelas dolerían más que el acto en sí.

-No sé lo que siento. -Respondió. Las palabras casi saliendo en un sollozo.

Camila agachó la cabeza, los ojos cerrados y las manos entrelazadas en el regazo.

-No saber lo que sientes no es lo mismo que no sentir.


[..] Tres años después.


Camila sentía el viento golpear en su rostro, pasando por la grieta de la ventana del auto. Lana acariciaba su mano en al asiento trasero mientras Clara conducía. Su cabello fino y canoso, preso en un moño alto. Peinado tal como cuando Lana se levantaba temprano todos los días para hacerlo.

Ella presionó la mano de la nieta aprensiva. Después de tres años regresaría a casa, aunque nadie la esperara allá. La alegría de regresar no era más grande que la melancolía por el motivo del regreso. Ella descubriría un cáncer dos años antes, Camila recordaba aún sentir el dolor de la fresca ausencia de Lauren cuando recibió la noticia. Ella se sentía confundida, pues cuando las palabras salieron de la boca del médico, ella supo que no tendría mucho tiempo.

Temió por dos años ser consumida por su cáncer, y al final de cuentas no sería eso lo que la mataría.

Un tratamiento experimental había consumido su hígado. La había dejado en coma por tres semanas, y en medio de un montón de lucidez y de mejoras, ella pidió dejar el hospital.

-Estás loca. -Recordaba a Clara decir.

-Estoy muriendo. -Argumentó Camila.

-Ese es el motivo por el que te mantenemos aquí.

-Yo no voy a recuperarme, hija. -Dijo Camila.- ¿Vas a mantenerme aquí, presa en una cama hasta que muera?

-¿Qué quieres? -Preguntó Clara nerviosa.

-Quiero ver cosas, ir a lugares.

-Eso no va hacerte bien, mamá. Te vas a cansar, puedes tener una crisis y quedar en coma nuevamente. Y entonces voy a quedarme sola. No quiero perderte a ti también. -Ella escuchaba el dolor en el tono de voz de la mujer.

-Quiero ir a mi casa.

Clara, que andaba de un lado a otro en la habitación, se detuvo y se acercó a la mamá.

-¿Qué quieres hacer allá?

Camila suspiró. Los hombros cansados, la edad pesaba sobre ellos más que la enfermedad.

-Reencontrarme con Lauren. -Dijo bajo. Aun nombrar su nombre hacía su corazón hundirse.

Clara bufó y volvió a caminar desesperada de un lado a otro, Camila podía escuchar los pasos nerviosos.

-¿Ahora estás delirando? -Preguntó, reprendiendo a la mamá, pero en el fondo sabía lo que ella quería decir, ella solamente no podía hacer lo mismo.

Clara se detuvo, sus hombros se relajaron al ver el rostro de Camila. Se sentía mal por reprenderla como una niña cuando ella y Lauren siempre la trataron con inteligencia, aun en su niñez siempre le explicaban el por qué de un sí y de un no.

-¿Por qué hacer eso? -Preguntó ella suavemente.

Camila se sentó en la cama y acarició sus muslos.

-Por amor. -Respondió como si ese fuese el motivo suficiente. Para Clara no lo era.

La mujer bufó nuevamente y se sentó al lado de su madre. Su mano acarició los nudillos de los dedos de la señora. Sintió huesos en donde no sentía días antes de que su madre cayera en coma. Ella había adelgazado en ese medio tiempo. Y ese era uno de los motivos por los cuales Clara no la quería lejos de ella, e ir a casa, en donde fue criada, era demasiado sufrimiento para ella, muchos recuerdos, infinita nostalgia.

-El amor es una tontería. -Gruñó.

-No, cariño. El amor es maravilloso, son las personas las que arruinan su sentido.

-Sufriste tanto cuando ella se fue…aún sufres.

-Su pecho se llenó con el recuerdo de haber experimentado la plenitud de una vida con Lauren, y después el vacío de su ausencia.

-Amar es descubrir que, el mismo sentimiento que nos hace flotar, nos hunde. -Explicó.

-Quiero que te mejores, mamá. -Dijo Clara después de un tiempo.

Camila suspiró y acarició el rostro de la hija.

-Me hice cenizas cuando ella se fue, y no quiero resurgir de ellas. Tan solo espero languidecer de una vez.

Ella no vio, pero Clara la había mirado con melancolía, como si hubiese acabado de leer su carta de suicidio.

Por tres años ella había ignorado los detalles que Lauren había dejado atrás. Pero esa era la peor parte, pues los pequeños detalles eran los que exigían gran esfuerzo para ser olvidados. Las únicas cosas de ella que se fueron a la casa de Clara, fueron las que Camila cargaba dentro. Ella le había pedido quedarse sola en la casa. Deseaba el cómodo silencio que varias veces ellas compartieron. Ella cerraría los ojos e imaginaría que ella aún estaba ahí, viéndola y riendo alto. Entonces le diría que la amaba, y Lauren la besaría, la acariciaría o entrelazaría sus dedos, pues por veces Lauren no respondía que también la amaba, hacía que ella lo sintiera.

Clara bajó del auto cuando llegaron a casa. Ella bajó a su madre con la ayuda de Lana.

Clara tomó la delantera yendo a abrir la puerta mientras Lana caminaba lentamente con su abuela. Ellas se quedaron de pie en la puerta. Clara miraba el espacio silencioso, el hambre súbito de almas de la casa resonaron en el vacío doloroso dentro de ella. Parecía esperar que Lauren saliera de algún rincón con una bella sonrisa y su mirada penetrante y acogedora. Camila simplemente parecía apreciar lo poco de la presencia de Lauren que aún restaba en la casa. Aún después de tres años su olor suave aún colgaba, haciendo su cuerpo pesar en derrota al saber que nunca más la tendría.

Clara abrazó a la madre y la besó antes de salir, no deseaba estar ahí ni un segundo más. Como si tener una parte de Lauren, pero nunca tenerla completamente de nuevo, fuera la peor tortura que ya había enfrentado. Ella escuchó el ruido del motor del auto iniciar y luego alejarse.

Camila presionó la mano de Lana que estaba en su brazo.

-Quiero estar sola, cariño. -Pidió la anciana.

-No puedes, abuela. Podrías tener una crisis hepática en cualquier momento. -Dijo Lana.

-Es el mejor día que he tenido en años, creo que estaré bien. -Argumentó Camila.

-Exactamente, es tu mejor día en años, vamos a aprovecharlo. -Lana miró la casa levemente iluminada. Las cortinas y persianas cerradas.- ¿Qué haremos primero? -Preguntó ella animada.

Camila suspiró y se separó de la nieta lentamente, entró y caminó por entre los muebles, sus zapatos haciendo ruido en el suelo, los dedos acariciando las cosas a su alrededor como si tuvieran parte de lo que buscaba. Aún sabía en donde estaba todo.

Ella se sentó en el sofá, acarició el tapizado a un lado. El lugar en donde ellas se sentaban al final del día para acariciarse y conversar, el lugar en donde Lauren le leía historias, el lugar en donde ellas hacían el amor cuando eran más jóvenes y dispuestas.

Ella apalpó el lugar en busca de la almohada de respaldar. La tomó y la abrazó, su nariz pasó lentamente por ella, tan solo deteniéndose para sentir el olor de Lauren que estaba impregnado ahí. Tantos años y aún era el mismo olor. Tantos años y ella aún apreciaba su dulce aroma de vainilla. Una puntada de nostalgia pasó por Camila, de modo acentuado, le robó el aliento. Cielos, ella extrañaba a Lauren.

Lágrimas silenciosas recorrieron su rostro. Estaba sorprendida por aún tener la capacidad de llorar, pensó haberla perdido en algún momento en los últimos tres años. Se preguntaba si existía algún récord para eso, en caso de haberlo, ella sin dudas ya lo había superado.

-Querida. -Camila llamó a Lana, una de las manos limpiando sus lágrimas.

La chica acarició su hombro en forma de apoyo silencioso.

-En la habitación, en el estante de libros de tu abuela, hay un viejo y empolvado libro. Tráemelo, por favor. -Pidió.

Lana presionó su hombro antes de subir las escaleras.

Rápidamente la chica regresó. Observó a Camila sentada, su espalda apoyada al respaldar del sofá, la mirada perdida. Una mano alrededor de una almohada, la otra espalmada en el asiento al lado. Parecía guardarle el lugar a alguien. La chica sonrió triste antes de acomodarse a los pies de su abuela, en la alfombra.

-¿Lo encontraste? -Preguntó Camila.

La chica asintió e hizo un sonido nasal en afirmación.

-¿Quieres que te lea? -La joven hojeó el libro amarillo, parecía estar bastante usado y viejo.- Es pequeño, pero no creo poder leerlo todo hoy.

Camila suspiró y aflojó la presión en la almohada.

-Último día. -Dijo en un susurro.

Lana alzó los ojos verdes de la página curiosa.

-¿Dijiste algo?

-Último día. Busca el capítulo titulado así y comienza por ahí. -Pidió la anciana. La mente divagando en recuerdos de la voz de Lauren leyéndole.

Aún después de tres años, cada vez que Lauren tomaba el libro para leer, una y otra y otra vez, ella preguntaba si Camila quería que le leyera el final. Ella siempre se había negado.

“El libro terminó cuando Alaska murió” Siempre argumentaba.

Pero después que Lauren murió ella supo que la historia continuaría. Si su vida fuera un libro basado en dolor, él comenzaría donde terminaba el de Lauren. Así como el libro de Alaska, terminaba en medio del libro de Miles.

Lana se encogió de hombros y buscó el último capítulo. Comenzó a leer. Intercambiaba miradas entre las páginas del libro y el rostro tranquilo de su abuela.

Y como en su propia vida sin Lauren, ella creía que el resto del libro sin Alaska sería aburrido. Tristeza, pérdida, luto. Se decepcionaría por al final no saber cómo había muerto Alaska. Sabía la forma, pero no la razón. Y para una anciana como ella, la razón era más importante que mostrar como sufrían las personas. Pues de sufrimiento y pérdida ella entendía.

Y entonces ella percibió. Percibió lo que Lauren no había percibido después de haberle leído el libro innumerables veces. La muerte no tenía razón. Nadie nunca va a saber exactamente de dónde ella viene o hacia donde nos lleva. Ella era el umbral del ser. Venía en su paz, abrazada a alguien después de decir que la amaba por última vez. A veces venía prematura, a veces rápida e impactante. A veces las personas la llamaban para sí mismas, pues la vida los desesperaba. Si Camila viera, sería lógico decir que casi podía verla en el horizonte. No la estaba esperando, estaba viniendo, caminando lentamente. Entonces era eso. Ella vendría para todos. Con su gran mano succionando la esencia y dejando tan solo un cuerpo para pudrirse.

-Qué libro más triste. -Dijo Lana después de un suspiro, cerrándolo.

Camila asintió.

Lana vio hacia el hermoso piano que había en un rincón. Recordaba ver a su abuela tocar algunas veces. Navidades, cumpleaños, a veces cuando iba a visitarla al estudio en donde daba clases.

-¿Tocarías algo, abuela? -Preguntó tentada.

Camila dirigió la mirada hacia ella en confusión.

-El piano. -Explicó Lana.

Camila suspiró y asintió.

-¿Qué quieres oír? 

Lana se encogió de hombros antes de levantarse.

-Cualquier cosa que quieras tocar. -Respondió.

Camila dejó la almohada de lado y caminó hacia el piano. Ella se había tardado para adaptarse a la casa de Clara. Sintió por mucho tiempo la falta de poder caminar con libertad como lo hacía en su casa. Quien la viese no diría que era ciega. Había decorado cada centímetro de la casa con Lauren. Había hecho el amor con ella en cada centímetro de ella. Cada centímetro había presenciado la forma como ellas se amaban incondicionalmente.

Ella se sentó y acarició las teclas lenta y suavemente, tan suave que ninguna de ellas emitió ningún sonido. Lauren le había regalado el piano en cuanto lograron establecer su cuenta bancaria. Clara tenía dos años en aquel entonces. Sus labios sonrieron al recordar, aunque sus ojos lagrimaran. Había descubierto los últimos años que la memoria era el más cruel de los sentidos.

Una melodía suave sonó cuando sus dedos pasaron hábilmente por las teclas. El llanto parecía interno, como si sangrase incesantemente. Como si una parte de sí misma hubiese sido arrancada para siempre. Y la había. Pero la peor parte era no conformarse con eso. Así que dejó que el piano se lamentara por ella.

https://www.youtube.com/watch?v=ZX2KJKRViPA )

A flock of birds

(Una bandada de aves)

Hovering above

(Que vuelan por encima)

Just a flock of birds

(Solo una bandada de aves)

That’s how you think of love

(Así es como piensas en el amor)

And I always look up to the sky

(Y yo siempre miro hacia el cielo)

Pray before the dawn

(Rezo antes de amanecer)

‘Cause they fly always

(Porque ellas siempre vuelan)

Sometimes they arrive

(A veces llegan)

Sometimes they are gone

(A veces se van)

They fly on

(Vuelan)

A flock of birds

(Una bandada de aves)

Hovering above

(Pasando a lo largo)

Into smoke I’m turned and rise

(En humo me convertí y me elevé)

Following them up

(Siguiéndolas)

Still I always look up to the sky

(Aún así yo siempre miro hacia el cielo)

Pray before the dawn

(Rezo antes del amanecer)

‘Cause the fly always

(Porque vuelan lejos)

One minute the arrive

(Al minuto que llegaron)

Next you know they’re gone

(Sabes que se han ido)

They fly on

(Vuelan)

So fly on, ride through

(Así que al volar, viaje a través de)

Maybe one day I’ll fly next to you

(Tal vez algún día volaré junto a ti)

Fly on, ride through

(Al volar, viaje a través de)

Maybe one day I can fly with you

(Tal vez algún día volaré contigo)

Fly on

(Volar)

Las palabras salían arrastradas. Ella ni siquiera sabía que tenía aliento para cantar tan vorazmente. Lana la abrazó.

-También la extraño. -Dijo besando la mejilla de su abuela.- Eso fue lindo, adoraría poder haberte grabado para verte mil veces.

Camila levantó la mano y apuntó hacia su cabeza.

-Las cosas hermosas las grabamos aquí, aquí se viven para siempre. No envejecen, no se olvidan.

Lana la presionó más en su abrazo, en respuesta.

-Quiero encontrar un amor como el de ustedes. -Dijo la chica.

-Ya lo harás, cariño.

-¿Y si lo encuentro y no lo sé?

Camila acarició el rostro de la joven, paseó los dedos por sus cejas que se asemejaban a las de Lauren.

-No vas a darte cuenta. No podrás explicarlo. Pero lo sabrás.

Camila la besó en la mejilla antes de soltarla.

-Encuentra algo para hacer, cariño. Creo que es mi hora de acostarme. -Dijo con falsa seriedad que hizo a Lana sonreír.

La nieta besó su rostro nuevamente antes de Camila oír sus pasos perdiéndose por la casa.

Camila limpió sus ojos antes de levantarse. No sabía qué hora era, pero se sentía cansada fácilmente después que su salud empeoró. No quería ir a su habitación. Ella quería una forma de reencontrarse con Lauren, pero esa parecía una forma masoquista de intentar. Ella sabía que allá su presencia era más fuerte, ella aún podía escuchar sus gemidos resonando por la habitación, un grito o una alegre y sincera risa de la mujer que amó. Sentía un vacío en el estómago. Pero no era hambre, o tal vez sí, de Lauren.

Ella regresó al sofá. Tomó la almohada del lugar que era de Lauren y la sostuvo nuevamente, tomó otra almohada y la colocó debajo de su cabeza cuando se acostó. Su cuerpo pesó, los brazos firmemente sujetados al objeto hecho de paño, algodón, perfume de vainilla y recuerdos. Se permitió descansar. Había sido un largo día, un día de llantos, de luto, como si estuviera de regreso al día que ella murió. Y como en ese día,  deseó más que nada, no abrir los ojos en una mañana sin Lauren.

-He existido por tanto tiempo sin ti, soy una fracción de lo que fui a tu lado. Tan solo la mitad de una persona en tu ausencia. -Susurró a la nada.

***

Camila despertó. Ya estaba acostumbrada a despertar a mitad de la noche después de pocas horas de sueño. Había sido así los últimos tres años. Las primeras semanas después que Lauren murió, ella despertaba de sobresalto, asustada, como si alguien sujetara su alma y la llevara en una sacudida. Y por Dios, se sentía tan vacía por dentro que estaba segura de que eso le había ocurrido. Y estaban los días más tristes. En los que ella despertaba sonriendo y feliz, entonces apalpaba a su lado de la cama y la encontraba vacía y helada. Y lágrimas brotaban cuando tomaba conciencia de que no fue una pesadilla, Lauren nunca más regresaría.

-Te extraño tanto. Casi ni duermo desde que partiste. -Susurró a la nada aún con los ojos cerrados.

Nunca tuvo motivos para abrirlos antes de conocer a Lauren. Un suspiro huyó al recordar las innumerables veces en las que Lauren le pedía que los abriera en la mañana. Cuál era el sentido de abrirlos ahora, si su motivo era Lauren.

Su pecho dolía, no el dolor que había experimentado los últimos tres años, el dolor de la pérdida, el dolor de la nostalgia. Era un dolor agudo e incesante. Con los ojos aún cerrados intentó tomar aire, pero sus pulmones parecían no funcionar, la agonía la invadió mientras la sofocaba. La falta de aire la hizo presionar el pecho como si el oxígeno que le faltaba fuese palpable.

-Yo estoy aquí, Camz.

La voz ronca la hizo abrir los ojos, y por dios, ella nunca tuvo un sueño más nítido que aquel.

Sus ojos lagrimaron. No sabía si era de pavor o admiración con lo que veía. Por todos los cielos, ella podía ver. Se quedó sorprendida en medio de la neblina de confusión y miedo. Unos ojos verdes curiosos la miraban, tan joven y hermosa, su piel lisa como seda, aún recordaba la sensación de ella bajo su dedo cuando se perdió en ella por primera vez en el placer que Camila le ofrecía. Las lágrimas rodaron mudas.

-¿Lauren? -Murmuró. Intentaba tragar más aire, pero él parecía no pasar de su garganta, tan solo sofocándola más.

El cabello negro caía hacia un lado cuando la mujer asintió.

-Puedo ver. -Susurró Camila emocionada.- Tus ojos son tan hermosos. -Dijo forzada con una sonrisa.

En medio a la falta de aire y el desespero, se maldijo por no poder poner en palabras lo mucho que la admiraba.

Su pecho se llenó con su belleza incluso cuando el aire se desvanecía.

 -Tu mirada… es como encontrar el silencio en medio del caos.

Lauren le acarició el cabello. Camila deseó cerrar los ojos para apreciar el contacto que tanto extrañaba, pero temía abrirlos en seguida y encontrar la oscuridad nuevamente.

Ella podía sentir el latir de su corazón reverberando por su cuerpo, sentía sus pulmones arder con el esfuerzo para respirar.

-No estoy soñando. ¿Viniste a buscarme? -Preguntó inocente.

Lauren asintió nuevamente, su rostro suave, los ojos viéndola, tiernos y amorosos.

-Estoy muriendo. -Admitió, sus ojos aún en Lauren.- Si hubiese sabido que vendrías el día de mi muerte, hubiera muerto antes. -Dijo con el poco de aliento que le restaba.

Lauren sonrió. El sentimiento de paz la rodeó. Estaba sumergida, nadando en el verde de sus ojos, y ella nunca tuvo tan poco miedo de ahogarse.

-Tu sonrisa en tan dulce, es bueno verla… Incluso si es por última primera vez. -Dijo en un último suspiro.


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**Desde antes de comenzar a compartir esta historia con ustedes, les dije que era hermosa y realmente espero no haberlos defraudado y que les haya gustado tanto o más que a mí. 

xx

Una parte de mí quiere usar camperas de cuero y pintalabios rojo y ser super sexy y romper los corazones de los chicos, pero luego, también quiero usar vestidos de verano y ser dulce y linda y tímida y risueña, pero una parte diferente de mí, quiere ser hermosa e inteligente y misteriosa. Sin embargo, hay una parte de mí que sólo quiere sentarse a mirar televisión mientras como pizza con extra queso.

Si hay una diseñadora con una pasión declarada por México esta es Mara Hoffman. En muchas de su colecciones mezcla los colores y los símbolos mexicanos con siluetas más actuales y atrevidas. En la foto un vestido de la colección Primavera Verano 2012 inspirado en el bordado Otomí . Mañana será tu turno de lucir colores y formas de tu tierra. Es #ViernesTradicional.