verdaderas

La felicidad que deja el hablar por teléfono con tu mejor amigo después de meses sin saber de él, es indescriptible. Podrá pasar el tiempo, o podrá existir la distancia que sea entre nosotros, pero he notado que las verdaderas y bien cimentadas amistades nunca terminan. Me he reído tanto, que parece que los años no pasan entre nosotros, porque seguimos comportandonos con la misma inmadurez que teníamos hace 9 años, y ante todo sigue la confianza. Nada ha cambiado.

Un corazón dispuesto a obedecer.

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.” 1 Juan 4:10-11 (RVR1960)

Solemos molestarnos con las órdenes que nuestros padres terrenales nos dan. No es nuestro deseo más común, el seguirlas. Pero no pasa lo mismo con Dios. Cuando verdaderamente hemos sido transformados por medio de Jesucristo y su Espíritu Santo. Cuando entendemos que recibimos el regalo de la fe, el de poder reconocer nuestra necesidad de perdón de nuestros pecados y la verdadera y única provisión de Dios como efectiva y suficiente, lo que antes era una carga pesada, ahora ya no lo es. Porque sabemos que no es por obras, sino por fe en lo que Cristo hizo por nosotros que somos salvos. Y ahora, queremos y nos gozamos en obedecerlo.

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Publicado por: Stephani // Personal // Walk The Same Español

Tenía un mundo secreto que no quería compartir con mi familia ni mis amigos. Era un espacio de juego, en el que podía ser yo sin serlo. Ese espacio era irreal, no existía y al mismo tiempo era más real que lo demás. Si incluía a mi familia y amigos lo harían real, lo harían serio, lo harían parte de mi día a día y dejaría de ser un escape; me empezaría a perseguir. Me gustaba mi espacio en el que podía jugar a ser aquello que imaginaba, a decir lo que no diría por no ir con mi forma de ser, a pensar ideas que no deberían pasar por mi cabeza y a narrar cosas que en mi vida serían imposibles de narrar. No lo pude mantener secreto, mi familia y mis amigos eventualmente entraron, hurgaron, conocieron y se apropiaron del espacio; se volvió tema de conversación, manantial de preguntas, el centro de bromas y burlas; dejó de ser mío, dejó de ser un escape, dejó de ser juego, se volvió real. Ave Literaria solía pertenecerme como te pertenece tu cama, de forma íntima y esencial; ahora es un elemento dado de mi vida, es un hecho, un comentario, un chiste, una pregunta, una duda, algo que otros portan y comparten; ahora es de ellos.
—  Ficciones verdaderas, Christian Guerrero.