Escondida, detrás de mis cortinas, veo, allá abajo, su silueta. Sale de casa y se aleja en su auto… él no tiene ni idea, pero me gusta mucho y a lo máximo que he llegado es ha verlo a los ojos, sonrojarme y, prácticamente, correr a casa, cerrar la puerta con fuerza y decir “¡joder, te comportas como una niña!”; pero no lo puedo evitar, es la persona que hace que todo lo usual y toda mi razón penda de un hilo tan fino que cae antes de intentar equilibrarlo. Escondida, detrás de mis cortinas, lo veo llegar del trabajo, con ese porte intelectual que hacen que imagine demás y lo único que puedo hacer es suspirar y decir “él sabe lo que siento, soy demasiado obvia y si él no viene entonces el tiempo me traerá los brazos correctos en cual encontrar calor”. Y es aquí en donde me critico porque sé que puedo ir a él, pero tengo miedo de lo que puedo encontrar o de lo que no puedo encontrar.
—  Suele pasar. ¿A que no? :o Gracias por la historia :)