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Tierras áridas, quebradas por barrancas y surcadas de terroneras. Reses flacas, de miradas mustias, lamían aquí y allá, en una obsesión impresionante, los taludes y peladeros del triste paraje. Blanqueaban al sol las osamentas de las que ya habían sucumbido, víctimas de la tierra salitrosa que las enviciaba hasta hacerlas morir de hambre, olvidadas del pasto, y grandes bandadas de zamuros se cernían sobre la pestilencia de la carroña.
Doña Bárbara se detuvo a contemplar la porfiada aberración del ganado y con pensamientos de sí misma materializados en sensación, sintió en la sequedad saburrosa de su lengua, ardida de fiebre y de sed, la aspereza y la amargura de aquella tierra que lamían las obstinadas lenguas bestiales. Así ella en su empeñoso afán de saborearle dulzuras a aquel amor que la consumía. Luego, haciendo un esfuerzo por librarse de la fascinación que aquellos sitios y aquel espectáculo ejercían sobre su espíritu, espoleó el caballo y prosiguió su errar sombrío.
Algo extraño sucedía en el tremedal, donde de ordinario reinaba un silencio de muerte. Numerosas bandadas de patos, cotúas, garzas y otras aves acuáticas de varios colores volaban describiendo círculos atormentados en torno a la charca y lanzando gritos de un pánico impresionante. Por momentos, las de más remontado vuelo desaparecían detrás del palmar, las otras bajaban a posarse en las orillas del trágico remanso y, al restablecerse el silencio, daba la impresión de una pausa angustiosa; pero en seguida, reemprendiendo unas el vuelo y reapareciendo las otras, volvían a girar en torno al centro de su bestial terror.
No obstante el profundo ensimismamiento en que iba sumida, doña Bárbara refrenó de pronto la bestia: una res joven se debatía bramando al borde del tremedal, apresada del belfo por una culebra de aguas cuya cabeza apenas sobresalía del pantano.
Rígidos los remos temblorosos, hundidas las pezuñas en la blanda tierra de la ribera, contraído el cuello por el esfuerzo desesperado, blancos de terror los ojos, el animal cautivo agotaba su vigor contra la formidable contracción de los anillos de la serpiente y se bañaba en sudor mortal.
─Ya ésa no se escapa ─murmuró doña Bárbara─. Hoy come el tremedal.
Por fin la culebra comenzó a distenderse sacando el robusto cuerpo fuera del agua., y la novilla empezó a retroceder batallando por desprendérsela del belfo; pero luego aquélla volvió a contraerse lentamente, y la víctima, ya extenuada, cedió y se dejó arrastrar y empezó a hundirse en el tremedal lanzando horribles bramidos y desapareció dentro del agua pútrida, que se cerró sobre ella con un chasquido de lengua golosa.
Las aves aterrorizadas, volaban y gritaban sin cesar. Doña Bárbara permaneció impasible. Huyeron definitivamente aquéllas, volvió a reinar el silencio y el tremedal agitado recuperó su habitual calma trágica. Apenas una leve ondulación rizaba la superficie, y allí donde las verdes matas de borales se habían roto bajo el peso de la res, reventaron pequeñas burbujas de gases del pantano.
Una, más grande, se quedó a flor de agua dentro de una ampolla amarillenta, como un ojo teñido por la ictericia de la cólera.
Y aquel ojo iracundo parecía mirar a la mujer cavilosa…

- Doña Bárbara, Rómulo Gallegos (Ed. Cátedra, Madrid, 2014)

Fotografías de Christian Belpaire. Serie Paisajes escritos, plata sobre gelatina.

“Mi ciudad, tu ciudad; nuestra razon de vida. Y debido a nuestra suerte, muy probablemente nuestra razon de muerte"🎶 Como caminamos en la ciudad mas peligrosa del mundo y encontramos tanto que vale la pena recordar? 📷🌆 #caracas #venezuela #elnacionalweb #huntgramvenezuela #photographersvzla #huntgramvenezuela #igersvenezuela (en Caracas)

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en otra voz, hablo

a otros hombres, escribo

acaso no saben que
me he convertido en pájaro irremediable

que invoco
fieras que habiten
tierras desoladas

que me habiten.

uno tras otro
desfilan

y, yo me vuelvo parapeto
propongo y fallo

caigo.

regreso a donde pertenezco

reposo

espero

rasguño
juro que nunca me fui.

—  Euro Montero

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La Sayona - 

A vengeful spirit from Venezuela,  La Sayona only appears to unfaithful married men.  La Sayona wears a long white dress that resembles an old fashioned night gown. She is very similar to the Mexican legend of Llorona, but she does not cry. She is often looks away from people when they speak to her  because her face is just a skull with bad teeth. Legend says that  La Sayona was once a young and beautiful woman who was married to a very loving man and they had a baby boy together. One day when she was bathing naked in a river a man from the village saw her. From that day on the man followed her to the river to watch her bathe. When she told him to leave her alone he ignored her and instead told her that her husband is having an affair with her mother. She ran home and found her husband asleep with their baby in his arms. In a blind rage she burned the house down with them inside. She then ran to her mother’s house and attacked her with a machete. As her mother lay dying she cursed her by saying that from then on she would have to avenge all women by killing unfaithful husbands. 

In most legends La Sayona normally approaches unfaithful men and asks for a cigarette or a car ride. After a few moments of talking to her they see her face and die. In other versions of the story  La Sayona appears in the jungle to lonely men who are willing to be unfaithful to their wives at home. She allows the men to have sex with her before devouring their body parts, normally their genitals which she would rip off with her bare hands so they can never be used again. Sometimes she will infect men with visible sexually transmitted diseases so that their wives will know that they have been unfaithful.  

Many believe that having a piece of tobacco in your pocket will protect you from  La Sayona.

flickr

Canadair VF-5A and VF-5D by Sergio J. Padrón A

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