velane

Réquiem

El sonido quejica de mi violín llora una pieza fúnebre por la estación. Los ecos de los túneles velan al muerto. Un quinquenio después, sigo sin amortizar lo que me costó el delicado instrumento. A lo mejor debería venderlo.

Tumbada en el suelo, inmóvil, la funda del violín atesora solo cuatro monedas, las que yo mismo puse cuando llegué. Lacrimoso, sigo tocando el último movimiento de la sinfonía. Los transeúntes invisibles abarrotan el silencio.

Acabada la pieza, recojo mi música ceremonioso y salgo de la estación abandonada.