vanzetti

I champion the weak, the poor, the oppressed, the simple and the persecuted. I maintain that whosoever benefits or hurts a man benefits or hurts the whole species. I sought my liberty and the liberty of all, my happiness and the happiness of all. I wanted a roof for every family, bread for every mouth, education for every heart, light for every intellect. I am convinced that human history has not yet begun, that we find ourselves in the last period of the prehistoric. I see with the eyes of my soul how the sky is diffused with the rays of the new millennium.
— 
Vanzetti

"Aspettando l’ora di vendetta"

The climate of repression established in the name of wartime security during World War I continued after the war as the U.S. government persecuted communists, Bolsheviks, and “reds.” Caught up in this “Red Scare,” Nicola Sacco and Bartolomeo Vanzetti were arrested on May 5, 1920, and charged with killing two men during an armed robbery. The two were anarchists, and while maintaining their innocence, insisted that they were being prosecuted for their political beliefs. After a trial marred by questionable evidence and judicial procedures, Sacco and Vanzetti were convicted and sentenced to death. For a broad spectrum of people around the world, Sacco and Vanzetti’s case came to symbolize government injustice. Crowds gathered around the world to protest on August 23, 1927, when the two were executed, and thousands of mourners followed behind their funeral carriages

 [via After the execution.] [The Ballads of Sacco & Vanzetti by Woody Guthrie (1947)]

Today in labor history, July 14, 1921: Italian immigrants, labor activists, and anarchists Nicola Sacco and Bartolomeo Vanzetti are convicted in Massachusetts of murder and payroll robbery after a two-month trial, and are eventually executed, despite the efforts of the IWW and other unions to save them. Fifty years after their deaths the state’s governor issued a proclamation saying they had been treated unjustly and that “any disgrace should be forever removed from their names.”

Último discurso en la corte

Último discurso en la corte


He estado hablando mucho de mí mismo
y ni siquiera había mencionado a Sacco .
Sacco también es un trabajador,
un competente trabajador desde su niñez, amante del trabajo,
con un buen empleo y un sueldo,
una cuenta en el banco, y una esposa encantadora y buena,
dos niñitos precioso y una casita bien arreglada
en el lindero del bosque, junto a un arroyo.

Sacco es todo corazón, todo fe, todo carácter, todo un hombre;
un hombre amante de la Naturaleza y de la Humanidad;
un hombre que lo dio todo, sacrificó todo
por la causa de la libertad, y su amor a los hombres;
dinero, tranquilidad, ambición mundana,
su esposa, sus hijos , su persona
y su vida.

Sacco jamás ha pensado en robar, jamás en matar a nadie.
Él y yo jamás nos hemos llevado bocado
de pan a la boca , desde que somos niños hasta ahora,
que no lo hayamos ganado con el sudor de la frente.
Jamás…
Ah, sí, yo puedo ser más listo, como alguien ha dicho;
yo tengo más labia que él, pero muchas , muchas veces,
oyendo su voz sincera en la que resuena una fe sublime,
considerando su sacrificio perpetuo, recordando su heroísmo.
Yo me he sentido pequeño en presencia de su grandeza
Y me he visto obligado a repeler
Las lágrimas de mis ojos,
Y apretarme el corazón
Que se me atorozonaba, para no llorar delante de él:
Este hombre al que han llamado ladrón y asesino y condenado a muerte.

Pero el nombre de Sacco vivirá en los corazones del pueblo
y en su gratitud cuando los huesos de Katzmann
y los de todos vosotros hayan sido dispersados por el tiempo;
cuando vuestro nombre, el suyo, vuestras leyes, instituciones
y vuestros falso dios no sean sino un borroso recuerdo
de un pasado maldito en el que el hombre era lobo para el hombre…

Si no hubiera sido por esto
yo hubiera podido vivir mi vida
charlando en las esquinas y burlándome de la gente.
Hubiera muerto olvidado, desconocido, fracasado.
Esta ha sido nuestras carrera y nuestro triunfo. Jamás
en toda nuestra vida hubiéramos podido hacer tanto
por la tolerancia, por la justicia, porque el hombre entienda
al hombre como ahora lo estamos haciendo por accidente.
Nuestras palabras, nuestras vidas nuestros dolores-
—¡nada!
La perdida de nuestras vidas –la vida de un zapatero y un pobre vendedor de pescado-
¡todo! Ese momento final es de nosotros,
es agonía de nuestro triunfo.

BARTOLOMEO VANZETTI