valentina quintero

Respuesta a Valentina Quintero

A su entrevista en Globovisión y sus virales lágrimas

Hablas de un país desaguisado y tienes toda la razón. Y lloras, con lágrimas de misa, con un rictus de dolor telúrico. Pero no te sorprendas, que los países sí se entregan. Los países también se fundan sobre el instinto de depredación, que está en nuestros fueros desde la guerra (civil) de independencia, desde Boves, desde los amarillos, desde la federación. Tierra arrasada, una y mil veces, a sangre y machetazos. No lloremos el comportamiento de los venezolanos, que no nos sorprenda. Cuando reclamamos nimiedades con maneras prepotentes, déspotas, eso no es sino la fuga del humillado. Del locus de control externo, de las colas, de nuestras renuncias. No hemos podido dar la pelea por más nada. Porque somos bravos solo cuando tenemos poder. Claro que hay que tratar mal a la cajera que nos recibe con mirada innoble. Nos vendemos por unos zapatos de goma, pasamos sobre los muertos para procurarnos la cena. Hay que apertrecharse. No podemos tener la lágrima fácil. Porque nuestros hogares, nuestros cementerios, están construidos con la resignación de lo provisional, de la pelea por lo que siempre estuvo a punto de no ser. Los países se entregan, las rentas se viven, se despilfarran, se gozan en la efímera fiesta tricolor. Se precipitan esos dólares en las cañerías que dan hacia nuestros parques nacionales y tiñen las aguas azules de marrón violáceo. Vivir es ocupar. Un trabajo de décadas, que ya se dibujan como siglos. 

¿Qué amamos del país? ¿Es la visión de un tepuy lo que redime nuestras miserias? ¿Cuántos venezolanos han visto un tepuy? ¿Cuántos matan y han matado? No amamos a quien nos mira de vuelta con prepotencia. No defiendo lo que no me cuesta, lo que no trabajo. ¿Nos mudamos todos de país? Daría lo mismo. Acumulamos exilios. Ya dejó de importarnos. Cuando recorremos esas carreteras esperpénticas, decimonónicas, pensamos es en nuestra propia hambre. Y apenas agradecemos las pocas oportunidades que hemos tenido para el amor en tierra yerma. A esa carretera lanzo basura, Valentina, y ni se me ocurre pensar que maltrato a nadie, porque tengo la conciencia en blanco, limpia, como la cima de un orgasmo. Hemos tenido todo. Cuelgo de mi pared televisores pantalla plana. No sé qué te conmueve. No es la historia, no es el verde, no son los accidentes geográficos, esos portentos invisibles. Los he visto, pero sucede, Valentina, que siempre tengo que volver. Y no pasa nada. El otro, sigue teniendo zapatos nuevos, iPad nuevo, novia nueva.

Te escucho, Valentina, y por momentos batallo contra mi propia ternura. Pero hemos aprendido a aceptar la ingratitud, y a prodigarla. A vivir con la luz apagada, y procurarnos otras lumbres. A hacer sancocho o parrilla porque no hay gas. A lavarnos con el jabón chimbo. La gasolina no vale nada, a menos que la vea un ojo colombiano, uno brasileño. Es lógico que la venda, si tengo tanta, si no me cuesta, si otro paga por ella, cosa para mí impensada, tengo que ser estúpido para no hacerlo. 

Habría que preguntarse, solo ayudado por la memoria, cómo es el venezolano. Cómo luce, cómo habla, cómo ama. Sin encuestas, pues no somos capaces de decirle al papel que somos infelices. Solo con el ejercicio de la reiteración. Asumamos el Caribe como veneno de flecha. Esta tierra sin agricultura solo ha sido capaz de producir caudillos. Pero está bien, esa es la solución que le hemos dado a la democracia, en Europa lo saben.  

Vamos a reconciliarnos con lo que verdaderamente somos, con las pruebas de nuestro día a día. Donde hay codicia no puede haber bondad, una contradicción para nuestro gentilicio rentista. No llores, Valentina, que todos tenemos a alguien a quien querer, pero no será la tierra.

anonymous asked:

¿Por que no le caen encima a Valentina Quintero como hacen con Cheverito? porque son unos enfermos de odio, solo eso

Valentina Quintero es una señora que lleva viajando y escribiendo sobre sus viajes más tiempo que el que tienen de vida muchos de los que postean por estos lares. La tipa ha viajado por todas partes del país desde antes del gobierno de Lusinchi. Muchos de esos viajes los ha hecho ella con sus propios medios, incluso antes de que sacara sus famosas guías. Yo recuerdo cuando ella tenía un programa de TV, “Bitácora”, en la difunta RCTV, y no tenía nada que envidiarle a los shows de viaje en Travel & Living o Sun Channel. La señora Quintero es una persona que, cuando tu la vez y la oyes hablando de sus viajes, transmite tanto entusiasmo, tanta maravilla, tanta energía, que tu quieres viajar con ella e ir a todos los sitios que recomienda. Es extremadamente obvio que ella ama el territorio, ama viajar, y eso se transmite y lo sientes. Hace tiempo que no la leo, y no se cuales sean sus tendencias políticas, pero incluso si ella es roja rojita de cachucha y carnet del PSUV yo le pararía a ella mil veces más que al Cheverito de los cojines.

Cheverito, por otro lado, es el equivalente institucional de lo que los mercadólogos gringos llaman cash grab, un intento obvio de montarse en el camión de algo popular. Cheverito está más planeado que una diva del Disney Channel. Es un esfuerzo fríamente calculado, sin espontaneidad ni alegría. ¿Tu has escuchado las cuñas de Cheverito en la radio? Es un locutor con esa voz presuntamente juvenil pero horriblemente artificiosa, que imita el tono de las voces que impusieron la 92.9 o La Mega hace como 18 años cuando yo estaba en bachillerato. No se siente una persona de verdad con la que tu quieras viajar, sino como el mensaje institucional que realmente es. Es demasiado obvio en sus intenciones, es tremendamente falso, y enormemente hipócrita (o sea, hay un panel del muñeco haciendo salto BASE desde el Roraima, algo que está prohibido por ley, y deja una gorra abandonada cuando se presume que es un exponente ecológico de no dejar basura abandonada). El concepto en sí no es malo y el artista que lo dibuja es evidentemente muy bueno y talentoso, pero entre quien haya desarrollado el concepto, los guionistas que escribieron sus textos, y el/los patanes que llevan sus cuentas de Social media, enrollan el mensaje y lo llevan a niveles de ladilla inmensurables. Si Cheverito existiera en la vida real sería más coñaceable que Justin Biever.

Pero lo que diferencia a ambos, y es la razón por la que más gente le ha caído a Cheverito es que él es una iniciativa gubernamental. Y no de cualquier gobierno, sino de uno que ha tomado un placer enorme en joder a la población, incluso a aquellos que estan de su lado. Entonces muchos le caen al pobre muñeco porque el representa mucho de lo que esta mal con el gobierno: una fachada vacua de papel maché, una imitación de esfuerzo, una excusa para distraer el hecho de que el verdadero problema no se está resolviendo. Es, como expliqué en mi post de ayer, una pantaleta nueva que pretende distraerte que quien la usa tiene todo el catalogo de ETS posibles y quiere que te le la cojas sin condón. Valentina Quintero, por otro lado, es una persona de verdad bien de pinga con la que follaría si me lo pidiese.

Entonces si, admito que mucha gente ha volcado su odio hacia el gobierno en burlarse de un matacho mal hecho. No es algo que pueda negarse.  Pero como dijo una famosa femme fatale, no se puede esperar recibir aquello que no se ha dado, y quienes nos han dado Cheverito no es que precisamente les hayan dado amor  a quienes lo critican, y por dar, ni siquiera se lo han dado a su producto. He visto cash grabs infinitamente cínicos que con todo y todo han dado más cariño a su producto del que el gobierno le ha dado y ha transmitido en Cheverito y su ecobola.