uncuento

Un artista

Mi vida giraba en torno a líneas y claroscuros. Todo lo que veía eran trazos, evaluaba cada imagen frente a mi por su belleza y su técnica, cada sonido tenía una forma, así como cada sensación tenía un color. No había canción que no escuchara con los ojos cerrados para descubrir toda la inspiración y sentimiento del artista, no había sensación que no buscara experimentar cuantas veces fuere necesario para descubrir su tonalidad, incluso llegue a cometer un atentado de suicidio para revelar una tonalidad de negro purpúreo que no había visto en ningún objeto nunca antes.

 

Pasaba horas frente a una sombra para entender su composición, y si era necesario regresaba al día siguiente a la misma hora para comprobarlo. Lo más interesante eran las sombras de los objetos cristalinos, o incluso de los metales. Como la sombra de un objeto podría ser tan compleja, esa era la razón por la que admiraba dichos materiales. Por el contrario, los objetos como el carbón, los admiraba de una manera completamente diferente, su sombra se perdía y de igual forma se perdía su misterio, pero ese material tenía algo que no cualquier otro tenia; podía hacer trazos con él, era el único material con el que podía dibujar y sentir la sombra mientras lo hacía, a pesar de no encontrar color en ella, entendía el tono.

Eres tan sólo un libro

Desperté adolorido y débil, como deseando desaparecer por un momento. La poca luz que lograba atravesar las cortinas me golpeaba con la resaca de la noche anterior. Mi cuerpo no reacciona, observo detenidamente mi mano derecha queriendo moverla y haciendo un sobreesfuerzo para siquiera abrirla pierdo el deseo y quedo allí, tirado, inerte, sin haber descubierto dónde me encuentro. 

Tengo los ojos irritados por haber llorado, una quemada de cigarro en el brazo y el recuerdo de un beso que no ocurrió. Recuerdo estar frente a ti en medio de la noche sin tener algo que nos pudiera interrumpir, tus ojos con la mirada fija en mi y yo soñando que pensábamos lo mismo, interpretando tu silencio como una invitación a acercarme más y rechazándola por miedo, miedo a perder lo que no es mío y que hasta ahora he sido un buen espectador. 

Observarte es como disfrutar una buena novela, das pequeñas señales de cómo actuarás en el futuro, pero si interpretas algo mal el resultado será diferente. Cada escena transforma mis emociones y el llanto de ayer fue sólo la muerte violenta de uno de mis personajes favoritos. Aún así, dices que la historia terminará bien, que a través de la lectura entenderé. Si, entiendo, mi mente lo entiende, pero mi corazón me obliga a servirme cada vez un trago más amargo que el anterior y así olvidar que aquel personaje existió.