un-poema-cuento

Si tan sólo pudieras ver las lágrimas en sus mejillas, si tan sólo su almohada te contara como el insomnio juega a dibujarle ojeras, si tan sólo escucharas sus sollozos rompiendo el eterno silencio de la madrugada, si tan sólo no lo hubieras hecho.

Este es el cuento de mi gran amor: lo conocí, me enamoré, él me dijo que me quería y un día se fue. No me gusta contarla porque siempre me dicen que esa historia ya se la sabían.

– Denise Márquez (Le conté a un pajarito)

Ésto no es un poema o un cuento, es algo que realmente necesito decirte, porque no puedo seguir con este sufrimiento, no puedo y no quiero seguir teniendo falsas esperanzas o sueños inalcanzables; yo te quiero de formas que me es complicado de plasmar, porque siento cómo tu dulce voz calma mi ser, cómo tu mirar me hace sentirme especial, cómo tu compañía detiene el tiempo y me hace olvidar de mis problemas, y lo sé, puede que sea repetitivo, cansino o aburrido, pero, yo ya no quiero seguir viviendo de esperanzas.
—  Fernando Ananá “Cartas a 大きな目”
Escritor viajero

En estos días me escribió un chico para decirme: Haz un poema para mi novia y le dije: Claro son doscientos pesos. Y me dijo ¿Por qué lo cobras?…

 Cualquiera puede escribir un cuento, un poema, un texto pero lo que hace especial mi trabajo son las horas en las que cerraba los ojos y escribía sin parar, sin esperar ser conocido, sin que tuviera una musa. Lo que hace especial a mi trabajo es haber renunciado a un empleo que odiaba y escribir a diario mientras recorría con mi mochila los mares y desiertos de México viviendo al día con unas monedas o con lo que Dios creía conveniente. Lo que hace especial a mi trabajo son las horas en las que me encerraba en una biblioteca y conversaba con los grandes mediante sus obras. Lo que hace especial mi trabajo es haber estado al borde de la muerte: apuntado con armas largas en la sierra,  vivir entre asesinos o dormir en una gasolinera. Yo no soy el que se sienta y espera a que la vida le suceda. Yo soy el que sale y habla de la libertad, de lo hermoso que es perder el miedo, de asumir el vértigo y el asombro de lo que implica estar vivo. Yo soy el que cree en las palabras y las da al mundo porque sabe que el comienzo del universo fue a través de la palabra. 


Quetzal Noah