un-dos-tres-ya

Señora, señor, señorita: les ruego clemencia. Detengamos el impune asesinato de espárragos, con lo lindos y buenos que son. Los pobres no tienen la culpa de que nos hayan enseñado a masacrarlos, hirviéndolos hasta dejarlos agotados, grisáceos, sin una pizca de vida. 

Cómo sumarse a la campaña salva-espárragos? nada más fácil: anímense a saltearlos, siete, diez minutos, en apenas aceite de oliva con sal y pimienta. No teman que queden fibrosos: ese problema es causado por el hervor más de lo que creen. Tan sólo hace falta  cortar el extremo de los más gruesos, unos tres centímetros a lo sumo. 

Salteados (si quieren, con ajo o ralladura de limón también), los espárragos quedan crocantes, de un verde vibrante y más ricos de lo imaginable. Ya van a ver. If you love espárragos, set them free…