un millon de veces

¡CHUPALO DEMRE!

Puta que me da impotencia y frustacion sacarme la mierda para -en mi caso- 3 pruebas que decidiran lo que estudiare y a que me dedicare el resto de mi vida.
Como un puntaje, de validez dudable, puede ser mi mayor temor al finalizar el colegio, estar mas nerviosa por la psu que por el test de elisa, NO TIENE SENTIDO!. Como esperan profesionales que aman lo que hacen si la mayoria que quiere trabajar en ello se vio incapacitado debido a su puntaje ponderado. Como le dire a mi familia que mi futuro no vale un arancel ni la matricula, valen los 2 minutos por ejercicio, la rapidez con la que leo los textos para poder responder toda la prueba de lenguaje o la memorizacion de formulas o fechas para la psu electiva. Siento que la psu es esa silueta difusa que se posa en tu hombro y respira fuertemente para marcar su poder y presencia. Basicamente cuando hablas con gente que ya ha dado la prueba, la señala como un test más, nada de lo que preocuparse, que se puede repetir un millon de veces, etc. ¿Pero acaso esa es la idea?¿es la idea trasnocharte aprendiendo formulas que no volveras a usar?¿o gastar millones en preuniversitarios para llegar a ser el medico de la familia?, pero lo que nadie se ha dado cuenta es que ¿a que precio estamos comprando nuestro futuro? Como somos tan ilusos de caer en medidas como esta, que nos seleccionan para lo que “somos buenos”. Como estamos aceptando que nos digan a que nos dedicaremos y en que trabajaremos segun profesores seleccionados que crean preguntas exclusivamente para cagarse a los alumnos. No voy a aceptar que se me mida como persona en 7 horas aproximadamente, para que luego me digan que puedo hacer y que no. Yo como persona conozco mis capacidades mejor que cualquier prueba. Seremos jovenes pero no idiotas, sabemos lo que queremos para nuestro futuro y lo lograremos, por que nuestras vidas valen mas que 850 puntos.

Había pasado ya más de un año desde la última vez que nos habíamos visto, esa que terminó de lo peor, como cada encuentro furtivo que teníamos, donde siempre terminaba diciéndote que no quería volver a saber nada de tu vida. Y a pesar de eso el destino nos jugaba esa mala pasada y volvía a encontrarnos. Ahora fue caminando casualmente por la calle, que forma tan normal de encontrar a la persona que jurabas era el amor de tu vida en su momento, y a pesar de los esfuerzos por cruzar hacia la otra calle para no verte de frente, me viste antes y fuiste hacia mi sin pensarlo. No me quedó más que saludarte, y tú con la gran sonrisa que te caracteriza, esa que me enamoró millones de veces. Yo estaba algo pasmada, más de un año sin saber de ti y de repente encontrarte cuando menos lo esperaba, y tú como si nada, con una inmensa alegría que se desbordaba por tus ojos. Me preguntaste a donde iba, si estaba ocupada, que me invitabas a cenar a donde quisiera, porque solo querías platicar poco más conmigo, yo sólo pensaba en que no sería buena idea mezclar la noche contigo, nunca lo fue, después de todo. Pero me dije no tengo nada mejor que hacer, sé que si le hubiera contado eso a mi mejor amiga me habría dicho que se me había zafado un tornillo por la locura que estaba a punto de cometer. Acepté tu proposición y fuimos a ese restaurante de comida italiana que en su momento era nuestro favorito, Postodoro, sino mal recuerdo se llamaba. La pasamos de lo mejor, platicamos de todo y nada, de lo que habías hecho en tu vida, de lo que yo había hecho en la mía. Fue la primera vez que me contaste de ella, apenas habían empezado a salir, al momento de escuchar su nombre y lo mucho que te hacía feliz, la odié. No daba ni un peso por esa relación. Quien diría que esa chica terminaría quedándose con lo mejor de mi vida. Yo te conté de la persona con la que salía en ese momento, Daniel, tan guapo, tan loco, tan perfecto conmigo, pero no eras tú. Recuerdo que te dije que lo quería mucho y me divertía montones con él. Ocho meses solo me duró el gusto. Era algo que se veía venir. No se me olvida que me dijiste que te sentías feliz de que me fuera de lo lindo en la vida. Dejamos un poco de lado la vida con nuestras respectivas parejas y seguimos hablando de nosotros, y comenzaron a hacerse presentes los recuerdos. Risas y más risas siguieron a continuación, acompañadas de clericot la plática era perfecta. No sentí el tiempo y las horas pasaban volando, cuando nos dimos cuenta ya era más de media noche y debíamos irnos, nuestra mágica noche de reencuentro estaba por terminar. Me propusiste acompañarme a mi casa, te dije que no era necesario, pero terminé accediendo. Comenzamos a caminar para buscar un taxi, sólo recuerdo que mientras caminamos íbamos riendo de las tonterías que decíamos. Y de repente paraste en seco, no dijiste nada, me extrañó ese cambio de actitud, y sólo se me ocurrió decirte ¿Qué pasa? Y tú te acercaste a mi y atinaste a decir “Ana, yo te amo, eres la mujer que más he amado en la vida, y si me dices que podemos volver a empezar yo dejo todo por volver a lo que teníamos” me quedé muda, pasmada, no supe que decirte, después de esas palabras todo se quedó en silencio, no me di cuenta de nada más, sólo el silencio sepulcral que reinó en la calle, y la forma en que nos observabamos, como si fuera la primera vez que lo hacíamos o como si estuviéramos redescubriendonos, lo siguiente que pasó fue que te acercaste y me besaste , pero fue un beso rápido, como para ver cual sería mi reacción a eso. Cuando te apartaste mi corazón latía a mil, no sé si fue el clericot o que sucedió pero yo no podía dejar todo así nada más, y realicé algo que sobria jamás habría hecho me acerqué y te besé, pero fue un beso con pasión, con reclamo, de esos que quitan la respiración por el deseo de ambas personas, recuerdo sentir que temblaba pero ya no sabía reconocer si eras tú o yo, la emoción y el deseo invadían mis adentros. Cuando reaccioné ya era muy tarde, me alejé al momento y tenías en la mirada un fuego que no recuerdo haberte visto antes. Sólo pude pensar en lo mal que estaba haciendo y alcancé a decirte que mejor me iba, reaccionaste pasmado y me dijiste que me acompañabas, respondí que no, que eso que hicimos estaba mal, que cada quien tenía su vida y estábamos haciendo las cosas terriblemente. Me recordaste en ese momento que me amabas y por eso habías reaccionado así, yo respondí que lo sabía, que yo también te amaba locamente pero lo de nosotros no iba a funcionar nunca, por mucho que pensáramos que eramos el amor de la vida de cada uno, que pasaras de mi y no me volvieras a buscar, que me dejaras seguir con mi vida. No dijiste nada, solo observaste como paré el taxi y me alejé de ahí al instante. Al poco rato llegó un sms a mi celular que decía “¿así siempre vamos a terminar nuestros encuentros? Dime tu dirección y voy ahora mismo para que hablemos” No respondí, tuve muchas llamadas perdidas después hasta que apagué mi celular. Al día siguiente había mensajes pidiendo una oportunidad de platicar, de vernos. Sabía como seguiría eso, te conocía perfectamente. Así que ese mismo día decidí cambiar de número de celular y lo hice, y con mi antiguo número se fueron las ganas de volver a verte , o de siquiera pensar en volver a tener algo que ver contigo.
Ella - One Shot (Wigetta)

La situación no era lo suficientemente favorecedora paraSamuel, no al menos como él la hubiese imaginado. Se encontraba en su habitación, pensando en lo que su compañero de piso le había estado recalcando durante toda la semana. San Valentín se acercaba, y con él, todas las dudas florecían como día de primavera. Willy había agregado una nueva palabra a su diccionario matutino; “ella”, era el término que últimamente le estaba colmando la paciencia, no porque fuese un artículo sin sentido, sino porque ese “ella” estaba haciendo planes con él. No pensaba mantener retenido a su compañero de piso en un San Valentín completamente plástico; falso y sin vida, ya que era totalmente consciente de que no sería capaz de decirle a la cara lo mucho que lo quería; lo mucho que deseaba estar a su lado y compartir con él éste, y millones de otros días.

-Soy un cobarde- Se lo había planteado muchísimas veces, pero jamás pudo concretar de la manera que a él le hubiera gustado. Había tenido cientos de veces las palabras atoradas en la garganta, esperando a que salieran expulsadas aunque fuese lo más vergonzoso del mundo. Lo había visto allí, sentado en su silla reclinable; totalmente concentrado en la edición de sus videos diarios.
-No debería haber esperado tanto- Sin duda se arrepentía de ello; llegar a esta situación lo estaba matando lentamente. Escuchar como el menor hablaba de “ella” sin reparo alguno, lo estaba destruyendo lentamente, y es que ya le había contado absolutamente todos los planes que tendría con ella; a dónde irían a comer; que lugares visitarían y que tenía planeado hacer con ella a la noche. Intentaba omitir por completo esto último, más aún cuando el menor se volvía excesivamente detallista en lo que comentaba. Nunca lo había visto tan interesado en una situación amorosa, mucho menos con una chica, pero podía suponer que su compañero había encontrado a alguien que lo hiciera feliz, y ahí él no podía hacer absolutamente nada más que aceptar lo que el otro sentía y peor aún, intentar respetar esa decisión.
-Se supone que debería estar grabando, no pensando en estas cosas. Al fin y al cabo Willy ya es un adulto- Sonaban gracioso en su cabeza esas dos palabras. “Willy” y “Adulto” no calzaban en absoluto, pero quizá era así, quizá su compañero ya había madurado lo suficiente para dar un paso adelante y seguir con su vida amorosa, esa que estancó por muchísimo tiempo por culpa de Youtube.
-Hombre, Vegetta. ¿Estás en la tierra? Te he estado llamando por casi media hora- Sabía que lo estaba llamando, pero la verdad era que no quería ir. Ya se había adelantado a lo que sucedería; Willy se vería fenomenal en ese traje que le había visto comprar días antes; de seguro le preguntaría “¿cómo me veo?” y él tendría que aguantarse las ganas de lanzarse encima de él, y decirle que se veía más que encantador… que por favor se quedara con él y no saliera con esa chica que recién había conocido.
-Ya voy- Respondió, no sin antes revolverse el cabello con cierta frustración encima. Era terrible mintiendo, así que prefería ir, mirarlo de reojo y decirle que se veía bien; sin dar malos entendidos ni explicar cosas que no eran. Golpeó el escritorio frente a él con el puño cerrado, deseando que esa chica, que ahora odiaba más que a nadie, no hubiera aparecido en sus vidas. Aunque era irracional pensar así, más cuando él nunca fue capaz de decirle al contrario todo lo que tenía en mente. Le había hecho un carta de lo más cursi, con corazones de cartulina roja recortada por él mismo; era una verdadera vergüenza para las manualidades, pero esperaba que todo ese esfuerzo lograra sacar del rostro de Guille aunque fuese una pequeña sonrisa. Se sentía tonto por estar enamorado de su amigo; por hacer cartitas de amor como si tuviese 15 años, y peor aún, se sentía tonto por celar a una chica que ni siquiera había visto. Quizá era un encanto; una chica ideal para él, pero le costaba tanto concebir la idea de que, quizá, sólo quizá, ese chico que él veía como un niño, su niño, se haría hombre esta noche.
   Se levantó del escritorio, ofuscado por la cantidad de información que se le estaba pasando por la cabeza, saliendo de su habitación en busca de su tan desesperado amigo.
-¿Y? ¿Qué querías, chiqui?- Se apoyó en el marco de la puerta de la habitación del menor, cruzándose de brazos, mientras esperaba a que el otro hiciera su aparición estelar.
-Cierra los ojos- La voz de Guille salió en un titubeo. Samuel sonrío de lado, cerrando los ojos y tapándoselos con las manos; quería ser fiel a lo que le pedía el contrario. Su mente le comenzó a pasar malas jugadas ¿Y si Willy quería besarlo? ¿Y si ahora mismo estaba a pocos centímetros de su rostro? Tenía miedo de sacar las manos de sus ojos y arruinarle la sorpresa… lástima que su mente sólo hacía eso; jugar con él y con sus emociones.
-Vale, mira- Vegetta, quien ya tenía el corazón en una mano, sacó las manos de su rostro, mirando a un Willy irreconocible. Estaba con ese traje impecable que lo había visto comprar; tenía razón, era para esta ocasión. Los pantalones de tela le quedaban a la medida; junto a eso llevaba una camisa color crema, una corbata color vino y un saco que le caía de manera elegante gracias a ese corte recto. Su pelo estaba perfectamente peinado hacia un lado, sin dejar de lado esos típicos mechones que caían en su frente. Samuel quedó embobado ante la imagen que le estaban presentando. ¿Cómo podía verse más guapo de lo que ya era? Nunca hubiera pensado verlo en una faceta tan majestuosa, más todavía con corbata y traje.
-¿Cómo me veo?- Era una pregunta tan incorrecta. Samuel tenía ganas de escupirle en la cara la cantidad de adjetivos que tenía para él, sin contar que su corazón palpitaba de manera acelerada, en busca de ese aprecio que tanto había anhelado de él.
-Te ves bien- Respondió, con una sonrisa más que fingida. Ese “Te ves bien” no reflejaba en absoluto lo que quería decirle. Recordaba la carta que ahora reposaba en su escritorio; recordaba cómo había expresado todo lo que sentía en palabras un poco infantiles pero sinceras… si se la entregaba ahora no haría más que perjudicar la cita de su amigo; sólo quedaba resignarse y maldecir la cobardía que había presentado todos estos meses.
-¿Sólo bien? Tío, que mala gente. Dime algo bonito, vamos- A veces su inocencia se volvía terriblemente dañina. Vegetta no sabía si podría aguantar mucho más la situación así que, diciendo un par de palabras cutres y sin sentimiento, salió raudo de la habitación de su compañero de piso, encerrándose en la suya. Haría directo esta noche, o al menos se obligaría a hacerlo para que su mente trabajara en algo que no fuese Willy, pero se le hacía imposible pensar en otra cosa que en la dicha de su amigo y la terrible desdicha que él mismo estaba presenciando. Imaginarlo besando a esa chica desconocida, abrazándola y desnudándola le provocaba más asco que cualquier otra cosa. El corazón se le perturbaba de tan sólo pensar en ese niño gruñón, tomado de la mano a esta chica, para invitarla a quizá qué lugar.
-No vale la pena todo esto- Negó con la cabeza, tomando la carta que había hecho con tanto esmero, para guardarla en el bolsillo de su abrigo. Si intentaba esconder en el cajón del escritorio podría encontrarla cualquier persona, y botarla no era una opción… al menos le serviría para recordar lo mucho que quiso a su compañero.
-¡Voy saliendo!- Aquel grito de parte del menor retumbó por todo el departamento, seguido por el golpe de una puerta que, de seguro, sería la de entrada. Le costaba tanto asimilar la situación; Guillermo había crecido, y había encontrado a alguien que lo hiciera feliz. Siempre pensó que los dos se mantendrían en la misma posición; que ninguno se enamoraría y que finalmente terminarían mirando al lado, notando como el contrario los complementaba más que cualquier otra persona. Lamentablemente cometió el terrible error de hablar por los dos; crear un universo donde su deseo más grande era el pensamiento de los dos, sin notar que sólo se hacía daño, al pensar que él podría sentir algo por su persona.
-Es que soy tonto…- Apoyó los codos en el escritorio, dejando descansar su cabeza en las palmas de sus manos. Ya era suficiente trabajo estar aguantándose las ganas de besarlo cada vez que se le daba la oportunidad. Ya no podía lidiar con tantos problemas, menos con una chica… Samuel siempre pensó que, el nunca haber desmentido los constantes rumores sobre lo que tenían ellos dos, podría haber significado que realmente tenían algo, o que el menor podría haber sentido algo por él, pero darse cuenta de la realidad era muy duro, más cuando se vive en una mentira tan alentadora. Samuel estaba dispuesto a dejar todo y avanzar… aunque le significara vivir en constante agonía, mirando a su par invitar a esta chica al departamento, quizá compartir con ella en las fechas importantes.

     No se alejó del ordenador ni un solo segundo. Sabía que, en el momento en que hiciera aquello, saldría corriendo de allí, en busca de su amigo. Tenía todo listo, no había nada más que grabar y, aún así, se mantenía moviendo el ratón de un lado a otro, abriendo pestañas, cerrando otras, mirando videos y jugando sin interés alguno. Los rayos del sol comenzaron a descender, marcando un trayecto más que claro en la pared blanca del mayor. Éste, con el alma por el piso, decidió levantarse de la silla reclinable, caminando hasta la ventana de su habitación. Siempre le gustó haber escogido esta que, aunque no fuera tan grande, tenía una vista privilegiada de lo que era Los Ángeles. El sol se levantaba por la ventana del menor, y se acostaba por la de él.
-Siempre imaginé un día así, a su lado- Apoyó la mano en el borde de la ventana, dejándose llevar por sus ideas. La brisa costera entraba con delicadeza en la habitación, inundándola de aromas tan característicos de la zona. La tarde coloreaba el cielo en tonos rosáceos, anaranjados y rojizos, dando el perfecto color de San Valentín. Uno que pasaría completamente solo, lamentando hasta lo que no tenía lamento. Su vista se dirigió directamente a ese móvil, vibrando con vigor encima de su escritorio. Sintió como el aire se le agotaba al ver que la llamada era, ni más ni menos, que de su colega; Guillermo.
-Compañero, ¿Cómo va todo? ¿Ya me echas de menos que me llamas?- Se tambaleó por un instante, retomando el equilibro al sentarse en el borde de su cama. Tenía miedo de que se tomara a mal la broma, nunca se sabía cuando iba a estar de buen humor el menor, mucho menos en una situación tan tensa como la que, de seguro, estaba viviendo en ese instante.
-Tío, aún no llega… me estoy acojonando en serio. Ven a alentarme aunque sea- Hay pocas veces en la vida, en la que uno siente que el corazón sale prácticamente expulsado del cuerpo; sientes como la sangre pasa tan veloz por las venas, que en cualquier momento estallarán por la presión. Samuel estaba sintiendo eso y lo siguiente; no sabía el porqué de su emoción, pero sin duda se sentía importante. El pequeño; su pequeño, estaba asustado por lo que venía. Era un poco egoísta de su parte el no haber atendido a sus nervios con antelación. Él ya había tenido muchas citas; había experimentado tanto con hombres como con mujeres, y cada una de esas experiencias le había dejado buenos aprendizajes.
-Me tengo que dar una ducha rápida, y arreglarme… digo, si este cabezón fue tan elegante, debe ser un lugar importante- La forma perfeccionista con la que actuaba el mayor día a día, le jugaba en contra en estas situaciones. Sabía que debía llegar rápido o podría encontrarse con la cita del menor. Era una cosa u otra. Arreglarse y demorarse la vida, como solía hacer siempre, o ducharse rápidamente y ponerse lo más decente que tuviera a la mano. Titubeó, pero finalmente se decidió por la segunda opción; no era la que más le gustaba, pero era la más necesaria en estos momentos, así que se puso manos a la obra. En cuestión de segundos estuvo en la ducha, enjabonándose a la par con que se echaba shampoo en el cabello y se enjuagaba de pies a cabeza. Cuando se sintió lo suficientemente limpio, salió de esta, tropezando con la baldosa fría del baño.
-No hay dolor, no hay dolor. Au, au, au- Dijo entre dientes, levantándose del piso para dirigirse a las gavetas de su ropero; el orden había pasado a segundo plano. Las camisas comenzaron a volar por los aires, mientras buscaba algo que pudiese ser apto para entrar a un lugar tan sofisticado; aunque no tuviera la menor idea de donde era. Su vista se clavó en esa camisa de algodón puro que le había regalado su padre en navidad. Era de color gris, muy parecida a la de su compañero de piso. La tomó sin chistar, abrochándola con cierta torpeza, dejando el último botón sin mover de su sitio. Detestaba tener las camisas cerradas hasta el cuello, más por sentirse ahogado que por verse un poco soso. Los jeans del día anterior colgaban del respaldo de la cama, así que tomó esto como una simple señal; se los puso con rapidez, corriendo a por calcetas y sus convers favoritas.
   Al mirarse al espejo se pudo ver ansioso. No era un Adonis ni mucho menos, pero estaba arreglado, fresco y perfumado, así que con eso le bastaba. Tomó el abrigo que colgaba en el gancho de la puerta de su habitación, saliendo hecho un bólido, del departamento que compartía con su compañero.
-¿Pero a donde tengo que ir, chico?- No dejaba de gruñir, mientras caminaba, un poco desorientado, por las calles oscuras de Los Ángeles. Su móvil vibró, dejando entrever ese mensaje que tanto esperaba. Su Whatsapp estaba inundado de mensajes del menor, que le decían donde era el sitio al que debía llegar y como debía llegar. Siempre había sido muy despistado para las calles, pero logró reconocer aquel lugar en cuanto leyó la dirección que su compañero le enviaba… era aquel restaurant donde habían ido a cenar un día cualquiera. Recordaba lo gracioso que había sido leer los comentarios de la gente, mientras cada uno de ellos sacaba una foto a su compañero, incitando a los rumores con esa coletilla tan interesante:

“cenando con…”

     Las fotos de ambos, mostraban al contrario sólo del cuello para abajo, dando una sensación de estar ocultando algo terriblemente importante. Vegetta no quiso admitir cuanto le asustaba hacer esto, más aún cuando sus sentimientos ya estaban más que claros, pero ver sonreír al contrario, con esos mofletes gordos y esos ojos pequeños, le enternecieron y ablandaron el corazón, haciendo imposible el negarse ante la tentación de sacarse una foto como si fueran una verdadera pareja. Las fotos se hicieron virales y los comentarios intensos, pero eso no evitó que esa noche fuera buena y cálida…
-Y ahora el tontaco lleva a esta tía al mismo restaurant- Le parecía absurdo, casi de mal gusto. ¿El menor no se daba cuenta de lo doloroso que era eso? Claramente para él, esa cena y todas las que habían tenido en ese mismo lugar, no habían significado nada pero, ¿Llevarla como primera vez a ese lugar? Le parecía que estaba mal de la cabeza, más todavía cuando lo llamaba para “alentarlo”. –Ya te aliento yo chaval, estampándote la cara en la pared- Siempre se sentía gracioso cuando estaba solo, no así cuando estaba en compañía de alguien más que, obligado, debía reírse de sus chistes sin gracia.
     La caminata no se hizo muy duradera puesto que el local no estaba tan lejos de casa. Miró unos segundos la entrada del restaurant, notando los pequeños detalles de escultura que tenía esta y como se habían esmerado en decorar los pilares a los costados de la puerta. Inhaló pesadamente y entró con paso firme, sintiéndose descolocado al mirar al recepcionista que, con un menú en la mano, lo bombardeó de preguntas que él no estaba escuchando.
-Señor, ¿mesa para uno?- Al parecer el hombre, que vestía un elegante esmoquin negro, había hecho la pregunta demasiadas veces.
-N-no- carraspeó. –No, de hecho vengo a ver a alguien- Se sentía estúpido hablando como un niño pequeño, pero no tuvo más remedio que apuntar al menor, quien estaba justo en la misma mesa que se sentaron ese día; aquel día donde se sacaron esas fotos tan comprometedoras.
-Por aquí, señor- El hombre de esmoquin comenzó a caminar por alrededor de las mesas plagadas de gente, hasta llegar frente a la mesa de Guillermo.
-Gracias- Dijo el mayor, en cuanto el recepcionista se inclinó y se retiró al mismo lugar donde lo había visto por primera vez. Se sentó sin decir palabra alguna, quedando frente a su compañero.
-¡Que elegante!- Willy se mordía la lengua por lanzar alguna broma sobre el aspecto informal del contrario. No es que estuviera hecho un mendigo, pero destacaba entre todas las personas que estaban sentadas a su alrededor.
-Que gracioso. Chaval… si es que Vegettita tiene que salvarte de todititas- Guillermo alzó una ceja, suspirando resignado ante los chistes bastante malos que su compañero lanzaba. Samuel lo disfrutaba. ¡Que importaba decir incoherencias, cuando estaban juntos!
-Creo que tu cita no vendrá…- Comentó el mayor, un poco más serio. No era que se alegrara por la situación que estaba viviendo su compañero, de hecho esperaba que esto no le afectara para que, en un futuro, se animara a tener nuevas citas
-Mi cita acaba de llegar- Samuel palideció, mirando a su alrededor con desesperación. ¿Había llegado justo ahora? No podía creer la mala suerte que tenía. El sentarse en esa silla fue el detonante para que la chica llegara. ¿Y si había sido un maldito plan para ser la burla de los dos? Ahora mismo no podía pensar con claridad, de hecho tenía ganas de tirarse al piso y desaparecer. Le costaba creer que el contrario hubiera hecho algo tan cruel como aquello.
-Entonces será mejor que me vaya antes de que me vea aquí- Dijo, apoyando las palmas de sus manos en la mesa, impulsándose para pararse. –Espero que todo salga bien chico, y no te pongas nervioso- Tenía el corazón apretado y las manos sudorosas. Sentía que si no salía rápido de allí, todos sus pensamientos le jugarían en contra… no podía, realmente no podía.
-¿Eres tonto? Siéntate- Dijo en un ademán de resignación. El menor no podía creer lo estúpido que se veía su compañero de piso. No pudo evitar esbozar una leve sonrisa ladeada, cuando lo vio sentarse en esa silla frente a él, con la frente levemente perlada por sudor.
-¡Vamos tío! ¿Quieres que me quede a mirar?- Samuel contuvo el aliento, sin entender qué diablos pasaba a su alrededor. ¿Por qué? No había otra pregunta que le rondara la cabeza. ¿Por qué le hacía esto? Comenzó a tamborilear con los dedos en la mesa, mirando a su alrededor, nervioso.
-Hombre… Vegetta… ¿no lo entiendes, en serio?- Guillermo estaba impactado por el poco tacto del contrario. Frotó sus sienes con frustración, preguntándose si sería lo correcto ser tan directo.
-¿Entender qué? Willy, esto no me está pareciendo para nada gracioso tío. Vale, que te aguanto muchas cosas chico, pero esto no es gracio…

//// https://www.youtube.com/watch?v=HoZbZHaUQ2I ////

-Tu eres mi cita- Para los dos, de manera espontanea, el tiempo se detuvo. Sintieron que estaban en una burbuja, aislados de todo y todos. Guillermo por su lado, avergonzado de haber sido tan directo, y Samuel, con el corazón en la garganta, preguntándose si lo que había escuchado había sido efecto de sus sentimientos atolondrados. El aire se comenzó a sentir liviano, casi inexistente…
-Willy… en serio, basta- Si ahora mismo Guillermo le decía “eh, que todo es una broma”, no sabría qué hacer. Estaba al borde del colapso, estático en su asiento, mirando al contrario con los ojos completamente abiertos, en espera de esa dolorosa estocada que le rompería el corazón.
-¡Tío! ¿En serio?- El rostro del menor se tornó más frustrado aún. -Eres mi cita- Samuel sintió como el color le subía rápidamente al rostro. Podía sentir como un estúpido querubín se las coloreaba de tonos rosáceos, sin piedad alguna. Pero ¿y la chica? ¿Ese “ella” del que tanto habló?
-¿Por qué me haces esto, cabezón?- El mayor se apretó la camisa, haciendo alusión a que él mismo se apretujaba el corazón, intentando que bombeara más sangre para no desmayarse en el intento. Que tonto era… no podía creer la cantidad de celos que sintió por esto. Los pensamientos tan irreverentes que lo dejaron sin dormir. -¿Y ella? ¿Qué pasa con ella?- Su corazón se estrechó una vez más, esperando atento a la respuesta que el contrario le tuviera.
-Es que es tonto… ¡No existe!- Como si se tratase de una broma con finales desastrosos, Apoyó la mano en su rostro, tapándolo de resignación y frustración. Nunca hubiera pensado que su “cita” sería un cabezón que no entendería el mensaje fluidamente.
-¡Pero tío! ¿Tú que tienes en la cabeza? Me has estado hablando toda la semana de esta tía inexistente. ¡Me hiciste ir de compras contigo!- Guillermo sentía la recriminación constante del mayor como una muestra de que al fin se estaba relajando.
-Quise ir contigo, porque como eres tan tiquismiquis, podría no gustarte lo que me pondría en nuestra propia cita. ¿Ves que pienso en todo?- Una conversación informal, para un momento demasiado formal. Se veían como dos niños peleando por nada; Guillermo sonriendo con un dejo de maldad, y Samuel, impactado por toda la información que debía tragarse en tan poco tiempo.
-Me cago en… no me lo creo, en serio. Si es una broma, será mejor que lo digas ahora… esto no me está haciendo bien- Parecía como si desde siempre hubieran sentido lo que el otro sentía. Cada uno se había valido sólo de su intuición. Guillermo sintió terror muchas veces porque esto terminara en tragedia; que Vegetta no aceptara esto y se marchara, dejándolo verdaderamente plantado. O que simplemente le dijera “no quiero perder la amistad”, pero sentía que si no arreglaban esto pronto, la situación empeoraría y la relación explotaría tarde o temprano.
-¡No es una broma! A ver… Samuel De Luque- Dijo con cortesía. –La chica que mencioné, no existe. Nunca existió. Esta cita está planeada hace mucho y…- Tragó saliva, intentando no desmoronarse ante la vergüenza que era cada vez más poderosa. –Y tú siempre fuiste el protagonista. Tu… tu eres mi cita Vegetta. Y si te quedas, te demostraré que a veces sé hacer cosas bien. Que no soy tan torpe como crees- Su voz se cortó, cosa que temía desde el principio de lo que para él, era el discurso más cutre de la vida. Apretó los labios, esperando respuesta alguna… la cual nunca llegó. Mirar al frente le dio la respuesta. Samuel se encontraba escondiendo su rostro en las palmas de sus manos. No estaba enojado, de hecho estaba muy lejos de poder sentir algo de irritación por el menor. Estaba avergonzado, terriblemente avergonzado y enamorado por este pequeño que lo sacaba de sus casillas, y a la vez, lo hacía sentir cosas inimaginables.
-¿Estás bien?- Guillermo se había comenzado a preocupar por la posición de su compañero. Samuel por su parte, sentía vergüenza, demasiada para poder mirar a los ojos a quien era su cita. Había pensado tantas estupideces que ahora lo acongojaban. Tenía que ser capaz de llevar la situación, después de todo estaba en un restaurant, con Guillermo frente a él, vestido de traje y corbata, y peinado como nunca en su vida lo volvería a ver.
-Estoy…bien. Si, estoy bien- Afirmó, mirándolo fijamente. Sus miradas se cruzaron, de manera que pudieron verse a través de ellos. Samuel no lo dudó más… realmente estaba enamorado de Guillermo, desde aquel día en el que le mostró esa dulce sonrisa; desde aquel día en el que se fueron a vivir juntos a compartir una vida; desde aquel día… en que lo vio dormir como si fuese un psicópata, escondido entre las sombras.
-Bueno, despabila, que te están preguntando qué quieres comer tío- Samuel miró a un costado, notando como un chico de no más de 25 años, esperaba atento a su pedido.
-Dile que pido lo mismo que tu- Comentó en un susurro, abochornado por su mal manejo del idioma. Guillermo, quien hablaba bastante fluido, hizo la orden para volver a poder tener esa privacidad tan de ellos.
-Eh… bueno… yo… quiero decirte que… feliz San Valentín- Tartamudear era una de las cosas que detestaba más en la vida. Guillermo se oía a sí mismo tan tonto al no poder concretar una sola frase hilada, pero no había nada que hacer… en ese aspecto estaba más que perdido. Samuel lo miró sorprendido, sonriendo internamente, reflejándolo en su rostro. Aún no había nada claro; no tenía idea del porqué de esta cita o las razones del contrario, así que se sentía como si pisara brazas calientes.
-Feliz… feliz San Valentín- Samuel se sentía tan dichoso en este preciso momento; sentía que cada cosa cuadraba a la perfección, algo que sin duda le gustaba mucho a él. Se levantó un segundo, quitándose el abrigo para colgarlo en el respaldo de la silla, recordando el contenido de uno de los bolsillos de este. ¿Entregársela? Quizá era un poco apresurado. ¿Y si el contrario se asustaba y creía que estaba obsesionado? Podría arrepentirse luego, pero ahora debía sacar toda la artillería, y esa carta era la puerta directa a sus sentimientos más profundos.
-Willy…- Susurró, moviendo la mano dentro del bolsillo, mientras palpaba aquel sobre con corazones torpemente recortados.
-Vuestra comida. Que lo disfrutéis- El mesero los sacó del ensimismamiento a los dos por igual. Dejándolos en un silencio que no fue para nada incómodo. Más bien se sentían torpes de estar embobados por la magia de este día.

      La comida y la charla hicieron de la noche algo muy ameno. Guillermo había tirado leves indirectas a su compañero quien, intentaba mantener la cordura, pero mucho le faltaba para ello, ya que en cuanto escuchaba alguna frase extremadamente cursi, sentía que las mejillas le iban a explotar, seguido por el corazón. Nunca había padecido la enfermedad del enamorado. Claramente había tenido citas, pero nunca había sido el cohibido, mucho menos por alguien como Willy, quien imponía más ternura que otra cosa. En cuanto la cena finalizó con el postre, los chicos se levantaron de la mesa, dejando la propina correspondiente y saliendo del local. Afuera corría una brisa marina muy agradable pero que calaba profundo en los huesos.
-Chaval, que frío hace- Comentó Guillermo, abrazándose a sí mismo, mientras jugaba con el vaho que expulsaba de su boca.
-¿Quieres irte ya o…dar una vuelta?- Samuel sentía que, en cuanto volvieran a ese departamento, toda la magia se extinguiría y volvería a ser los mismos de antes. Guillermo tan descuidado como siempre, tan insensible a veces, y él, un tonto sin causa, recortando corazones deformes.
-Vamos a la costa. Me entumo, pero…es sólo una noche- Willy no quería sonar borde con lo de “una noche”, pero esta, de la manera que fuera, sería una noche para recordar. Invitarlo a una cita ya era algo nuevo para él, y caminar por la costanera lo era aún más. Samuel asintió, caminando en calma a su lado. Los autos pasaban poco fluidos, y la gente en las calles era casi nula. Era bastante tarde pero no lo suficiente para ser de madrugada, por lo que los bares y restaurantes aún seguían en funcionamiento. En cuanto llegaron a la costa de Santa Mónica, bajaron por la arena, llegando lo más cerca que pudieran del agua, sin mojarse claramente.
-Ostras chaval… que bonita se ve la luna- El agua hacía un efecto de espejo que lo fascinaba de una manera abismal. No había muchas estrellas producto de la contaminación lumínica, pero sin duda era una escena más que conmovedora. Sintió la mano de Guillermo tironeándolo de la camisa para que se sentara en la arena a su lado, así que no dudo en imitarlo, sentándose lo más cerca que pudo del menor
-Esto es muy raro…- Dijo el menor, abrazando sus piernas con los brazos, mientras mantenía la vista clavada en el mar. Las olas sonaban constantes, quebrando en la orilla y volviendo a acumularse.
-Esto te parecerá más raro pero… tengo algo- Este era el momento. Estaban solos, en medio de la playa, sentados uno al lado del otro sin saber que hacer o decir. Samuel metió la mano en el bolsillo de su abrigo, sacando la carta que ahora le parecía más vergonzosa que la primera vez. –Ten… disculpa por… todo. Es una basura, lo sé- Guillermo tenía los ojos como platos, intercambiando la vista a la mano de Samuel, la cual le estiraba un sobre lleno de corazones para luego depositar la mirada en el rostro de su compañero. –Tómala ya, cabezón. Que no es una araña- Samuel ya sentía la cara hervir. No podía ser que ahora estuviera en manos de su compañero aquella carta que nunca pensó entregarle. Había sido más bien un desahogo por todo lo que tenía encima, pero no había nada que hacer, ya no podía quitársela, ahora le pertenecía completamente.
-¿Quién hizo los corazones? ¿Un niño de 5 años?- La risa aguda del menor hirió el orgullo de Samuel, quien sólo optó por mirar hacia un lado, esperando que la tortura de los corazones terminara luego.
-Joder niño, que la abras. Lo importante es lo de adentro. ¿No te enseñó eso tu mami?- Hizo un puchero para sí mismo, mirando como el menor se interesaba cada vez más en aquel sobre, el cual rasgó sin mucho cuidado, sacando la hoja de oficio que había doblado de manera perfecta para que cupiese en el sobre.
-Vamos a ver que tiene Vegetta para decirme- Willy sonrió de lado, mirando a Samuel con dedicación, para luego sacar su móvil y poner la linterna. –Supongo que tu plan siniestro no es que quede ciego- Dijo este, alumbrando con esa luz potente la hoja que contenía muchas letras y palabras que no quería leer aún. Deseaba comenzar desde el inicio de esta. Inhaló relajado, comenzando la lectura

//// https://www.youtube.com/watch?v=eEU2Br8mNJc ////

Querido Guillermo… vale, eso no queda para nada bien. Hola Willy. Eso me suena más lógico.

    Como verás, esta es una carta muy cursi… si tiene corazones te pido que te prepares porque NUNCA he hecho esto en mi vida, así que si me expreso como un tontaco, entenderás que no tengo pasta de escritor.
   Que difícil escribir lo que siento por ti… digo, ahora mismo debes estar leyendo esto y diciéndote “bah! Este tío está loco como las cabras que tanto le gustan” pero no! No estoy loco, o bueno…quizá si lo estoy por enamorarme de alguien tan despreocupado, como tu…
   Que si!!! Acabo de decir que me gustas! Que me traes loco (bueno, eso no lo había dicho) pero la verdad es esa… yo creo Willy… creo que te quiero mucho. Espero no estar cerca de ti cuando estés leyendo esto, porque creo que estaría más que avergonzado porque me leas decir tantas cosas sin sentido. Me da miedo lo que siento Willy… digo, estoy enamorado de mi mejor amigo ¿qué quieres que haga? Te tengo 24/7 y no, aunque no lo creas, no me molesta en absoluto, porque eres tú y si no lo fueras, creo que no sería capaz de aguantar tanta estupidez junta. Pero vale, vale… me pongo serio… ejehm…
   Willy… Guillermo… me gustas. Me gustas mucho, ahora mismo te oigo roncar, porque sí macho, roncas un montón! Me desvío!!! Sé que estás durmiendo, pensando en esa chica que tanto interés ha causado en ti. Sé que descansas tranquilo, que estás emocionado por San Valentín y que, de seguro, estás nervioso por tu cita con ella. Siempre me he preguntado como será tenerte a mi lado, sin miedo de que te alejes de mí. Soy un cobarde, por mucho que aparente no serlo, y toooodo lo que he dicho, es verdad. He pensado en acercarme a ti, decirte cuanto te quiero, cuantas veces te lo he dicho en serio, pero luego el temor me invade y me digo “joder, que el chico se asustará y se alejará”. Tengo 25 años Willy, para mi eres un niño… pero eres mi niño. Y eso no lo podrán cambiar ni los juegos, ni las risas, ni que tengas a alguien más en tu vida. Maldita sea, estoy llorando mientras escribo esta cosa tan cursi… de seguro me debes ver como un tonto ahora mismo. Si tienes esta carta en tus manos, significa que algo drástico cambió en mis planes, quizá ahora mismo estoy en España, escapando de la realidad, o quizá estoy encerrado en mi habitación, esperando a que me dé un ataque cardíaco, pero de lo que estoy seguro, es de que algo importante pasó, y por eso mismo tienes esta carta tan cutre en tus manos. Discúlpame, nunca he sido bueno para las manualidades.
     No sabría que más escribirte ahora mismo… me siento muy tonto macho. ¿Es bastante tonto decirle a quien quiero todo lo que siento? Yo creo que si… soy un tonto, pero creo que vale la pena, aunque sea para no vivir en mentiras.
    Pero bueno! No me quiero poner cursi ni mucho menos (aunque ya sobrepasé todo lo cursi que podría ser) así que eso… te quiero Willy, me gustas y estoy enamorado de ti. Sólo espero que, no recibas jamás esta carta, porque eso significaría que cedí ante mis peores miedos… perderte. Te quiero y feliz San Valentín.

  Atentamente: Samuel de Luque (vegetta)

Guillermo se encontraba cabisbajo, mirando la carta con detención. No leía absolutamente nada, sólo la observaba, sintiendo los ojos inundados hasta decir basta. Su mentira le había hecho demasiado daño a quien quería, había causado temores irracionales, todo por una “jugarreta”
-¿Willy?- Samuel, quien miraba a Willy hace varios minutos, notó aquellas leves lágrimas asomarse en los ojos del contrario. Lo primero que se le vino a la cabeza fue “lo perdí”. Quizá la carta lo había afectado y la noche se había arruinado.
-Que tonto eres macho…- Guille se atrevió a hablar con la voz temblorosa, al igual que las manos, las cuales sostenían aquella carta que le había parecido lo más increíble que pudiera haber recibido en esta fecha. –Tenías tanto miedo y yo… joder, soy un hijo de puta- Samuel se quedó estático mirando a su par, quien no dejaba de recriminarse.
-Oye… tranquilo chico. Tu nunca supiste de esto… digo, es normal que actuaras así. Mira, date cuenta del lugar en el que estamos. Mira el mar, la luna… estamos felices… no llores por esas cosas chiqui… después de todo, es sólo una noche- Samuel se sentía confiado y relajado. Esta noche sería eterna en su mente, aunque quizá mañana no sería lo mismo. Quizá mañana volverían a ser sólo dos desconocidos, ocultando su amor al contrario.
-Te amo… te amo. Y-yo…yo te amo desde hace mucho. Y…perdóname- Samuel giró el rostro como si se tratase de una cámara ralentizada, mientras veía el rostro de Willy, cada vez más cerca del suyo. Guillermo no lo dudó… lo necesitaba hace mucho. Necesitaba de su compañía, de su amor y de sus chistes sin gracia. Todo el miedo que lo invadía era infundado por cosas inexistentes, y ahora podía detener el tiempo para ambos y dejar que el amor fluyera como gotas de agua. Apoyó sus manos en los hombros del mayor, acercando su rostro hasta poder alcanzar los labios contrarios. Fundió sus labios con los de Samuel, cerrando los ojos y dejándose llevar. Todo su cuerpo se dejó llevar… podía sentir la luz de la luna, las estrellas… podía sentir las nubes y el agua… sentía como se fundía con el mayor, en algo tan cálido y puro; algo mágico y nuevo para él. Samuel por su parte, centró todos sus sentidos en esos labios temblorosos y fríos. Sentía sus latidos unirse con los del menor, creando una melodía única y magnífica… podía sentir cuanto lo amaba, cuanto había esperado por este momento. No había miedos ni reproches. No había distancias provocadas por ellos mismos… sólo estaba la luna, de testigo… el mar de acompañante y la brisa, de cobija.

    La noche pasó, luego de una caminata nocturna por las calles de Los Ángeles. Los dos estaban embobados, mirándose de vez en cuando; perdiendo el aliento y sonriendo con cierta vergüenza. Al llegar al departamento cada uno se fue a su habitación, encerrándose en su propio mundo; su propia vida… cuando Samuel despertó, agitado por el sonido del despertador, notó que la mañana anunciaba un nuevo día, y con ello… un desastroso desenlace para lo que había sido una noche inolvidable.
-Mierda…- Susurró, masajeándose las sienes con frustración. Aquel beso… ¿cómo viviría sin él? Luego de haberlo probado, no quería alejarse de aquello nunca más en la vida. No lo pensó demasiado, levantándose de la cama y saliendo de su habitación en busca del menor, quien de seguro dormía plácidamente. Verlo despierto, editando un video pendiente, lo dejó un poco tenso. Pensaba despedirse de él y de sus esperanzas mientras durmiera, pero mirarlo de frente, allí, sentado y pendiente de todo, lo hizo querer arrancar.
-Hola Vegetta, buenos días- Willy giró la cabeza, mirando con seriedad a Samuel, quien se retorcía por dentro, queriendo saber si ya era hora de olvidar todo lo que ocurrió esa noche, o de si podrían darse una oportunidad… tenía miedo, mucho miedo de que la primera opción se hiciera presente. –Que tiquismiquis eres. Ven, dame un beso- La sonrisa de Willy se expandió, marcando un aire de ganador. Él tenía más que claras las inseguridades del contrario. Verlo tan asustado por el futuro le preocupaba, pero si podía darle la seguridad de estar con él, quizá todo andaría mejor.
-Me asustaste chico. Ya pensé que lo habías olvidad- Samuel sintió como el corazón le pegó un brinco, al escuchar las palabras del menor…

“dame un beso”

  Siempre pensó que era el más valiente de los dos, que podría aguantar cualquier adversidad… pero al sentirse cobijado por la dulzura de su compañero y luego notar que podía perder todo aquello por lo cual había caído rendido, le demostró que su fortaleza era mínima. No dudó en acercarse al menor, para besarlo con cariño, con ansiedad… esto le demostraba que lo habían logrado; habían dejado atrás sus miedos… Guillermo, quien dejó de lado las inseguridades, para vivirlas y superarlas, y Samuel, quién dejó de temerle a ella… ese “ella” que tantas lágrimas le había sacado.
______________________________
Feliz San Valentín! ^^ Espero que lo disfruten tanto como yo disfruté escribiéndolo <3

Estas son mis ultimas palabras, ya que hoy x-x-x he decidido suicidarme, ya no quiero estar en un mundo donde la apariencia importa mas que los sentimientos, y con mi muerte les hare un gran favor a todos, ya no seré un estorbo, y ya no tendrán que repetir un millon de veces lo inutil que soy y que no sirvo para nada, le pido perdon especialmente a mi mama, por no ser la hija que siempre quiso tener, por no ser la hija que saber hacer todo bien, por no ser la hija perfecta, y a mi papa por los pensamientos suicidas que tubo su "princesa" y por hacer las cosas mal siempre, a mis "amigos" les pido perdon por hacerle pasar ratos malos por mi culpa, les doy gracias a mis demonios, soledad y depresion, por estar siempre y sobre todo a tumblr, el lugar donde me desahogaba, y nadie me criticaba, podia ser la chica suicida, depresiva, triste, sola, gorda y fea, que no podia ser en el mundo donde vivia, si querer morir todos los putos dias, y levantarme todas las mañanas con deseo de no hacerlo, se le puede llamar "vivir" entonces creo que lo llamare, "el mundo donde sobrevivi", de tantos intentos suicidas que no pude cumplir, por tener miedo, pero ahora ya tengo el valor de hacerlo, tumblr fue mi 2da familia, el lugar mas maravilloso que puede existir, mi psicologo, creo que ya es todo, con sangre en mis muñecas, un frasco completo de pildoras pasado con alcohol y un salto hacia el vacio, gritando las dos palabras mas hermosas que me decia siempre mirandome al espejo, "ME ODIO", me despido de esta mierda.

estas serian mis ultimas palabras, si algún día tendré el valor de suicidarme.

yo se que no lo leerán, pero solo lo quería compartir con ustedes.

¿Hay algo más triste que ser “una más”?

Todos los días tuiteas y yo te respondo.
Todos los días subes un vídeo y yo lo veo, lo comento.
Todos los días mis respuestas quedan en nada y se pierden entre miles de tuits/comentarios más.
Sé que son miles de menciones al día, algunas más interesantes que las mías y lo entiendo, realmente lo comprendo, pero déjame decirte que me duele “ser una más”

Hay veces en que me como la cabeza pensando en una respuesta que te sea útil…
Hay veces en que paso horas tratando de hacer un edit o un dibujo –aunque no dibujo para nada bien- y duele que este se pierda entre muchos otros.
Hay veces en que solo necesito decirte “estoy aquí para lo que necesites” y que sepas que me tendrás ahí siempre, a tu lado.
Hay veces en que deseo con todo mi corazón tener una interacción contigo para sentirte más cerca de mí, aunque nos separen horas de vuelo y miles de kilómetros.
Hay veces en que solo quiero que sientas todo el cariño que te tengo.

¿Hay algo más triste que querer que tu ídolo se dé cuenta de tu apoyo incondicional y no conseguirlo?

Juro que valoro esos momentos en los que nos respondes o nos dices lo mucho que aprecias que estemos ahí, pero no sabes cuento amaría un mensaje tuyo diciéndome cualquier cosa. No sabes cuánto amaría que me dijeras “Oye, yo te conozco”. No sabes cuánto amaría que vieras algo de todo esto que te escribo.  

¿Hay algo más triste que necesitar un abrazo que quizá jamás podrás recibir?

Me has ayudado infinitamente, no creo que llegues a dimensionar cuanto, pero en algunas ocasiones solo escuchar tu voz en un vídeo dirigido a millones de personas no es suficiente. Hay veces en las que me siento en mi cama imaginando que tus brazos me rodean y que me dices “Oye… tranquila estoy aquí” o que simplemente me sonríes, porque solo eso bastaría… Una sonrisa dirigida a mí.

¿Hay algo más triste que desear con todo tu corazón apoyarle en sus momentos más difíciles y no poder hacerlo personalmente?

Mentiría si dijera que no he soñado con poder llamarte cuando estás mal.
Mentiría si dijera que no he deseado abrazarte cuando te sientes decepcionado.
Mentiría si dijera que no quiero ser una persona en la cual te apoyes.
Tú, lo creas o no, me diste alas, sueños, metas, un buen ejemplo… tú me ayudaste en los peores momentos, tú me enseñaste a ser valiente, y NECESITO demostrarte que yo también puedo ser un apoyo y estar para ti…

¿Hay algo más triste que necesitarlos para poder sonreír?

No sé como has logrado cautivarme nada más hablando detrás de una cámara. No entiendo como te llego a necesitar… te juro que no lo entiendo. Sé que no es correcto depender de algo pero me siento vacía si no te leo, si no te veo… si no te escucho. Y créeme que he intentado cambiar eso pero no puedo…

Ya eres parte de mi vida y aunque quiera, nunca podría alejarte de ella.

¿Hay algo más triste que vivir con el miedo de que desaparezcan?

Lo sé, suena tonto e incluso un poco ridículo pero cada vez que tomas un avión… cada vez que haces algo un poco más arriesgado… una sensación de miedo me embarga. Tengo miedo a que algo te pase y no poder nunca más ver tu sonrisa… tengo miedo que de un día para otro decidas que lo que haces ya no te hace feliz… tengo miedo de dejar de ver en mis notificaciones tus palabras. Tengo miedo… mucho miedo de que esto se acabe.

¿Hay algo más triste que ser una Fan?

Me siento ignorada.
Me siento enamorada.
Me siento perdida.
Me siento , algunas veces, estúpida por pensarlos demasiado.
Me siento llena de miedo e inseguridades.
Me siento frustrada.
Me siento vacía y vivo intentando llenar algo que solo ustedes pueden llenar.

¿Pero saben qué? No cambiaría esto por NADA del mundo.

Sentir esa emoción cuando anuncian su visita a algún país o ciudad.
Sentir esas cosquillas y ganas de llorar cuando por fin ven una respuesta, y responden o dan favorito a algunos dibujos, videos, cartas, edits.
Sentir es alegría de ver que poco a poco cumplen sus sueños y metas
Sentir ese orgullo de “mamá” al ver hasta donde, a base de esfuerzo, han logrado llegar.

Las alegrías que me dan a diario logran que todo esto valga la pena. Sus sonrisas… sus palabras hacen que cada día ame más seguirles. Ustedes hacen que todos estos sentimientos de amargura, que puedo a llegar a sentir, se anulen solo siendo ustedes mismos.

Porque solamente diciendo; “Hey muy buenas a todos aquí Willyrex comentando”, “Hey muy buenas a todos guapísimos aquí Vegetta777”, “Muy buenas criaturitas del señor”, “Hoooooooooooooooola a todos los chavales soy alexby11”, “Bueno chicos, muy buenas, bienvenidos de vuelta al canal”, “Bueno, pues hola a todos soy Luzu”, “Hi everyone soy Lana”; Logran, que aunque yo tuviera un día de mierda, sonría sin más por solo escucharlos.

Porque con solo eso ustedes me hacen sentir acompañada
Porque con solo eso dejo de pensar en los problemas y me concentro en pasarlo bien por unos minutos- más en caso de mi vegettita- y que suelte carcajadas a veces incontrolables.

Aunque a veces duela y sea difícil ser una fangirl… No me arrepentiré de amarlos, de quererlos y apoyarlos en todo. Porque ustedes son más que especiales…

Y aunque mis padres me llamen loca, me digan que mejor me dedique a seguir a un cantante o a un actor… Aunque mis amigas me digan que debería dejar de ilusionarme con que algún día me responderán… Aunque mi novio me diga que es una estupidez comprar sus libros, o entradas a sus eventos… aunque TODO EL MUNDO me diga que no los siga…Yo seguiré tomando mi computadora o mi celular para responder sus tuits. Yo seguiré ilusionándome con que algún día me digan “Hola! Yo también quería verte”. Yo seguiré pensando que son de las cosas más bonitas que me han pasado en la vida y seguiré aquí, día a día dando like, favoritos y compartiendo eso que me hace tan feliz.

Los quiero mucho… y aunque la posibilidad que no lean esto es altísima, no pasa nada… porque lucharé por, algún día, decirles a la cara que no me arrepiento de haber dado ese click que me llevó a conocer a las personas más maravillosas de este mundo…

A mis héroes detrás de la pantalla.

Con mucho amor y cariño: Carolina [@CariuVe7]


Necesitaba desahogarme… Tener insomnio + música triste me hace pensar en demasiadas cosas. 

Monstruos. {Drabble Wigetta}

 Eran las 5 a.m y como siempre el insomnio que me acosaba noche tras noche me obligaba a despertar. Sentía mi cuerpo entumecido por el frío y un dolor punzante en mis ojos, el dormir poco comenzaba a afectarme. 
 Divagué entre mi ropa por un abrigo y me encaminé a paso lento hasta la cocina, a través de las ventanas podía ver la oscura noche con un toque siniestro que a cualquier persona le daría miedo pero a mi solo lograba llamarme la atención como se movían los arboles gracias al viento formando diversas sombras por el suelo.  

 Sonreí imaginando como me sentiría estando dentro de una película de terror, probablemente no tendría miedo pero si ansiedad y muchos nervios, haría lo que nadie hace en caso de emergencias o estar siendo atacado, cogería un cuchillo y correría a casa de algún conocido que me ayude a protegerme, pero claro en las películas eso nunca pasa, los protagonistas prefieren morir y ver al estúpido fantasma antes que salvar sus vidas.
 
 Estuve a punto de coger un vaso con agua y dirigirme nuevamente a mi habitación cuando el ruido de una botella de vidrio rodando por el suelo se hizo oír podiendome los pelos de punta. Sabía que tal vez se trataba de algún insecto que la movió o quizás una rata, pero aun así mi cabeza recreó las sombras anteriormente vistas por la ventana justo en frente de mi, como si una persona caminase hacía mi con intensiones de asesinarme o algo por el estilo, en seguida sacudí mi cabeza intentando apartar esas ideas pero no, efectivamente había alguien de pie frente de mi ¡Había alguien en frente de mi! 
 Retrocedí tres pasos hacía atrás conteniendo las ganas de gritar del espanto, aunque tampoco podría hacerlo me encontraba congelado escuchando mi ritmo cardíaco aumentando a la velocidad de la luz ¿Así sería mi muerte? ¿Un extraño me asesinaría o antes de eso me daría un ataque al corazón? ¡No, de eso nada! Cogí aire como pude y solté un puñetazo contra su rostro logrando que soltase un leve quejido y tambalease un poco hasta finalmente caer de rodillas contra el suelo. ¿Eso era todo? ¿El fantasma era tan débil o yo estaba una bestia parda? Opté por la segunda opción, tal vez si fuese Willy quien estuviese en mi lugar el fantasma lo hubiese molido a golpes, es tan miedoso el pobre… 

 Willy… ¡Ay dios mío! ¡El fantasma! ¡Wily! ¡Como no lo noté seré parguela, que vivo con él como va a colarse un fantasma si no existen!? ¡Willy era el fantasma que acabo de golpear! ¡Acabo de golpear a Willy!

- ¡Willy! ¿Que hacías macho? lo siento, lo siento tanto!- me apresuré a socorrerlo pero este parecía no oírme, mantenía la cabeza agachada y no se movía, comenzaba a asustarme ¿Y si estaba poseído?- ¿Willy me escuchas?- dije más calmado arrodillandome a su lado. 

- Sí- respondió a secas, al menos sabía que no estaba poseído. 

- ¿Estás bien Chiqui?- me preocupaba el hecho de haberlo dañado tan fuerte que no quisiera hablarme o estuviese muy enfadado, él es la persona más enojona que conozco. 

- No lo sé. No quiero hacerte daño ¿Sabes?- balbuseó arrastrandose torpemente contra mi obligandome a apoyar mi espalda contra la pared y sentarme bien sobre el suelo, aunque estaba completamente helado lo soporté solo para oír lo que tenía para decirme. 

- ¿Quieres golpearme por lo que te hice?- reí entre dientes observando como este levantaba la mirada mientras se acercaba peligrosamente hacía mi rostro.
 Me horrorice al notar que su labio inferior sangraba, todo por mi culpa. Había dañado físicamente sin querer a mi pequeño. 

- Sí. No quiero que pienses que estoy enamorado, no quiero que dejes de ser mío m-mi amigo- su aliento olía a alcohol, enseguida comprendí que estaba ebrio y estaba hablando incoherencias, quizás ni siquiera había notado o recordaba que lo había golpeado. No sabía si aliviarme o preocuparme, ¿Por qué había bebido a estas horas hasta embriagarse? No era algo propio de él.

- No pienso eso, ven voy a llevarte a la cama, mañana te curaré eso ¿De acuerdo?- 

- ¡No! no quiero irme a ninguna parte, no me dejes- musitó en un hilo de voz, acurrucandose sobre mi pecho entralazando sus piernas sobre mi. Se encontraba al borde del llanto y no lograba entender de que hablaba. 

- Está bien solo voy a llevarte a tu habitación, no voy a irme.- intenté consolarlo pero este ya se encontraba derramando lagrimas. Me partía el alma verlo así, jamás creí que vería a mi ángel de esta forma, ¿Acaso Willy sufría por mi culpa y no lo sabía? 

- Prometeme que no vas a dejarme nunca, y y-yo prometo que seré mejor para ti- 

- ¿De qué hablas niño? No te entiendo.-
 Me observó durante unos segundos, sus ojos se encontraban cristalizados y sus mejillas con lagrimas secas, se veía asustado ¿De verdad pensaba que iba a dejarlo? ¿De verdad después de tantas cosas aun tenía miedo a que lo cambiase por otra persona? Realmente si tuviera que pararme frente a un juez y jurar con una mano en el corazón que no había otra persona en el mundo entero que amase más que a Willy lo habría millones de veces sin siquiera dudarlo un segundo.- Tú no tienes ni una idea de cuanto te amo, ¿Por qué tienes miedo de que te deje cuando yo soy el que te protege de todos esos monstruos que hay afuera? 

- Lo siento- murmuró mostrando su resplandeciente sonrisa, esa sonrisa que nunca debía ser borrada. 

- No, creo que lo siento yo por eso..- medio reí apuntando a su herida en su labio. 

- ¿El qué?- murmuró confundido, reí jocoso y aliviado al saber que, efectivamente, su embriagues amortiguó el impacto, tanto que ni siquiera lo notó. 

- Mañana vas a matarme.- susurré besando sus labios chupando el sabor metálico de su sangre. 

<3

Narra Willy

Después de aquel viaje las cosas cambiaron. Quizá no nos hizo tan bien como lo esperamos pero en partes, sí, estoy mejor. Decidimos tomarnos un tiempo, seguir siendo amigos, seguir grabando cosas juntos pero, él ya no vivía conmigo.

Muchos dicen que después de esto me aleje de todos, que deje de hablar con varios amigos y, ¿para qué mentir? Todo me recordaba a él, supuestamente esto iba a ser un cambió mejorable para nuestra relación; en lugar de eso, estamos más separados que nunca.

Os juró que disfruto cada segundo que grabo con él “Apocalipsis Minecraft”, lo paso estupendo pero luego de eso, ¿qué me queda? Pasar ocho horas jugando ARK, quizá dos horas más para grabar algún que otro vídeo y ahí termina todo.

Cada vez tenía más proyectos, más cosas en las que dejar mi mente allí pero vamos, ¡lo extrañaba! Varios de esos proyectos lo incluían a él, cómo por ejemplo, el nuevo libro. Tuvimos que pasar  horas y horas pensando en como podía continuar esta historia pero ambos sabíamos que esto nos estaba costando muchísimo.

Nos prometimos desde un inició que esto no afectaría con el trabajo y vaya que sí lo hacía. Todos me pedían que grabase con él, cada tweet que escribía muchos me lo nombraban cuando en ese momento solo quería recibir el amor de ellos, no quería que me hicieran acordar a él. Vale, reconozco que ellos no tienen idea de que es lo que sucedió entre nosotros pero, ¿era necesario tener que nombrarlo en todo momento?

Y volviendo sobre de que me “aleje de todos” sentí que era lo mejor, pasaba horas y horas encerrado en mi habitación concentrado en mi trabajo hasta que Luzu se harto de todo esto y decidió que salgamos a cenar.

*

-Pareces un puto ermitaño Willy, perdón que te lo diga así –me dijo en un tono amable, mirándome con una leve sonrisa.

-Estoy centrado en youtube, es eso.

-Siempre estas con la misma camisa, veo tus vídeos –dijo riendo y su risa me contagió.

-No es la misma –le respondí.- estoy bien, de verdad.

-Graba un poco más conmigo, si quieres. No lo sé, esto te esta haciendo muy mal.

-Estoy bien –repetí.

-Willy, varias veces pasamos por esto y siempre terminan volviendo. Quédate tranquilo que tarde o temprano lo harán.

-Ese es el problema, vivimos en este bucle y estoy cansado de eso. No la estoy pasando bien. No volveré con él, ya lo decidí.

*

Después de esa noche Luzu estuvo más atento a mí, me ayudaba en varias cosas y no había día que no nos viéramos junto a Lana. Y debía admitir que me daba envidia verlos tan felices, juntos, superando cada obstáculo y me preguntaba, ¿por qué con Vegetta no pudimos?

Todas las noches antes de dormir, después de grabar Apocalipsis Minecraft, miraba los tweets de Vegetta. El podía abrirse más a sus seguidores que yo. Pudo decir que no se sentía bien y ¿por qué yo no puedo? En lugar de eso, reflejo todo con fotos, cito frases o simplemente paso días sin twittear.

Quería que este dolor terminase, quizá me escuchó como un adolescente depresivo pero si quién crees que es el amor de tu vida te deja, ¿cómo te sentirías? Te deja un hueco enorme, un hueco que es difícil de llenar otra vez.

Pensé millones de veces que mi cuerpo es el problema, tuve una época dónde dejaba de comer o “me olvidaba”. Trabaje más mis músculos pero aun así, él no lo notaba o simplemente no comentaba nada al respecto.

Y ahí lo comprendí, por más que peleemos y luchemos, no estamos destinados el uno al otro. Sólo me quedaba esperar y que mi verdadero amor llegará pero, ¿cuánto más iba a tener que esperar?

—————————-

Fatti: ¡Hooola! Juró que los extrañé, no se imaginan cuanto. Decidí volver, y esta vez sola. Además de que los extrañé muchísimo, este fanfic lo apreció demasiado y significa algo importante en mi vida y me dolía dejarlo tirado así que decidí continuarlo unos capítulos más. 
Sé que no se entiende mucho como va yendo pero poco a poco va a ir tomando forma y los capítulos serán un poco más largo. Voy a intentar subir un capítulo por semana o si no cada dos semanas pero más de eso intentaré que no pase. 
Siganme en twitter @iYeahBitch que ahí voy a publicar cuando vaya a subir algún capítulo, cuando tenga que dar alguna noticia o algo. 
Pueden tomar esto como un nuevo capítulo, nueva temporada, no sé, pero volvió el fic <3. Espero que les guste y eso, un beso<3.