troposferica

Como las promesas

Mi mente llevaba ya meses maquinándolo a mis espaldas. Detallada y sigilosamente, hilvanaba el plan. De día pero sobretodo de noche, te urdía, te ideaba, te dibujaba, y poco a poco surgías como de un letargo casi eterno.

Hoy llegó la primavera y por fin esta mañana te despertaste y me despertaste, quizá nos despertamos a la vez. La lluvia de la noche aún se adivinaba en la ventana y en el aire, fresco. Llamaste a la puerta y te dejé salir, como se deja escapar a un pájaro ya curado al que se ha cuidado y amado con su debilidad o más bien por ella, precisamente por estar herido. Lloré. Sonreí. También yo me sentí liberada.

Te contemplé volando por la habitación pero no sentí envidia, como había temido tiempo atrás. En cambio una emoción intensa me invadió, la que se experimenta el instante anterior a emprender un largo viaje, a sabiendas también duro. Y me sentí preparada para dejarte, para dejarme ir.

“Espera, -me dije- ¿volverás?” -“No, tengo que irme. El héroe no puede existir en el vacío”. Entonces entendí. Ella era troposférica y se perdería en el aire, como las promesas.


Maldita habitación

    maldita habitación… aún hay vaho en los cristales,

los restos del feliz sacrilegio nunca se dejan barrer

como pelusas acomodadas en los rincones, bajo los muebles.

entonces que destruyan esta casa, no me bastará irme lejos.

que te maten, sí, y a mí contigo y con el ayer y con el hoy

porque eres vida y no hay sitio para tanta vida en este cuarto.

maldita habitación… aún hay luz en la ventana

dile al día que vuelva quizá mañana

que ya mañana no será hoy, ni tú serás tú, ni habrá concesiones

para quien pretenda prolongarte la estancia en este cuerpo.