triunfo de la muerte

“Caballero anciano”, de El Greco.

Cuando visité El Prado por primera vez estaba ansioso por poder ver por fin en persona las grandes obras de Velázquez, Goya, Ribera, El Greco, Brueghel, El Bosco… ¿Quién me iba a decir que por encima de la grandiosidad de las Meninas, del oscurantismo de las Pinturas Negras, de los martirios de Ribera, de la solemnidad del Caballero de la Mano en el Pecho, del intrincado caos del Triunfo de la Muerte o del temprano surrealismo del Jardín de las Delicias iba a ser esta obra, “Caballero anciano”, la que me dejaría una huella en el alma imborrable hasta la fecha?

Un cuadro pequeño, cuadrado, expuesto en una pared junto a otros retratos, a la sombra del Caballero de la Mano en el Pecho pero a mis ojos brillando con una luz propia que lo hacía destacar por entre todas las obras de la sala. Pasé minutos devolviéndole a ese desconocido su mirada, obnubilado por su media sonrisa, su frente ligeramente arrugada, sus cejas alzadas. Sus ojos. Esos ojos que conseguían transmitir una socarronería traviesa pero a la vez inocente, casi de niño, pero con un velo de nobleza cálida y honesta del que carecían el resto de retratados. La gente pasaba por su lado, le echaba un vistazo, y continuaba andando y yo no podía comprender cómo no caían maravillados ante el que me parecía el retrato más expresivo de todo el museo. ¿Será cosa mía? ¿Será en realidad un retrato mediocre y sólo me habrá llamado la atención por algún capricho mío?

Abandoné El Prado con ese caballero anciano grabado en mi memoria como un tesoro personal, y un día, muchos años después, encontré los siguientes versos que mi admirado León Felipe le dedicó en un poema:

La cabeza más noble, más serena,
más iluminada,
más ungida de ‘gracia’ y santidad
que nos ha legado la gran pintura española…

No, no era cosa mía.

No sé porque la gente se quiere morir, sé quiere morir pagando una casa que no se va a llevar, un coche que tiene que arreglar cada mes, trabajando para mantener todas estas cosas. No sé porque la gente hace planes pensando en el futuro cuando ni siquiera tienen noción del presente. Tú puedes hacer planes para triunfar en la vida y vivir cada día sufriendo por alcanzar lo que tanto crees que te hará feliz, pero la realidad es que tal vez no llegues a el momento de tu triunfo. La vida es un caos, demasiado incierta, la muerte ronda en cada esquina, el fracaso no es nada comparado cuando uno está consciente de que respira y seguimos haciendo planes pensando que nos haremos viejos, cuando envejecer no es un privilegio de todos, hay alcohol, enfermedades, malas relaciones, situaciones de estrés que llevan a enfermedades, padecimientos repentinos, accidentes a todas horas ¿Por qué creemos que estamos libres de todo eso? Estamos propensos a la desgracia por más enamorados que estemos, propensos al olvido por más talento con el que nazcamos. No soy pesimista, hablo de que te levantes y disfrutes quien eres porque tal vez pensaste en que estarías mañana viéndote viejo y sabio o fracasado y resignado. Cada que abres tus ojos agradece todo, tus errores, tus derrotas y tus altibajos, tus oportunidades y que estás viviendo la extraña vida
—  A la vuelta de la casa by Quetzal Noah