trinchera

Y nada era interesante, nada. Todo el mundo era igual, reprimiéndose y controlándose. Y yo tenía que vivir con esos mamones el resto de mis días, pensé. ¡Dios mío! Todos tenían un agujero en el culo y órganos sexuales y bocas y sobacos. Se sentaban y charloteaban y eran tan estúpidos como la cagada de un caballo. Las chicas tenían buen aspecto vistas a distancia, con el sol filtrándose entre sus ropas y cabellos. Pero cuando se acercaban y mostraban sus cerebros a través de la cháchara de sus bocas, te sentías con ganas de excavar una trinchera en una colina y esconderte con una ametralladora. Verdaderamente nunca sería capaz de ser feliz, casarme y tener hijos. Demonios, ni siquiera podía obtener trabajo como lavaplatos.
A lo mejor podría ser un asaltante de bancos. Algo realmente emocionante. Algo con relumbre y pasión. Sólo tenemos una oportunidad. ¿Por qué ser un limpiaventanas?
Encendí un cigarrillo y seguí bajando la colina. ¿Era yo el único en agobiarme por un futuro sin posibilidades?
—  La senda del perdedor, Charles Bukowski.
El cuento más corto del mundo.

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”

-Augusto Monterroso.


Probablemente la vida sea tan corta como el cuento más corto del mundo, probablemente la vida se ríe a carcajadas cuando nosotros nos burlamos de siete “simplonas palabras”.

Los dinosaurios se extinguieron sin comprender lo que sucedió, sin saber el motivo o la razón, imaginando que era un simple sueño, una pesadilla de la que algún día despertarían.

Quizás así sea la muerte, imaginar que despiertas y vuelves a encontrar la paz, el punto mediático entre el limbo y la realidad.

No morimos a diario, nos extinguimos a diario, cada día una parte de nosotros muere y si la fortuna brilla, algo nuevo nace, como un retoño de flor al salir el sol.

La humanidad dormida en su  trinchera, ignora lo que pasa a su alrededor, olvida los remolinos que lo llevan a la destrucción. Entonces cuando sus ojos se abren, quedan cegados al ver a un dinosaurio, imponente, no por su estructura, sino porque el dinosaurio es una metáfora que lo hará caer al más allá.

Avanzamos tanto, la tecnología es tan poderosa que nos absorbe como esponjas, pero nuestro repudio aún es tan grande, que el pasado se vuelve inalienable, y es demasiado tarde ahora, cuando todo arde en cenizas y caos, y solo resta jugar a ignorar.

Algún día comprenderemos que  la perfección jamás alcanzaremos, que las siete palabras de Monterroso deben de ser más que un sueño por alcanzar, porque lo seguimos viendo tal cual. El mensaje final es despertar, no para encontrarnos con un dinosaurio (que es lo que sucederá si continuamos igual), si no para luchar por no perder lo que nos queda de humanidad.

-Margaret Salvador,

Tregua de Navidad

Se conoce como Tregua de Navidad a un breve alto el fuego no oficial que ocurrió entre el Imperio alemán y las tropas británicas estacionadas en el frente occidental de la Primera Guerra Mundial durante la Navidad de 1914. La tregua comenzó en la víspera de la Navidad, el 24 de diciembre de 1914 cuando las tropas alemanas comenzaron a decorar sus trincheras, luego continuaron con su celebración cantando villancicos, específicamente Stille Nacht (Noche de paz). Las tropas británicas en las trincheras al otro lado respondieron entonces con villancicos en inglés.

Ambos lados continuaron el intercambio gritando saludos de Navidad los unos a los otros. Pronto ya había llamadas a visitas en la tierra de nadie, donde pequeños regalos fueron intercambiados: whisky, cigarrillos, etc.

La artillería en esa región permaneció silenciosa esa noche. La tregua también permitió que los caídos recientes fueran recuperados desde detrás de las líneas y enterrados. Se condujeron ceremonias de entierro con soldados de ambos lados del conflicto llorando las pérdidas juntas y ofreciéndose su mutuo respeto.

Y sin embargo…
el amor existe.
Debemos creer
que la inmensa serpiente del odio
está dispuesta a cambiar de piel,
que Lucifer escampará sus filosas metrallas
y que todos somos de un mismo color y raza
porque a pesar de todo,
por todas partes
en todos los rincones del mundo
el amor brota de sus trincheras en Navidad.
—  Lina Zerón
Creciente.

Con el tenaz acero del tiempo forjo espadas,
con la áspera piel de la experiencia, escudos;
construyo con montones de papeles, barricadas;
con el vigor de las palabras destruyo muros.
Mi ejército está compuesto de desertores
que en unas piernas de mujer tienen su trinchera,
de niños que nunca se hacen mayores,
que tienen corazón, no una bandera.

Poetas sueñan con llegar al mar y conquistarlo.
Otros lo ignoran por lo tenerlo a dos pasos.
Es lo de siempre ser humano previsible e incoherente,
con muy pocas excepciones subyacentes.
Los diferentes,
los que valen la pena,
los que aprendieron a volar con el peso de las cadenas,
los que nunca llegarán pero lo intentan.
Sigo sin creer en el destino,
sigo en la trinchera.
—  Día sexto - nunca te fíes de un poeta
No sé a dónde voy pero quiero que vengas conmigo. Todo de ti me hace bien, me alimenta, me construye, me alegra, me llena de paraíso el espíritu. Me agrada ver cómo los detalle toman forma cuando reflexiono en todo lo que me ha llevado a ti, los distintos motivos que nos cruzaron, ese espectáculo de sombras del que ahora me río, la angustia que ya no me devora. Ahora por la tarde y noche siento una extraña adicción al sonido de tus labios y quiero que se prolongue en mis oídos. Toda la cautela que sobrevive de mí ya perdió la fuerza, ahora no quiero llamarte ni mandarte mensajes, simplemente ir hasta donde te encuentras. Mi ánimo calca tu sonrisa, como un viento frío de febrero, un incesante torbellino de peces va salir de mí si me besas, voy a sacar arcoíris de los ojos y trincheras de mordiscos que no te darían paz. Te ansío, te como, te beso, te muerdo, te quiero, te necesito, te pongo en cuatro si quieres, ponte hermosa, te bebo, te broto, me brotas, me naces, te quiero hacer sudar. Estoy convencido de que quiero que vengas conmigo
—  Para Liz, El barrio de los besos, Quetzal Noah
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Finisterre - Rayden & Leiva

He visto reír a los sauces,
llorar a las hienas.
Flechazos a primera risa,
divorcios a ciegas.

Botellas de cartón,
navegar con cartas de cristal
Que dan la vuelta al cuerpo en 80 versos sin aterrizar

He escuchado verdades a medias,
Mentiras enteras, secretos de cuarto
He buscado tres pies al perro, aguantando un tiempo de gatos.

He hablado con gente corriente teniendo dos bocas y una oreja
Que tenían tres ojos, dos caras y pensaban con dos cabezas.

He pecado de santo,
He creído en tu dios
pero ni tu dios es para tanto
A lo tonto creo más al reloj.

He comido con la boca,
también he hablado con las manos
Besado con los ojos abiertos,
pero con el corazón

He vivido de la poesía
y cuando muera seré un suicida
Aquel muerto que saltó al vacío para poder volver a la vida.

Caí rendido en las trincheras,
resucitaba a ratos
Aquella luz dejaba de alumbrar
Lo estaba haciendo a mi manera,
el barro en los zapatos
Siempre me ponía en mi lugar.

Me han cogido el brazo
sin darme la mano siquiera
Dijo la sartén al cazo: “No me esperes para la cena”

He visto vidas en pena,
penas de muerte y muertos en vida
Y esa mirada que a veces te mata
y otras da vida, si te mira

Maté a la verdad tantas veces
que temo vivir en la mentira
Y mentí al conocerte,
y mentí en la despedida

Escribí sobre tu vientre veinte ‘para siempres’ con saliva
Pero ‘te quieros’ que no se sienten son peores faltas de ortografía

Tengo la pena amaestrada,
la nostalgia a pan y agua
Y no, no les dejo que se suban
ni al sofá, ni a la cama

Comí comas, comí libros,
entraste en mí como un virus
Pasaste como las modas,
saliste como un suspiro

Directo al centro, adentro, haciendo diana
Apuntando hacia la mujer cañón salió disparado mi hombre bala.

Nos evitamos, nos evitamos evitar
Por principios,
y evitamos volver a empezar
Por el final, ahogué a la pena
y fue a morir al mar.

Rencor

Estás preso del rencor
porque un viejo amor
llevó sus besos a otro lado

Estás lleno de temor
de que lo más dulce
siempre acabe en otro plato

Pero igual sabiendo que no puede ser
te hiciste una trinchera de ilusión
y al final tu ego lastimado
es la prisión más atroz

Estás amargo y gruñón
por no soportar
que no todo sea a tu modo

Buscás tener el control
no sabes soltar
y ya empezó a subir el lodo
pero igual sabiendo que no hay más que hacer
le hiciste una pared al corazón
y al final tu ego lastimado
te va a matar de dolor

Podrá ser que de una buena vez
puedas ver más dimensiones que las tres
con las que siempre estás midiendo todo
todo al revés

Si pudieras darte cuenta que al fin y al cabo
no hay más vuelta que dejar vivir en libertad
a quien se quiere
si es por bien
bien se puede

Estás preso del rencor
preso de un amor
que te retiene en el pasado

Estás perdiendo el valor
de vivir el hoy
como que el tiempo está contado

Pero igual hay tiempo para renacer
y no vivir pendiente del error
y al final tu herida habrá cerrado
y volverás al amor.

Pedro Aznar
“Ahora" 2012

Goteras

Ya se ha ido. Tu nombre desapareció sin batalla, sin trincheras, sin balas. Sin que la sangre se derramara ante ningún portazo de pura rabia. Se esfumó entre nieblas de perfumes, entre costumbres en parques y jardines, entre cadencias de sonidos de vestidos y tacones.

Escurre algo la caprichosa memoria. El olvido que la llama inexorable, como la muerte llega para elegirte compañero mientras duermes en tu cama. Así se marchó, como parte un rayo el olivo centenario que vigila la montaña. A tronco quemado se acabó su guardia sin retinas en sus hojas para observarla.

Es la última vez que te recuerdo entera. Partes borrosas se van difuminando y poco a poco, demasiado, irán dejando solamente de ti fotografías. Imágenes, semillas que vas esparciendo por el campo sin arar que es la vida. Y la lluvia que te hunde en el barro es la única lluvia que las germina.

Recuerdos que ya se van mezclando con noches enteras que ya son nada; que no sabes ni si alguna vez fueron de granizo o de sábanas en llamas. Es la última vez que te recuerdo a ti. Porque ya no serás del todo aquella. No serás la misma que me dio la mano para que huyera junto a ella del mundo humano.

El olvido como goteras que inundan y llegan a todo rincón de tu cabeza. Hasta que llegue la pura muerte y diga: hasta aquí llegó la riada. Cerrad la puerta.

Víctor Sonambul.

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Rayden - Finisterre (con Leiva)

He visto reír a los sauces, llorar a las hienas
Flechazos a primera risa, divorcios a ciegas
Botellas de cartón, navegar con cartas de cristal
Que dan la vuelta al cuerpo en 80 versos sin aterrizar
He escuchado verdades a medias, mentiras enteras, secretos de cuarto
He buscado tres pies al perro, aguantando un tiempo de gatos
He hablado con gente corriente teniendo dos bocas y una oreja

Que tenían tres ojos, dos caras y pensaban con dos cabezas
He pecado de santo, he creído en tu dios, pero ni tu dios es para tanto
A lo tonto creo más al reloj

He comido con la boca, también he hablado con las manos
Besado con los ojos abiertos, pero con el corazón cerrado

He vivido de la poesía y cuando muera seré un suicida
Aquel muerto que saltó al vacío para poder volver a la vida.

Caí rendido en las trincheras, resucitaba a ratos
Aquella luz dejaba de alumbrar.
Lo estaba haciendo a mi manera, el barro en los zapatos
Siempre me ponía en mi lugar.

Me han cogido el brazo sin darme la mano siquiera
Dijo la sartén al cazo: “No me esperes para la cena”
He visto vidas en pena, penas de muerte y muertos en vida
Y esa mirada que a veces te mata y otras da vida, si te mira
Maté a la verdad tantas veces que temo vivir en la mentira
Y mentí al conocerte, y mentí en la despedida

Escribí sobre tu vientre veinte ‘para siempres’ con saliva
Pero ‘te quieros’ que no se sienten son peores faltas de ortografía

Tengo la pena amaestrada, la nostalgia a pan y agua
Y no, no les dejo que se suban ni al sofá ni a la cama
Comí comas, comí libros, entraste en mí como un virus
Pasaste como las modas, saliste como un suspiro
Directo al centro, adentro, haciendo diana
Apuntando hacia la mujer cañón salió disparado mi hombre bala.

Nos evitamos, nos evitamos evitar
Por principios, y evitamos volver a empezar
Por el final, ahogué a la pena y fue a morir al mar…

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

—  Mario Benedetti, Defensa de la alegría