tres triste

Hablamos tanto de la lluvia
que un trueno acabó atravesándome la garganta
y tuve que escapar.
Tu vida o tu corazón, me dijo alguien,
quiero pasar mi vida en el suyo, le dije yo,
pero eso no era posible,
era tan imposible como un amor platónico cumplido,
como tú y yo cumplidas,
como tú,
como pedirte que te quedaras después
o vinieras antes,
como mantenerte encendida
al otro lado de la calle
viéndote por la noche sin poder tocarte
y no consumirme en el esfuerzo
de querer tu imposibilidad
al lado de mi almohada,
como negarte a ti
y no negarme a mí en el intento,
como olvidar tu pelo,
como fingir que no estás
detrás de cada palabra que me perturba,
como pretender saber
no echarte de menos
y conseguirlo,
como asentir
creyendo que es cierto
eso de que es el frío
el que hace las ausencias más largas
cuando ahora la única que existe es la tuya
en medio de este incendio de cenizas.

Te acabas de ir
y tus ruidos ya se escuchan por las noches.

Era tan imposible
-tan
imposible
como
pedirte
que
te
quedaras
conmigo-.

La tormenta me sorprendió contigo atrapada en la mirada,
lanzando botellas al mar llenas de besos
que nunca llegaban, que se extraviaban, que se equivocaban de puerto,
que se rompían intentando llegar a mi boca
y confundían mis barcos y me llenaban de cristales los labios
que, pegados a la ventana,
congelados,
solo esperaban verte aparecer.
Y entonces un día me dejé vencer,
olvidé dónde buscarte,
comencé a despegar
tus nudillos de mis pulmones,
me eché la sal de tu sudor perdido
en los ojos,
prohibí tu olor en mis domingos
y escribí todos los antónimos
de tu nombre en mis ventrículos,
si no te olvido a ti
no les olvidaré a ellos,
y al final lo único que quedó
fue un miedo tan inmenso como inconfesable
y un deseo,
solo quería marcharme de ahí y dejar de esperarnos,
irme lejos, pensando que lejos es donde no estás,
sin darme cuenta de que donde realmente estás es en mí,
y que no te irás hasta que yo lo decida.

Pero empezaba a tener frío
y tú no venías a curármelo,
así que tuve que pedirte sin decírtelo
que me volvieras a dejar en tierra y siguieras con tu vuelo,
pero antes quise hablarte del cielo que te rodea,
de que cuando hablas realmente creo
que los relojes carecen de sentido
si no es para pararlos y escucharte un rato más
-solo un ratito más, lo juro-,
que tuve todos los continentes en mis bolsillos
después de tu abrazo
porque cuando tú respiras
el mundo, a veces, se paraliza,
y otras, en cambio, se tambalea,
pero eso es algo que solo entendemos
los que hemos visto a la poesía perder las comillas,
que tu risa astilla las penas
y que aunque nos encontráramos en medio de una guerra
que por no querer luchar terminamos perdiendo,
encontré la paz en tus maullidos,
y fuiste algo así como volver a casa
por primera vez
después de perder mil batallas en la espalda.

Quise decirte que mi papel
siempre se redujo a contemplarte desde lejos
y volverte tinta,
que pudimos
y aunque no fuimos
siempre seremos
-ojalá entiendas eso-,
que nos hicimos el amor
una noche que llovimos
y por eso te llevaré conmigo
siempre.
Que ojalá la huida
hubiera sido de tu cama a la mía,
que ojalá la lucha
se hubiera reducido a morderte las caderas
y no a este cansancio
lleno de ojeras mudas,
que ojalá volviera a verte
cada invierno de mi vida
y vieras que contigo nunca tuve prisa
porque conocerte es viajar y besar
dulce y lento
un día de invierno
llenas de frío por fuera
y de amor por dentro.

Y que ojalá sonrías
y no te culpes
ni te castigues:
tú cambias vidas,
pero no destinos.

—  Llovimos tanto que me ahogué - Elvira Sastre
Algo ocurrió, la persona que está frente a mí hoy… no es la misma que aseguró amarme hace tiempo. Puede ser la misma cara, la misma voz e incluso los mismos gestos pero en definitiva el corazón no, los sentimientos cambiaron y con eso, él cambió.
—  Una chica con el corazón roto y los ojos en la realidad
Soy mi Propia Lotería

Me ha tocado ser yo. Enamorarme de cosas raras y personas locas. Me encanta el olor que se queda en las manos al pelar mandarinas. El sabor de la sandia fresquita en verano. Y comer galleta con leche en invierno. Inundar los platos de pasta con queso rallado. Beber cerveza sólo en compañía. De pequeña leía hasta la etiqueta de los botes. Nunca salgo sin colonia. Y siempre, siempre me voy mirando en el reflejo de los coches aparcados. Mis pantalones apitillados y las camisas de cuadros. Soy hipocondriaca de nacimiento. Me agobio con facilidad. Soy de charlas largas con amigos y de debatir hasta la noche sobre el amor. Bailo peor que canto e intentó acariciar mejor lo que escribo. Soy de sangre caliente, pero igual de abrigada en cada estación del año. De ver mucho el mar. De escribir hasta en los manteles del restaurante. De viajar de aquí para allá. De hacer cualquier tontería para que alguien sonría. De estar tres días triste en casa y tres seguidos sonriendo por ahí. Soy una historia más. Soy de esas persona que ponen el despertador cinco minutos antes. De esas que les gusta ver el mar y escribir allí, escuchar música antes de dormir, y los besos con mordiscos. De esas que ven películas hasta quedarse dormida en el sofá y a las que no les gusta cocinar. De esas que son cabezotas tercas y testarudas. Que van a concierto y te follan también de lado. De las que suena Iván Ferreiro y se emocionan. De las que leen libros de papel en el tren y son felices. De las de cenar con amigos… y, si bebo un poco, sólo repito que les quiero. De esas personas que, sin saber nada de ti, lo saben todo. Y si me das tus ojos ya nada se me escapa. Un poco loco y raro, pero supongo que no hay nada mejor. Soy mi propia lotería. @isa-miramon

Me partí en dos
después de ti;
me dividí
como se dividen los días,
según las ganas que tengas de recordarme,
como se abren mis calles
cuando te descubro bailando,
como el viento del invierno,
como la única chica feliz
en un bar de carretera
o la única chica triste
un viernes por la noche,
como un funambulista adicto a las caídas,
como si el precipicio fueran mis manos
y el miedo se hubiera evaporado de tus pies;
me fui y me dejé
contigo
tan desnuda
que pensé que jamás volvería
a tener calor
-en un mundo de contradicciones
eres mi reina-.

Dejé mi mitad
esparcida sobre tus sábanas
y entre tu pelo hundí mi nariz
mientras dormías
-o mientras escuchabas al mundo
respirar,
ya no sé-
para que no te dieras cuenta
de lo rabiosos que me resulta los días
cuando apareces,
es decir,
cuando no apareces.
Lloví sobre tu espalda
al mismo tiempo que sacaba el paraguas
para que mi ausencia no te salpicara,
a pesar de lo que me gustaría lamer
las heridas revueltas de tu costado,
y hacer nudos con mi lengua
con todo lo que se esconde detrás.

Me abandoné para ti,
sin saber si dejaba
más de lo que me llevaba.
Me caí,
de cabeza,
buscando el golpe de tus omóplatos
en mis ganas
de besarte
cada día,
todos los días,
todos los besos,
todo tu cuerpo,
todo tu pelo,
cada
día,
todos los días.
Me quedé dentro de ti
mientras me marchaba.

Y así ando ahora,
dando traspiés con un solo pie;
haciendo todo a medias
desde ti;
balanceándome inerte
entre tantos recuerdos
que te juro que aún rememoro
cómo era eso de sentir,
es decir,
de besarte;
paseando, tan torpe,
entre tu nombre
y mis heridas,

con la incoherencia
de querer llevarte a la guerra
al mismo tiempo que te acuno en mi paz;

hablando a medias
porque después de probar tu boca
las palabras ya no sirven de nada;
latente,
a un poema de distancia
de querer volver a besarte,
a una última canción
de volver a bailarte de nuevo;
con un ojo entreabierto
por si se te ocurre volver a mirarme
y no estoy,
mientras intento aprender a besar
todo lo que habla de ti
para que me dejes de hacer falta;
soñando con tenerte tan cerca
que solo pueda abandonarte,
pero entonces despierto
porque los sueños a medias son solo eso,
sueños.

Pero al final,
como en todos los finales,
solo quedan certezas.

Me olvidé de mí
con el único propósito
de que tú no te olvidaras de mí
-todos necesitamos
ser salvados-,
con la única intención
de que te dieras cuenta
de que la mitad que dejé en tus manos
eres tú misma,
que te pertenezco
y me perteneces de una manera
que aún no sé escribir,
y eso me asusta más que tú;
que no puedo abandonarte
porque entonces me quedaría vacía,
sin ti,
sin mí,
y cómo sobrevivir entonces.

Así que cuídame,
es decir,
cuídate.

Por mi vida.

—  A un poema de distancia - Elvira Sastre
Pueda que mi realidad sea muy diferente a la que he estado edificando todo este tiempo. Si abro los ojos y me duele va a ser por decisión propia, porque yo fui el que hizo los planos y también quien decidió vivir en una mentira desde un mundo que jamás existió.
 
Nadie me preguntó si tras la caída no quería levantarme. Porque no es obligatorio hacerlo, es decisión propia. No culpes a los que se quedan tumbados en el suelo, porque son los mismos que lo han dado todo y buscan un descanso sin que nadie les diga que pueden con su vida y con la de los demás.
 
La vida es un jodido puzzle con piezas incompletas, al menos, desde pequeños nos ha ido metiendo en la cabeza que busquemos a la otra parte que seguro está en alguien que coge algún cigarro y tiene la mirada triste perdida en alguna estación.
 
No le hables de rompecabezas a quien se a armado cuando lo han hecho pedazos. Tiene más mérito hacerlo uno mismo, desde ese dolor, desde esa tristeza, desde el fondo.
 
No le hables de infierno a quien siempre ha sido un incendio y ha hecho cenizas lo que ha abrazado con la urgencia de que alguien apagase esas llamas que le duelen. Que lo consumen.
 
No le hables de bailar bajo la lluvia a quien lo ha hecho bajo la tormenta.
 
Entiendo que no quieras seguir, que no quieras sonreír, que no quieras hablar ni dar explicaciones; el ser humano por naturaleza se cansa y está bien quedarse, no seguir, pensar, darle vueltas al asunto de si realmente quieres llegar a donde vas, o si realmente quieres abrazar a quien vas. Porque no a todos los lugares ni personas a las que vas te harán feliz.
 
Yo siempre he tenido una teoría: hay un punto finito donde se encuentran tres tristes miradas: la del perdido, la del roto y la del que lo ha perdido todo. Y luego está el punto infinito donde va a parar la mirada triste del perdido, roto y desolado.
 
Tres tristes miradas miraban en una dirección, pero las tres miraban diferente.
—  Benjamín Griss
Anoche me preguntaron; qué pasó con tu cariño?🌚 y les contesté; "La neta traigo broncas con cupido, 😏el amor no fue pa' mí💔, pa' mí el pisto y los corridos..."🎶🍷🍻 Sé que el alcohol me hace daño,😪 pero ya lo perdoné😜 Dos, tres días anduve triste 😔 más lueguito te olvidé😉 Pa' tomar quería un pretexto y contigo lo encontré👌 Ven dame una llenadera😈 porque dicen mis amigos que no tengo🙊 Si de batallar se aprende, yo contigo me gradué👊 Un día pensé en perdonarte😏pero nomás lo pensé...😛 "Ya se echó a la perdición, pobrecito"🚶andan diciendo💬 Y si ahorita ando borracho🍻porque traigo sentimiento 😕 de corazón estoy jodido, jodido pero contento... 😘🎶🎻