tranquilidas

Besos nómades

Recorrí bocas,
visité amores de un rato,
busqué lenguas con las cuales bailar a gusto,
Paseé por diferentes tipos de mujeres,
hasta me enamoré por un tiempo, creyendo que había encontrado el lugar indicado.
Convenciendome, capaz, de que ahí estaba a gusto.
Admiré distintos tipos de belleza,
desde lo superficial a lo verdaderamente importante.
Busqué congeniar,
pero es cuestión de química, no de experiencia ni viveza.
Metafísica.
Busque sentirme a gusto, cómodo.
De vez en cuando lo lograba, no siempre.
Pero te encontré,
hermosa
radiante,
feliz,
inteligente,
fresca,
ocurrente,
caí en tu red.
Me planteé durante meses si este era mi lugar,
saqué mil conclusiones y mil motivos,
y tengo fundamentos irrefutables para saber que lo es.
Tu sonrisa,
tus ojos,
tus expresiones,
tus dialogos característicos,
tus clichés,
tu cintura,
tus costillas,
tus piernas,
tus intimidades.
Pero todo esto, palpable o no,
facilmente reconocible,
no se compara a la sensación de uno de tus besos.
Sensación la cual eligieron como premio para mí, en conjunto,
el tiempo y la paciencia.
Una sensación de paz y guerra, inexplicable con palabras,
de tranquilida y euforia.
Es como que le pone paños fríos a mi cabeza pero prende fuego todo el resto de mi cuerpo.
Por fin mis besos,
estos besos nómades,
encontraron su lugar,
su dueña.
Soy feliz porque te conocí,
mas alla de lo que el universo depare para nosotros
(yo sigo convencido que nos va a querer juntos para toda la vida),
estoy muy feliz,
porque mis besos y yo encontramos el lugar al cual pertenecemos y lo disfrutamos por un rato.
Obviamente ese lugar sos vos,
amor mío.
Te amo
incondicionalmente,
eternamente,
enteramente.

29 de enero de 2015
El alma, Buenos Aires, Argentina