tracen

Quiero darte besos
besos que tracen suaves patrias de melocotón y nube
y te dejen la carne mojada
besos que traspasen fronteras y tras tatuártelos
te propongas a ti misma estar entera
besos en la mejilla que caminen como hormigas
para convertirse en mordiscos en tu oreja
quiero darte besos
de ser posible no dejar ninguna región de tu cuerpo
por descuido descubierta
besos ráfagas que inciten torbellinos en tus piernas
besos en las constelaciones de tu mano izquierda
besos que alboroten la memoria de tus células
besos de café que te dejen caliente la lengua
besos viajeros que lleguen a tu frente
cuando haces amistad con la almohada
besos de cereza, besos fermentados
que te embriaguen más que la cerveza
besos en las ramitas de canela de tus cejas
besos literarios que tras un largo sueño
te despiertan para hacerte gozar otro
besos que te guíen en dirección a la luna
y no simpaticen con duda alguna
besos de laguna donde hiervan y se hundan
tus espinas más profundas
besos en los huesos de tu espalda
besos que por la tarde me invoquen
en la boca de tu deseo
te haría lo que la primavera a las rosas
pero por ahora sólo quiero darte besos
—  Un amor con sabor a tequila, Quetzal Noah
“¿Quieres que te diga un secreto de nosotras, las bailarinas? Cuando estamos enamoradas, antes de una presentación, cerramos los ojos y nos imaginamos que en el público está esa persona a la que amamos. Es así que nuestro cuerpo, al volver a mirar, fluye con la música, sigue el ritmo de la melodía y deja que nuestros pies tracen ese nombre que merece nuestra canción favorita. Nuestros movimientos son alegría pura porque ese ser merece lo mejor, porque nos inspira a brillar y, sin proponérnoslo, vamos convirtiéndonos en el foco del escenario. ¿Has sentido adrenalina real y diáfana? Créeme, me enamoré y bailé para él, aunque él no estuviese. Con el hecho de imaginarlo presente… corrí, reí… volé… Y al despertar, escuché los aplausos, sonreí sonrojada y quise cubrirme el rostro por la vergüenza y la poca costumbre al vitoreo, pero me retiré satisfecha porque supe que si esa persona hubiese estado ahí, quizá la historia hubiese sido diferente. ¿Quieres otro secreto? Aún sigo bailando… pero, ahora le toca averiguar si aún sigo haciéndolo para él. Nosotras, las bailarinas, cuando entregamos el corazón, nuestra danza refleja el ensueño del arte y te transportamos a tus propios sueños. Aquellos en donde también te imaginas al lado de ese ser amado o quizás esa realidad en donde le apretujas su mano, con fuerza, por la fortuna de tenerle a tu lado.” DDC.

Ven aquí, amor. Te contaré mis secretos, los que moran en las yemas de mis dedos, en mis pestañas y mi nariz. Esos que nadie ve, ni toman en cuenta, pero que compartiré contigo y tú harás tuyos. Los sentirás cuando mis dedos tracen garabatos en tu columna vertebral y cuando mis pestañas acaricien tu mejilla al parpadear cada anhelo y cuando mi nariz inhale entre ese espacio donde los hombros y el cuello crean perfección. Y ahí, es cuando conocerás todos mis secretos.
—  Concupiscencia oral, Denise Márquez