thecow

Rest And Be Thankful.

REST & BE THANKFUL are the words inscribed on a stone near the junction of the A83 and the B828, placed there by soldiers who built the original military road in 1753, now referred to as the Drovers’ road. The original stone fell into ruin and was replaced by a commemorative stone at the same site.

The section is so named as the climb out of Glen Croe is so long and steep at the end that it was traditional for travellers to rest at the top, and be thankful for having reached the highest point. The current road no longer keeps to the floor of Glen Croe but steadily climbs across the southern slopes of The Cobbler, on the north side of the Glen, to the highest point of the pass. The westward descent to Loch Fyne is through Glen Kinglas, and from here the A815, the main road to Dunoon and theCowal peninsula, branches off to the south.

On reaching the shore of Loch Fyne, the main road follows the eastern shore of the loch northwards to its head and then goes south west along the western shore through Inveraray and then on to Lochgilphead and Ardrishaig, where it crosses the entrance to the Crinan Canal.

From Ardrishaig the road continues south to Tarbert, where it crosses over to the western shore of the Kintyre peninsula. In the final section it passes through the villages of Whitehouse, Clachan, Tayinloan, Muasdale and Bellochantuy before finally crossing back to the east of the peninsula, on the Firth of Clyde coast, as it reaches Campbeltown.

Permiso, ¿hay alguien acá?

Siempre me gustaron las luces de navidad y esta vez, gracias a ellas conocí a un restaurant “fantástico”. Lo llamo de esta forma porque pareciera que no es real. No está ante los ojos de todo el mundo y da la impresión que los afortunados que lo encuentran, al entrar viajan en el tiempo y se refugian de todo lo que hay en el exterior. 

Caminando por Queenstown podés encontrarte con callecitas que parecen pasadizos y que a su vez, cortan a las calles principales por donde circula la gente. Cuando vi estas luces navideñas empecé a caminar hacia ellas hasta que pensé que estaría perdiendo el tiempo  y retomé la calle principal. Pero, ¿que tiempo iba a perder? Por algún motivo esas luces habían llamado mi atención y tenía que descubrir que había a lo lejos. 

Me acerqué y vi un cartel que decia “The Cow” y parecía no haber ninguna entrada. Sin embargo, un letrero grande de “Open” me invitó a abrir una especie de puerta de madera y sin picaporte. Con actitud, de “Permiso, hay alguien aca?”, abrí la puerta y me encontré con un pequeño mundo escondido de todo, donde la gente estaba comiendo pizza y escuchando música acompañados de un hogar prendido. Cerré la puerta de nuevo y le mandé un mensaje a Brindi: “I meet you at 8 in the lobby. I found the best place in Queenstown to have dinner”. Eso fue lo que hicimos, comimos una pizza riquísima, en un restaurant escondido, o más bien en un lugar “fantástico”.