the net delusion

“Si acaso, Internet hace más difícil, y no más fácil, que la gente llegue a preocuparse, aunque sólo sea porque las alternativas a la acción política son mucho más placenteras y exentas de riesgos. Esto no significa que nosotros, en Occidente, debamos dejar de promocionar un acceso desnatado (léase: no-censurado) a Internet; por el contrario, necesitamos encontrar formas de sustituir nuestra promoción de una red más libre por estrategias que comprometan a la gente en la vida política y social. Aquí deberíamos acordarnos tanto de los usuarios compulsivos de vídeos de gatitos como de aquellos que siguen blogs de antropología. De lo contrario, podríamos acabar teniendo una armada de gente con acceso libre, pero deseosa de conectarse únicamente con potenciales amantes, pornografía y cotilleos sobre famosos.

El panorama de exceso de información no conduce por sí mismo a la democratización, dado que puede interrumpir un buen número de discretas pero importantes relaciones que ayudan a alimentar el pensamiento crítico. Es sólo ahora, cuando incluso las sociedades democráticas están navegando entre este nuevo ambiente de contenidos infinitos, cuando nos damos cuenta de que DEMOCRACIA es una bestia más peliaguda, frágil y exigente de lo que habíamos asumido, y que algunas de las condiciones que la hicieron posible pueden haber sido altamente específicas de una época en la que la información escaseaba.

—  Evgeny Morozov (The Net Delusion: How not to liberate the world), sobre si Internet realmente está “democratizando” el mundo, tras enumerar ejemplos de cómo el acceso abierto a todos los contenidos (tanto de tipo académico como de entretenimiento) tiene como efecto una población menos comprometida con el cambio político y social. Ciber-utopía. La traducción de este fragmento es mía. 
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Evgeny Morozov author of “The Net Delusion: The Dark Side of Internet Freedom” speaks at Google

Could it be that the vast online reservoirs of cheap entertainment are dampening the enthusiasm that the Russian youth might have for politics, thus preventing their radicalization? What if the liberating potential of the internet also contains the seeds of depoliticization and thus dedemocratization? Could it be that just as the earlier generation of Western do-gooders mistakenly believed that Soviet office workers were secretly typing samizdat literature on their computers (rather than playing Tetris), so Westerners today harbor futile hopes that Russians are blogging about human rights and Stalin’s abuses, while they are only flipping through ChatRoulette, Russia’s quirky gift to the internet?
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Evgeny Morozov, The Net Delusion