the burger challenge

Caitlin’s been a little bit frosty towards me as of late – apparently, outing your best friend’s deep dark secret can earn you the cold shoulder. It will take me a while to warm up to the idea of Caitlin being a meta-human, but regardless, I needed to show her she is still my best friend. What better way to rekindle a friendship than with a night out on the town?

We carb-loaded at Big Belly Burger before hitting some bars downtown. Caitlin wasn’t super into it – I guess she was just frozen in fear of what she might become and wasn’t able to let loose anymore. So I bought us some Kamikaze shots to get her to relax, which led to martinis, which led to Jack and Cokes, which lead to I-don’t-even-know what. Somewhere along the line, Caitlin forgot her woes and even rode the mechanical bull at some country-western joint where I stood out like a sore thumb.

We hopped from bar to bar and somehow ended up at a Mexican place which proudly declared it was home of “El Gigante,” a seven-pound burrito that’s near impossible to finish. Impossible for a regular Joe, maybe, but for two meta-humans? Challenge accepted.  Caitlin and I donned some protective bibs and plopped down at a corner booth, ready to tackle the beast (it couldn’t be any worse than a man who manipulates shadows, right?). Wrong. That burrito was a massive monster of melted cheese, meat, salsa, and something called “ghost peppers.” Holy Batman. Those peppers were hell. Literally. Two bites in and I started sweating. Not a simple shiny sheen like after a simple workout, but more like the nasty-Niagara-Falls-sweating-after-trying-to-keep-up-with-Barry sweat. I saw my reflection in the napkin dispenser go from slight blush to full on Hellboy. Luckily, Caitlin saw my plight and grabbed my hand just before I passed out. She blasted me with cold that cooled me right down. What would I do without her?

Together, hand-in-hand, we were able to finish the burrito. We had our picture taken (it’s now hanging on the wall just to the left of the bathrooms, which we both desperately needed after conquering El Gigante. TMI? Sorry.) and we both got dorky t-shirts to commemorate the event. I’m hoping our little adventure thawed some of the ice between me and Caitlin, but honestly, I’m not sure how much of that night she will remember. We did have a lot to drink.

2

I’ve seen this going around and we thought we should try it :^) here is a list of shows that you can suggest characters from: bobs burgers, steven universe, star vs the forces of evil, the walking dead, stranger things, american horror story, over the garden wall, gravity falls, even undertale and some youtubers like jack, mark, felix, ethan, tyler, bob, and wade.Other suggestions welcome :)

My last bit of art therapy before I get back to the art work.

As always, I am on top of the trends! The style meme was, what, like 6 weeks ago? Yeah, well… life and all that.

Doing my own was probably the toughest. Do I go with loose and sketchy, clean and cartoony or lean on the realism? Then it hit me like a derp, my style is ultimately to open a blank canvas and see what takes shape. It was fun. Even though I cheated a lil since two were already done.

God, I fucking love Dazzler.

February Writing Challenge: Día 14. Día de San Valentín. ~Sin cenas elegantes o regalos costosos.~ [Oneshot] [Yuri!!! On Ice]

De Otabek y Yurio.

Ni Otabek ni Yurio jamás se habían preocupado por el 14 de febrero. Veían la fecha pasar sin pena ni gloria, y si acaso Yuri pasaba por los supermercados el día 15 para abastecerse del chocolate que no se había vendido antes del festejo y por tanto era posible conseguirlo a precios baratos.

Pero de ahí en fuera, no otorgaban mayor importancia.

Hasta que llegó el primer febrero desde que se conocieron.

En realidad, no planearon nada más que verse. Después de todo, su relación no pasaba de la “amistad”, y lo que generalmente la gente decidía celebrar durante la fecha era el amor rosa y cursi, ese que se representa con corazones color rojo, se adorna con globos y rosas e imprime cientos de tarjetas que pueden encontrarse en tiendas departamentales.

Sin embargo, cuando Yuri y Otabek se encontraron en el punto acordado y notaron que ambos cargaban con materia prima para preparar chocolate comenzaron a reír, antes de entrelazar sus brazos y caminar en dirección al apartamento del ruso.

Sobra decir que ninguno jamás había preparado ningún tipo de postre, y la cocina terminó luciendo como un campo de batalla donde por poco perdieron la guerra contra el chocolate.

Ni siquiera necesitaron probar las tabletas en forma de gatos y tigres que no perecieron en el intento para saber que todo había valido la pena.

Desde que comenzaron a colocar sobre la mesa de la cocina los ingredientes que habían conseguido, juntos, al ritmo de la música que Otabek había seleccionado previamente y almacenado en una lista de reproducción llamada “De Yura y Beka”, ya se sentían infinitamente alegres.

No acostumbraban cocinar cuando se encontraban solos. Preparar comidas individuales muchas veces les daba pereza, un bonito eufemismo para disfrazar que en realidad les generaba cierto grado de tristeza el hacerlo.

Pero preparar algo en compañía del otro, con la intención de que el acompañante pueda disfrutar el platillo en el que vertió todo el corazón… No estaba nada mal.

Aún si el chocolate sabía un poco amargo.

– Siempre podemos intentar el próximo año, Yura.

La promesa a largo plazo tomó por sorpresa al menor, quien no pudo más que asentir mientras terminaba de pasar el chocolate que Otabek había creado para él: Una tablilla con forma de cabeza de tigre.

El silencio no tuvo tiempo de volverse incómodo, porque el joven de cabellos dorados sonrió con los labios manchados de dulce de una manera tan amplia que al kazajo se le olvidó respirar por un momento. – ¡Ya verás que el próximo año nos quedará mejor!

Otabek se juró silenciosamente que protegería el mirar que ahora se le dirigía.

La mirada inolvidable del soldado más determinado y puro del mundo.


De Mila y Sara.

Mila estuvo a punto de explotar cuando por quinta vez consecutiva en ese día, un par de jóvenes habían intentado tener una conquista de último minuto para San Valentín.

El problema no era la obvia desesperación de todos aquellos hombres (usualmente le divertía en sobremanera), sino que intentasen conquistar específicamente a ella y Sara.

En su cita. Su esperada cita tras más de cuatro meses de no haber tenido más contacto que mensajes de texto, fotografías constantes y ocasionales llamadas.

Es cierto, quizá no fue con un itinerario bien planeado, pero eso se debía a que ambas preferían ser espontáneas. Nada fríamente calculado, mientras pudiesen estar juntas, no habría problema.

Disfrutar de las cosas que otras parejas hacían de manera cotidiana era un pequeño tesoro para ambas, dada la rareza que estas poseían en sus circunstancias: Tomarse de la mano, caminar por una plaza pública, descansar en algún café pintoresco, ir al cine, o simplemente pasar el día en un sofá. Platicar de tonterías y cosas importantes, reír de manera estridente y sin ataduras, hasta que el maquillaje se corriera por culpa de las lágrimas involuntarias… Conocerse más.

Mirar los ojos ajenos y creer con total convicción que ningún otro par en la tierra sería capaz de superarlos en belleza.

Así que cuando un sexto par de chicos mostraron desde lejos querer acercarse a ellas, ambas entrelazaron con mayor fuerza sus manos, disminuyeron la distancia entre sus cuerpos y se abrazaron por los costados posesivamente mientras con la mirada mandaban un mensaje claro: “NO. SE. ACERQUEN.”

Al notar que el uso de su lenguaje corporal había resultado efectivo, voltearon para mirarse y sonreír, sin dejar de abrazarse.

– Quizá, para la próxima, debería utilizar una playera que diga “Lo siento chicos, me gustan las chicas”. – Suspiró exageradamente Mila, mientras dejaba caer su rostro en el hombro ajeno.

– En ese caso, – Respondió Sara, sonriendo a la par que alzaba una mano para acariciar mechones de cabello pelirrojo. – yo puedo utilizar una que diga “yo soy una chica”.


De Seung Gil y Phichit.

Phichit no necesitaba de ningún tipo de regalo o plan especial para saber que era amado por el coreano.

Al inicio de su relación, le había costado aprender a descifrar los gestos ajenos, tan similares entre sí. Y si además a la ecuación se añadía la mala resolución que poseían las cámaras integradas en equipos de computación portátil, definitivamente fue toda una hazaña para el tailandés.

Pero no se rindió. Su perseverancia dio frutos cuando pudo descifrar ciertos movimientos de cejas, de manos, del mirar.

Muchos creían a Seung Gil alguien sin sentimientos, y Phichit no iba a ser quien les revelara la verdad. Le agradaba ser el único capaz de recibir y comprender las emociones del de tez blanca, así que mientras le preguntaba “¿cómo puedes estar con alguien que es más robot que humano, Phichit?” él sólo sonreía amplia y misteriosamente.

Así que cuando recibió una caja de chocolates desde Corea mientras sostenía una vídeo llamada vía Skype con Seung Gil, sus propias emociones le traicionaron y comenzó a llorar mientras reía sin parar.

Cuando finalmente se tranquilizó, pudo contemplar una expresión que nunca había imaginado, ni siquiera en los sueños más dulces con que su mente le consolaba en las noches donde no podía ver a la persona de quien se había enamorado irremediablemente:

Una expresión que irradiaba tanto amor, capaz de cegar a cualquiera que la mirase directamente.

– Feliz San Valentín, Phichit.

A duras penas pudo evitar que su voz se quebrara nuevamente. – Feliz San Valentín, Seung Gil.

Maldita sea la distancia, fue lo que pensaron los dos al mismo tiempo.

Massive Burger, Fries, and Shake Combo Devoured in 4 Minutes

Isaac Harding-Davis took on the burger challenge at the Wyong Rugby League Club in New South Wales, Australia.

After demolishing the burger, fries, and milkshake, his time came top of the leader-board, and he donated the prize money to charity. Credit: Isaac H-D via Storyful