teyuna

Archaeologists Explore Colombia's Lost City

A team of archaeologists are uncovering remains of an ancient city that, until recently, had been unknown to most of the outside world for centuries  Known today as Ciudad Perdida (or Teyuna), Spanish for “Lost City”, it is one of Colombia’s most spectacular heritage sites, despite the fact that relatively few of the world’s travelers have even known of its existence.

Inhabited by the Tayrona people until the end of the 16th century and tucked away within the lush jungles of the Sierra Nevada de Santa Marta not far from the Colombian coastline, it is made up of hundreds of stone terraces and rings, which archaeologists believe were used as foundations for temples, dwellings and plazas. Read more.

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En Ciudad Perdida

En todo el camino hablamos como si fuéramos amigas, eso hizo la caminata amable. Descansábamos cada 20 minutos, las chicas aprovechaban para fumar cigarros; después de 2 horas de caminata nos unimos de nuevo con el grupo de Gabriel, allí conocimos a Roberto, hincha fiel del Junior de Barranquilla, el único costeño en la zona, administra una tienda de chucherías y refrescos de un Mamo; comimos naranjas y volvimos a llenar nuestros termos de agua, nos faltaban 2 horas de recorrido.

El señor Robert, hincha del Junior, y nosotras. Foto de Flick.

Seguimos caminando en la majestuosa selva de la Sierra Nevada de Santa Marta, viendo tierras parceladas, cerdos con pelo negro, mulas, niños indígenas y cruzando ríos. Llegamos al segundo campamento, enseguida nos bañamos en el rio, el agua ahora era más fría; las chicas no se animaron a nadar, se quedaron “chilling out” en las orillas de río  hablando de cosas de chicas, de nuestras vidas, relaciones amorosas; examinando quienes de los alemanes, canadienses, holandeses y chilenos era más guapo. Cuando volví me abordaron con la pregunta  A cuál de todos besarías? 

Thank you Ali.

Nadar en la selva, imperdible.

Volvimos al campamento a comer y eran tan chistosas las ocurrencias de Flick acerca de su supuesto enamoramiento de Saúl que eran imposible dejar de reír. Nuestro momento de seriedad llegaba cuando Saúl comenzaba a hablar de la diversidad en flora y fauna de la Sierra y del significado de cada una de las costumbres de los indígenas, como el uso del Poporo, lugares donde celebran matrimonios, entre otros. En cada campamento nos uníamos con el grupo de Gabriel, al final terminamos siendo un solo equipo. 

Finalmente, después de pasar la cuarta noche en el cuarto campamento llegamos a las terrazas. Maravilloso, después de subir 1.200 escalones y tener las nalgas totalmente tonificadas estabamos en la Ciudad Perdida.

Increíble?

We made it.

Teyuna, Ciudad Perdida. 1200 mts s.n.m

Maravilloso paisaje.

Andy y los niños. Foto de Pau 

Al volver, bajamos unidos a las 3 am porque la chica de Bélgica, Magaly debía tomar un vuelo en la tarde. En todo el recorrido y en las conversaciones vespertinas con los chicos de diferentes partes del mundo me di cuenta que no pudo haberme tocado un grupo más maravilloso que este, abierto a nuevas amistades y a ayudarse mutuamente. Siempre hubo buena vibra, nadie se quejó, nadie se enojó.

 A los dos días de recorrido, ya mi rodilla estaba mal y algunos momentos de la caminata fueron dolorosos pero todos me ayudaron en lo mínimo. Un chico estadounidense, David, que se integró de último al grupo, decía en voz alta que le gustaba ayudar a la gente y sí que le gusta; se le notaba la cara de satisfacción al curar a quienes teníamos los pies molidos y con vejigas, sin ser enfermero portaba un botiquín como para auxiliar a un ejército. Sus días en la selva no terminaban en ese tour, después de bajar de la Ciudad Perdida se dirigía a pasar unas semanas en una finca cafetera para trabajar como voluntario.   

El equipo. Foto de Magaly

Adoré a todos, principalmente a las lindas niñas de Londres, tan amorosas como amables, a Pau aunque siendo a veces ruda es muy especial y amigable; a Magaly, con risa contagiosa, que con su buen español sabía cuándo estábamos hablando mal de los chicos. Adoré a Otto y Frank que sin importar que tenían que madrugar a caminar bebían ron antioqueño en las noches;  a Lou y Spencer tan adorables como caballerosos; a Mark y a Bus, este último de 19 años  nos hacía reír con sus ocurrencias, una de esas ocurrencias fue acerca de las bolsas de cubetas de hielo que prefiero no compartir; los dos pararon sus estudios para comenzar a viajar en Latinoamérica. A Andy, un pintor londinense, que no tenía reparo en quitar su ropa interior delante de todos en lugar de ir al baño. Adoré a David el chico más popular en todo el campamento, con apariencia judía por sus antepasados, el chico más servicial que he conocido.  A Juan, ortopedista, quien se ofreció a examinarme la rodilla. Y por supuesto a Saúl y Gabriel siempre serviciales, atentos y amables. Si van a Ciudad Perdida pidan que ellos sean sus guías.

Mi querido Saúl. (Disculpas por mi mala postura pero tenía la rodilla bendada)

Los adoré a todos, guapas y guapos!

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