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Las bolsas negras con mi ropa ya estaban en su auto. Podía ver como los vestidos que me había comprado se caían uno por uno en el asiento trasero. Fue entonces cuando supe que ésta vez era enserio. No como las veces anteriores en las que peleábamos, daba un portazo mientras me metia al carro y se quedaba fuera tratando de hacerme enojar hablando con cuantas mujeres se le pusieran enfrente. Pero cenábamos, me besaba la frente y después de hacer el amor el motivo de la pelea ni siquiera parecía tan grave ya. Ésta vez no era una de esas. La mitad de la vida que tuvimos juntos estaba empacada con las bolsas que habia encontrado en la casa, de las más grandes, para que no faltara nada y no tuviera excusas para regresar a buscarlas. Las manos me temblaban mientras veía como entregaba hasta el libro que leía todas las noches, el que me habia comprado en uno de los muchos domingos en los que pasábamos el dia entero comprando y buscando antigüedades. Él, en cambio, estaba tranquilo, o al menos pretendia estarlo por que su mirada no cruzó con la mia en ningún momento para que pudiera notarlo. Los dias se me hacían más difíciles a partir de ese momento. No podia comparar el dolor que sentía con haber perdido una pierna, un brazo, o peor aún, un ser querido. Ni tampoco era lo más feo que me había pasado, y si había superado tantas cosas años antes, ¿por qué ésto se sentía como si mi corazón amenazara con dejar de latir cada minuto? Las noches se me hacían más largas y frias, y la ansiedad de salir corriendo de mi casa,a tan solo tres calles de la suya, a buscarlo y decirle lo mucho que lo extrañaba me comía la poca tranquilidad que me quedaba dentro. Estaba decidida a cambiar mi vida, pero nunca pensé que sería de ésta forma. Imaginaba cambiarla con él, que el dejar de vivir juntos sería un gran paso para los dos, pues nos daríamos nuestro espacio y nos veríamos con más ganas. Pero no fue asi. Ahora empezaba una nueva vida, sin él y sentía como si el calor y seguridad que llevaba sintiendo conmigo por meses hubiera desaparecido. Me sentia sola, y no por que no tuviera a nadie a mi lado, si no por que alejé a todos por tanto tiempo, para poder tenerlo más cerca a él y ahora no lo tenía tampoco. Me habia quedado sin mi mejor amigo, mi confidente, mi apoyo, acertijo, debilidad y fortaleza y no sabía hacia donde ir o que hacer. Es tan absurdo amar tanto a una persona y compartir hasta tus más secretas manías para pasar una vida juntos y después terminarlo todo y fingir que nunca sucedió. Guardar la ropa, los barnices de uñas, películas, y hasta los juguetes que usaban en la cama para tirarlos junto con el recuerdo amargo que te quedó de ese amor que no funcionó. Pero, ¿por qué no funcionó? Si su mal humor, arranques de ira, manías y la infinidad de filias que tenia ya eran parte de mi también, y él ya estaba acostumbrado a mi ansiedad y ataques de niña pequeña que tenía de repente. Aguantamos tanto, yo de él y él de mi. Quizá esa fue la razón. Nuestra relación estaba envuelta en un frasco de cristal que eventualmente explotó por contener tanta ira, miedos, inseguridades y mentiras con las que lo llenábamos. Muchas veces volví a pegar ese frasquito, con la esperanza de que la próxima vez sería diferente. Y ésta lo fue. Él se fue. -D. Landgrave.