tesoro escondido

Necesito algo nuevo en mi vida; eso dice mi mente y mi corazón. No me refiero a una persona; quizá aventuras, nuevas experiencias, momentos que coloreen el cuadro. Quizá música que me inspire a bailar sin ritmo alguno. Quizá observar el cielo mientras la noche cae lentamente y las estrellas dan a notar su hermoso brillo. Podría ser disfrutar de un día lluvioso y escuchar las gotas chocar con el pavimento. Realmente no lo sé, es lo que siento; es una necesidad inexplicable y con frenesí intentaré hallar aquel tesoro escondido.

— Llimbert Duque

Viaje a Plutón

Casi siempre Plutón está demasiado lejos,
pero otras veces está demasiado cerca.
Cuando en la noche miras al firmamento y piensas
que hace millones de años germinó el destello que ahora observas
y que en otro tiempo y en otro lugar,
un universo paralelo u otro planeta,
alguien recibe de tí la luz que ahora reflejas.
Chispas danzantes de una hoguera incesante,
se pierden en la noche y se apagan al instante.
Somos sólo un suspiro
y vivimos lo que vivimos.
Nuestra única certeza es morir por haber nacido.
Un corazón que palpita a veces sin sentido
encuentra lo que busca sin haberlo pedido
y otras veces llora mientras ignora
que en frente yace un tesoro escondido.
Por cada historia que acaba una nueva comienza
y cada sonrisa tuya a otra sonrisa alimenta.
Desde tus ojos a Plutón,
es sólo un viaje de ida y vuelta.

Llevamos horas y horas de besos, de lágrimas y besos otra vez, nuestro amor es un tesoro escondido, lo cavamos, lo buceamos, lo hacemos esperar, primero nos besamos tanto que ya no sabemos hacer otra cosa sino eso: besarnos. Siempre hay algo nuevo en nuestros labios, en mi paladar, en tu saliva, en tu lengua bajo la mía, en tu lengua sobre la mía hurgando entre mis encías.
—  Elena Poniatowska. Libro: Tlapalería.
Eres.

Eres el color del cielo
El sabor del mar en los labios
Eres esos sueños que no se rompen
El viento fresco de toda una vida encerrada
Las flores golpeando tu pecho
El contorno de la sonrisa que no tiene fin
Eres las ganas que tengo de vivir
Las luciérnagas que habitan muy en el fondo
De mi corazón
Eres los momentos que nunca terminan
El lunes que nunca llega
Las lágrimas que no duelen
Eres un espacio de verdad reducido a un por siempre
La vigilia del sueño que solo trae consigo esperanza
Los latidos que se aceleran al besar
Eres la sangre que se alimenta de mí y me hace vivir
Eres todo aquello que no existe hasta que sonríes
La poesía que no se ha escrito
Una calma que no arrastra una tormenta
Los dioses que aún no se inventan
Las historias que aún no se cuentan
Eres el tesoro de jade escondido en un pequeño cuartito con sombras
Todas esas constelaciones que aún no se alcanzan a mirar
Los problemas que importan
Eres las luces de la noche desierta
Los cúmulos de estrellas convertidos en ojos
Y puedo decir ,con cierta certeza
Que eres indiscutiblemente
Lo más bonito que le ha pasado a nuestra existencia.

Ninguno de nosotros saldrá de aquí con vida, así que por favor deja de tratarte mal hasta con los pensamientos. Come comida deliciosa. camina a la luz del sol. Salta en el océano. Di la verdad que llevas en tu corazón como un tesoro escondido. Sé tonto. Sé amable. Sé raro. No hay tiempo para mucho más…
—  Keanu Reeves

Fuera de esa longeva tienda de discos, Dorcas revisaba los estantes externos por pura curiosidad. Un montón de discos de las décadas de los 50′s a los 60′s se encontraban apilados, al parecer en barata por la poca atención que atraían. De por si el lugar era un vejestorio, su mercancía databa de un tiempo alejado, obviamente sólo un puñado de personas mayores visitaban la tienda. 

Buscaba algún vinilo interesante por su cuenta, un “tesoro escondido”, consciente de que era una posibilidad en un millón. Sujetó dos discos entre sus dedos, diferenciando el uno del otro. — ¿Cuál debería comprar? ¿El de los flamingos de colores tan chillones que te deja ciego o el de los ponys cabalgando felizmente hacia el horizonte? —Preguntó al aire, seguramente dirigiéndose a la persona más cercana. 

Repasó nuevamente aquellas palabras que adornaban la tarjeta que sus doncellas le habían proporcionado como inicio de aquel juego que carecía del sentido suficiente como para comentarlo con cualquiera. Entornó los ojos en dirección a un punto lejano, humedeciendo sus labios discretamente e intentando así hacerse una idea del segundo lugar al que tenía que recurrir para obtener la segunda pista. “Fui el salvador y el protector hasta el día de mi muerte”, y pese a que no había más detalles, sabía perfectamente de quién se trataba. —¿Sabes si hay alguna pintura de Gregory Illéa cerca de aquí? — pausó, mordisqueando su labio inferior. —O algo relacionado con él — finalmente enfocó su atención en la figura contraria, siendo incapaz de recordar la ubicación exacta de algo que pudiera ayudarle a acercarse al “tesoro escondido” por sus doncellas.