tendida

La sábana tendida


Al permanecer por un lapso de tiempo en soledad y ser testigo de las cosas que ocurren alrededor, se es capaz de imaginar y vislumbrar muchas cosas. A veces cosas tan extrañas que simplemente no es posible imaginar que algo así sea capaz de encajar en el complejo rompecabezas en tu cabeza. La soledad no es una buena compañía se dice y en ocasiones es más bien peligrosa, y puede hacer que una persona común caiga en lo más profundo del abismo de la locura.

Así le ocurrió a James. Para saber un poco más de él, les diré que es un sujeto tranquilo, tiene treinta y dos años, está en muy buena forma, tiene cabello oscuro y le gusta vestirse de blanco. Está casado y tiene dos hijos y si hay una palabra que lo pueda definir con gran exactitud esa es: Responsable.

Sin embargo hasta los más responsables son efecto y consecuencia de las múltiples conexiones eléctricas del cerebro, por lo que él, como todos los que nos consideramos sanos de mente, depende hasta de la más mínima conexión dentro de su cerebro. Basta con que alguna de estas microscópicas conexiones falle para hacer de alguien completamente cuerdo un ser absurdo y sin la más mínima concepción de razón.

Y no estoy con esto juzgando a quienes han sufrido enfermedades mentales ni mucho menos discriminando a mis hermanos que por alguna razón han llegado a este mundo a vivir como la sociedad quiere que vivan, bajo el nombre de; Enfermos mentales, dementes, locos, y demás. Pero el cerebro es una herramienta de doble filo. Al fin y al cabo, dependemos de este órgano, aun misterioso para dibujar y mantener la delgada línea que separa la realidad y la razón de la demencia.

De regreso con James. Él vive en un apartamento en la movida ciudad de Caracas. En una zona muy concurrida y que no se da abasto para contener cientos de puestos que convierten el Boulevard de Sábana Grande en un gran mercado, en el que los ciudadanos provenientes de todos los puntos de la ciudad capital, pueden encontrar prácticamente lo que se les antoje a precios con los que las tiendas no pueden competir. Su apartamento, en el noveno piso de un antiguo edificio, tiene un ventanal que le permite una hermosa vista de las montañas que coronan la ciudad y nos separan del lejano y hermoso mar Caribe. El Ávila se alzaba al fondo orgulloso y de un verde poderoso.

Sin embargo no es en este lugar donde tiene lugar este extraño episodio de la vida de James. Sabrán que durante una temporada, James se encontró sin trabajo, como a algunos les suele ocurrir. Algunos problemas con su jefe y distracciones en importantes mandados le costaron su puesto de trabajo como traductor en una empresa de telefonía móvil que se encontraba en expansión por esta época. Así pues, apurado por remediar su situación de desempleo, James asistió a tantas entrevistas laborales como fue su cuerpo capaz de aguantar, semana tras semana entregando en todas partes su hoja de trabajos en las que destacaban sus experiencias laborales en múltiples empleos anteriores, de los que extrañamente no recordaba las razones que habían dado por finalizada la relación laboral.

Que comprensiva había sido su esposa al enterarse de su despido repentino, ella tenía cerca de ocho años trabajando como escritora en un periódico… ¿Cuál era el nombre del periódico? pensó James cuando se encontró en la recepción de una oficina en la que necesitaban un interprete políglota, era este el quinto día de entrevistas consecutivas. Estaba cansado de caminar tanto por la enorme ciudad de Caracas, recorriéndola de este a oeste. No estaba seguro de cuanto había gastado en boletos de Metro, había hecho tantos viajes que ya al mediodía sentía sus pies latir con fuerza, pero allí estaba él tratando de cambiar la realidad de su situación. Una joven recepcionista recibió su currículum y le hizo pasar a una sala donde había varias sillas de tela, la sala tenía grandes cuadros en las paredes y una alfombra de color azul, ya había allí tres personas que esperaban en silencio. James entró y se sentó en una silla, alejado de los otros, había una ventana que daba hacia el oeste de la ciudad. James se levantó por un momento y miró por la ventana, abajo en la calle pudo ver la estación de metro de Chacao, solo la entrada al Metro, por donde grandes masas de gente entraba y salían. Volvió hacia su puesto y notó que solo quedaba una persona allí sentada, esperó entonces y unos segundos más tarde salió una mujer muy pequeña que vestía un traje negro hasta las rodillas y una flor plateada enganchada en el hombro de aquel vestido. La mujer era de tez oscura y cabello liso, muy delgada y refinada, a James le pareció absolutamente horrible la flor que ostentaba en el vestido.

No prestó mucha atención a las palabras de la mujer, pero el otro sujeto que esperaba junto a él se puso de pie y se fue junto a la mujer a la otra habitación y luego la puerta se cerró. James se encontró solo en la sala, miró sus pantalones de vestir negros, tenía una mancha marrón, probablemente se la había hecho el mismo al sentarse la primera vez en la silla y cruzar las piernas, se limpió con la mano y al levantar la vista observó algo que extrañamente le llamó la atención. En el edificio que estaba frente a él había una ventana por la que se asomaba un tendedero de alambres. Un armazón de aluminio que se apoyaba de las paredes laterales de la ventana y que tenía dos varas que estaban unidas por tres cuerdas de alambre, allí una mujer blanca que llevaba su cabello rojizo amarrado en un moño colgaba una toalla blanca en la que había una mancha roja, una mancha de sangre.

En un principio James no creyó lo que estaba viendo, no podía ser cierto, era demasiado evidente. Probablemente no era sangre, tal vez era jugo o un experimento, seguramente de algún animal. James se levantó repentinamente y se fue hasta la ventana, pegó la cara del cristal y observó a la mujer que tendía la toalla, pero no era una toalla, era una sábana, una tela muy fina y traslucida, una sábana blanca pequeña. ¿Podía ser el tamaño algo revelador? Se dijo a si  mismo ¿era entonces un bebe?

James se volvió hacia la sala, pero no había más nadie allí, y de pronto se abrió la puerta y de allí salió la mujer de vestido negro, mostrando todas las piezas dentales que podía con su amplia sonrisa.

-Por favor… -Dijo con una voz suave.

James asintió, pero para no levantar sospechas no volvió a mirar hacia la ventana. Avanzó con firmeza fingiendo una sonrisa y entró en la oficina de la mujer. La oficina era un poco más pequeña que la sala en la que había estado y tenía un escritorio de madera, muy parecido al que tenía la recepcionista, había dos sillas vacías frente al escritorio y detrás de este se sentó la mujer aún con su prominente sonrisa. La oficina tenía una panorámica exactamente detrás del asiento de la mujer y por donde, una vez se hubo sentado James, pudo ver una vez más la mujer en la ventana tendiendo su sábana blanca. Una sábana completamente blanca, sin manchas, limpia y traslucida que jugo por un momento con el viento mientras la mujer del moño la enganchaba al tendedero.

-Mi nombre es Laura, Gerente de personal y encargada de la incorporación de trabajadores. -Dijo la joven sin dejar de sonreir a James que permanecía concentrado en el tendedero del edificio de en frente. -Tengo que admitir que su curriculum es impresionante, me gustaría hacer algunas preguntas.

James asintió tratando de parecer normal ante su entrevistador.

El teléfono sonó y Laura atendió de inmediato excusándose con su entrevistado.

“Dile que me espere un minuto” Dijo después Laura disimulando su excitación, aunque James no se percató en absoluto de esto, él seguía interesado en la imagen de la mujer pelirroja que tendía sus sábanas.

-¿Puede decirme cuál fue su último empleo? -Preguntó Laura.

-Trabajé para Omniphone. Casi un año. -James dejó de mirar a la ventana por un instante y se dirigió a la entrevistadora.

-¿Y cuál fue la razón de su despido? -Volvió a preguntar la mujer.

-Eh… tuve problemas con mi jefe. -Explicó él sin el más mínimo interés en dar detalles.

Laura emitió una gran sonrisa y más tarde el teléfono volvió a repicar. La mujer lo atendió.

-Está bien… ya voy. -Terció. -Le ruego que me disculpe. -Dijo 

levantaádose de la silla. -Tengo que atender una situación…

La mujer rodeó su escritorio y salió por una puerta que estaba en el extremo opuesto al ventanal, una puerta que James no había visto y que era por la que probablemente salían todos después de ser entrevistados.

Entonces se volvió una vez más hacia su imagen al otro lado de la ventana, aquel extraño cuadro lejano en el que aquella mujer había perpetrado algún crimen que intentaba ocultar de los ojos espías de James.

Se levantó y se acercó a la ventana tratando de dar con lo que ocurría dentro de aquel apartamento. Las demás ventanas, que seguramente eran del mismo apartamento estaban cerradas y no se podía ver nada a través de ellas pues eran texturizadas, solo había un lugar por donde ver, el único lugar que James tenía para averiguar que había ocurrido dentro.

La mujer de cabello rojizo tenía una bata rosada y continuaba tendiendo su sábana blanca en el tendedero luchando contra la fuerza del viento que hacía volar la blanca y traslucida tela. James bajó la mirada, nadie veía a la extraña criminal tendiendo la sábana, cómo era eso posible, solo él estaba pendiente de lo que ocurría en esa ventana, solo el conocía la mente criminal de esa mujer, se vio el pantalón, estaba sucio otra vez. James escudriñó con la mirada dentro del apartamento, al tiempo que se sacudía el sucio del pantalón, estaba oscuro, había una planta y allá más lejos, donde su mirada no daba más, vio algo, una punta metálica. Eso era todo… una tijera, tal vez un cuchillo, el arma homicida, esa mujer había cometido un crimen, ya no había nada más que negara aquella realidad a James, pero continuó observando desde allí a su cuadro.

La mujer continuaba allí tendiendo la blanca pieza sobre los alambres, ¿Por qué lo hacía? ¿Qué intentaba? si lo que quería era confundir a la gente se había equivocado con él, James sabía lo que había hecho y no iba a creerse el cuento de que aquello era su ropa recién lavada. No era una buena mentira, no para él, el sabía que detrás de imágenes simples como esa se encontraban los más terribles crímenes del mundo. ¿A quién habría matado? de pronto como una corriente fría de aire se estrelló frente a él la idea de un accidente. ¿Un accidente? no… lo habría denunciado su hubiera sido un accidente, tal vez en defensa propia había herido a alguien. Lo pensó por un momento, pero luego una vez más vio la sábana volando con el viento de la tarde, un viento cargado del humo de los muchos carros que transitan por las avenidas, humo con plomo, sin plomo, aire caliente y frío y entonces pudo ver a la mujer a los ojos, esos ojos fríos y calculadores, malignos. Ella estaba a muchos metros de él, pero desde allí James la vio esbozar una sonrisa maliciosa con sus labios finos. Unas manos gordas y de largas uñas sostenían aún la sábana blanca tendiéndola sobre los alambres del tendedero. 

-¡Señor James! -Exclamó una voz detrás de él.

James se volteó asustado, en la habitación habían entrado Laura y la recepcionista que lo miraban alarmadas.

-Quiere hacer el favor de sentarse. -Repuso la mujer.

La recepcionista salió de la habitación al tiempo que James regresó a su asiento sin decir nada, Laura se sentó y lo miró con un poco de duda.

-¿Se siente bien? -Preguntó la entrevistadora.

James suspiró y luego asintió, tenía la mirada fija en la mesa de madera, luego levantó la vista. Laura se había sentado y con el respaldo de la silla bloqueaba la imagen de la mujer del edificio del frente. Esto permitió que por unos minutos James pudiera calmarse.

La entrevista, resultó como todas las demás que ya había tenido tanto en aquel largo día como en los días anteriores, James respondió a todas las preguntas pero siempre recordaba a la mujer que tendía la sábana en la ventana del frente. Al finalizar la entrevista unos minutos después la señora Laura se levantó y le dio la mano a James que al levantarse pudo ver una vez más por la ventana.

Para su asombro y espanto había una larga sábana tendida en la 

ventana y la sangre goteaba abundantemente por las puntas que quedaban al aire. James dio un grito de terror lanzándose de espaldas a la pared, la mujer que estaba tendiendo la sábana lo miraba desde allí, con sus ojos calculadores, con su sonrisa maliciosa y sus brazos cruzados.

-¡¿Qué es lo que ocurre?! -Preguntó en voz alta la entrevistadora.

James señaló a la ventana y a la sábana que estaba tendida en el edificio de en frente, pero Laura no pareció ver nada.

James se levantó del suelo donde yacía y se acercó decididamente hacia la mujer, le aferró el rostro con ambas manos y se la llevó con fuerza hacia la ventana.

-¡No la ve a ella y a su sábana llena de sangre! -Exclamó pegando el rostro de Laura del cristal. -¡No ve que es una asesina! ¡Está loca, es una criminal! -Gritó después.

James no obtuvo sino un grito desgarrador de Laura, al que más tarde se sumó el de la recepcionista. James unos segundos después sintió que era jalado por alguien a quien golpeó con gran fuerza sin saber de quien se trataba.

-¡Vean! ¡Es una asesina! -Gritó una vez más.

Luego recibió un fuerte golpe que lo hizo soltar a Laura, volvió la vista a la ventana del edificio del frente pero no había nada allí. La ventana estaba abierta y había un armazón metálico que servía de tendedero, pero estaba vacío. Hubo silencio por un minuto y luego la situación se calmó, James se irguió.

-Pero… yo la vi. Estaba allí. -Dijo en susurros.

Laura hizo señas a la recepcionista que más tarde salió de la sala. James se volvió a su entrevistadora.

-Ella estaba allí, había sangre. -Volvió a decir.

-No… no hay nada. -Dudo Laura manteniéndose a distancia de su atacante.

-Ella los mató… -Murmuró finalmente James.

No hubo recuerdos después de esta situación dentro de la mente de James, luego se encontró en un cuarto, con sus brazos amarrados a su cuerpo, sin poder moverse, llevaba una camisa de fuerza blanca, estaba sentado frente a alguien, su esposa que hacía un increíble esfuerzo por no llorar.

La mujer no dijo nada, se levantó y se fue hasta donde estaba un doctor junto a la atacada; Laura.

-¿Nunca se dio cuenta de este estado? -Preguntó el doctor a la esposa de James.

-No. -Respondió ella. -Pasaba mucho tiempo fuera de casa.

-Tengo algunas cartas… -Dijo el médico. -Que encontraron entre sus papeles. Cartas de despido.

Laura las tomó, aún con duda, su cuello estaba enrojecido y su cara maltratada por el repentino ataque de James.

-Locura temporal, inestabilidad mental, problemas mentales. -Leyó pasando las cartas una tras otra. -¿Como es que nunca atacó a nadie?

El médico negó con la cabeza.

James fue recluido en una institución que no le iba tan mal, a su parecer, podía vestir de blanco siempre y las habitaciones eran siempre acolchadas. Además sabía que allí no lo iba a buscar la mujer de aquel apartamento que tendía la sábana. Se sentó recostado de una de las paredes y algo le llamó la atención, tenía sucio, una mancha marrón en el pantalón.

La luna, como la esfera luminosa del reloj de un edificio público.

¡Faroles enfermos de ictericia! ¡Faroles con gorras de “apache”, que fuman un cigarrillo en las esquinas!

¡Canto humilde y humillado de los mingitorios cansados de cantar!; y silencio de las estrellas, sobre el asfalto humedecido!

¿Por qué, a veces, sentiremos una tristeza parecida a la de un par de medias tirado en un rincón?, y ¿por qué, a veces, nos interesará tanto el partido de pelota que el eco de nuestros pasos juega en la pared?

Noches en las que nos disimulamos bajo la sombra de los árboles, de miedo de que las casas se despierten de pronto y nos vean pasar, y en las que el único consuelo es la seguridad de que nuestra cama nos espera, con las velas tendidas hacia un país mejor.

— 

Otro Nocturno

Oliverio Girondo.

♔ 1 ♔

¿Por qué siempre tienen que ser las mismas historias?, ¿Por qué nunca existe un final que no sea benévolo?, ¿Por qué siempre tiene que existir un príncipe?, se repetía la castaña dentro de su cabeza mientras mordía su labio inferior con sus blanquecinos dientes. Se encontraba tendida en un sofá de la sala común observando una película de Disney que habían colocado los dueños de la universidad, aún no lograba descifrar porqué la habían puesto pero ese hecho era lo que menos le importaba. De repente, sintió como una persona se sentaba a su lado sumiendo un extremo del asiento. “Es extraño, ¿no?” Musitó mientras subía las piernas al sofá para que sus rodillas quedarán pegadas a su pecho y sin quitar sus azuladas orbes de la pantalla. “Que pongan ese tipo de películas en la universidad, ¿no te parece?”

IV

El hombre es una cuerda tendida entre la bestia y el Superhombre; una cuerda sobre un abismo; peligroso trayecto en el que es peligroso caminar, peligroso mira atrás, peligroso temblar y detenerse.

El hombre es un puente, y no una meta; lo que se puede amar en el hombre es que es un tránsito y no un acabamiento.

A los que no saben vivir sino como extinguiéndose, son a quienes yo amo, porque esos son los que pasan al otro lado. 

- F. Nietzsche (Así hablaba Zaratustra)

{First Date ❤; Michael&Esmeralda}

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Bien Esmeralda, ¿Qué vas a hacer ahora?, ¿Cómo elegirás un lugar perfecto para tu primera cita?, ¿Le gustará?, ¡No, no!, ¡Mejor otra cosa! Se repetía aquellas palabras una y otra vez la rubia en su cabeza dando origen a un extraño debate entre sus pensamientos mientras se encontraba tendida en la cama de su habitación, no tenía mucho tiempo y tenía que tener esas respuestas en segundos, en fin, decidió no pensarlo más y se levantó rápidamente de la cama, se colocó un vestido rojo, unos tacones levemente altos y tomó su bolso (), no era el mejor atuendo pero había hecho su mejor esfuerzo. Se miró al espejo mientras mordía ligeramente su labio inferior como solía hacerlo continuamente: “!Bien!, creo que es perfecto.” Se dijo la castaña para sí misma con una sonrisa en sus labios y se colocó un labial que poseía un color rojo intenso.

Cuando terminó de maquillarse, salió de su habitación para dirigirse a la habitación de la persona que le había tocado esta vez, se sentía conforme con aquel nombre puesto que se había topado con el chico durante su práctica de boxeo, él la había animado con sus palabras y ella no había podido negar que le había parecido un acto simpático y totalmente inesperado. Llegó a la habitación ajena y tocó un par de veces la puerta en espera de que el masculino saliera para encontrarse con ella.

Solo conmigo, sola contra mi.

Los ruidos de mi cabeza no me dejan dormir
y apenas recuero la última vez que desperté,
pero es imperturbable el silencio de la soledad
                                  con uno mismo,
son irrompibles los diques de la sinrazón.

Y yo estoy solo conmigo
pero sola contra mí.

Acabo muerta cada vez que me enfrento a mis fantasmas
y este no saber si me vencen luchando
o si me dejo ganar por cansancio
derrota cualquier amago de abandono.
Preferiría ver la cara a mi miedo:
es mil veces peor vivir con el temor de encontrarla.

Son inútiles mis trampas:
combatir el miedo a caer
no se hace luchando desde el suelo.
¿Pero cómo me voy a levantar
si la mano que se muestra tendida
es la misma que me retiene?
¿Quién me tiende
y quién me tiene?
¿Quién me entiende?

El mundo es un engaño
para quien no sabe jugar
y yo solo confio en los confiados
porque son los únicos que no creen en la mentira
-porque ni yo lo hago-.

No envidio a quien no tiene motivos para llorar,
agradezco a la nube que se vació sobre mi cara
esta pena pausada,
se vér el gris del arco-iris
igual que sé poner color a las pesadillas
pero aún no sé cómo cerrarme los ojos,
me anestesia todo lo que duele
y eso es algo que nunca comprenderé
pero he suspirado agua por los ojos viendo el mar
y creo que lo entiendo.

Solo me valoro en otras bocas,
me canso de los espejos
y de las orgías de palabras vacías,
olvido todo lo que no fue capaz
de romperme y reconstruirme en un mismo golpe,
empatizo con todo aquel que acumula
                             bocetos incompletos
porque mi vida también fue una mancha negra
                             en un lienzo blanco,
-pero entonces alguien me llevó a un museo y me llamó arte-.

Quizás solo se trate de encontrar quien te sigue mirando
cuando tu cierras los ojos.

Y escribo, escribo, escribo,
escribo para que mis ruidos no me cieguen.
Escribo, escribo, escribo,
escribo para dar al silencio una escuda.
Escribo, escribo, escribo
escribo para enseñarme todo lo que desconozco
                             de mí misma,
todo lo que no quiero terminar de conocer.
Escribo, escribo, escribo
escribo para el día que no me mires no
                            quieras marcharte,
para que el día que quieras irte lo hagas sin dudar.
Escribo, escribo, escribo,
escribo porque la música es suficiente y yo soy
                            persona de excesos.
Escribo, escribo, escribo,
para nunca saciar este hambre de todo lo que
                            se vacía con nada.

Escribo, escribo, escribo
No dejo de escribir.
No quiero morir.

(Y es que aquí dentro solo late un pensamiento:
qué será de mí cuando descubra
que las palabras también son mentira).


-Baluarte. Elvira Sastre.

Al cielo

El puro azul ennoblece
mi corazón. Sólo tú, ámbito altísimo
inaccesible a mis labios, das paz y calma plenas
al agitado corazón con que estos años vivo.
Reciente la historia de mi juventud, alegre todavía
y dolorosa ya, mi sangre se agita, recorre su cárcel
y, roja de oscura hermosura, asalta el muro
débil del pecho, pidiendo tu vista,
cielo feliz que en la mañana rutilas,
que asciendes entero y majestuoso presides
mi frente clara, donde mis ojos te besan.
Luego declinas, ¡oh sereno, oh puro don de la altura!,
cielo intocable que siempre me pides, sin cansancio, mis besos,
como de cada mortal, virginal, solicitas.
Sólo por ti mi frente pervive al sucio embate de la sangre.
Interiormente combatido de la presencia dolorida y feroz,
recuerdo impío de tanto amor y de tanta belleza,
una larga espada tendida como sangre recorre
mis venas, y sólo tú, cielo agreste, intocado,
das calma a este acero sin tregua que me yergue en el mundo.
Baja, baja dulce para mí y da paz a mi vida.
Hazte blando a mi frente como una mano tangible
y oiga yo como un trueno que sea dulce una voz
que, azul, sin celajes, clame largamente en mi cabellera.
Hundido en ti, besado del azul poderoso y materno,
mis labios sumidos en tu celeste luz apurada
sientan tu roce meridiano, y mis ojos
ebrios de tu estelar pensamiento te amen,
mientras así peinado suavemente por el soplo de los astros,
mis oídos escuchan al único amor que no muere.

Vicente Aleixandre

#día31

El día de hoy ha tenido las mismas horas que el día de ayer pero han pasado de otro modo. Básicamente a penas he visto la luz del día. He estado encerrada en la escuela. El video de arriba muestra mi actividad neuronal a las 22h. 

Esta mañana estábamos a 18º y la ropa que dejé tendida en la escalera de incendios seguía ahí, pero aún mojada.

Mi tarjeta mensual Metrocard ha caducado y la máquina de mi estación (Bedford-Nostrand) no funcionaba. Llegaba muy tarde a clase pero sin prisas porque no tenía ganas de ir, he salido de casa como a las 10 y me he ido a tomar un café. Luego he paseado por el barrio en busca de una máquina, he comprado un billete sencillo de 3$ y en el intercambiador de Bergen la tarjeta me ha vuelto a caducar porque los single rides no aceptan transbordos. El señor taquillero del metro me ha ayudado muy amablemente a sacarme el billete mensual y me ha dado un mapa del metro aunque le he dicho que llevaba aquí el tiempo suficiente como para no necesitar mapa. Aún así me lo ha dado. Era muy amable. Tenía cara de Papá Noel y unos ojos suuuper azules. 

*Go girl GO me recuerda este grafitti a la salida del sitio hipster donde compro el café 

En mi paseo en búsqueda de una máquina expendedora que funcionara me he encontrado a Barcelona despreciada en una caja de cartón y una gaviota intentando llevarse una costilla rebozada de cerdo. Sin éxito. No sé si ha sido una advertencia.

He ido a por sushi y he trabajado y he corrido por los pasillos de la escuela como una posesa. 

*todo es desechable, todo es plástico, todo es de un solo uso. ARGH! Me pone enferma!

*maquetilla del cómic Pigeons

Hoy es un día muy triste para nuestra democracia. Hoy día 1 de julio entra en vigor la ley mordaza, todos estamos en peligro. 


lunes 29 de junio

Seis años antes, cuando apenas cruzábamos miradas, sonrisas y saludos cordiales.
Seis años antes, cuando ésto era lo último que imaginábamos.
Seis años antes, cuando éramos dos extraños en el mismo auto.
Seis años antes, cuando yo era una niña y tu comenzabas tu vida.
Seis años antes, cuando conocernos no cambio nuestra vida.
Seis años antes, cuando cada quien estaba inmerso en su mundo, ajeno el uno del otro.
Seis años antes, cuando yo no sonreía al escuchar tu nombre…..


Seis años antes pudimos parar todo el desmadre que hemos causado por un pequeño capricho, por sentir tus labios sobre los míos, por ver tu mano tendida a la espera de la mía, por estos pequeños viajes en auto en los que somos los seres más felices del universo.

Solo por poder mirarte a los ojos y respirar tu aire.

—  3:00am
Privado | henrywxnter

Un cigarrillo extinguiéndose en el interior de un cenicero; su respiración regulada y su corazón palpitando a un ritmo normal, demasiado normal. La diversión había terminado, lo intuía sólo mirando la colilla de un exquisito tabaco, la calma pecaba de aburrida, así como él de molestia cuando se percataba que no había nada más vacío que compartir una cama sin dirigirse la palabra. Un suspiro cansino indicó el porvenir del siguiente paso: marcharse en cuanto antes de ahí. Se volteó para buscar la ropa tendida de manera casi estratégica en el suelo, como si cada prenda ya tuviera su sitio preestablecido— Esto es absurdo. Nosotros somos absurdos. —bufó en un tono más bajo del usual, mordisqueando su labio inferior mientras devolvía la vestimenta a su lugar.

He estado un poco fuera de esto en los últimos días y tengo muchas cosas que responder pero he estado ocupada (haciendo quehaceres en casa como toda la Elicienta que soy) y flojeando un poco por las tardes por que como que últimamente me dan ganas de estar tendida mirando series y leyendo , pero yaaaa, mucha flojera y una pila de drafts esperándome. No es que haya perdido la musa con mi bebé Barry ni nada, es que cuando escribo demasiado como que mi cerebro tarda un rato en volver a estar con la pila para las tramas por que no me gusta dar respuestas flojas y sin sentido. Pero bueno, espero que todos estén bien.

Barry y yo les queremos.

Tus cuerpos

Limpia esos cuerpos sucios

tendidos en la oscuridad

lávalos, sé gentil con tus cuerpos

nadie merece estar frío y sucio

lávalos, nena

busca agua clara y, tal vez,  lágrimas

pero lávalos

no los dejes así

porque no mereces estar tendida ahí


#laluzcurva

Inis Meáin

Nuestra visita al acantilado resultó ser al final un mal intento de que nuestra llegada a Inishmaan fuera un buen día. Ver a aquella niña en la playa, por alguna razón desconocida, hizo que un mal presagio se avecinara sobre mi alma. Y es que había algo inquietante en su  aspecto. Algo siniestro. Tras llegar a casa, recogimos nuestros equipajes y fuimos a cenar a un pequeño restaurante en el que también ofrecían hospedaje. Por la noche, nos fuimos a casa. Ninguno volvimos a hablar de aquella niña en la playa.

Por la mañana, al despertar, me preparé para iniciar mi jornada tras un desayuno con mi familia. Me reuní con el auror local de Inishmaan,Fionn Laher. Laher me habló sobre Eyre, la chica asesinada en la isla.

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