tendida

La sábana tendida


Al permanecer por un lapso de tiempo en soledad y ser testigo de las cosas que ocurren alrededor, se es capaz de imaginar y vislumbrar muchas cosas. A veces cosas tan extrañas que simplemente no es posible imaginar que algo así sea capaz de encajar en el complejo rompecabezas en tu cabeza. La soledad no es una buena compañía se dice y en ocasiones es más bien peligrosa, y puede hacer que una persona común caiga en lo más profundo del abismo de la locura.

Así le ocurrió a James. Para saber un poco más de él, les diré que es un sujeto tranquilo, tiene treinta y dos años, está en muy buena forma, tiene cabello oscuro y le gusta vestirse de blanco. Está casado y tiene dos hijos y si hay una palabra que lo pueda definir con gran exactitud esa es: Responsable.

Sin embargo hasta los más responsables son efecto y consecuencia de las múltiples conexiones eléctricas del cerebro, por lo que él, como todos los que nos consideramos sanos de mente, depende hasta de la más mínima conexión dentro de su cerebro. Basta con que alguna de estas microscópicas conexiones falle para hacer de alguien completamente cuerdo un ser absurdo y sin la más mínima concepción de razón.

Y no estoy con esto juzgando a quienes han sufrido enfermedades mentales ni mucho menos discriminando a mis hermanos que por alguna razón han llegado a este mundo a vivir como la sociedad quiere que vivan, bajo el nombre de; Enfermos mentales, dementes, locos, y demás. Pero el cerebro es una herramienta de doble filo. Al fin y al cabo, dependemos de este órgano, aun misterioso para dibujar y mantener la delgada línea que separa la realidad y la razón de la demencia.

De regreso con James. Él vive en un apartamento en la movida ciudad de Caracas. En una zona muy concurrida y que no se da abasto para contener cientos de puestos que convierten el Boulevard de Sábana Grande en un gran mercado, en el que los ciudadanos provenientes de todos los puntos de la ciudad capital, pueden encontrar prácticamente lo que se les antoje a precios con los que las tiendas no pueden competir. Su apartamento, en el noveno piso de un antiguo edificio, tiene un ventanal que le permite una hermosa vista de las montañas que coronan la ciudad y nos separan del lejano y hermoso mar Caribe. El Ávila se alzaba al fondo orgulloso y de un verde poderoso.

Sin embargo no es en este lugar donde tiene lugar este extraño episodio de la vida de James. Sabrán que durante una temporada, James se encontró sin trabajo, como a algunos les suele ocurrir. Algunos problemas con su jefe y distracciones en importantes mandados le costaron su puesto de trabajo como traductor en una empresa de telefonía móvil que se encontraba en expansión por esta época. Así pues, apurado por remediar su situación de desempleo, James asistió a tantas entrevistas laborales como fue su cuerpo capaz de aguantar, semana tras semana entregando en todas partes su hoja de trabajos en las que destacaban sus experiencias laborales en múltiples empleos anteriores, de los que extrañamente no recordaba las razones que habían dado por finalizada la relación laboral.

Que comprensiva había sido su esposa al enterarse de su despido repentino, ella tenía cerca de ocho años trabajando como escritora en un periódico… ¿Cuál era el nombre del periódico? pensó James cuando se encontró en la recepción de una oficina en la que necesitaban un interprete políglota, era este el quinto día de entrevistas consecutivas. Estaba cansado de caminar tanto por la enorme ciudad de Caracas, recorriéndola de este a oeste. No estaba seguro de cuanto había gastado en boletos de Metro, había hecho tantos viajes que ya al mediodía sentía sus pies latir con fuerza, pero allí estaba él tratando de cambiar la realidad de su situación. Una joven recepcionista recibió su currículum y le hizo pasar a una sala donde había varias sillas de tela, la sala tenía grandes cuadros en las paredes y una alfombra de color azul, ya había allí tres personas que esperaban en silencio. James entró y se sentó en una silla, alejado de los otros, había una ventana que daba hacia el oeste de la ciudad. James se levantó por un momento y miró por la ventana, abajo en la calle pudo ver la estación de metro de Chacao, solo la entrada al Metro, por donde grandes masas de gente entraba y salían. Volvió hacia su puesto y notó que solo quedaba una persona allí sentada, esperó entonces y unos segundos más tarde salió una mujer muy pequeña que vestía un traje negro hasta las rodillas y una flor plateada enganchada en el hombro de aquel vestido. La mujer era de tez oscura y cabello liso, muy delgada y refinada, a James le pareció absolutamente horrible la flor que ostentaba en el vestido.

No prestó mucha atención a las palabras de la mujer, pero el otro sujeto que esperaba junto a él se puso de pie y se fue junto a la mujer a la otra habitación y luego la puerta se cerró. James se encontró solo en la sala, miró sus pantalones de vestir negros, tenía una mancha marrón, probablemente se la había hecho el mismo al sentarse la primera vez en la silla y cruzar las piernas, se limpió con la mano y al levantar la vista observó algo que extrañamente le llamó la atención. En el edificio que estaba frente a él había una ventana por la que se asomaba un tendedero de alambres. Un armazón de aluminio que se apoyaba de las paredes laterales de la ventana y que tenía dos varas que estaban unidas por tres cuerdas de alambre, allí una mujer blanca que llevaba su cabello rojizo amarrado en un moño colgaba una toalla blanca en la que había una mancha roja, una mancha de sangre.

En un principio James no creyó lo que estaba viendo, no podía ser cierto, era demasiado evidente. Probablemente no era sangre, tal vez era jugo o un experimento, seguramente de algún animal. James se levantó repentinamente y se fue hasta la ventana, pegó la cara del cristal y observó a la mujer que tendía la toalla, pero no era una toalla, era una sábana, una tela muy fina y traslucida, una sábana blanca pequeña. ¿Podía ser el tamaño algo revelador? Se dijo a si  mismo ¿era entonces un bebe?

James se volvió hacia la sala, pero no había más nadie allí, y de pronto se abrió la puerta y de allí salió la mujer de vestido negro, mostrando todas las piezas dentales que podía con su amplia sonrisa.

-Por favor… -Dijo con una voz suave.

James asintió, pero para no levantar sospechas no volvió a mirar hacia la ventana. Avanzó con firmeza fingiendo una sonrisa y entró en la oficina de la mujer. La oficina era un poco más pequeña que la sala en la que había estado y tenía un escritorio de madera, muy parecido al que tenía la recepcionista, había dos sillas vacías frente al escritorio y detrás de este se sentó la mujer aún con su prominente sonrisa. La oficina tenía una panorámica exactamente detrás del asiento de la mujer y por donde, una vez se hubo sentado James, pudo ver una vez más la mujer en la ventana tendiendo su sábana blanca. Una sábana completamente blanca, sin manchas, limpia y traslucida que jugo por un momento con el viento mientras la mujer del moño la enganchaba al tendedero.

-Mi nombre es Laura, Gerente de personal y encargada de la incorporación de trabajadores. -Dijo la joven sin dejar de sonreir a James que permanecía concentrado en el tendedero del edificio de en frente. -Tengo que admitir que su curriculum es impresionante, me gustaría hacer algunas preguntas.

James asintió tratando de parecer normal ante su entrevistador.

El teléfono sonó y Laura atendió de inmediato excusándose con su entrevistado.

“Dile que me espere un minuto” Dijo después Laura disimulando su excitación, aunque James no se percató en absoluto de esto, él seguía interesado en la imagen de la mujer pelirroja que tendía sus sábanas.

-¿Puede decirme cuál fue su último empleo? -Preguntó Laura.

-Trabajé para Omniphone. Casi un año. -James dejó de mirar a la ventana por un instante y se dirigió a la entrevistadora.

-¿Y cuál fue la razón de su despido? -Volvió a preguntar la mujer.

-Eh… tuve problemas con mi jefe. -Explicó él sin el más mínimo interés en dar detalles.

Laura emitió una gran sonrisa y más tarde el teléfono volvió a repicar. La mujer lo atendió.

-Está bien… ya voy. -Terció. -Le ruego que me disculpe. -Dijo 

levantaádose de la silla. -Tengo que atender una situación…

La mujer rodeó su escritorio y salió por una puerta que estaba en el extremo opuesto al ventanal, una puerta que James no había visto y que era por la que probablemente salían todos después de ser entrevistados.

Entonces se volvió una vez más hacia su imagen al otro lado de la ventana, aquel extraño cuadro lejano en el que aquella mujer había perpetrado algún crimen que intentaba ocultar de los ojos espías de James.

Se levantó y se acercó a la ventana tratando de dar con lo que ocurría dentro de aquel apartamento. Las demás ventanas, que seguramente eran del mismo apartamento estaban cerradas y no se podía ver nada a través de ellas pues eran texturizadas, solo había un lugar por donde ver, el único lugar que James tenía para averiguar que había ocurrido dentro.

La mujer de cabello rojizo tenía una bata rosada y continuaba tendiendo su sábana blanca en el tendedero luchando contra la fuerza del viento que hacía volar la blanca y traslucida tela. James bajó la mirada, nadie veía a la extraña criminal tendiendo la sábana, cómo era eso posible, solo él estaba pendiente de lo que ocurría en esa ventana, solo el conocía la mente criminal de esa mujer, se vio el pantalón, estaba sucio otra vez. James escudriñó con la mirada dentro del apartamento, al tiempo que se sacudía el sucio del pantalón, estaba oscuro, había una planta y allá más lejos, donde su mirada no daba más, vio algo, una punta metálica. Eso era todo… una tijera, tal vez un cuchillo, el arma homicida, esa mujer había cometido un crimen, ya no había nada más que negara aquella realidad a James, pero continuó observando desde allí a su cuadro.

La mujer continuaba allí tendiendo la blanca pieza sobre los alambres, ¿Por qué lo hacía? ¿Qué intentaba? si lo que quería era confundir a la gente se había equivocado con él, James sabía lo que había hecho y no iba a creerse el cuento de que aquello era su ropa recién lavada. No era una buena mentira, no para él, el sabía que detrás de imágenes simples como esa se encontraban los más terribles crímenes del mundo. ¿A quién habría matado? de pronto como una corriente fría de aire se estrelló frente a él la idea de un accidente. ¿Un accidente? no… lo habría denunciado su hubiera sido un accidente, tal vez en defensa propia había herido a alguien. Lo pensó por un momento, pero luego una vez más vio la sábana volando con el viento de la tarde, un viento cargado del humo de los muchos carros que transitan por las avenidas, humo con plomo, sin plomo, aire caliente y frío y entonces pudo ver a la mujer a los ojos, esos ojos fríos y calculadores, malignos. Ella estaba a muchos metros de él, pero desde allí James la vio esbozar una sonrisa maliciosa con sus labios finos. Unas manos gordas y de largas uñas sostenían aún la sábana blanca tendiéndola sobre los alambres del tendedero. 

-¡Señor James! -Exclamó una voz detrás de él.

James se volteó asustado, en la habitación habían entrado Laura y la recepcionista que lo miraban alarmadas.

-Quiere hacer el favor de sentarse. -Repuso la mujer.

La recepcionista salió de la habitación al tiempo que James regresó a su asiento sin decir nada, Laura se sentó y lo miró con un poco de duda.

-¿Se siente bien? -Preguntó la entrevistadora.

James suspiró y luego asintió, tenía la mirada fija en la mesa de madera, luego levantó la vista. Laura se había sentado y con el respaldo de la silla bloqueaba la imagen de la mujer del edificio del frente. Esto permitió que por unos minutos James pudiera calmarse.

La entrevista, resultó como todas las demás que ya había tenido tanto en aquel largo día como en los días anteriores, James respondió a todas las preguntas pero siempre recordaba a la mujer que tendía la sábana en la ventana del frente. Al finalizar la entrevista unos minutos después la señora Laura se levantó y le dio la mano a James que al levantarse pudo ver una vez más por la ventana.

Para su asombro y espanto había una larga sábana tendida en la 

ventana y la sangre goteaba abundantemente por las puntas que quedaban al aire. James dio un grito de terror lanzándose de espaldas a la pared, la mujer que estaba tendiendo la sábana lo miraba desde allí, con sus ojos calculadores, con su sonrisa maliciosa y sus brazos cruzados.

-¡¿Qué es lo que ocurre?! -Preguntó en voz alta la entrevistadora.

James señaló a la ventana y a la sábana que estaba tendida en el edificio de en frente, pero Laura no pareció ver nada.

James se levantó del suelo donde yacía y se acercó decididamente hacia la mujer, le aferró el rostro con ambas manos y se la llevó con fuerza hacia la ventana.

-¡No la ve a ella y a su sábana llena de sangre! -Exclamó pegando el rostro de Laura del cristal. -¡No ve que es una asesina! ¡Está loca, es una criminal! -Gritó después.

James no obtuvo sino un grito desgarrador de Laura, al que más tarde se sumó el de la recepcionista. James unos segundos después sintió que era jalado por alguien a quien golpeó con gran fuerza sin saber de quien se trataba.

-¡Vean! ¡Es una asesina! -Gritó una vez más.

Luego recibió un fuerte golpe que lo hizo soltar a Laura, volvió la vista a la ventana del edificio del frente pero no había nada allí. La ventana estaba abierta y había un armazón metálico que servía de tendedero, pero estaba vacío. Hubo silencio por un minuto y luego la situación se calmó, James se irguió.

-Pero… yo la vi. Estaba allí. -Dijo en susurros.

Laura hizo señas a la recepcionista que más tarde salió de la sala. James se volvió a su entrevistadora.

-Ella estaba allí, había sangre. -Volvió a decir.

-No… no hay nada. -Dudo Laura manteniéndose a distancia de su atacante.

-Ella los mató… -Murmuró finalmente James.

No hubo recuerdos después de esta situación dentro de la mente de James, luego se encontró en un cuarto, con sus brazos amarrados a su cuerpo, sin poder moverse, llevaba una camisa de fuerza blanca, estaba sentado frente a alguien, su esposa que hacía un increíble esfuerzo por no llorar.

La mujer no dijo nada, se levantó y se fue hasta donde estaba un doctor junto a la atacada; Laura.

-¿Nunca se dio cuenta de este estado? -Preguntó el doctor a la esposa de James.

-No. -Respondió ella. -Pasaba mucho tiempo fuera de casa.

-Tengo algunas cartas… -Dijo el médico. -Que encontraron entre sus papeles. Cartas de despido.

Laura las tomó, aún con duda, su cuello estaba enrojecido y su cara maltratada por el repentino ataque de James.

-Locura temporal, inestabilidad mental, problemas mentales. -Leyó pasando las cartas una tras otra. -¿Como es que nunca atacó a nadie?

El médico negó con la cabeza.

James fue recluido en una institución que no le iba tan mal, a su parecer, podía vestir de blanco siempre y las habitaciones eran siempre acolchadas. Además sabía que allí no lo iba a buscar la mujer de aquel apartamento que tendía la sábana. Se sentó recostado de una de las paredes y algo le llamó la atención, tenía sucio, una mancha marrón en el pantalón.

dónde on Flickr.

Se puede partir de cualquier cosa, una caja de fósforos, un golpe de viento en el tejado, el estudio número 3 de Scriabin, un grito allá abajo en la calle, esa foto del Newsweek, el cuento del gato con botas, el riesgo está en eso, en que se puede partir de cualquier cosa, pero después, después hay que llegar, no se sabe bien a qué, pero llegar, llegar no se sabe bien a qué, y el riesgo está en que en una hora final descubras que caminaste volaste corriste reptaste quisiste esperaste luchaste y entonces, entre tus manos tendidas en el esfuerzo último, un premio literario, o una mujer biliosa o un hombre lleno de departamentos y de caspa en vez del pez, en vez del pájaro, en vez de una respuesta con fragancia de helechos mojados, pelo crespo de un niño, hocico de cachorro o simplemente un sentimiento de reunión, de amigos en torno al fuego, de un tango que sin énfasis resume la suma de los actos, la pobre hermosa saga de ser hombre. No hay discurso del método, hermano, todos los mapas mienten salvo el del corazón, pero dónde está el norte en este corazón vuelto a los rumbos de la vida, dónde el oeste, dónde el sur. Dónde está el sur en este corazón golpeado por la muerte, debatiéndose entre perros de uniforme y horarios de oficina, entre amores de interregno y duelos despedidos por tarjeta, dónde está la autopista que lleve a un Katmandú sin cáñamo, a un Shangri-La sin pactos de renuncia, dónde está el sur libre de hienas, el viento de la costa sin cenizas de uranio, de nada te valdrá mirar en torno, no hay dónde ahí afuera, apenas esos dóndes que te inventan con plexiglás y Guía Azul. El dónde es un pez secreto, el dónde es eso que en plena noche te sume en la maraña turbia de las pesadillas donde (donde del dónde) acaso un amigo muerto o una mujer perdida al otro lado de canales y de nieblas te inducen lentamente a la peor de las abominaciones, a la traición o a la renuncia, y cuando brotas de ese pantano viscoso con un grito que te tira de este lado, el dónde estaba ahí, había estado ahí en su contrapartida absoluta para mostrarte el camino, para orientar esa mano que ahora solamente buscará un vaso de agua y un calmante, porque el dónde está aquí y el sur es esto, el mapa con las rutas en ese temblor de náusea que te sube hasta la garganta, mapa del corazón tan pocas veces escuchado, punto de partida que es llegada. Y en la vigilia está también el sur del corazón, agobiado de teléfonos y primeras planas, encharcado en lo cotidiano. Quisieras irte, quisieras correr, sabes que se puede partir de cualquier cosa, de una caja de fósforos, de un golpe de viento en el tejado, del estudio número 3 de Scriabin, para llegar no sabes bien a qué, pero llegar. Entonces, mira, a veces una muchacha parte en bicicleta, la ves de espaldas alejándose por un camino (¿la Gran Vía, King´s Road, la Avenue de Wagran, un sendero entre álamos, un paso entre colinas?), hermosa y joven la ves de espaldas yéndose, más pequeña ya, resbalando en la tercera dimensión y yéndose, y te preguntas si llegará, si salió para llegar, si salió porque quería llegar, y tienes miedo como siempre has tenido miedo por ti mismo, la ves irse tan frágil y blanca en una bicicleta de humo, te gustaría estar con ella, alcanzarla en algún recodo y apoyar una mano en el manubrio y decir que también tú has salido, que también tú quieres llegar al sur, y sentirte por fin acompañado porque la estás acompañando, larga será la etapa pero allí en lo alto el aire es limpio y no hay papeles y latas en el suelo, hacia el fondo del valle se dibujará por la mañana el ojo celeste de un lago. Sí, también eso lo sueñas despierto en tu oficina o en la cárcel, mientras te aplauden en un escenario o una cátedra, bruscamente ves el rumbo posible, ves la chica yéndose en su bicicleta o el marinero con su bolsa al hombro, entonces es cierto, entonces hay gente que se va, que parte para llegar, y es como un azote de palomas que te pasa por la cara, por qué no tú, hay tantas bicicletas, tantas bolsas de viaje, las puertas de la ciudad están abiertas todavía, y escondes la cabeza en la almohada, acaso lloras. Porque, son cosas que se saben: la ruta del sur lleva a la muerte. Allá, como la vio un poeta, vestida de almirante espera, o vestida de sátrapa o de bruja, la muerte coronel o general espera sin apuro, gentil, porque nadie se apura en los aeródromos, no hay cadalsos ni piras, nadie redobla los tambores para anunciar la pena, nadie venda los ojos de los reos ni hay sacerdotes que le den a besar el crucifijo a la mujer atada a la estaca, eso no es ni siquiera Ruán y no es Sing-Sing, no es la Santè, allá la muerte espera disfrazada de nadie, allá nadie es culpable de la muerte y la violencia es una vacua acusación de subversivos contra la disciplina y la tranquilidad del reino, allá es tierra de paz, de conferencias internacionales, copas de fútbol, ni siquiera los niños revelarán que el rey marcha desnudo en los desfiles, los diarios hablarán de la muerte cuando la sepan lejos, cuando se pueda hablar de quienes mueren a diez mil kilómetros, entonces sí hablarán, los télex y las fotos hablarán sin mordaza, mostrarán cómo el mundo es una morgue maloliente mientras el trigo y el ganado, mientras la paz del sur, mientras la civilización cristiana. Cosas que acaso sabe la muchacha perdiéndose a lo lejos, ya inasible silueta en el crepúsculo, y quisieras estar y preguntarle, estar con ella, estar seguro de que sabe, pero cómo alcanzarla cuando el horizonte es una sola línea roja ante la noche, cuando en cada encrucijada hay múltiples opciones engañosas y ni siquiera una esfinge para hacerte las preguntas rituales.
¿Habrá llegado al sur?
¿La alcanzarás un día? Nosotros, ¿llegaremos?
(Se puede partir de cualquier cosa, una caja de fósforos, una lista de desaparecidos, un viento en el tejado)
¿Llegaremos un día?
Ella partió en su bicicleta, la viste a la distancia, no volvió la cabeza, no se apartó del rumbo. Acaso entró en el sur, lo vio sucio y golpeado en cuarteles y calles pero sur, esperanza de sur, sur esperanza.
¿Estará sola ahora, estará hablando con gente como ella?,
¿mirarán a lo lejos por si otras bicicletas apuntaran filosas?
(un grito allá abajo en la calle, esa foto del Newsweek)
¿Llegaremos un día?

Julio Cortázar

In The Same Hell|| Asha&Zack
itts-asha

La mañana era horrible para Zack, como todas estaba claro, pero ésta era especialmente mala. Su cabeza dolía y no podía dormir para nada, después de la noche que pasó en aquel infierno no tenía ganas de nada. Su  cuerpo no nada para más, no entendía como había podido caminar hasta su casa, pero estaba ahí y su cama se veía cómodamente tendida, esperando por su cansado cuerpo para colapsar encima. Quitó su chaqueta de sus hombros y se sentó en el pequeño sofá que tenía cerca de su cama, revisando su teléfono sin saber muy bien que era lo que buscaba, hasta que notó que algo faltaba en su mesa de noche. Se levantó rápidamente, iniciando la búsqueda de aquella bola de cristal que, podría ser o podría ser que no, le había robado a su padre hacía unos años.– ¡Carajo!—Exclamó molesto, haciendo que esto que sucedía tintara sus cabellos de un rojo intenso, cosa que no pasaba desde hacía unos días. Dejó el desastre que era su habitación a sus espaldas, saliendo en busca de su hermana o de alguien que tuviese información sobre lo sucedido. Golpeó la puerta de la pelirroja.– ¡Asha! Me están cortando las vísceras, ábreme.

Me quieres tendida y sin pudor? Quieres palpar mi palpitar?

Todo un día con ella, todo un día con él, todo un día pensando en otra, todo un día pensando en otro, como 4 personas pueden parecerse tanto pero tanto? Da lo mismo, al final… Ni en inglés, ni en rubio, ni en moreno ni en mexicano se sabe quien soy en verdad.

teach-fletcher asked:

☾, ✿, ♡, ♦.

☾ - sleep headcanon

Theo adora las hamacas, o esas camas tendidas entre dos palos gigantes, y quedas como en el aire. O dormir en el piso con un colchon, al final, siempre despierta con Agatha si ya se, es muy original nombre para un gato, pero esta vez culparemos a su madre en su espalda, pues Theo simpre duerme boca abajo

✿ - Sex headcanon

Lo hace al estilo vintage, idk no me pidan que haga explicaciones o los rocio como regadero de parque con agua bendita. amen.

♡ - romantic headcanon

Matheo trata de siempre bromear, pero si encuentra a alguien hardcore, en definita le pondria empeño a todo. ¿Cambiar? no, pero todo esfuerzo vale, todo sea por mejorar la raza.

♦ - quirks/hobbies headcanon

¿Meterse en el pentagono , e investigar a su pais cuenta?

3

Eleanor… Escondida tras su espalda hasta que el vuelve. Tendida en su cama hasta que el se despierta. Siempre hace que los demás parezcan insulsos y superficiales, nunca lo suficiente interesantes…

Park… Sabe si una canción le gustara antes de que ella la oiga. Se ríe de sus chistes antes de que ella termine de contarlos. Hay un lugar en su pecho, justo debajo de su cuello, que hace que Eleanor quiera cumplir las promesas que le hace…

-Bono conoció a la que seria su mujer en la escuela- dijo Park
-Si, y también Jerry Lee Lewis- Contestó Eleanor
-No estoy bromeando.
-Pues deberías. Tenemos 16 años- dijo ella.
-¿y qué pasó con Romeo y Julieta?
-Superficiales, confundidos y, posteriormente, muertos.
-Te quiero, y no estoy bromeando- le dijo Park
-Pues deberías.

Rainbow Rowell

Era extraordinariamente intensa con sus vestidos cortitos, vestiditos color pasión, haría alucinar a cualquier hombre, mientras yo la pensaba (porque fue mía y nunca lo supe) Recordándome cada exótico acorde de “i want you” de los Beatles y la escena perfecta de la película “Across de universe” donde él iba tumbado de la borrachera con su amigo de camino a “casa” y corría por la calle con una chaqueta en la mano cantando ¡ESTO NO PASARÁ!  Ahora solo la recuerdo en una pasarela, o en alguna foto con su cabello  que la hace lucir “so fucking hot”, su cabello corto y cobrizo, y la pienso en mi cama, no desnuda, sino con mi ropa, tendida, viendo alguna película Venezolana (o quizá argentina, o francesa o ese título antes mencionado) y pasar la noche haciendo el amor, como solo ella lo entiende, sin “tirar”, muy “in love” como ella lo diría, porque eso sí, ella como nadie siempre me entendió, siempre supo que la magia existía. Pero imposible, mejor estaba la opción de cantarle una canción que fuese como el champagne francés o una que dice “yo solo quiero verte perfumadita con tu bóquita pintada” y morir de risas con ella, quizá recitarle un poema de Bukowski, quizá luego, consiga un beso.
—  Chicas de New York.  Ramón Rodríguez.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche,sin embargo estoy aquí tendida en mi cama llorando sintiendo un vacío que ni siquiera tú podrías llenar. Ahora presento sentimientos que antes no tenía esos sentimientos son de odio me odio me tanto que quiero escapar de mi misma,entiendo porque me encuentro sola no valgo la pena intento ser buena y no me funciona,intento que me quieran y me alejan,me siento mendigando amor y cariño y no me gusta.Ya no quiero estar presente en esta vida.

25/02/2014

Este me gustaba, que bueno que no se perdió para siempre:


Esto se lee mejor con explosions in the sky de fondo - the sky above, the field bellow.

Mono aullador

Empieza en el estómago…
Avanza suavemente desde ese centro hacia todas las extremidades de mi cuerpo.
Se siente casi acogedor…
Llega a la cabeza y todo empieza a dar vueltas por unos segundos hasta que cierro los ojos y quedo detenida en el tiempo.

Por un instante siento TODO.

…No hay otro momento, solo ese “ahora”. Estoy en casa.

Tendida sobre la grama en una noche cálida, con el cielo más estrellado que haya visto jamás. Sé que tengo compañía pero no importa mucho. Estoy sola frente a la noche y podría terminar el mundo en este mismo instante, yo moriría sintiéndome completa.


- To west Texas

21

Tortuosos despertares llenos de lejanías y ausencias.

Sabanas que se me enredan entre las piernas y no me dejan levantarme. Luces muy brillantes para ojos que acaban de abrirse después de una noche demasiado oscura.

Escuché que se cambian los hábitos después de 21 días. El mismo tiempo que las proteínas tardan en procesarse en el organismo.

Nunca es tarde para volver a empezar la cuenta. Siempre voy a estar 21 días más allá que acá.

Si el sol brilla o si ya me volvió a atrapar la noche, no parece importar. Hay otras maneras de sacarte de mi organismo. Solo necesito 21 días más.

- Slow dance on the inside

No es nueva la dependencia a sustancias para caminar sobre los pasos que me llevan a donde siempre quise llegar.

No todo se siente normal. A veces creo que escondo esa parte oscura para no perderme en ella. A veces creo que le doy la espalda a lo que soy -hija de la noche. Quiero ver la luz, pero extraño la noche y quién soy en ella.

A veces nos podemos volver necios. Sabemos cuando algo nos quema, nos destruye y nos deja en medio de la sala con las manos vacías. Generalmente queremos acerarnos al borde aunque sabemos que podemos caer.

He caído varias veces. Se siente como una espiral interminable que te jala hasta el fondo. No podes gritar porque es tan profundo que nadie va a escuchar.

Siempre he salido aunque cada vez se vuelve más difícil. Siempre me siento más fuerte pero siempre caigo más hasta el fondo.

Cuando estoy fuera, cuando estoy lejos, ella me habla.

“Nunca estas completamente desligada, aunque le des la espalda.”

Me dijo que me parara en el borde, que experimentara la caída. Que sería una gran caída, y que podría regresar antes de perderme en ella.

No. Me da miedo volver. Ahí no hay nada. Allá no soy nadie. Pero, aquí no soy yo.

Arquitectura - Poemas en prosa

—No vive ya nadie en la casa —me dices—; todos se han ido. La sala, el dormitorio, el patio, yacen despoblados. Nadie ya queda, pues que todos han partido.

Y yo te digo: Cuando alguien se va, alguien queda. El punto por donde pasó una persona, ya no está solo. Únicamente está solo, de soledad humana, el lugar por donde nadie ha pasado. Las casas nuevas están más muertas que las viejas, por que sus muros son de piedra o de acero, pero no de personas. Una casa viene al mundo, no cuando la acaban de edificar, sino cuando empiezan a habitarla. Una casa vive únicamente de personas, como una tumba. De aquí esa irresistible semejanza que hay entre una casa y una tumba. Sólo que la casa se nutre de la vida de las personas, mientras que la tumba se nutre de la muerte de ellas. Por eso la primera está de pie, mientras que la segunda está tendida.

Todos han partido de la casa, en realidad, pero todos se han quedado en verdad. Y no es el recuerdo de ellos lo que queda, sino ellos mismos. Y no es tampoco que ellos queden en la casa, sino que continúan por la casa. Las funciones y los actos se van de la casa en tren o en avión o a caballo, a pie o arrastrándose. Lo que continúa en la casa es el órgano, el agente en gerundio y en circulo. Los pasos se han ido, los besos, los perdones, los crímenes. Lo que continúa en la casa es el pie, los labios, los ojos, el corazón. Las negaciones y las afirmaciones, el bien y el mal, se han dispersado. Lo que continua en la casa, es el sujeto del acto.

3

DELANTE DE SUS HIJOS BALEA A SU MUJER Y SE SUICIDA.

Otro terrible caso de violencia intrafamiliar ocurrió en Mexicali, ahora fue en el fraccionamiento Casa Digna donde un padre de familia separado de su mujer desde hacía varios meses, el día de ayer se entrevistó con ella delante los tres hijos de ambos, una de ella una jovencita de 15 años embarazada, tras acre discusión repentinamente el hombre le pegó un balazo a la mujer y luego se disparó en la boca. Ella fue conducida grave al Hospital General y el quedó muerto en plena calle.

De la Dirección de Seguridad Pública se dio a conocer que  corrían los primeros minutos del día hoy, cuando reportaron disparos de arma de fuego en la avenida Fortaleza, frente a la casa marcada con el 2181, donde al llegar los agentes encontraron a un hombre armado con una pistola y junto a él una mujer tendida en la banqueta sangrando del abdomen.

Los agentes le ordenaron bajar el arma, pero el hombre se llevó el cañón a la boca y se disparó para caer muerto al instante.

La mujer de 35 años fue atendida por paramédicos de la Cruz Roja que la llevaron a un nosocomio, previo habían determinado que el varón no identificado como de 37 años estaba muerto.

El problema es que no te importo y lo se, pero aun asi sigo ahi tendida a tus pies, esperando aunque sea un pequeño destello de empatia