techo de madera

Espacio vacío - One shot - Wigetta

-Mesa para dos, por favor.

-¿Para dos?

-Si- Guillermo rió. -Mi pareja llegará en un momento.

-Está bien.

En tan solo unos segundos llegó uno de los empleados del lujoso restaurante con un traje y una espantosa corbata roja.

-¿Señor? Sigame por favor.

El de corbata fea le indicó el camino a Guillermo hacia una mesa para dos, tal y como el lo había pedido.

-Gracias.

Guillermo se sentó en una de las sillas junto a la mesa.

El lugar era hermoso, las paredes eran iluminadas por grandes luces que colgaban desde el techo. Las mesas de madera estaban cubiertas por un fino mantel rojo. Un pequeño jarrón con flores decoraba el centro de la mesa. Las sillas blancas eran más cómodas de lo que parecían a simple vista. Justo al frente de Guillermo, unos ventanales enormes que dejaban a la vista la iluminación de la nocturna ciudad.

-¿Está libre este asiento?

Guillermo levantó la vista sonriendo por inercia al escuchar aquella voz que lo hacia sentirse completo.

Se incorporó y le dio un abrazo a su chico.

-Te has afeitado la barba ¿Que clase de milagro es este, Samuel?

Guillermo procedió a sentarse y Samuel rió imitando los movimientos del menor.

-¿Ya quieres pedir algo de comer?

-¿Quieres que te sea sincero?- Samuel tomó la mano del menor sobre la mesa. Guillermo asintió. -No tengo nada de hambre.

-Vale ¿Que te parece tomar algo y luego salir a caminar por ahí?

-Vale.- El mayor sonrió provocando la sonrisa del contrario. -Tu ve pidiendo lo que sea que quieras tomar, yo iré al baño.

Guillermo asintió. Samuel se puso de pie.

-Ya vuelvo chiqui.

-Está bien compañero.

Guillermo observó como su pareja se alejaba en dirección al baño y luego de que desapareciera por la puerta, llamó al mesero.

Cuando Samuel volvió, dos copas de vino yacían sobre la mesa.

El mayor besó la mejilla de su pareja y tomó asiento. Luego de que hiciera una broma sin sentido respecto a esto, el menor comenzó a reír tapando su boca con ambas manos para intentar insonorizar la carcajada.

-Samuel.- Dijo el menor luego de parar de reír. -Nos están viendo raro.

Y, efectivamente, una pareja de ancianos los observaba como si estuviesen locos. Probablemente producto de la carcajada de Guillermo.

-Solo ignóralos, de seguro su cena está demasiado aburrida y por eso nos ven así.

El mayor volvió a hacer sonreír al menor.

La pareja habló de temas sin sentido mientras bebían su copa de vino lentamente, ignorando olímpicamente la mirada persistente de la pareja de ancianos. Luego de haberla terminado Guillermo pagó la cuenta y salieron a caminar, tal y como habían quedado antes.

Llegaron a una especie de parque y se sentaron en un gran banco rodeado de árboles.

Aunque el tamaño del banco fuera considerablemente grande, Guillermo se apegó a Samuel como si su vida dependiera de ello.

-¿Samuel?

-Dime, chiqui.

-Quiero hablarle de lo nuestro a mi madre.

-¿De verdad?

-Si.

-Me alegro mucho… ¿Como crees que se lo tomará?

-Creo que bien, tu le agradas mucho.

-Creo que ya es tarde.

-¿Qué?

-Debes volver a casa.

-Vale, pero solo si vas conmigo y te quedas un rato.

-Guillermo, debo volver a casa yo también.

-Solo un rato.

-No.

-Por favor Samu.

Guillermo parecía un niño pequeño rogando por su golosina favorita, y Samuel de alguna forma era su golosina favorita.

-Solo un rato.

-¡Gracias!

-Vamos chiqui.

Guillermo y Samuel caminaron hasta la casa del menor.

Las luces estaban encendidas y se colaban por las persianas de las ventanas, lo que indicaba que su madre aún estaba despierta. Su padre estaba había salido de viaje para ver a un cliente y su hermana se quedaba en la casa de una de sus amigas esta noche.

Guillermo entró en la casa seguido por Samuel, cerró la puerta y subieron a la habitación del menor.

-¿Guillermo?

Su madre debía de estar en la cocina, seguramente.

-Ya vuelvo.

El menor depositó un corto beso en los labios del mayor y desapareció por la puerta.

-¿Mamá?

Bajó las escaleras y atravesó la sala para luego ingresar en la cocina.

Y, efectivamente, su madre estaba en la cocina frente a un gran pastel de fresas.

-Hola pequeño.

Guillermo la abrazó y luego besó su frente.

-¿Y esto?- Pasó un dedo por el glaseado del pastel y luego se lo llevo a la boca. -Está rico-

-¡Oye!¡No toques!- La señora Diaz borró la marca de dedo con una espátula. -Tu hermana pasara por él mañana.

-Traje a alguien.

La sonrisa se borró de la cara de la madre de Guillermo.

-¿Si?¿A quien?

-A Samuel.- Sus ojos se cristalizaron rápidamente. -¿Mama? ¡Oye! ¿Que sucede?

-Guillermo ¿Realmente no lo ves?

-¿De que estas hablando?- Su madre se levantó de silla, odiándose por lo que estaba a punto de hacer.- ¿A donde vas?

-¿Donde está?

-En mi habitación.

Comenzó a caminar rápidamente mientras las lagrimas rodaban por sus mejillas y Guillermo la seguía.

Cuando llegó a la puerta de la habitación de su hijo lo miró y se secó las lágrimas en sus mejillas.

-No hay nadie.- Abrió la puerta de un golpe. -No hay nadie, Guille.

Guillermo se introdujo en la habitación para comprobar que las palabras de su madre eran ciertas.

-Vale.- Rió. -Ya lo entiendo. Caí en la broma ¿Vale? Ahora no llores.

-¡Guillermo!¡Por favor, ya es hora de que lo veas, no hay nadie!¡Samuel no está!

-No entiendo que quieres decir.

-¿Realmente no recuerdas la noche de hace dos meses?- Guillermo la miraba fijamente.- Él te llamó diciendo que vendría a casa porque quería hablar contigo, habían discutido ¿Lo recuerdas?

-Claro que lo recuerdo. Vino a casa y hablamos, tu le dijiste que podía quedarse a comer.

-Eso no pasó Guillermo, él nunca llegó a casa.

-¿Qué?

-Tu psiquiatra dice que es porque te sientes culpable de lo que pasó.

-Yo nunca he ido al psiquiatra.

-Si lo has hecho. Guillermo, el ya no está. Hace dos meses no está.

Guillermo retrocedió, alejándose de su madre. Realmente se acordaba de esa noche, pero no como su madre decía.

-Guillermo, Samuel está muerto. No fue tu culpa cariño, el venía a solucionar las cos…

-¡Cállate!¡Deja de mentirme!- Guillermo salió corriendo de la habitación sacando a su madre del camino.- ¡¿Samuel?!¡¿Samuel donde estas?!

La llamada del padre del mayor llegó a su cabeza, la palabra ‘accidente’ retumbaba en sus oídos.

Guillermo comenzó a correr por toda la casa. La cocina, la sala, el comedor, la habitación de su hermana y, finalmente, el baño.

Frente a la puerta de salida del pequeño baño, Guillermo vio a su madre dirigirse a él, aún con lagrimas en los ojos.

-Mamá ¿Donde está Samuel?- Guillermo no recordaba cuando fue que había comenzado a llorar el también. -¡Mamá!¿Donde está?¿Donde está Samuel?

La señora Diaz se acercó a él y lo estrujó con fuerza.

-Lo siento tanto cariño.

Y en ese momento, por primera vez, años después de haberlo conocido, Guillermo sintió que Samuel no estaba a su lado. Solo un espacio vacío junto a él. Irónicamente, podía sentir como se le escapaba un trozo de vida cada vez que su corazón latía. Guillermo no comprendía porque debía ser así, pero si de algo estaba seguro era de que Samuel, donde sea que estuviera, tampoco lo comprendía. ¿Que clase de mente retorcida podría comprender que le arrebataran así a alguien tan importante para el? Justo ahí fue cuando Guillermo pensó que si todo pasa por algo, le gustaría saber porque.

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Hola c:

Esto se me ocurrió escribirlo por un post que leí hace bastante sobre la historia de unas gemelas que me gusto mucho.

No es lo mejor, incluso en un momento mi mente quedó en blanco y no sabia que poner:v

Espero les guste, saludos z4