tan exterior

Conociendo el clima como era, ya no quedaba lugar para tener sorpresas cuando en un día espectacularmente soleado se convertía en una tormenta en la ciudad de Londres. Para su fortuna, Lily estaba bajo techo en una cafetería cuando el paisaje casi veraniego e incluso con un poco de calor se transformó y las gotas de lluvia que caían con fuerza comenzaron a resonar, chocando contra las ventadas. “No parece un buen día para traer ropa ligera” comentó a nadie en particular, sino más que nada un pensamiento en voz alta. La cafetería poseía un largo mesón general en el centro y Evans se encontraba mirando hacia la ventana, por lo que al estar tan concentrada en el exterior no sabía si tenía a alguien sentado junto a ella. 

La canción no habla de nadie en especial, sino de muchas personas… Supongo que debo intentar expresar cómo veo un tema tan estúpido como la atracción humana… Intento hablar de seres humanos que, de alguna manera u otra, logran acaparar la atención del observador como si se trataran de melodías… Personas cuyo atractivo te conmueve aunque no las hayas conocido jamás… una buena parte de este tipo de personas, me sabe mal decirlo… son un bluff… venden humo…Tan sólo salen al exterior rodeadas de un aura de misterio que desestabiliza a quien mira, obligándoles a desear estar lo más posible cerca de ellas… para darnos cuenta que, una vez rascas, la parte interior de su escenario no es más que tramoyas rotas y vestuarios abandonados… en fin, que no hay nada. No obstante, también existen otro tipo de niñas imantadas. Las que exigen, como diría un aficionado a la música, de “unas cuantas escuchas”. Las que, por la calle, obligan a pararte y mirar hacia atrás, buscando su aroma psíquico… las que dejan ver tan solo la punta de un gran iceberg de atractivos personales exclusivamente de su propiedad. Las que integran su ropa en su propia personalidad, y no al revés… las que convierten un peinado extraño en algo bello. Las que el flequillo les tapa un ojo. Las que no decepcionan cuando indagas, sino que su magnetismo te hace pensar en lo que tiene que sentir una pequeña nave cuando se va acercando a Júpiter. De menos a más, y a más, y a mucho más….Las imperfectas son el peligro… ¿Quizás porque son como nuestro espejo?
— 

— Santi Balmes, La niña imantada.

Hoy tengo el día poético. Gracias por el aporte idontwantmypantsback

Y sí, me di cuenta que no es bueno aceptar nunca la rosa con espinas, siempre cumple su cometido que es lastimar por más hermosa que sea por fuera. Acéptala tomando el dulce sabor del néctar que rebosa por lo sublime, acepta la rosa cuando su belleza no sea tan sólo exterior.
—  Autor: Rincón Poético.
Sensaciones Pasadas || 1 Capítulo (Fic Wigetta)

N: Esto es como el “futuro” tras SL

-Narra Willy-

Terminé desbloqueando el dichoso ordenador de la oficina. Disponíamos de una tecnología bastante avanzada, pero aún así siempre teníamos todo tipo de problemas. Suerte que nuestro oficio era, en mayor parte, dedicarnos a arreglar aparatos electrónicos. De lo contrario dejaría atrás toda profesionalidad y aporrearía el teclado. La manera tradicional de enmendar los problemas: Con golpes. Por suerte, borrando un par de programas, conseguí que volviera a funcionar con fluidez. Me fijé en la hora, justo en el extremo inferior derecho de la pantalla. Las diez. Mi jornada laboraría había terminado, suspiré aliviado y abandoné la caótica oficina tras recoger mis cosas. Caminé por los pasillos del recinto, recientemente pintados en tonos pastel, según nuestro jefe porque “Favorecería a nuestra concentración’‘ Sería ideal que se centrara en establecer variaciones más fructíferas, como por ejemplo conseguir organizarnos y contratar un nuevo repartidor. Me parecía eficiente que cobráramos más al cliente cuando llevábamos el aparato reparado a domicilio, pero mañana haría un mes desde que despidieron al repartidor. Afortunadamente la mayoría de personas, preferían pagar menos y recoger sus objetos personalmente. Pero siempre había excepciones. Llevaba años trabajando para la empresa, donde me sentía bastante cómodo excluyendo la desorganización que reinaba. Pero yo también me reconocía culpable del problema, pues no contribuía en absoluto a su completa erradicación. Cabía reconocer que había entrado por enchufe, únicamente me exigieron un curso rápido Informática. Obviamente no interfería en los trabajos más pesados, en cuyo caso teníamos ingenieros infinitamente mejor capacitados. Me crucé con una compañera de trabajo.-¡Guillermo! ¿Ya te vas?.-Me disgustaba que me llamaran así, pero era el nombre que aparecía en mi chapa, mis compañeros de empleo habían cogido esa manía.-Claro Mónica, son las diez.-Me desperecé, tenía el cuerpo entumecido de pasar tanto tiempo sentado.-¡Soy libre!.-Exclamé con una sonrisa, deseoso de llegar a casa, librarme de los zapatos y echarme en el sofá. Ella hizo una mueca de apuro, sus ojos añiles me miraron fijamente a través del cristal de las gafas.-Pídeme lo que quieras de una vez.-Bufé, arrepintiéndome de haberlo permitido. Ella sonrío triunfante, su melena rubia se agitó cuando corrió a por algo. Volvió con un portátil negro en las manos.-Verás.. hay que llevarlo a casa del cliente, hoy termina el plazo de entregar por pago y..-Arqueé una ceja, hacía dos días había tenido que coger el coche hasta la otra punta de Madrid para entregar un disco duro.-Me cago en todo.. ¿Tengo cara de repartidor?.-Pregunté, sin llegar a sonar hosco. No éramos íntimos entre los empleados de la oficina, pero alguna vez habíamos salido a cenar y manteníamos una relación condescendiente.-No seas gruñón. He mirado su dirección antes de preguntarte, te pilla de camino.-Apreté los labios con fuerza, no me gustaba conducir de noche, y en esta época del año el cielo oscurecía pronto.-Bueno, eso es otra cosa.-Le arrebaté el portátil de las manos. Desconocía que problema había tenido, no recordaba haber tratado con el aparato. Tras dejarme un papel con la dirección en el bolsillo, caminé hacia la salida.-¡Guillermo!.-Mónica alzó la voz, su actitud risueña y enérgica me recordaba a alguien desde que había sido contratada en la empresa.-Dime.-Su sonrisa fue radiante. Casi entendía porque tenía locos a la mitad de empleados masculinos. Agitó la mano hacia derecha e izquierda para despedirme.-Gracias.-Mis comisuras se ensancharon, la contesté con un breve asentimiento y me dirigí hacia el coche.

Bajé del coche con el portátil. Mi destino eran unos edificios comunitarios. Eran altos, con sus pulcras paredes blancas y decorado con macetas repletas de rojos tulipanes de plástico. Desde fuera se apreciaba que cada piso tenía un balcón propio. Decir que eran lujosos sería exagerar, pero se reconocía fácilmente que era un ambiente pacífico y organizado. Dudaba que hubiera algún vecino en todo el edificio que fuera problemático, reinaba la paz y armonía. Estaba empezando a arrepentirme de haber accedido a ejercer de repartidor. Si seguíamos trabajando gratuitamente horas extra como repartidores a domicilio, era lógico que nuestro jefe no se tomara la molestia de pagar por uno. Deberíamos negarnos. Además estaba el tema de ir a casa de un completo desconocido a las diez de la noche. Dudaba que nadie estuviera durmiendo, pero recibir una visita tan tarde.. no debía ser gracioso. Pensé en llamar al portero automático, pero tras comprobar que el portal estaba abierto, decidí entrar. El interior del edificio ofrecía un aspecto tan relajado como el exterior. Todo estaba decorado con delicadeza, sin llegar a ser ostentoso. Según recordaba haber leído en el papel, debía ir al tercer piso. El arreglo estaba a nombre de alguien apellidado González. Usé el ascensor. Tres de sus paredes estaban compuestas por grandes espejos. En una ocasión había leído en internet, que la mayoría de ascensores tenían espejos para dar sensación de mayor amplitud, de modo que las personas no se angustiaran tanto por la sensación de encierro. Pulsé el botón del tercer piso y me dediqué a esperar, absorto en mi reflejo. Tenía el oscuro cabello engominado en cresta y llevaba una holgada sudadera verde, que me había puesto en el coche para burlar al frío. Sujetaba el portátil con ambas manos y lo abrazaba contra mi pecho. Parecía poco profesional, me preguntaba si debía haberlo introducido en una caja o algo por el estilo. Caminé hasta el piso en cuestión cuando el ascensor se detuvo. Me quedé observando la puerta de madera oscura y pisé varias veces el colorido felpudo. Exhalé una bocanada de aire, esperaba que el cliente fuera simpático y que todo ocurriera deprisa, estaba hambriento, deseoso por volver a casa. Toqué el timbre y me abrieron enseguida.-¡Hola! ¿Quién viene a estas horas?.-Una familiar voz aguda me embotó los oídos con esa pregunta. Me apreté con fuerza el portátil contra el pecho, como si fuera la única prueba de que seguía despierto. Un cúmulo de sensaciones recorrieron raudas toda mi anatomía. Noté opresión en el estómago, la garganta y sobretodo en el corazón. Más de lo que mi delicado cuerpo pudiera soportar. De no haber estado petrificado, mis ojos se habrían llenado de lágrimas, habría caído en una espiral de desbordante e imparable llanto. Intenté reaccionar, pero la angustia me paralizaba el cuerpo. Era como ser partícipe de las típicas pesadillas agobiantes en las que estás expuesto a un gran peligro, pero no puedes ni moverte, ni gritar pidiendo auxilio. Por lo que me costó mover los labios, pareciera que se hubieran transformado en plomo.-¿Ve-Vegetta?.-Formulé con dificultad. Tartamudeé, y apenas se me oyó. Estaba demasiado nervioso, las piernas me flaqueaban y amenazaba con desplomarme.-¿Willy?.-Preguntó, pestañeando varias veces, desconcertado. Asentí con la cabeza de manera mecánica y lenta, como un robot oxidado. Su voz pronunciando mi nombre, me había resignado a pensar que solamente volvería a escucharlo en mis sueños más profundos.-Sí..-Apenas había cambiado. Recordé su manía de mencionar que en un futuro se quedaría calvo, aún conservaba la misma mata de cabello castaño oscuro. Llevaba puesto un jersey de manga larga. Los bíceps se marcaban bajo la tela, su condición física seguía siendo la misma.-Esto… Uff..-Bufó y después sonrió, visiblemente incómodo. Le había dejado sin palabras, yo tampoco las tenía. Se frotó la barba incipiente, sin dejar de mirarme. Su reacción me tenía decepcionado, aunque la mía tampoco fuera especialmente afectuosa. Pero.. ¿Qué esperaba después de tanto tiempo separados? ¿Que se arrojase a mis brazos y me devolviera la respiración con un beso? Me mordisqueé el labio, cambiando el peso de mi cuerpo de un pie a otro. Entonces pensé que él debía creer que yo estaba ahí intencionadamente, así que apreté el portátil con más fuerza.-Yo.. yo venía a..-Empecé a decir, mientras trataba de regular mi agitada respiración. Sus pupilas se apartaron por primera vez de las mías, bajó la mirada hacia el ordenador y lo reconoció al instante.-Espera hombre, trae. Deja esto por aquí.-Me lo arrebató de las manos, noté un inmenso vacío porque necesitaba sujetarme con fuerza a algo, para no caer en el abismo de la nostalgia. Pero asentí, tomándolo como un gesto de amabilidad.-Vale.-Entró en la vivienda, y tuvo que hacerme señas con la mano para que también atravesara el umbral de la puerta. Notaba como si tuviera los pies aferrados al suelo con cemento. Me costó despegarlos del suelo para seguir a Vegetta. Depositó el portátil sobre una pequeña mesa y cerró la puerta tras nosotros. Observé como se cerraba con cierta desesperación, confirmándome que estaba enclaustrado junto con mi pasado. Una corriente de aire entró por la ventana de la estancia, haciendo volar su aroma hasta mis fosas nasales. Olía a su perfume de siempre, a nostalgia y dolorosos recuerdos. Aún me costaba creerme que estuviera con él, en su casa. Era una vivienda de dimensiones aceptables, y acogedora. Estaba excelentemente ordenada, no había nada fuera de lugar. No esperaría menos del minucioso Vegetta, todavía recordaba sus enfurruñamientos cuando desordenaba la cocina para prepararme el desayuno. Nos encontrábamos en una especie de salón con paredes claras y muebles conjuntados con el entorno.-¿Cómo estás? ¡Cuanto tiempo!.-Exclamó, mostrando su más encantadora sonrisa. Cada vez que hablaba, los recuerdos me provocaban dolorosas punzadas en el corazón. Sentía la constante tentación de cerrar los ojos e imaginar que aún estábamos juntos en nuestra casa, en los ángeles.-Y que lo digas.-Murmuré, mientras la tensión me agarrotaba los músculos. Me hubiera gustado mostrarme más hablador, pero seguía consternado. Sus grandes ojos ámbar desviaron la mirada hacia el portátil-Trabajas.. ¿Trabajas para ellos? Madre mía, tío.. menuda casualidad. Qué fuerte.-Preguntó sorprendido. Estaba en lo cierto, era una fortuita casualidad. En mi opinión, la situación era violenta, pero él no parecía en absoluto contrariado.-Sí, desde hace años.-Respondí, decidí no adentrarme demasiado en el tema. Entonces debería explicarle que no trabajaba como repartidor, y después debería explicar porque estaba repartiendo..-¿Sabes? Hablé con Luzu hace tiempo, le pregunté por ti.-Me alegró adentrarnos en un tema común, algo que tuviera que ver con nuestro pasado. Esbocé una sonrisa involuntaria al imaginarme a Vegetta preguntándole a Luzu sobre mi vida. Demasiadas horas de mi vida invertidas en preguntarme si él se molestaría en pensar en mí, confirmarlo me hizo sentir afortunado.-Yo también. Esto.. es raro.-Confesé, evidentemente haciendo referencia al hecho de habernos encontrado por casualidad después de cuatro años.-Yo aún estoy flipando.-Dijo el mayor, señalándome un sofá de color negro.-¡Siéntate! Perdona que no te lo haya ofrecido antes, es que.. menuda casualidad. El mundo es un pañuelo.-Escruté el sofá unos segundos antes de tomar asiento. Él secundó la acción, sentándose justo a mi lado.-¿Esta es tu casa?.-Pregunté, puesto que lo había dado por hecho. Miré a nuestro alrededor, pensando en el apellido que figuraba en el encargo.-No, soy un ocupa. Pues claro que es mi casa niño, que cosas tienes.-Sonrió muy abiertamente, con naturalidad. Conservaba su típico humor inocente, aunque yo ya no sentía confianza suficiente para opinar al respecto. Él estaba demasiado cerca, mi cuerpo reaccionaba a su presencia acelerando los desenfrenados latidos de mi corazón. Me froté las manos sobre mi regazo, como acostumbraba a hacer en los momentos tensos. Él observó el gesto, y puso sus manos sobre las mías. Noté sus cálidas palmas sobre el frío dorso de mis manos. Me estremecí cuando me tocó, noté pequeñas descargas eléctricas recorriendo cada nervio y produciéndome un agradable cosquilleo. Tenía olvidadas las sensaciones contradictorias que provocaban en mi cuerpo su contacto físico, era como recibir un puñetazo en la boca del estómago y que el dolor resultara maravilloso. Me hallé deseando que no volviera a soltarme.-¿Estás nervioso?.-Preguntó, mirándome fijamente a los ojos. Mis grandes manos temblaron bajo las suyas. Su mirada me inquietó, me transportó hacia tiempos mejores. Asentí torpemente con la cabeza. Me aventuré y moví suavemente el pulgar, acariciando su mano con sutileza.-Sí.. ¿Sa-sabes? el otro día estaba pensando en..-Una voz femenina interrumpió mis palabras, al principio lejana y a medida que se oían sus pasos, más próxima.-Cariño, está lista la cena.-Una mujer apareció en el salón. Su cabello azabache le caía en cascada por los hombros, tenía la piel olivácea y una prominente tripa. Instintivamente aparté mis manos de las suyas, alternando la mirada de uno a otro. Si en algún momento la súbita presencia de la morena inquietó a Vegetta, este lo disimuló perfectamente.-Oh, estás con un amigo.-Señaló la fémina con timidez, haciendo el amago de irse por dónde había venido, como sintiéndose culpable de habernos privado de nuestra intimidad.-No.. no, yo ya me iba, no os preocupéis.-Me apresuré a decir, tras sacudir la cabeza hacia ambos lados. Me levanté del sofá, con la sensación de un nudo de afiladas espinas oprimiendo y perforándome la garganta. El mayor también se levantó, me pellizcó el hombro y miró con tristeza.-Willy..-Musitó dulcemente, consiguiendo erizarme el vello de la nuca. La muchacha se me aproximó.-¡No, hombre! Quédate a cenar, hay mucha comida.-Me dedicó una sonrisa bondadosa y encantadora. Bufé fuertemente, quedarme estaría fuera de lugar.-No.. no puedo, tengo que volver a casa.-Busqué al mayor con la mirada, esperando que me socorriera con sus palabras.-Vamos Willy, por los viejos tiempos.-Me rogó entonces, mirándome suplicante. ¿Qué demonios? ¿Sería cómodo para él? Pensé, como había dicho él, en los viejos tiempos. Y suspiré con pesadez.-Vale.-Accedí, consiguiendo que la pareja sonriera radiante. 

Fuimos hasta la cocina y nos sentamos en una mesa. No aparté la mirada del mayor, no parecía incómodo en absoluto. La chica sirvió tres platos de pasta con tomate, aderezados con especias verdinegras. Me mantuve callado mientras ponían la mesa, entretanto ellos hablaban constantemente. Únicamente había accedido a su invitación, porque después de tantos años, no quería apartarme tan pronto de su lado, aunque empezaba a darme cuenta de que mi decisión era sumamente masoquista. El dolor y los celos estaban matándome.-Willy ¿Quieres agua? .-Me preguntó ella, amablemente. Decidí preservar el silencio, respondiendo con un quedo asentimiento de cabeza. Ella me sirvió el agua en un vaso morado semitransparente, de la misma vajilla que los platos. Tras servirme volvió a sentarse y miró a su novio.-Que amigo tan tímido, Samuel.-Comentó con afabilidad, mirándome con sus pequeños ojos negros enmarcados por largas pestañas. No se distinguía una pizca de maldad en sus palabras, era de ese tipo de personas que destilaban bondad e inocencia. Y detestaba que fuera tan agradable, la situación sería mucho más sencilla de ser ella grosera o antipática. Quizá entonces no me sentiría tan culpable por tener ganas de besar a su novio.-Seguro que lo hace para quedar bien.-Respondió Vegetta, sonriéndome burlón. Estaba intentando picarme, como en los viejos tiempos. Parecía que quisiera comprobar si todavía era asequible que mantuviéramos ese tira y afloja. Suspiré, clavando el tenedor en la pasta y haciéndolo girar.-Que tonto..-Murmuré, esbozando el amago de una sonrisa. Me llevé el tenedor a la boca y empecé a masticar.-¿Y de qué os conocéis?.-Su interrogante casi consigue hacerme atragantar. Posé los ojos sobre Vegetta, pero su rostro estaba impertérrito.-Es Willy ¿No lo recuerdas? Estuve viviendo con él, en Los Angeles. Cuando estaba en Youtube.-Explicó, y yo terminé de tragar la pasta, estaba algo densa. Claro que no me presentó como su ex-pareja, tal cosa resultaría un disparate. La morena abrió mucho los ojos y asintió con la cabeza.-Cierto, no me acordaba. Estábamos distanciados por esa época. Soy un desastre.-No fue difícil entender que ellos se conocían antes que nosotros. El dato me hizo sentir peor. ¿Habría sido ella alguna vez su ex pareja? Quizá era la chica con la que se había besado años atrás, cuando todavía estábamos juntos. Agaché la mirada y jugueteé con el tenedor sobre la pasta, sin volver a comer.-Y con las prisas no te he presentado. Willy, ella es Jessica.-La chica sonrió y agachó la cabeza, como improvisando una reverencia.-Encantado, Jessica.-Musité tímidamente, agitando el tenedor para desahogar mis nervios en algo.-¡Igualmente! Oye, estoy viendo que revuelves mucho en el plato. Si no quieres comértelo no te preocupes, soy una cocinera pésima.-No sonaba disgustada, y además era modesta. Me di cuenta de que no me caía mal, cosa que me irritó. Estaba apunto de negar que su comida fuera mala, pero entonces habló Vegetta.-Lo corroboro, es una pésima cocinera.-Confirmó socarrón, guiñándome un ojo con complicidad. Me encogí de hombros, ella le golpeó el hombro suavemente.-¡Oye! ¡Malo!.-Exclamó, cruzándose de brazos y haciendo un adorable puchero. El mayor le enseñó la lengua y segundos más tarde ella hizo lo mismo. Parecían felices, y eso me partió el corazón.-Hacéis buena pareja.-Dije, porque era exactamente lo que tenía en mente. Por primera vez, la expresión de Vegetta se perturbó, parecía que algo le estuviera preocupando. Ella no advirtió el cambio en su rostro.-Gracias.-Me agradeció sonriente, apoyando su pequeña mano sobre el brazo del otro y acariciándolo con cariño.-¿De cuantos meses estás?.-Cuestioné, pretendiendo no sonar indiscreto. Cuando el embarazo era obvio, no consideraba maleducado preguntar acerca del tema. Aparentemente no le molestó, de hecho sonrío con dulzura, tocándose la elevada tripa de embarazada. Vegetta suspiró, y también se quedó mirando afectuosamente el hogar de su futuro hijo.-Seis meses.-Pronunciaron, al unísono. Me había impresionado mucho que su novia estuviera embarazada, estaba destrozado.. pero ya no éramos nada. Cada uno tenía su vida, por doloroso que fuera.-Enhorabuena.-Felicité. El mayor me dedicó una mirada significativa, estaba más serio que antes.-Gracias.-Hizo un asentimiento, yo suspiré, echándome hacia atrás. Lo siguiente fue un torbellino de preguntas típicas por parte de ambos 'Que has estado haciendo” “Desde cuando trabajas ahí” etc,,, Eran preguntas típicas, nada personales o indiscretas. Respondí a todas, y cuando empezaron a hablar de temas que no requerían mi participación, me quedé callado mirando al plato. Intentaba retener mis sentimientos negativos, por nada del mundo quería exteriorizarlos delante de ellos. Me preguntaba que era peor, la incertidumbre de no saber nada sobre él, o la certeza de comprobar que era feliz con otra persona.-¿Estás bien, compañero? Te veo pálido.-Alcé la mirada. Él me había llamado compañero. ¿Lo habría hecho aposta, o inconscientemente? Mis mejillas enrojecieron, asentí con la cabeza. Había estado tan ensimismado que ni me había dado cuenta de que ya no hablaban entre ellos, ambos me miraban con cierta preocupación.-Sí..-Afirmé, pestañeando varias veces. La silla de Jessica chirrió contra el suelo cuando se levantó.-¿Seguro? Tenemos ibuprofenos, y bueno.. todo un arsenal de medicamentos. Es lo que tiene que tu novio trabaje en el hospital.-Me sonrió, radiante.-¿Te traigo algo?.-Preguntó, y yo negué con la cabeza. Dudaba que ningún medicamento pudiera aliviarme semejante dolor.-No, no. De verdad estoy bien, gracias.-Me fijé en Vegetta, que reflejaba incredulidad. Pero él ya no me conocía como antes, algo había cambiado. Ella empezó a recoger nuestros platos, pero el mayor se levantó y se los arrebató.-Déjame, yo me encargo.-Dijo caballeroso, apilando los platos y llevándolos al fregadero.-Willy, tío. ¿Te acuerdas en casa? Los platos podían tirarse semanas ahí.. criando vida propia.-Me recordó risueño. Lo recordaba, sonreí y asentí con la cabeza.-Menos mal que estaba yo para lavarlos.-Alardeé, recordando que todos los días me despertaba para que grabáramos juntos el episodio de Apocalipsis Minecraft.-¡Que mentiroso! Madre mía.-Me acusó sonriente, volviendo a la mesa. Jessica estaba buscando algo en la nevera, asomó su cabeza por encima de la puerta.-¿Qué queréis tomar de postre?.-Nos preguntó. Los recuerdos me tenían preso, debía irme antes de que me derrumbara por completo.-A Willy le gustan las frutas.-Indicó Vegetta, antes de que pudiera opinar al respecto. La morena volvió a mirar en el interior de la nevera.-A ver pues tenemos.. plátanos, cerezas y naranjas ¿Qué quieres?.-Me interrogó, como buena anfitriona. Me apresuré a negar con la cabeza, levantándome también de la mesa.-No, no.. nada. Es tarde, será mejor que me marche.-Noté las pupilas de ambos, pendientes de cada movimiento que yo realizara.-Pero si acabas de llegar, ¿Cómo te vas a ir sin el postre?.-Me preguntó ella, haciendo otra mueca de preocupación. De verdad, su amabilidad era irritante.-No tengo hambre.-Confesé, encogiéndome de hombros. Antes estaba hambriento, apenas había cenado. Pero reencontrarme con él, descubrir que seguía con su pareja y que estaba embarazada. Demasiadas emociones negativas, mi estómago se había cerrado.-Debe estar cansado, viene de trabajar.-Explicó el mayor, mirando a su pareja. Esta asintió, dirigiéndome una disculpa.-Cierto.. perdona por retenerte.-Cerró la nevera y me sonrió dulcemente. Retuve un bufido, obligándome a devolver su cordialidad.-No pasa nada, muchas gracias por la cena.-Agradecí sinceramente.-Pero ya tengo que irme, adiós.-Agité la mano en señal de despedida, para no sonar demasiado seco. Jessica devolvió el gesto.-¡Adiós! Vuelve cuando quieras, ha sido un placer.-Me di la vuelta, conteniendo las lágrimas aún, y me dispuse a marcharme por la puerta.-Espera, te acompaño fuera.-Gritó Vegetta, alcanzándome y caminando conmigo hasta la salida. Inspiré, el espectáculo debía continuar.

Insistió en seguirme hasta el ascensor, yo me mantuve silencioso todo el tiempo, deseando que bajáramos de una vez al nivel cero. Cuando estábamos por el segundo piso, el mayor pulsó un botón y el ascensor se detuvo. Mi corazón dio un vuelco, lo miré interrogante, sin comprender que pretendía.-Oye.. Willy.-Susurró, aproximándose a mi cuerpo. Desde tan cerca podía aspirar su aroma, olía a vainilla. Intenté no quedarme mirando la constante tentación que me suponían sus labios.-¿Vegetta?.-Pregunté confuso, arqueando una ceja. ¿Qué motivos le arrastraban a insistir en acompañarme? Él suspiró, como si estuviera librando una batalla en su propia mente, retrocedió un paso.-Samuel, si no te importa. Que me llames Vegetta no tiene sentido, después de todo.-Advertí que evitábamos el tema de Youtube, sobretodo el final. No me sorprendió, yo tampoco quisiera ponerme a recordar aquellos últimos días tan tristes, antes de separarnos hasta la fecha. Me aliviaba saber que había sido capaz de recuperar su sonrisa, temía que nunca se recuperara de aquel duro golpe. La última vez que nos habíamos visto, él estaba apagado. Ahora lucía rebosante de vida, estaba claro que yo le había traído más problemas que alegrías.-Está bien, Samuel ¿Qué pasa?.-Pregunté, encogiéndome de hombros. Él levantó la diestra, parecía que tuviera la intención de acariciarme la mejilla, pero volvió a bajarla antes de llegar a tocarme. Estaba reteniendo sus instintos, suspiré.-Siento si ha sido difícil para ti. Pensaba que después de tanto tiempo..-Se disculpó apesadumbrado, demostrando preocupación con el fruncimiento de su ceño. Vegetta había dado por hecho que ya no sentiría nada por él, y al parecer en un punto específico de la velada había cambiado de opinión respecto a mis sentimientos. Aunque estuviera en lo cierto, pensaba mentirle. No veía necesario confesar que había sido difícil para mí, por bondad y orgullo dejaría la sinceridad aparte.-Pensabas bien. Me alegro por ti, Vegetta.-Me obligué a trazar una sonrisa, aunque pareciera que mis comisuras se negaron a colaborar, porque me costó más de lo normal. Él me miró algo preocupado, se humedeció el labio inferior  por inercia.-Samuel.-Dijo, dubitativo. No lo comprendí, estaba ocupado observando como la saliva hacía sus labios tan brillantes, tan besables.-¿Eh?.-Cuestioné, apartándome unos pasos de su cuerpo, la cercanía terminaría por hacerme enloqueecer.-Me has llamado Vegetta otra vez.-Señaló, mas no parecía molesto. Ni me había dado cuenta, no podía pensar en él de otra manera, me había acostumbrado al seudónimo.-Perdona.-Murmuré, porque era lo típico, no me arrepentía de haber cometido un fallo más que razonable. Ladeó una sonrisa.-No te preocupes, gracias por entenderlo.-Noté sus ojos atentos a los míos, correspondía la mirada sin titubear.-De nada.-Declaré, obligándome a recordar lo que acababa de ver en su casa, que una reconciliación no era posible. Echaba de menos jugar con él, bromear con él, pasear con él. Tanto tiempo en mentalizarme sobre su partida, y ahora.. debía escapar de su lado cuanto antes.-El caso es que estabas incómodo y callado, lo entiendo. Pero siento que no nos hemos puesto al día como deberíamos.-¿Es que pensaba analizarme como si me conociera después de todo? Cerré las manos en un puño.-No estaba incómodo.-Repetí, ofuscado y dedicándole una mirada fulminante. Él sonrió, añadiendo con ironía.-Cualquiera lo diría cuando te vas corriendo sin darme tu teléfono o una dirección.-Señalé el ascensor con un ademán de los brazos. Podía vernos en los tres reflejos de los espejos. Formábamos un dúo peculiar.-Sé donde vives.-Declaré, inspirando aire con torpeza. Empezaba a preguntarme si me faltaba el aliento por el encierro o por su presencia.-Seguro que pensabas visitarnos cada Domingo.-El sarcasmo fue protagonista en sus palabras. Claro que no pensaba volver a su hogar, era obvio.-Mira, Samuel. Me da igual que tengas pareja, ha pasado tiempo y me alegro de que seas feliz.-Escupí cada palabra, deseoso de molestarlo con mi absoluta indiferencia. Al principio me fulminó con sus ojos castaños, pero después mostró sus perlados dientes en una amplia sonrisa.-¡No sabes cuanto me alivia oírte decir esto! Eso significa que podemos volver a ser buenos amigos, sin problemas.-No esperaba eso. Claro que había echado de menos tener un amigo como él, con quien sintiera absoluta confianza y complicidad. Pero él tenía novia, no creía ser capaz de soportarlo.-¿Qué.. qué dices?.-Pregunté vacilante, sin saber como esquivar su propuesta amistosa.-¿Te va bien que mañana vayamos a cenar? Los dos solos, nos pondremos al día como dios manda.-Propuso. A juzgar por la expresión de su rostro, el plan le hacía mucha ilusión.-Pero..-Sacó su teléfono móvil del bolsillo y empezó a mover la pantalla táctil con el dedo.-Dame tu número de teléfono. No sabes cuanto me alegro de habernos encontrado..-Lo pensé unos segundos, pensé si me compensaba tener que lidiar con su relación amorosa si eso conllevaba recuperar una valiosa amistad.-Está bien.-Decidí finalmente. Quizá lo que sentía ahora era efecto de nuestro reencuentro, quizá con el tiempo descubriría que ya no estaba enamorado de él, que era una mera idealización platónica.-Mañana te llamaré más o menos a esta hora, para decirte un sitio.-Declaró el mayor, tras haberle dado mi número de móvil. Asentí con la cabeza.-Perdón por retenerte contra tu voluntad.-Exclamó jocoso, haciendo que el ascensor siguiera bajando. Me crucé de brazos hasta que las puertas mecánicas se abrieron cuando llegamos al portal.-Bueno.. pues nos vemos mañana.-Me recordó, y nos quedamos mirándonos. ¿Cómo te despides en una situación tan complicada? Se me acercó con cierto vacilo y me estrechó entre sus fuertes brazos. Noté su cuerpo caliente contra al mío, sus manos apretándome con más fuerza contra él. Escuchaba el latido de nuestros corazones, como el único sonido dentro del silencioso ascensor. Agaché la cabeza y escondí el rostro en su hombro, notando la aterciopelada tela de su jersey acariciándome la nariz. Nuestro abrazo se demoró unos segundos antes de que nos separáramos.-Oye..-Murmuré al separarnos. Él se fijó en las puertas del ascensor y metió la pierna entre ambas, pues estaban apunto de cerrarse.-¿Qué?.-Dijo, consiguiendo con el gesto que volvieran a abrirse. Me apresuré a salir del ascensor, quedándose él dentro.-Te pienso seguir llamando Vegetta.-Espeté burlón, y entonces las puertas mecánicas se cerraron.

Atravesé el salón cuando llegué a casa, buscando a nuestra compañera de piso. Sebas estaba tumbado en el sofá, con una bolsa de patatas en el regazo y se dedicaba a cambiar de canal con el mando a distancia. El camino en coche había sido eterno, acompañado únicamente por mis pensamientos.-¿Dónde está Eli? .-Pregunté, tras haberme asomado a distintas zonas de la vivienda. Ni rastro de ella. Estaba ansioso por contarle lo ocurrido, era buena escuchado los problemas ajenos.-No está en casa ¿Qué te pasa?.-Preguntó Sebas, tras llevarse otra patata hasta la boca. No me gustaba demasiado hablar con él, porque era obvio que no le interesaban en lo más mínimo las cosas que yo le contaba. Ni se molestaba en fingir interés. Pero estaba desesperado por hablar del tema con alguien, así que me senté en el sofá. Puesto que él estaba acostado, apenas tenía sitio para sentarme.-¿Te acuerdas de Vegetta?.-Esperaba que tras contar lo ocurrido, el inmenso nudo que me oprimía el pecho empezara a desaparecer. Él se relamió los dedos, los cuales tenían restos anaranjados.-¿Cómo no me voy acordar de Vegeta, el príncipe de todos los Sayajin, el mejor guerrero y padre de familia de toda la galaxia?.-Exclamó divertido. No pude evitar sonreír, aunque no quisiera desviarme del tema.-Sabes perfectamente de quien te estoy hablando.-Recriminé, puesto que algunas noches la depresión se apoderaba de mi cuerpo, y había contado a mis amigos todo lo sucedido con Vegetta. Los primeros años era incapaz de hablar de su marcha, cada vez que alguien me preguntaba los motivos, evadía el tema de la mejor forma posible.-De tu ex ¿Qué ha pasado?.-Me dolió como simplificó nuestra historia. “Ex” No, éramos mucho más que eso. Teníamos una relación más especial, que la gente jamás comprendería.-Me lo he encontrado.-Sebas me miró fijamente, ladeando una sonrisa orgullosa. Sus ojos verdes relucían como esmeraldas.-Oh, pero eso es genial ¿Habéis tenido una tórrida reconciliación?.-Me había acostumbrado a sus preguntas indiscretas, aún cuando al principio eran un motivo más para mantenerme alejado de él. Negué con la cabeza.-No, tiene novia. Una novia embarazada.-Expliqué, sintiéndome profundamente triste al decirlo en voz alta. Él estaba iniciando una familia, con otra persona.-Bf.. eso son los peores ¿Y qué ha pasado?.-Me preguntó curioso, mas no atento. Sabía que Eli me habría hecho muchas más preguntas, que hubiera intentado consolarme y hacerme sentir escuchado. Ojalá ella estuviera en casa. Me abracé los brazos y los froté para hacerlos entrar en calor.-Le he dicho que no me molestaba, así que mañana vamos a cenar juntos, intentaremos volver a ser amigos.-Esperaba que funcionara, ojalá pudiéramos volver a ser mejores amigos, sin preocupaciones de por medio.-Eso nunca funciona. Donde hubo fuego.. cenizas quedan.-Declaró sonriente. Las luces cambiantes del televisor iluminaban nuestros rostros, el resto de lámparas en el piso estaban apagadas.-No va a pasar nada entre nosotros.-Dije con seguridad. Él estaba saliendo con alguien, parecía feliz. Tristemente, quería seguir siendo mi amigo y me había olvidado como amante.-Willy, Willy.. ¿Quieres mi consejo? Alejate de él. Nunca las dejan.-Fruncí el ceño, sintiendo que no me estaba escuchando en absoluto. En ningún momento había insinuado que Vegetta me hubiera prometido dejar a su novia. Precisamente ese era el problema, no había mostrado interés amoroso.-Ya lo sé, está enamorado.-Sentencié, y mis propias palabras fueron un doloroso eco en mi mente. Estaba enamorado, de otra persona. Me tembló el labio cuando las lágrimas empezaron a humedecerme los ojos, tuve que cubrirme el rostro con ambas manos.-Venga.. anímate ¿Quieres que te consuele?.-Preguntó, colando una juguetona mano por el interior de mi sudadera y besándome en el cuello. Sebas no era nada empático, ni oportuno. Sorbí por la nariz para contenerme y me levanté del sofá.-No tengo ganas.-Espeté con hostilidad, dándome la vuelta y caminando hasta mi habitación.

////

pupú.