sutileza

Eu era um jovem, passando fome e bebendo e tentando ser um escritor. Fiz a maior parte das minhas leituras na Biblioteca Pública de Los Angeles, e nada do que eu li tinha a ver comigo ou com as ruas ou com as pessoas em minha volta. Parecia que todo mundo estava brincando de jogar com as palavras, que aqueles que não diziam quase nada eram considerados escritores excelentes. Seus escritos eram uma mistura de sutileza, artesanato e forma, e era lido e era ensinado e era ingerido e acabou. Era um esquema confortável, uma Cultura da Palavra, muito malandra e cheia de nove-horas. Era preciso voltar aos escritores da Rússia pré-revolucionária para achar alguma ginga, alguma paixão. Havia exceções, mas essas exceções eram tão poucas que a gente as lia logo, e lá estava você olhando para filas e filas de livros chatos pra caralho. Com séculos para olhar para trás, com todas as suas vantagens, os modernos não davam pra saída. Tirei livro após livro das estantes. Por que é que alguém não diz alguma coisa? Por que é que ninguém sai gritando? Tentei outros livros na biblioteca. A seção sobre religião era um pé no saco. Fui pra filosofia. Encontrei alguns alemães amargurados que me animaram um tempo, mas não passou disso. Tentei matemática, mas matemática superior era igualzinho religião: não saquei bulhufas. O que eu precisava parecia não existir em lugar algum.
—  Charles Bukowski.
Era un mundo tan grande, en el que solía eternizar las sonrisas y poetizar el dolor. Llámame como cualquier loco de ciudad, que prefería salir y hacer revolución, que estar en un sofá esperando la evolución de una raza que fue una causa perdida desde el momento que decidió dejarse matar.
 
Yo soy un león que escribe desde la sutileza de una caricia de una madre hasta la brutalidad de un beso de despedida, desde un abrazo de aeropuerto hasta el aterrizaje de un quédate entre los labios cortados.
 
Yo soy un huracán que arrasa con todo lo que tenga enfrente, pero que estaría dispuesto a no perder el vaso antes de verlo medio lleno o medio vacío.
 
Era un mundo tan grande, en el que solíamos perdernos y encontrarnos era parte de nuestros sueños. Desenterrar lo que no está muerto y darle sagrada sepultura a esas personas que no permiten que conozcamos mundo más allá de ellas.
 
Abrocharse los cinturones, entender que la vida está llena de turbulencias y si uno no está cuando debe estar, lo que termina pasando es que ya no está en ninguna parte y cuando te das cuenta, ya es demasiado tarde para pedir perdón o tan siquiera para regresar y en silencio darles un abrazo.
 
Más allá de la tristeza, hay un lugar precioso donde el sol no es tan solitario ni las noches tan imposibles, las estrellas nacen en cualquier oasis y se dejan ver a través de los ojos de alguien, porque más allá de todo, hay personas que tienen un universo entre las pupilas y eso puede significar el desenlace de una historia tridimensional.
 
Soy un tiburón y me ahogo hasta tocar fondo. Nadie dijo que sólo con agua te puedes ahogar. Hay pensamientos que te hunden, sentimientos que te hacen sentir miserable, recuerdos que te quitan el aliento, el pensamiento y hasta el sentimiento.
 
Era un mundo en tinieblas, frío y sombrío por donde lo vieses. Lo veía todo a distancia para luego cerrar los ojos y sentir cómo el viento, así como viene, también se va. Y me siento viento. Me voy y no sé adónde exactamente va a parar él. No sé adónde voy a parar yo.
 
Soy un chico con desenlaces fatales y consecuencias inmortales. Soy aquel que no cierra la puerta, que se queda inmóvil viendo cómo todo su mundo se desmorona al ritmo de unos pasos alejándose. Aquel que su mirada la perdió mientras no dejaba de pensar en lo bonito que sería que te hubieses girado y me vieneses a abrazar corriendo. Corriendo. Corriendo.
—  Benjamín Griss
A gente foi se delineando no sentimento mais delicado, aquele que fica à margem das paixões súbitas. A gente desabrochou um punhado de afeto, dessa alegriazinha que faz cócegas nos lábios, traz um sorriso pra boca, deixando o olhar meio abandonado. A gente já foi se aproximando com a sutileza dos desapegados. Vazios de posse, mas não destituídos de afago: quanto menos ansiosos, mais e mais preenchidos. A gente foi se conhecendo na beirada das curiosidades, sem pressa. E nos divertimos com a qualidade das histórias que engrossavam nossas gargalhadas. A gente mal sabia ou queria saber o que estava nos acontecendo. Um dia, nos abraçamos à noite e, quando percebemos, já estava amanhecendo.
—  Marla de Queiroz.