superclásico

El momento que lo fue todo

La revista Un Caño no tardó demasiado en decirlo. Dentro de 20 o 30 años se hablará de la noche en que “Barovero le tapó un penal a Gigliotti en la Sudamericana”. 

El partido tuvo un montón de condimentos y cuestiones. El tremendo marco de público (Como en la ida en la Bombonera), el golazo de Pisculichi, el arbitraje de Germán Delfino, la falta de puntería de River en el segundo tiempo, la lesión de Gago, el gesto de Chávez, etc, etc ,etc. 

Pero el momento clave del partido fue ni bien arrancó todo. Cuando ni se terminaba de dispersar el humo de la pirotecnia lanzada por la hinchada local. Llegó una jugada rara, un despeje raro donde Rojas comete un penal raro. No iba un minuto de juego. Así arrancaba el partido. Ni Scorsese ni Spielberg armarían un comienzo así en un film. Quizás porque no tienen idea de fútbol o quizás porque estas cosas pasan solamente dentro de un marco único y especial como es el Superclásico del fútbol argentino. 

El encargado del penal fue Gigliotti. El Puma, el nueve del equipo, el mismo que hizo el recordado gol en el Monumental el año pasado en el clásico, el mismo que desde el banco aportó más goles que ningún otro para Boca este año. Dirán algunos que dudó, que en su cara se podía adivinar cierta incertidumbre. El delantero se quejó del laser que venía de la tribuna. Pero más allá de todo, fue el Puma quien decidió patear. En un plantel con nombres como Gago o Cata Díaz, o Calleri que venía de hacer dos, el responsable fue él. 

Ahí se vino el momento de la noche. El momento, más allá de si River levante la copa o no, que será canción y obras de arte. Que será dibujo, pintura, monumento, recuerdo imborrable. Gigliotti pateó y Barovero tapó, con esa mano salvadora que rechazó hacia un costado, y reanimó los corazones de las más de 60 mil almas presentes. 

Bastante se hablará sobre el remate del 9 de Boca. Si lo pateó bien, si lo pateó mal, si faltó fuerza, si estaba bien que lo hiciera él. Sería injusto que sólo se juzgue su estadía en el Xeneize sólo por ese error. 

Después del momento más emocionante del partido, de la serie, de la copa, River jugó un gran partido. Boca lo tuvo de vuelta con Gigliotti pero otra vez Barovero fue héroe. Pudo llegar el gol pero se cobró off side en una jugada fina. El gol de la noche fue a los 16. El Millonario tocó como a principio del semestre solía hacer más seguido. Vangioni lanzó un centro/tiro, que también se charlará siempre sobre qué quiso hacer, y Pisculichi definió como solo alguien de notable calidad puede hacerlo. Piscu, el mismo que llegó en el mayor de los silencios al club, corrió y abrazó a Gallardo. Atrás se sumó todo el equipo. Esa será una de las imágenes más recordadas de esta noche. 

Pero de alguna manera, como decían en Un Caño, el partido estaba definido desde el arranque. Desde el momento irrepetible en que Barovero tapó ese penal. Es cierto que River pudo liquidarlo y no puedo. Es cierto que Boca se quedó sin ideas y no pudo atacar en el segundo tiempo. Es cierto que la ida en la Bombonera fue clave. Son ciertas tantas cosas como el hecho de un momento único en la historia del fútbol argentino.

Ya se puede jugar a que será así. Como aquel partido imposible de Independiente con ocho frente a Talleres en los 70, éste partido será recordado como aquel de Barovero y su penal atajado a los segundos de juego. 

Y claro, la imagen siempre dirá todo. Más que mil palabras.

Un abrazo es todo: es un te quiero, te amo, te extrañe, no te vayas. Es un acá estoy y acá voy a estar, es largar una carcajada o quebrar en llanto. Un abrazo es llenar ese vacío, sanar un poco ese dolor, es más que millones de palabras; es que se te cierren los ojos y pensar en cuanto queres a esa persona, y no querer perderla jamás.
Es un café de invierno, es ganar el superclásico, es lo mas lindo. Un abrazo es todo lo que vos quieras sentir y te quieras imaginar.

Bombopena

En vergüenza termino lo que sobre el papel es el partido más trascendental en el fútbol no solo argentino sino sudamericano. Boca y River se jugaban el pase a cuartos de final, pero lo que se terminó definiendo fue la vergüenza en la que se sume nuestro fútbol.

Más allá de cómo iba el juego, el punto aquí es el lío tan grande que ocurrió en la cancha de Boca donde sin explicación alguna, o mejor, con explicación, porque son los patéticos hinchas que olvidan que esto es solo fútbol, los que cometen actos así. ¿Qué necesidad tenía el hincha de Boca de hacer lo que hizo? Ninguna, pero hasta allá llega la irracionalidad en la que se resume el no saber manejar una pasión -aunque esto de pasión ya no tiene nada-

Lo más vergonzoso del caso es ver que la comisión arbitral, la Conmebol y la misma seguridad del campo de juego no hicieron nada ni para evitar el problema ni para solucionarlo de manera rápida y segura. ¿Cómo puede un hincha de Boca entrar un gas pimienta a la Bombonera? Que alguien me lo explique. Y peor aún, después de ser arrojado al túnel que llevaba a los jugadores de River al campo de juego, no hubo ni un policía, agentes de seguridad, alguien que controlara ahí, nadie fue a detener a los desadaptados que cometieron tan lamentable acto.

Lo más triste de todo es que los mismos jugadores no hicieron nada por caldear la situación siendo solidarios entre sí, sino que por las actitudes que tomaron dadas las circunstancias, fue para calentar aún más el ambiente. Sí, lo digo por Boca Juniors, que nunca entendí lo que busco parándose en actitud desafiante frente a los de River, en vez de darles una mano para evitar que su público agravara aún más las cosas. Una total locura. Ahora, no crítico solo al jugador de Boca porque seguramente si los incidentes hubieran pasado en el Monumental, los jugadores de River podrían tomar la misma actitud, lo que crítico es el punto tan deplorable en el que ha caído esta rivalidad, que ante situaciones como estas no se pueden sacar las camisetas y actuar como humanos.

Más allá de si se va a castigar o no con justicia lo que paso -aunque para nadie es un secreto que los intereses de la Conmebol por debajo de la mesa posiblemente eviten que se castigue con severidad- es ver lo bajo que se ha caído. No podemos seguir siendo tan intolerantes entre nosotros y destruyéndonos por cosas que no valen la pena. El fútbol es para disfrutarlo, para quererlo, pero no se justifica que pasen cosas así, por más rivalidad que exista, la violencia no se justifica.
                                                                               Carlos Mario Piñeros Parra